20.11.05

Más amigo de Cachay que de la verdad

Leyendo un artículo de El País, reencuentro un dato conocido pero interesante: que un negocio popular en el siglo diecisiete español era el alquiler de libros: los lectores podían pagar por el derecho a disponer de un volumen temporalmente, e incluso podían alquilar sólo determinados capítulos o partes. Consultando otra fuente, descubro que esos objetos de alquiler podían ir desde novelas caballerescas y tratados legales hasta crónicas y volúmenes de filosofía.

Entre nosotros subsisten dos o tres lugares de Lima donde se alquilan libros (nunca partes), pero, ciertamente, no suelen ser Quijotes los items más populares: se negocia con lo que la gente quiere, y, en un país cuyos índices de lectoría (y, peor aun, de comprensión de lectura) están entre los más bajos del continente, la gente quiere mayoritariamente novelas rosas, pornografía, best sellers, revistas de chismes, chistes, y, si buscan literatura, prefiere lo fatuo, lo vacuo, lo trivial.

Por supuesto, la poca lectoría y las pésimas elecciones tienen que ver con nuestro lastimoso sistema educativo, pero también con una falta de respeto radical hacia la cultura letrada.

"Académico" es, en boca de muchos, el más atroz de los insultos. Y hay por ahí, paradójicamente, profesores universitarios, casi siempre superficiales y acríticos importadores de teorías de moda, que estarían felices si el Perú se convirtiera en un gran desfile de cómicos ambulantes, porque, claro, eso también es cultura. Y es verdad: eso también es cultura.

Pero olvidan que cultura no siempre es reflexión e inteligencia, y que éstas últimas no se pueden reemplazar con chatura y ramplonería, salvo que hayamos decidido ya cerrar el kiosko y declarar al Perú mentalmente en quiebra para siempre.

Es curioso el caso de esos intelectuales que gozan y celebran este proceso por el cual la ramplonería empieza a reemplazar buena parte de las culturas populares, asfixiándolas. Intelectuales que, sonrientes, quieren hacerle creer a la gente que la diferencia entre Arguedas y un chascarrilero de la calle es que el mundo del primero ha cambiado, y que ahora el segundo tiene la manera más justa de expresar la nueva situación, es decir, que la validez cultural de Arguedas y Cachay, cada cual en su tiempo, es similar. Parece que esos profesores, en el fondo, pensaran: "total, yo ya estudié, a mí qué me importa si los demás no abren un libro en su vida".

Me pregunto qué puede ser más retardatario, más reaccionario y más cínicamente indolente que estudiar en universidades de élite y luego concebir una teoría cuya primera consecuencia es generar la impresión, voluntaria o involuntaria, de que no es necesario estudiar, ni leer, que está bien vivir de la vulgaridad, que no es más interesante pensar sistemáticamente que quedarse siempre en lo mismo, que no hacen falta ni la sutileza ni la reflexión.

¿Qué puede ser más reaccionario (y qué puede contribuir más a la sojuzgación de los marginales) que promover la idea de que, en una sociedad letrada, los iletrados están “culturalmente” bien como están?

Mientras no quede claro que nuestras zonas de cultura no letrada pueden (así como han generado grandes reacomodos económicos, cierta movilidad social y una serie de productos culturales que expresan, sí, la nueva realidad de su mundo) generar también formas profundas de reflexión y de autoinspección, formas que además puedan ser compartidas, no podemos permitir que la cultura letrada siga muriendo entre nosotros sin hacer nada por salvarla, o, de lo contrario, quedaremos encerrados entre la espada y la pared, con una cultura popular sin las armas necesarias para ser productivamente reflexiva y una cultura letrada paralítica y elitista.

En un texto de Víctor Vich encuentro un pasaje donde se afirma que las “performances” de los cómicos ambulantes “son prácticas populares cuya función consiste, por un lado, en articular diferentes formas de subjetividad a través de la reproducción o crítica de las ideologías hegemónicas de la sociedad, y, por otro, en abrir nuevos canales de circulación de imaginarios populares”. Le faltó decir que es imposible criticar ideologías que se desconocen, que no se puede uno oponer racionalmente a aquello que le ha sido prohibido conocer, y que no todo imaginario popular es positivo. Expresar protesta o rechazo a una situación es muy distinto de estar en camino a comprenderla y solucionarla.

Si una investigación del tipo de la que se propone Vich no empieza por plantearse ese problema y construir una respuesta inteligente, su trabajo es insostenible.

Imagen: Cachay y la nueva filosofía peruana (Fotomontaje: gfp).

45 comentarios:

Daniel Salas dijo...

Completamente de acuerdo. Vich es un crítico muy ligero. Y creo que lo peor es que no se ha señalado bien la relación entre la degradación del pensamiento crítico y la emergencia del fascismo en el Perú. Yo creo que el intelectual debe tener claro de qué lado está.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

De hecho, no dudo que también cosas como los trabaluengas de los hermanos Humala recojan también algo de los discuros de la calle.

Estudiar discursos populares y darles un tinte positivo sólo porque son populares es, de parte de un crítico, un acto demagógico: los cómicos ambulantes son transmisores de machismo, de homofobia, de xenofobia, muy parecidos en eso a los Humala.

Y creer y transmitir esas ideas no tiene nada de contrahegemónico, ni nada de crítico, ni nada de alternativo: es seguir martillando el clavo de las peores taras de nuestra sociedad.

Dina Páucar dijo...

