30.11.05

Regrésate al Japón

Basada en la más bien dulzona y poco interesante novela Memorias de una geisha, de Arthur Golden, Hollywood acaba de lanzar Sayuri: memorias de una geisha, una película dirigida por Rob Marshall, el mismo culpable de Chicago.

Nada hace presagiar que se trate de una buena película, pero, eso sí, en ella se han reunido tres de las mejores actrices asiáticas de los últimos años: Gong Li (protagonista de casi todas las películas del genio Zhang Yimou); Michelle Yeoh (la estrella de Crouching Tiger, Hidden Dragon, de Ang Lee); y Ziyi Zhang (coprotagonista de esa misma cinta y también de Héroe, de Zhan Yimou).


¿El problema? Que Gong Li y Ziyi Zhang (la geisha del título y de la foto de la izquierda) son chinas, y Michelle Yeoh es de Malasia, y el público japonés está por lo menos desconcertado ante el hecho de que, en Estados Unidos y el resto del mundo, se ande confundiéndolos a ellos con chinos y malayos, cuando es tan notorio, dicen, que son tremendamente diferentes.

Al principio, la noticia me pareció sobre todo graciosa, con ciertos tintes de un absurdo chauvinismo y, quizá, incluso, algo de racismo (mis amigos coreanos juran poder distinguir a coreanos, chinos, japoneses, malayos o vietnamitas de una sola mirada y desde lejos; mi único amigo japonés quiso matarme cuando le conté que en el Perú alguna vez se había acuñado la desafortunada frase "chino maricón, regrésate al Japón").

Me llama la atención, debo confesar, mi propia reacción. A mí no me gusta cuando un americano me dice cosas como "Ah, tú eres del Perú. Yo una vez viajé a Bogotá", y cuando escucho esas cosas mi primer impulso es el de apagar mi cigarrillo en la nariz de mi interlocutor y aclararle que colombianos y peruanos no somos lo mismo. Entonces, ¿con qué derecho me río de la reacción que la hollywoodense geisha china viene ocasionando en el público japonés?

Respuesta: sin ningún derecho, y no me seguiré riendo, porque creo que no es chauvinismo, ni nacionalismo, ni mucho menos racismo, lo que irrita a los cinéfilos japoneses, o lo que me molesta a mí cuando se producen confusiones parecidas con los latinos: lo irritante es la eterna comprobación de que, para la gran mayoría de los norteamericanos, todo lo que quede al norte de Maine o al sur de Florida, es una gran masa informe apenas clasificada bajo dos o tres etiquetas: lo irritante es esa inculta fijación de la gran metrópoli que jamás es capaz de mirar hacia afuera, que lo confunde todo y a la que todo lo que no es gringo le da lo mismo.

Pero eso desemboca en una paradoja interesante: siendo la periferia, a nosotros nos interesa mirar hacia los centros (la lección borgeana), consumir la cultura propia y también la ajena, conocer más allá de nuestro espacio; eso es algo que no se da fácilmente en países como los Estados Unidos, donde se tienen que desarrollar cuidadosas políticas educativas, públicas o privadas, para alimentar el conocimiento de culturas extrañas, un conocimiento que nunca se daría por inclinación natural de los americanos.

Hay una cierta riqueza en las posiciones periféricas. A veces, en ciertos aspectos, no es tan malo estar en el margen.

23 comentarios:

Miguel Rodríguez Mondoñedo dijo...

Pero Gustavo, ¿por qué eso es particularmente "gringo"? ¿no estás reconociendo que tu primera reacción ante la molestia de los japoneses fue de risa?

Es una actitud inculta sin duda, y no es difícil dar un paso atrás, pero no creo que sea especialmente norteamericana. Sin ir muy lejos, la mayoría de los peruanos divide el mundo exterior en gringos, chinos y negros (y algunos otros colores locales, claro), más o menos lo mismo que los norteamericanos. Un gringo en el Perú es cualquiera que tenga el pelo rubio, así como un chino es cualquiera que tenga los ojos más o menos rasgados.

