19.8.11

Sobre la crítica literaria en la prensa peruana, 1


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Le pedí permiso al poeta José Carlos Yrigoyen para reproducir en Puente Aéreo el siguiente texto, que él publicó en su blog. Recomiendo que después de darle una mirada sigan la discusión posterior, en la que interviene el conocido periodista cultural Enrique Sánchez Hernani.

Crítica raquítica
Por José Carlos Yrigoyen

Cuando leo a los actuales reseñadores literarios de la prensa limeña extraño la página de crítica de libros que durante los años noventa mantuvo Rocío Silva Santisteban en Somos. No quiero decir con esto que Silva Santisteban fuera nuestra Michiko Kakutani ni mucho menos. Pero el poquísimo espacio que le asignaban, limitado como para fundamentar sus opiniones, lo administraba con suficiente criterio como para cumplir el requerimiento básico que se le exige a alguien al que se le encarga un espacio destinado a criticar las novelas, poemarios y ensayos que aparecen cada semana: decir lo que en verdad piensa. Arriesgar mínimamente una opinión. Pasar por la experiencia, nada agradable, es cierto, de quedar de vez en cuando mal con alguien. Recuerdo algunas reseñas suyas donde era terminante y hasta feroz con los libros que le disgustaban; como por ejemplo, cuando destrozó uno de las tantas insufribles entregas con las que Edgar O´Hara nos torturaba por esa época: En una casa prestada. Rocío llegó a preguntarse públicamente cómo era posible que existieran editores que permitieran que semejantes bodrios vieran la luz. Por lo que sé, O´ Hara nunca le perdonó ese ejercicio de sinceridad. Recuerdo también críticas negativas a otros poetas y narradores que eran amigos y conocidos de la autora de Ese oficio no me gusta, como Mary Soto –por su libro Limpios de tiempo- o Sergio Galarza –por su colección de relatos Todas las mujeres son galgos. Recuerdo también, y más nítidamente, que a mi primer libro, un pecado juvenil, también le dio con palo. Y estaba bien. En fin: uno podía criticarle muchas cosas a RSS, pero no que careciera de los ovarios suficientes para estampar en letras de molde su auténtico punto de vista.

Pues bien, ¿qué ha pasado con la crítica literaria de los medios en esta última década? Con muy honrosas excepciones, esta prácticamente ha desaparecido. Algunas publicaciones la   eliminaron un buen día de sus páginas sin el menor remordimiento –como es el caso de Correo, el pasquín dirigido por Aldo Mariátegui- y otros se la encomendaron a gente que, o no da la talla para ejercerla, o la toma como un trabajo rutinario y aséptico en el que la finalidad principal es pasar piola. Es decir, completar el número establecido de palabras sin decir absolutamente nada relevante o cubrir indiscriminadamente de flores a cualquier volumen que llegue al correo de la redacción.

Querido lector de Nosotros Matamos Menos: ¿alguna vez ha leído usted, en todos estos años, una sola crítica negativa pergeñada por José Donayre Hoefken, encargado de la sección de libros de la revista Caretas? Yo, nunca. Todas ellas son decididamente entusiastas: jamás entablan una sola atingencia a los libros sometidos a su escrutinio. Si mañana hubiera una hecatombe nuclear y solo quedaran las críticas de Donayre para estudiar lo que fue la literatura peruana reciente, cualquiera creería que vivimos una Edad de Oro en nuestras letras; que cada semana en el Perú era publicado un libro estupendo, de gran calidad; que cada mes surgía un joven poeta cuya opera prima sugería un Eielson o un Hinostroza en potencia. La realidad, como nosotros sabemos, es muy distinta, y por eso me queda la sensación de que Donayre vive en una dimensión paralela, donde cada vez que se asoma por la ventana contempla Picadilly Circus o cualquier otro de los centros culturales más fulgurantes del mundo literario contemporáneo.