Sr. Faverón, lo felicito por su blog: los temas que se discuten son muy interesantes, al menos por lo que voy leyendo hasta ahora. Sobre el último, me parece que tiene Ud. una actitud muy simplista. He leído todo el mencionado libro de Vich y yo sí veo en él una postura crítica con respecto a ciertas taras en el discurso de los cómicos ambulantes como el machismo o la homofobia. Como ejemplo, algunas citas: "...[en este discurso] la violencia doméstica solo comienza a cuestionarse cuando la mujer llega a tener una profesión y, por lo mismo, a conquistar un espacio público de reconocimiento social...no debe entenderse como una descripción o una evaluación de tal problemática sino, más bien, como la elaboración de una nueva estrategia masculina para continuar ejerciendo el control social" (146), "Mientras que [en este discurso] el hombre termina asociado con la 'pura' actividad y el deseo, ella [la mujer] es solamente un sujeto pasivo y receptor" (135). El objetivo de Vich no ha sido "apañar" o ensalzar la visión popular migrante que reproducen los cómicos, sino preguntarse: "¿qué refuerzan y qué cuestionan ellos sobre la ideología de la modernidad?" y el texto es muy coherente con este fin. Es una idea pueril creer que los cómicos no pueden criticar algunos aspectos de la modernidad porque no la conocen, cuando ella no solamente se percibe de los libros o de la educación que usted ha recibido, sino que se siente en todos lados, en la vida misma.
Una salvedad que hace Vich y que es conveniente citar también: "estos discursos no deben ser entendidos como prácticas 'emergentes' en un sentido político contra-hegemónico sino, simplemente, como nuevas instancias interpelativas cuya función consiste en en la formación de opinión popular a través de la construcción de nuevas formas de representación..." (176)
Sr. Faverón, creo que se ha dejado llevar por la amistad entre Vich y los cómicos descrita cursimente en el primer y último capítulo; sin embargo, la pepa está en medio (III, IV y V).
Si yo fuera un intelectual interesado en analizar adónde están yendo los jóvenes migrantes y viera que Sonia Morales tiene mucha influencia en ellos y, a la vez, ellos nutren sus letras, elegiría éticamente sumergirme en su producción y describir qué comprendo en mis términos antes que decirle solamente "huácala" y darle la espalda porque encuentro machismo en algunas de sus letras.
Cito esta frase suya con el fin de alentarlo a aplicarla en su propia actitud sobre la cultura popular:
"Expresar protesta o rechazo a una situación es muy distinto de estar en camino a comprenderla y solucionarla." Confío en que su post no se reduzca en el fondo a la pregunta: ¿quién tiene el falo más grande: los teóricos culturales o los que despreciamos la teoría cultural?

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Comienzo por el final: no entiendo de dónde concluye que tengo algo en contra de la teoría cultural (entiendo que se refiere más bien a los, muy heterogéneos, “estudios culturales”, porque es evidente que “teoría cultural” no es un cuerpo teórico específico sino una etiqueta debajo de la cual muchas teorías diversas coexisten, muchas veces radicalmente enfrentadas unas con otras).

De hecho, yo entiendo mi propio trabajo como parte de esos estudios culturales, pero tengo en claro que son un campo, y no una teoría. Estar en contra de los estudios culturales es como estar en contra de la química o de las matemáticas o de la filosofía: puede uno oponerse a ciertas conclusiones a las que se llegue en un campo desde una cierta teoría, pero no se puede estar en contra de todo el campo (salvo que, como ocurre a veces, claro, uno sea un purista de los estudios literarios y piense que la interdisciplinariedad de los estudios culturales es mala en sí misma; yo no pienso así).

Creo que hay problemas metodológicos grandes en el trabajo de Víctor Vich, uno de los cuales es asumir, primero, que hay un “discurso”, es decir un corpus coherente de ideas, detrás del trabajo de los cómicos ambulantes (como decir que hay un “discurso” detrás de los Humala, y no una acumulación de giros retóricos y reacciones viscerales), y que ese discurso es abiertamente representativo de un sector de la población más allá de ellos mismos.

Creo que Vich es, en su trabajo, quien instaura esa aparente coherencia, en un movimiento que me parece una sobreinterpretación y un abuso crítico.

La gran diferencia entre estudiar a los cómicos ambulantes y estudiar, digamos, a Arguedas, es que uno sabe que en Arguedas hay un intento consciente de coherencia e incluso un afán de propulsión de una serie de modificaciones sociales, es decir, que la obra de Arguedas, siendo la creación de una sola persona, aspira a ser representativa respecto de un grupo (de allí el dolor desconsolado y desengañado de su "he vivido en vano").

Los cómicos ambulantes evidentemente carecen de ese afán, y carecen de cualquier intencionalidad representativa, y de una necesidad de coherencia discursiva porque carecen de un proyecto: en verdad, no tienen un discurso en cualquiera de los sentidos usuales de la palabra. Su “obra”, digamos, no es representativa de un sector, por tanto, sino que es, curiosamente, y en contra de lo que uno podría pensar, pura expresión desentendida de cualquier intención de representar ideológicamente. En ese sentido, no es un discurso (un entramado de ideas sobre un objeto social), sino un puro objeto social ella misma.

El error de Vich es pensar que se trata de un discurso, y que se trata, además, de una crítica de un discurso ideológico ajeno, o, según palabras de Vich, una “crítica de las ideologías hegemónicas de la sociedad”.

Es en ese sentido que dije (y reafirmo) que no se puede considerar las “performances” del cómico ambulante como críticas de un discurso, pues la crítica de un discurso es siempre otro discurso (y en este caso, el otro discurso es el de Vich, no el de los cómicos, como suele ocurrir en quienes tienen una inclinación por los estudios subalternos); sí se las puede considerar reclamos, expresiones de desacomodo, quejas (y también, por cierto, reafirmaciones involuntarias de los peores rasgos de lo hegemónico), pero no discursos. (Y no estoy diciendo que no haya "discursos" en las clases populares; estoy diciendo que no hay un discurso crítico reconocible como tal en gente como los cómicos ambulantes).

Vich mismo parece siempre a punto de hacer notar eso: por ejemplo, en su vaivén indeciso entre el término “discurso” y el término “prácticas”: en efecto, se puede tener una práctica, incluso una práctica de resistencia a lo hegemónico, sin tener un discurso. ¿Imposible? ¿Estoy hablando piedras? No: las expresiones de descontento que conducen al voto por Fujimori, al voto por Humala, esa especie de anomia, de falta de reacción articulada, que es tan ubicua en el Perú, es una práctica sin un discurso.

La palabra “crítica”, pienso, no viene al caso en una circunstancia así. Y tampoco estoy seguro de que pueda haber legitimidad en identificar al lumpen con lo popular, lo cual me parece una insuficiencia de su marco teórico. Porque está claro que los cómicos ambulantes, en todo caso, son personajes lumpen. No tener eso en claro crea una evidente falsa percepción de lo que quieras entender por cultura popular.

Daniel Salas dijo...

Tiene que haber una diferencia entre discurso y acción y entre discurso y racionalidad. Es claro que las acciones implican una racionalidad, pero no es igualmente claro que las acciones impliquen un discurso. El chofer de combi que se cruza la luz roja, el empresario que construye una discoteca sin medidas de seguridad elementales, el congresista fujimorista que cobra su cuota en el SIN, están, sin duda, cuestionando las normas institucionales, pero eso no quiere decir que construyan con eso un discurso que cuestiona la modernidad. El ejemplo no es diferente, creo, del caso que discuto en mi blog sobre los poetas de Hora Zero.
Yo veo muchos problemas en el libro de Vich: para comenzar, una errada interpretación del logocentrismo según Derrida. Según Derrida, el valor de la escritura se construye en tanto que se presenta como idéntica a la voz. El logocentrismo es, pues, el privilegio epistemológico de la oralidad, pero esto justamente se utiliza para implicar que la escritura es la voz. Cuando uno estudia los textos coloniales, comprueba que, precisamente, los libros son presentados como la voz de Dios o del rey. Es más bien en las prácticas mismas que esta identidad puede ser cuestionada (en especial en lo que respecta a las leyes reales, una de las preocupaciones de Gonzalo Fernández de Oviedo). La mención a Derrida es de solamente una línea en el libro de Vich, pero demuestra que ha comprendio la deconstrucción exactamente al revés. Entonces, lo que uno puede concluir es que Derrida está allí no porque tenga algo que ver con el tema, sino porque es parte de la retórica de autoridad con la que el texto de Vich se construye. Otro ejemplo: Vich dice en un momento que los cómicos ambulantes (y cito de memoria) se sustentan en una "economía del humor" y luego añade: "es decir, intercambian representaciones irónicas de la realidad por dinero en efectivo". Vich es incapaz de decir que los cómicos se ganan la vida contando chistes. Tiene que utilizar una retórica autoritaria y academicista para justificar lo que está diciendo. Pero, justamente, el libro desprende una celebración acrítica del fracaso de la escolaridad y de la ciudad letrada. Si uno de verdad piensa que el mundo de las letras no tiene nada que decir ¿para qué escribe libros? Y, más aun, ¿para qué se dedica a la enseñanza? Las intenciones tal vez sean buenas, pero las consecuencias de este tipo de pensamiento son contradictorias, llevan a un callejón sin salida y, más aun, son muy peligrosas.
En el Perú el fracaso de la educación no nos debe alegrar. Debería ser un motivo de tristeza.

Anónimo dijo...

No hay tiempo para despejar tantas rocas. Movamos al menos algunas. La posicion fascista se nota mas bien tras el discurso autoritario de ustedes dos. Se nota por el tono con que pretenden desacreditar los estudios subalternos de Vich, para reemplazarlo con sus respetables pero dudosas aplicaciones teoricas: dudosas porque trasuntan el mas anacronico tufillo conservador. Por ejemplo, negar discurso a los comicos ambulantes o a humala, es simplemente llamarlos "barbaros", incapaces de hablar en el lenguaje racional de ustedes -que se imaginan asi superiores en una refundacion ilusoria -o virtual- de la ya hace tiempo desmoronada ciudad letrada. Lo que se percibe no es realmente preocupacion por la "cultura" en el Peru, sino paranoia ante el desborde popular. Dejense de elitismos y traten de comprender tambien los practicas discursivas populares, en vez de condernarlas de antemano como Vargas Llosa que arrugaba la nariz ante los "indios brutos". Y señor Salaz, el logocentrismo no es lo que ustede cree. Que mas logocentrico que su genuflexion ante el libro.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No cabe duda que la manera de minar nuestro "logocentrismo" es lanzar un par de insultos anónimos y ni el menor razonamiento. No vale la pena responder.

Anónimo dijo...

Dice Faveron que "La gran diferencia entre estudiar a los cómicos ambulantes y estudiar, digamos, a Arguedas, es que uno sabe que en Arguedas hay un intento consciente de coherencia e incluso un afán de propulsión de una serie de modificaciones sociales, es decir, que la obra de Arguedas, siendo la creación de una sola persona, aspira a ser representativa respecto de un grupo (de allí el dolor desconsolado y desengañado de su "he vivido en vano")." Pero que puede significar ese "uno sabe" en relacion a lo que quizo hacer Arguedas? Lo que hace cada comico en la Plaza San Martin no es tambien "creación de una sola persona"? Y en que consiste "aspirar" a ser representativo respecto de un grupo en relacion con ser representativo o no de dicho grupo. En el caso de Arguedas, recordemos lo que los sociologos de la famosa mesa redonda del 65 le achacaban, lo cual se puede relacionar con el final de MVLL en La utopia arcaica: que las ficciones de Arguedas "parecieron retratar el Peru real, cuando, en verdad, edificaban un sueño".
Por otro lado, que la "obra" de los comicos ambulantes sean "pura expresión desentendida de cualquier intención de representar ideológicamente. En ese sentido, no es un discurso (un entramado de ideas sobre un objeto social), sino un puro objeto social ella misma" puede ser cierto si recordamos la manera en que el fujimorismo los compro y los introdujo en la tv, se apropio de su discurso o al menos de su "representatividad" pendeja-popular. Pero, por otra parte, observemos bien que el objetivo de Vich en su libro es "registrar un conjunto de discursos callejeros para desatenderlos como espacio de construccion y deconstruccion de estereotipos sociales y de una opinion popular profundamente relacionada con conflictivos debates acerca de las clases sociales, la memoria historica, el Estado, el genero, la cultura y la oralidad en el Peru. Sin embargo, estos discursos no deben ser entendidos como practicas 'emergentes' en un sentido politico contrahegemonico [haciendo alusion a Raymond Williams] sino, simplemente, como nuevas instancias interpelativas cuya funcion consiste en la formacion de opinion popular a traves de la construccion de nuevas formas de representacion y de nuevos espacios autorizados para enunciar" (pag. 176).