Si bien ya de El Comercio y de la camarilla de ignorantes que lo maneja no se puede esperar nada, es una lástima lo que ha sucedido en los últimos años con la ya fenecida columna semanal de Ricardo González Vigil, quien siempre fue un crítico más que respetable. Pero hay que ser honesto, pues: sus columnas, en los últimos años, eran la mar de confusas. No sé si el motivo de ello sea que le editaban los textos de cualquier manera o si se le acababa el espacio antes de poder llegar al meollo de lo que quería decir, pero en la mayoría de los casos terminaba hablando de cualquier cosa antes que de la obra que debía ser motivo de su reseña. Por otro lado, ¿no es ya un poco monótono que un crítico viva calificando cuanto libro analiza como “extraordinario” “portentoso” o “formidable”?  No obstante lo apuntado, que la columna de RGV deje de ser publicada es un hecho lamentable, pues de todas formas es un espacio perdido. En cuanto a la sección de libros de la revista Somos, regentada por Enrique Sánchez Hernani, el problema es distinto: ni con la mejor voluntad del mundo se puede hacer una crítica seria cuando se te pide que ella no exceda las dos líneas de un texto de Word. Eso, como ya apunté en un post anterior, se debe a la visionaria labor de Eduardo Lavado, quien considera que una reseña no debe tener más caracteres que uno de los telegráficos chismes faranduleros del Correveidile, su máximo aporte al periodismo nacional. Bip.

De los demás reseñadores es poco lo que se puede decir (o no se puede decir nada distinto a lo anterior): o ejercen una crítica que juega al avestruz (pura descripción, cero opinión, o, lo que es peor, una desmedida generosidad con todo los libros que reciben) o las páginas culturales de los medios en que laboran son tan insignificantes que es como si no existieran. La salvedad a esta regla es Javier Agreda, crítico del diario La República. No lo digo porque esté de acuerdo siempre con él (en realidad, de cada diez reseñas que publica, discrepo con ocho) sino porque cuando un libro le parece malo no tiene remilgos en decirlo y suele fundamentar sus opiniones con propiedad. Quizá sus reseñas a estas alturas pequen de mecánicas (su modus operandi es el siguiente: primero presenta el libro, luego señala sus virtudes, y en el 90% de los casos termina dando una maleteada), pero a diferencia de casi todos los demás se toma su trabajo con cierto rigor. Lo cual es mucho en un ambiente literario donde ya se perdió el coraje suficiente para señalar que el trabajo de un escritor es insatisfactorio. Aunque luego de este post, quizá yo sea el autor con quien se rompa esa tendencia.



9 comentarios:

Luis Torres Vásquez dijo...

La modesta conclusión que puedo sacar es mas bien un pedido: Los lectores necesitan de buenas críticas (y también los escritores). Una crítica que enjuicie tu obra en su real dimensión no hace otra cosa que situar al escritor en su realidad. La crítica (siempre) favorable o condecendiente solo lo obnubila. Lo mismo que al lector. Si hablamos de reseñas, esta no solo se puede limitar a brindarnos "de qué trata el libro". Debe enjuiciarlo. Al menos calificarlo o precisar sus aciertos y también carencias.
Se sabe que los espacios literarios cada vez son menores (por no decir que agonizan) en la prensa local. El internet es un paliativo que cada vez se torna una necesidad para difundir juicios veraces (y también los hay absurdos). Pero me asalta una pregunta: Tan difícil es publicar mensualmente un suplemento dedicado a la literatura peruana? Si los diarios no pueden (o no quieren, por sus motivaciones económicas). Acaso no es labor del Estado (tenemos un Ministerio de Cultura?) proveer un espacio para nuestra literatura y no solo para la ya afamada gastronomía. Y la Cámara Peruana del Libro no puede hacer un esfuerzo en sacar un boletín quincenal al menos? Ahí les lancé la bola. O de nadie es competencia y tendremos que acostumbrarnos a políticas culturales tipo Ferrando: "ofrecer lo que le gusta a la gente para poder recabar más plata", como dice Yrigoyen.
www.purgatoricas.blogspot.com

Batuque dijo...

¿Qué hace Jason Statham opinando sobre crítica literaria peruana?

zeta dijo...

Hmmm; deberíamos darle más espacio a las reseñas culturales: tiene razón con hacer un comentario en dos líneas. Por lo demás, las críticas negativas, aunque no leídas en mucho tiempo, tienen algo de estúpido en sus argumentos... Me parece que debería motivarse una discusión: un espacio de respuesta como se da aquí para cada desacuerdo.

Anónimo dijo...

y qué buena crítica o reseña ha realizado Yrigoyen ?

Anónimo dijo...

"Que Lavado haya dado espacio a Fuguet (ni siquiera por un libro, sino por una película, se te escapó ese detalle)". Ese "ni siquiera por un libro" es tan torpe como el papel de Lavado en Somos, porque esa película a la que, digamos, tácitamente ningunea el pariente de los Miro Quesada -me refiero a Música campesina-, ha sido apreciada positivamente por críticos tan rigurosos y fregados como el argentino Quintín.