Chacalón dijo...

El mensaje del anónimo anterior da en el clavo sobre la matriz profundamente conservadora del "discurso" de Salas y Faverón. El hecho de que existan prácticas populares como las de los actores ambulantes, que reproducen la alienación general, sus taras sexistas, su deterioro de modelos formales consagrados de comportamiento (escritura, habla, "performance"), no quiere decir que dichas prácticas, además de contar con una racionalidad que busca, sin duda, la supervivencia, estén ajenas a una visión del mundo que expresa discursiva y semióticamente diversos puntos de vista hasta carnavalescos del status quo. Es curioso que se cite el ejemplo de Hora Zero y su incoherencia entre lo que podríamos llamar un afán revolucionario y su adhesión relativa al proyecto velasquista. Sus recitales en la Biblioteca Nacional el año 71, sus manifiestos (me refiero al HZ original, el de Ramírez Ruiz y Pimentel, del 70 al 73, no a la farsa en que devino después del 77, en su Segunda Fase) y su propuesta de meter "los sonidos de la calle" en el poema son sin duda parte de un discurso de apropiación desde la provincia de una ciudad letrada que todavía se sentía exclusiva de determinados sectores. En ese sentido, HZ sí representó por lo menos un intento de modernización de la institución literaria. Que el intento haya fallado y sus miembros vendido su fuerza de trabajo a distintos poderes más tarde (el APRA, Ferrero) es otro problema.

En este blog y en el de Salas se incurre en tanto, pero en tanto desconocimiento de la complejidad de los procesos culturales incluso al interior de la literatura peruana (y específicamente la poesía) que resulta difícil no pensar que hay una agenda política detrás de esta empresa blogosférica. Tratar de invalidar el estudio de Vich, joven intelectual afiliado a instituciones de clara tendencia progresista, y progresista él mismo, recuerda el afán de los Víctor Andrés Belaúndes de los años 30 ante la formulación de propuestas novedosas en años anteriores. Y no quiero convertir a Vich aquí en un Mariátegui redivivo ni mucho menos, pues no lo es, pero sí se le debe reconocer que al menos ha intentado entrar con herramientas (novedosas en el Perú) desde las humanidades y no desde las ciencias sociales, aunque muchas veces cruzando puentes disciplinarios, en un universo de producción cultural que, con todas sus taras, es parte innegable del Perú de hoy. Una parte triste, ciertamente, pues en gran medida es producto de la pobreza extrema que acosa a casi el 60% de la población del país. Y esa pobreza no se soluciona con más libros o solamente con mejores programas educativos.

Yo sugeriría a los bloguistas anfitriones estudiar un poco más el corpus, y no sólo la teoría, antes de emitir juicios sobre temas como el de HZ y otros que, obviamente, no conocen bien. La actitud de Faverón de cerrar el diálogo es otra muestra más del gesto autoritario que lo caracteriza. Saludos cordiales,

Chacalón

Anónimo dijo...

en relacion a lo que quiso hacer Arguedas

Anónimo dijo...

En relacion a "puntos de vista hasta carnavalescos del status quo" que menciona Chacalon, es cierto, solo que incluso habria que considerar tambien que el propio Vich senala en su libro que "la idea del carnaval 'bajtiniano' -como un espacio de transgresion e inversion de la relaciones sociales establecidas- no es sin embargo una categoria suficiente para explicar el espacio que los comicos ambulantes ocupan y promueven en las plazas peruanas" (pag. 177).

Chacalón dijo...

Cierto. Por eso lo del "hasta carnavalesco" (a veces, debí añadir), pues la producción de los cómicos ambulantes excede la práctica (finalmente textual, en Rabelais) estudiada por Bajtín.

G Firefly dijo...

Curioso, pero al parecer se ha borrado un mensaje que he posteado con anterioridad en esta misma discusión.

Vaya, parece que hubo un error.

Trataré de recordar lo que escribí para redactarlo de nuevo...

G. Firefly

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Muy bien, pues entonces hazlo evitando los ataques personasles anónimos; es sólo para evitar que el blog se vuelva un muestrario de cobardías.

Daniel Salas dijo...

¿Desde cuándo el hecho de pertenecer a una supuesta "tendencia progresista" convierte el discurso de un crítico en absolutamente válido e incuestionable? No solamente eso, Gustavo Faverón ha planteado que en ese supuesto progresismo se esconde un programa reaccionario y muy peligroso. Suscribo esa misma opinión hasta que alguien me demuestre que aniquilar la tarea del letrado es un avance social.

Por otra parte, nadie ha respondido respecto del lenguaje autoritario y de la celebración de la pobreza que evidencia el libro de Vich. Nadie ha respondido ante la incoherencia que significa el descreer del privilegio de la tarea crítica y a la vez ejercer la cátedra universitaria y publicar libros. Y no acuso a Víctor de mala intención. El me conoce y he discutido con él, hace muchos años, personalmente, estos temas. Simplemente sostengo que o bien su acercamiento crítico tiene un problema fundamental o bien debería ser consistente con sus conclusiones. Yo creo lo primero.

Daniel Salas dijo...

Chacalón dice:

"En este blog y en el de Salas se incurre en tanto, pero en tanto desconocimiento de la complejidad de los procesos culturales incluso al interior de la literatura peruana (y específicamente la poesía) que resulta difícil no pensar que hay una agenda política detrás de esta empresa blogosférica."

En primer lugar ¿cuál es ese "desconocimiento" y cuál es esa "complejidad" que se invoca? En segundo lugar: sí, sí hay una agenda política en nuestros blogs que es evidente: recuperar el discurso crítico. Por mi parte, es ridículo que se me acuse de "belaundista" o de cumplir un papel análogo. Para que las cosas queden claras, mi postura es libertaria de izquierda. Yo estoy a favor del universalismo que Martha Nussbaum presenta en su enfoque de las capacidades humanas.

Anónimo dijo...

Salas, podrias desarrollar esto de aqui? Quiza dedicarle un blog en particular?:
"Para que las cosas queden claras, mi postura es libertaria de izquierda. Yo estoy a favor del universalismo que Martha Nussbaum presenta en su enfoque de las capacidades humanas."

Daniel Salas dijo...

Martha Nussbaum nos ofrece en efecto un excelente tema. Mañana lo pongo en mi blog.

Anónimo dijo...

Salas dice que su agenda politica es "recuperar el discurso critico". Es decir, se asumen dos cosas: 1) Que el discurso critico en o sobre el Peru o no existe o esta muy mal; 2) Que Salas se arroga el papel de restaurador de la conciencia critica en el Peru. Ambas ideas solo denotan ignorancia de todo el trabajo critico que se sigue haciendo; y una increible arrogancia que solo puede explicarse como justo aquello que en otra parte de su blog reclama a Irigoyen: grito destemplado de novato como gesto de posicionamiento, en este caso de posicinamiento critico.
Un consejo amistoso: No es necesario negar a los demas para autoafirmarse.
Para los interesados en una opinion menos arrogante sobre el libro de Vich, vean lo que dice Chirinos en: http://www.dartmouth.edu/~rcll/rcll59/59pdf/59resenas13.pdf#search='Victor%20Vich'

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No entiendo una buena parte de las cosas que se están diciendo.

Por un lado, hay quien piensa que afirmar que los cómicos ambulantes no tienen un discurso es como decir que no tienen inteligencia.

Una idea tan estúpida sólo la han podido concebir los amantes de los estudios subalternos, cuyo lema más común, como se sabe, es la pregunta de Spivak: "¿puede hablar el subalterno?".

De hecho, no hay ninguna otra corriente teórica en el mundo que haya planteado una duda tan abarcadoramente fascistoide como esa. Y el resultado, como se sabe, da forma a la pretensión paternalista que habita en el corazón de los subalternistas: que ellos son los que hablan en representación de los que, según ellos, no tienen esa capacidad.

A veces lo hacen de manera paradójica y encubierta: leyendo cualquier práctica social como si fuera un discurso (y confundiendo discurso con ideología), en vez de tomarse la molestia de buscar constructos populares coherentes y analizarlos.

Decir, como he dicho, que los cómicos ambulantes carecen de un discurso es sólo poner un poco las cosas en su sitio con respecto a la pretensión postmarxista de convertir el "discurso" en una categoría de análisis más importante que la de "ideología", pretensión que desemboca en un seudo marxismo, melifluo e inocuo, incapaz de cambiar las cosas.

En efecto, al convertir al subalterno en mudo, o, en el mejor de los casos, en un muñeco de ventrílocuo, los subalternistas aseguran que siga siendo subalterno para siempre. (Algo muy parecido a la idea que se esconde tras ese anónimo que acaba de escribir que, para acabar con la pobreza, la educación no es tan importante: hay que dejar a las masas ineducadas, ¿no? ¡Y luego yo soy el burgués temeroso!).

Si uno se fija con atención, colocar el supuesto discurso de los cómicos ambulantes como ejemplo de "discurso popular" (el "discurso de la calle", lo llama Vich) es atribuir a toda una clase la carencia de ideas articuladas del lumpen. El pueblo y el lumpen son dos cosas distintas, y la confusión sólo se puede dar cuando se los mira desde las alturas de los académicos indolentes.

Volviendo sobre el tema original: he dicho que las "performances" de los cómicos ambulantes son más una práctica social que un discurso (eso no quiere decir que no tengan ideas o la capacidad de producirlas, sino simplemente lo dicho: que sus performances son prácticas y no discursos); Vich, como lo he señalado, tambalea entre ambos conceptos, usa unas veces uno y otras el otro, para referirse a exactamente lo mismo.

Señalar eso es apuntar a una duda en la columna vertebral de su argumento. (No veo cómo tal cosa pueda convertirme en una suerte de nuevo Víctor Andrés Belaunde, ni veo, mucho menos, cómo eso me pueda volver un fascista).

¿Cuál es la importancia de hacer notar esa vacilación? La importancia la deja clara uno de mis críticos favoritos, al que he citado muchas veces ya en este blog, Terry Eagleton (que no sólo es más progresista, evidentemente, que cualquier subalternista de este mundo, sino que es, como saben, un crítico cien por ciento marxista).

Eagleton, haciendo referencia a cierta obra de Laclau y Mouffe, señala cómo en ella se da lo que Perry Anderson llama "la inflación del discurso". Eagleton lo explica así: autores como L&M, dice, "niegan toda validez a la diferencia entre prácticas discursivas y no discursivas en razón de que una práctica está estructurada de acuerdo con un discurso".

Resumiendo su respuesta a esa idea, Eagleton observa la diferencia esencial: "una práctica puede estar organizada como un discurso, pero de hecho es una práctica más que un discurso. No es necesario confundir las cosas y homogeneizarlas para subsumirlas bajo el mismo nombre".

Y luego agrega lo más importante: dice que en este tipo de teoría, "la categoría de discurso se infla hasta el punto en que ´imperializa´ el mundo entero, borrando la distinción entre pensamiento y realidad material. Esto tiene por efecto socavar la crítica de la ideología --pues si las ideas y la realidad material están dadas indisolublemente juntas, no puede haber lugar para preguntar de dónde vienen las ideas sociales--. El nuevo héroe trascendental es el mismo discurso, aparentemente anterior a todo lo demás".