Anónimo dijo...

creo que hay que responder primero a la pregunta de si es necesario tener críticos literarios en la prensa peruana, qué función cumplen realmente, qué utilidad tienen para el editor, el autor y el lector (en ese orden, tal vez).
porque me queda claro que se puede perfectamente hacer literatura sin críticos, sin problemas. el crítico no es distribuidor de patentes. pero me queda claro también que cuando ha habido un crítico inteligente y polémico, nunca ha sobrado en el ámbito literario, y ha servido para animar la discusión.
pero no le veo la gravedad a que en el perú no haya críticos de verdad, o sea gente que quiera ejercer la crítica como su forma de relacionarse con el campo literario. me parece más grave que no haya secciones permanentes de cultura, aunque sea con reseñadores y copistas nomás.

Edwin Angulo dijo...

El tema es complejo. Lo que plantea el autor es cierto, y además muy -recontra- válido, no hay espacios de crítica literaria confiables en ningún medio de comunicación "masivo". Y no es coincidencia, la reducción de estos espacios parece ser ya una tendencia oficial. Pero este problema no es estrictamente literario, si se observa la cuestión de forma un poquito más global se puede observar como, en general, lo que se viene reduciendo son todos los espacios de opinión que ejerzan o puedan ejercer algún tipo de cuestionamiento sobre aquello que quiere mantenerse como lo oficial y/o legítimo. Por ejemplo, en el caso de la literatura , si alguien quiere ir a comprar una novela ¿a dónde va? pues las alternativas son pocas: Ibero, La familia, Crisol, El Virrey y... y... ¿hay más? Pues es probable que haya unas cuantas opciones más pero las podría contar con una mano, estoy seguro, y, que curioso, casi todos los libros que aparecen reseñados se venden ahí, salvo grandiosas excepciones, como La República en el que a veces hasta se comentan libros de editoriales independientes, pero, volviendo al punto, ¿qué pasaría si de pronto los medios de comunicación publicarán a críticos serios que terminen revelando que gran cantidad de libros de literatura que ofrecen estas librerías son malos? Pues es obvio. Todo es parte del mismo juego, todo es "argolla" y "vara" porque todos son "amigos", todos se ayudan, nadie se cuestiona, todos felices. No en vano hay un increíble boom de editoriales independientes, el sistema oficial, hasta de venta de libros, está podrido: "normalizado". El lado amable es que el nuevo mercado editorial está más interesante y mucho más accesible ($_$)pero no hay medio de comunicación que lo difunda, salvo los microsistemas de crítica literaria existentes a nivel universitario que, a pesar de su activismo, obviamente es insuficiente. Pero todo va de la mano, como comenté no es exclusivo de la literatura, para muestra un ejemplo más, esta vez, de la prensa política peruana ¿Cuántos programas que cuestionen siquiera ligeramente el discurso nacional oficial de "apertura económica sobre todas las cosas" existen tanto en cable como en señal abierta? NINGUNO!!! Y lo más gracioso, si uno quiere aparecer, pues, lo desaparecen, sino preguntémosle a Rosa María Palacios, que todos los años que se comportó como títere fue la abanderada de la prensa nacional, pero apenas se atrevió a cuestionar un poquito el discurso oficial (y eso que solo lo hizo porque chocaron con su amiga de Canal N)la despidieron :S. Y pongámonos a rezar porque de las cuatro únicas escuelas de Literatura que existen en todo el país (UNMSM, UNFV, PUCP, UNSA)una está a punto de pasar a las riendas el Opus dei!!!

Luis A. Grimani Villasante dijo...

Creo encontrar en tus post un análisis suficiente para plantear un tema de investigación sobre medios-espacios culturales, medios-literatura y medios-crítica literaria; con una pregunta básica: ¿Como se fueron perdiendo esos espacios?

PD. El artículo 2 también es de José Carlos Yrigoyen o tuyo

Luis Grimani Villasante

barrunto dijo...

la critica de yrigoyen a lavado no es de ahora. me parece haber leido un post hace unas semanas cuando salio la seccion de publicaciones de somos totalmente mal: habian puesto las portadas de la edicion anterior, pero con las reseñas de la edicion actual. un rochezaso. pero me parecio curioso que dicha plana editorial que maneja lavado sigue intacta. no hubo ni un cambio drastico, ni una tarjeta amarilla. nada.
alguien pregunto que ha aportado yrigoyen? el ha escrito sobre muchos libros y sobre muchos autores peruanos, en el dominical y creo que tambien en expreso.

una pregunta, ya no esta jose guich en correo ?