En otras palabras, desde un punto de vista marxista, el análisis cultural que quiere ver discursos donde sólo hay prácticas, contribuye a imposibilitar la crítica de la ideología y a mantener el status quo, totemizándolo, volviéndolo indestructible. La consecuencia de ese supuesto "progresismo" es un conservadurismo de facto.

Eso es lo que denuncio. Hay que ser ciego y disparatado para llamar a eso conservador, o para acusarme de ser un burgués asustado del desborde popular.

¿Si tengo una agenda política escondida? Esas paranoias suenan altisonantes y de hecho ridículas. Me gustaría, sí, que desaparecieran las ideas paternalistas que se agazapan tras cosas como los estudios subalternos; me gustaría que los que se piensan progresistas empezaran a leer un poco más a Marx y un poco menos a sus hijos amnésicos, esos que se han olvidado de que los marginados de una sociedad son primero personas antes que objetos de estudio a los que tengan derecho a fetichizar. Y se han olvidado, también, de que el cambio radical no sólo es posible, sino que es un deber.

G Firefly dijo...

Pude reconstruir esto.

A ver... desde las ciencias sociales, el análisis de los discursos contempla muchas cosas, entre ellas el estudio de modismos, idiolectos, temas recurrentes, procesos cognitivos y procesos de relación con otros grupos. Así, el análisis de los discursos no sólo contempla los textos escritos, sino también los orales.

En este sentido, los cómico ambulantes sí tienen un discurso propio, pues en ellos se pueden diferencias técnicas, modismos, estructuras discursivas y temas recurrentes.

Decir que estos "cómicos" tienen un discurso propio no es ponerlos en un altar, ni mucho menos. Ojo. No estoy diciendo que los cómicos ambulantes sean lo nuevos genios del humor, que establescan nuevos cánones o patrones de lo que llamamos comicidad o, siquiera, sean graciosos en lo que hacen. Lo que estoy afirmando que sí es factible estudiarlos. Eso es lo que hizo Vich.

Diversas teorias sobre el análisis del discurso estudian la implicancia de factores étnicos, de género, sociales y culturales, en la elaboración de un discurso. Es bueno consultar esos libros también.

G Firefly

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No, pues. Simplemente estás disparando en otra dirección: una cosa es discurso en el sentido narratológico, o, si quieres, en el sentido de la semiótica, y otra muy distinta es discurso en el sentido ideológico.

Lo que estás diciendo es, en otras palabras, que los cómicos ambulantes tienen un lenguaje, que con él producen textos (orales), que esos textos tienen un significado, y que sus autores siguen unas ciertas estrategias retóricas. Es decir, que son seres humanos. ¿Qué tiene eso que ver con la discusión?

G Firefly dijo...

Ahora otro punto: Vich nunca ha sido parte de mi antología personal, pero creo que es necesario aclarar algunas cosas. Sobre todo traducirlo.

Cuando VIch afirmaque las acciones de los cómicos "son prácticas populares cuya función consiste, por un lado, en articular diferentes formas de subjetividad a través de la reproducción o crítica de las ideologías hegemónicas de la sociedad, y, por otro, en abrir nuevos canales de circulación de imaginarios populares", está tratando de decir en realidad que la naracción de historias personales a manera de rutinas, plagadas de chiste facilistas y demás (esto lo agrego yo), son usadas también para criticar lo que estos "cómicos" consideran hegemónico y ajeno.

Hasta allí no hay por qué pegar el grito en el cielo. Pero. Tal vez sea la segunda parte de esa frase ("abrir nuevos canales de circulación de imaginarios populares") la que moleste al dueño de este blog. De allí que es pertinente esta pregunta: ¿es el discurso de estos cómicos parte de la cultura popular, o de algún estrato de ella? A mi entender los temas que se esconden en estas performances sí lo son: el maltrato a la mujer, la burla del "otro", la actitud frente al sexo, la burla a lo desconocido, etc. Todo eso se encuentra presente en canciones populares, ritos y actitudes de buena parte de la población.

Ahora bien, lo se. Lo que Faverón y Salas desean es que esta clase de críticos tomen una posición frente a estos temas. Si bien debo decir que estoy de acuerdo con el empeño de ambos, debo agregar que también es importante estudiar estas manifestaciones para saber por qué se producen y por qué se siguen utilizando estos tópicos

y bien, ¿por qué son necesarios estos estudios? Entre otras cosas para crear un corpus sobre estos temas, con obras que después pueden ser analizadas, criticadas o replanteadas, pero que aborden estos casos. ¿Por qué más? Para reconocer los errores y aprender de esas lecciones...


Gracias y hasta la próxima

G. Firefly

G Firefly dijo...

Gustavo, usted dice: "una cosa es discurso en el sentido narratológico, o, si quieres, en el sentido de la semiótica, y otra muy distinta es discurso en el sentido ideológico".

YO no veo por dónde Vich habla del discurso "ideológico" de estos cómicos... Repito, creo que está hablando del discurso como se entiende en la antropología y la sociología.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Una "crítica de las ideologías hegemónicas de la sociedad" (la frase es de Vich) no puede ser otra cosa que un discurso en el sentido ideológico.

Como dije, no creo que sean discursos, sino prácticas sociales.

Daniel Salas dijo...

Cuando hablo de recuperar el discurso crítico yo no quiero decir que voy a crear un discurso crítico que no existe. Mi blog se inició como consecuencia de un debate producido en el blog de Leonardo Aguirre sobre la existencia de la crítica peruana y una de mis afirmaciones centrales era (y esO que tal crítica SI existe, solo que no es tomada en cuenta y es ignorada. Lo mismo opina Faverón en un artículo para Peru21 que nunca salió publicado. Recuperar la crítica justamente consiste en considerar el valor epistemológico de la crítica y sus consecuencias políticas. Pero en el Perú el papel del intelectual está bastante devaluado, no solamente dentro de los círculos de escritores y artistas, sino también, como lo vemos, es uno de los presupuestos de los estudios subalternos al estilo Vich. Yo he señalado fallas y solamente se me ha respondido con adjetivos. Ahora se me llama "arrogante". Paradójicamente, pocos adjetivos definen tan precisamente el impulso de silenciar a quien disiente: quien no está de acuerdo conmigo es un arrogante, porque solamente un arrogante puede cuestionarme a mí, que poseo la legítima autoridad. ¿Total? ¿Estamos dispuestos a combatir el autoritarismo o seguiremos siendo cómplices de él?

G Firefly dijo...

Ya creo entenderte...

Verás, Gustavo, por lo general el humor es siempre una "crítica" a "la sociedad". No hay nada de raro en ello... El problema del texto, mal escrito por Vich, es que impone la frase "ideológía", que de hecho está fuera de lugar...

Algo más.

Antes mencionaste: "Lo que estás diciendo es, en otras palabras, que los cómicos ambulantes tienen un lenguaje, que con él producen textos (orales), que esos textos tienen un significado, y que sus autores siguen unas ciertas estrategias retóricas. Es decir, que son seres humanos. ¿Qué tiene eso que ver con la discusión? "

YO dije: "el análisis de los discursos contempla muchas cosas, entre ellas el estudio de modismos, idiolectos, temas recurrentes, procesos cognitivos y procesos de relación con otros grupos (...) En este sentido, los cómico ambulantes sí tienen un discurso propio, pues en ellos se pueden diferenciar técnicas, modismos, estructuras discursivas y temas recurrentes"

Intenté dejar por sentado que hay una serie de "técnicas, modismos, estructuras discursivas y temas recurrentes" que constituyen el discurso de estos cómicos.

Otra cosa, por "estructura" quise decir el esqueleto, la arquitectura, es decir cómo están construidos esos comentarios, chistes, anécdotas o como quieran llamarlos...

Espero haya quedado claro.


Ahora sí, chau

G Firefly

Daniel Salas dijo...

El problema es que si G Firefly tiene razón en su último comentario, entonces el estudio de Vich es absolutamente irrelevante. No hay enunciado lingüístico que no posea ni estilo, ni retórica ni estructura. Si es eso lo que Vich quiere demostrar, su estudio confirma lo que se sabe en la lingüística desde la época del formalismo. ¿Cuál sería el aporte?

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Por cierto, hay un error de origen en el libro de Vich que aún no he mencionado. Es el siguiente:

No está nada claro, ni nunca lo ha estado, que los discursos hegemónicos de una sociedad y el status quo de esa misma sociedad coincidan. Criticar el status quo no es necesariamente criticar un discurso o una ideología hegemónica.

Los lectores de Eric Hobsbawm saben, por ejemplo, que los programas nacionalistas, casi por necesidad, son hegemónicos como discursos mucho antes de que la realidad se adecue a ellos (por eso son programas), y que tal adecuación puede no darse jamás. Es lo que él llama discursos de "invención de una tradición".

Ahora bien, una práctica social como la de los cómicos ambulantes puede implicar una reacción contra el status quo, pero eso no implica que sean una crítica de los discursos hegemónicos. Ojo: esas prácticas también pueden ser un intento de adecuación al status quo, pero eso TAMPOCO implica necesariamente una adecuación a los discursos hegemónicos.

La identificación de discurso hegemónico y status quo es peligrosa, tanto como la identificación de discurso y práctica, porque pueden hacernos creer que estamos estudiando un fenómenos cuando lo que tenemos en frente es un fenómeno completamente diferente.

Anónimo dijo...

Nombras a Eagleton para sostener la diferencia entre discurso y practica. Bueno, Eagleton habla tambien -siguiendo a Foucault- de "practicas discursivas". De hecho, propone una teoria del discurso mucho mas amplia que la de ustedes -que excluye a los musicos ambulantes. Copio de las conclusiones de su "Teoria Literaria: Una introduccion". Su proyecto es "reading it to see how its discourse is structured and organized, and examining what kind of effects these forms and devices produce in particular readers in actual situations". "It is, in fact, probably the oldest form of 'literary criticism' in the world, known as rhetoric. Rhetoric, which was the received form of critical analysis all the way from ancient society to the eighteenth century, examined the way discourses are constructured in order to achieve certain effects. It was not worried about whether its objects of enquiry were SPEAKING or writing, poetry or philosophy, fiction or historiography: its horizon was nothing less than the field of DISCURSIVE PRACTICES in society as a whole, and its particular interest lay in grasping such practices as forms of POWER and PERFORMANCE." (mayusculas mias)

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Esa es una cita maliciosamente descontextualizada del ensayo de Eagleton.

Eagleton, en efecto, en esa misma página que citas, habla de la necesidad del análisis retórico de los discursos, pero se refiere a la necesidad de volver sobre las armas de la retórica clásica, extraviada a partir del siglo dieciocho, y, de inmediato, dice que muchas teorías contemporáneas malforman en análisis retórico volviéndolo gratuito y críticamente inoperante.

No sólo no se basa en Foucault, quien sólo es citado veinte páginas después en un capítulo más bien crítico, sino que, en el libro "Ideologies", de donde extraje las otras citas, hace ver que la lamentable confusión de "discurso" y "práctica" que aparece en gente como Laclau y Mouffe es, más bien, una consecuencia de su exagerado foucaultianismo.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Me retiro de este blog porque dejo de ser un espacio de intercambio de ideas sobre la problematica social del Perù.Este blog ha devenido en un lugar para lograr que algunos pretendar regresar a los medios informativos burgueses de siempre.El desprecio por la problematica social y por la mayoria de nuestro pueblo de nuestro pais en este blog por parte de su moderador y amigos es cuestionable.
Este blog tambien se ha convertido en foro de un cierto liberalismo intelectual al cual soy contrario.Yo vengo del sector marginal y en ese espacio social me siento augusto.

En estos moementos me encuentro en Europa en un gira de presentaciones por Madrid,Paris y Berlin y ya no tengo tiempo de perder el tiempo con unos pitucos que vienen con sus rabietas y problemas de identidad sexual a este lugar.

Este es el fin....el exito me espera.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Presentaciòn de Leo Zelada y antologia en Madrid


La undécima edición de la Antología de Poesía Hispanomericana en Topbooks

El día 23 de noviembre se presentará la antología en la librería Topbooks de Madrid con la participación de su compilador Leo Zelada, llegado de Perú.Lord Byron ediciones ha publicado la antología poética Hispanoamericana en su undécima edición. Esta antología ha sido compilada por el poeta peruano Leo Zelada,(premio de poesía Orpheu, Brasil, 2001) y entre los poetas que han participando en esta publicación se encuentran los más destacados exponentes de nuestra poesía contemporánea como Jaime Siles, Felipe Benítez Reyes, Luis Antonio de Villena, Antonio Cisneros, Eduardo Llanos, Jeannette L Clariond ,David Escobar;Junto a éstos destacan los poetas Fernando R. Ortega (España), Yanira Soundy (El Salvador), Silvia Aída Catalán (Argentina), Luisa Talarico (Chile) o Agustín García-Espina; a ellos habría que agregar los jóvenes y talentosos poetas Julio Cesar Aguilar(México),Iván Humanes (España) y Teresa Domingo (España).Como dice el Leo Zelada "Toda labor crítica literaria es sólo un acto de aproximamiento hacia una «singularidad» física como es el arte poética. Las diferentes entradas teóricas a la comprensión de la poesía, se pueden reducir a dos formas de analizar el poema, que son las herramientas críticas textuales, reducidas a pesar de sus vericuetos eclipticismos a una visión centralizada y obsesiva con el poema, al cual ellos llaman asépticamente «texto» y la segunda -más flexible- es una mirada contextual que pretende ser un ingreso a una interpretación del contexto en el cual se desarrolla la obra de un autor. Nuestra mirada pretende ser una mirada desde la poesía y haciala poesía. Si se quiere será una mirada hermenéutica, pero vista desde los ojos de un creador".En la presentación de undécima edición de la Antología de Poesía Hispanomericana, participarán los poetas, Leo Zelada, Luisa Talarico, Victoria Pereira, Agustín García-Espina y Fernando R. Ortega, que recitarán poemas publicados en la antología.PresentaciónTopbooksFuencarral, 12728010-Madrid.Tel. 91 446 0322. 20.00 hrs, 23 noviembre 2005 .

Postdata.- Nota salida en el prestigioso diario español El Mundo sobre la libreria Topbooks:

http://elmundo.es/metropoli/2005/10/13/compras/1129217534.html

Leo Zelada Grajeda dijo...

En el unico lugar donde ahora me encontraran es en mi blog

Daniel Salas dijo...

O sea, Zelada, que Ud. se enorgullece de salir mencionado en El Mundo, pero acusa a algunos de pretender reaparecer en los medios burgueses de siempre. Con tales incoherencias, váyase donde se sienta "augusto". Los visitantes y comentaristas de este blog se lo agradeceremos.

Anónimo dijo...

Chau Augusto (antes Leo)

Por cierto: espero que hayas pagado derechos de autor a los antologados (me refiero a Benitez Reyes, Villena, Cisneros... no a ti mismo, que eres antologador y te pones entre los antologados, una verguenza, si no un fraude).

Un Amigo

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Todos extrañaremos a Augustito Zelada, verdadera máquina de escribir piedras: litógrafo mayor del reino. Ojalá sea para siempre un luchador marginal y que su viaje a Alemania, aparente centro de su mundo proletario, no lo hamburguese. Imagino que leeremos sobre él en las Páginas Obreras del diario El Mundo.

Anónimo dijo...

Salas: Zelada no sale mencionado en el mundo. A lo que se menciona es a la libreria, en cuyo sotano (supongo) le habran hecho un minusculo espacio para presentar su librito del cual vive a ingenuas personas con el cuento de la poesia.

Ugenio/Coné dijo...

Exquisito, delicioso, ya-no-ya, insuperable, alucinante, tatatatata: "Yo vengo del sector marginal y en ese espacio social me siento augusto." Augusto, si, escribio augusto.

Anónimo dijo...

Faveron, ya se lo habia dicho alguien: Cantinflas no sino Zelada. Y ahora se lo decimos de nuevo: Cachay no sino Zelada. Zelada ha coronado este post. Que un Victor Vich venga y se ocupe de él. Combi Lima - Huancayo dijo alguien.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Bueno, ya podemos regresar a nuestro tema, ¿no?

Anónimo dijo...

Fiel a su táctica: llega sin tarjeta de invitacion, intenta bailar pero hasta la mas fea no le da bola y dioce: me voy porque soy feo y uds. pitucos tienen la culpa.

Te extrañaremos, platanito Zelada.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Acabo de borrar un par de mensjes que contenían insultos a varias personas. Por cierto, como es obvio, eran mensajes anónimos.

Anónimo dijo...

Faltaba mi despedida a Tito, digo, Selada. Que le vaya bien querido seudoizquierdista. Usted cree que alguien va a entrar a su blog? Que optimismo el suyo! Vaya y dejenos tranquilos aqui con el amigo Faveron. Y eso del exito me da nauseas, de veras. Nos avisa cuando gane el Nobel?

Y ahora que se fue la peste, este blog vuelve a su mejor nivel.

Bye, Augusto.

Félix Reátegui dijo...

Hay que reconocer que por más descabelladas que resulten las cosas de Rubén Grajeda, uno no resiste la tentación de replicar. No falla. ¿Por qué será? Se me hace que de verdad lo van -- vamos -- a extrañar.

¿Y quién puede explicar el negocio de las antologías de Grajeda?