Yo no estoy tratando de justificar esa actitud. Pero no creo que sea algo especial ni de Estados Unidos ni de las grandes metrópolis. A mí dos amigos chilenos (en diferentes ocasiones) me dijeron el primer día que los conocí: "peruano? ah, yo conozco Ecuador". Y una amiga dominicana me preguntó la otra vez qué sabía yo de Buenos Aires, porque iba a viajar allí. Recuerdo que un estudiante bosnio me hacía preguntas sobre ciertos aspectos del mapuche (una lengua nativa chilena).

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No, pues. Es cierto aquéllo de que en Perú puedes llamar "chinos" a los japoneses, o "gringos" a todos los rubios, pero, discúlpame, no hay ninguna confusión en eso: NADIE en el Perú supone que todos los de "ojos rasgados" vengan de China o que todos los "gringos" (rubios) sean norteamericanos. Precisamente: nadie en el Perú gritaba "chino maricón, regrésate a China": no hay tal confusión. Lo mismo pasa en Argentina: llaman "turcos" a todos los árabes, "rusos" a todos los judíos, "gallegos" a todos los españoles, "gringos" a todos los italianos, pero eso no implica confusión.

Que una dominicana te pregunte qué sabes de Buenos Aires no me parece que implique ningún prejuicio. Que dos chilenos te hablen de Ecuador, en cambio, es un buen indicio de lo que yo estaba diciendo: muchos chilenos, como muchos argentinos, se sienten mayoritariamente parte del mundo europeo, para ellos su vecindario latinoamericano es una burla del destino. Hacer notar esa diferencia es parte de su propia forma de nacionalismo.

(Yo también he tenido amigos chilenos que estaban explícitamente contra el racismo, el nacionalismo, etc, etc, y que sin embargo decían cosas como "todas las peruanas son feas", "Chile forma parte del circuito intelectual europeo", "los chilenos son más racionales que los demás sudamericanos", "en Chile las sirvientas son rubias", etc... A mí me parecen todos esos intentos un tanto incómodos por reafirmar que se es lo que no se es).

¿Podríamos imaginar una película peruana cuya acción transcurriera en Lisboa, donde la gente en la calle hablara francés, en las fiestas populares se bailaran sevillanas, la comida más frecuente fuera el fish and chips, y un retrato de Tito adornara la sala de casa? Difícilmente un cineaste peruano sería tan estrafalariamente ignorante.

Pero no tenemos que imaginar películas norteamericanas en las que la acción transcurra en la república sudamericana de San Vincente, la gente hable indistintamente español o italiano, se bailen jotas en las calles, se coma tacos y burritos, y una foto del Che, presidente de la república, cuelgue de las paredes de la sala. Esa película la podemos ver en el cine, sale una nueva cada mes.

Mario Michelena dijo...

Discrepo con Miguel. Me parece que en estas cosas hay que comparar a países cuya cobertura educativa sea semejante. Es es uno. Dos, creo que sí es una cuestión de actitud porque si tú a un gringo típico le preguntas si quiere saber más del Perú te diría "what for?", mientras que los peruanos están casi malsanamente obsesionados con saber más de los EEUU (comenzando con el idioma, por supuesto). Creo que el esquematismo que comenta Miguel tiene más que ver con las carencias culturales de los peruanos en general, cuyos índices de desmpeño escolar (si es que completaron secundaria) están entre los peores del continente, muy por debajo de los de los EEUU (aunque estos son decepcionantes para el primer mundo). Creo que el rasgo que puntualiza Gustavo, y que comparto, se ve en las élites, sobre todo las élites jóvenes: vete por la PUC o por la U. de Lima preguntándole a la gente qué sabe de los EEUU: más allá de las deformaciones impuestas por Hollywood (p.e. la percepción de que ciudades como Nueva York o Los Angeles son peligrosas), estoy casi seguro de que la gente te podrá mencionar ciudades, estados, política interna y externa, algunos lugares turisticos, sin mencionar cine, música y literatura. Por supuesto, EEUU moldea la cultura global, y mucho de lo que te mencionarán será vox populi en ese sentido, pero de eso estamos hablando no: somos como polillas atraídas por la presunta luz, y el Perú, desde el exterior, no parece emitir ni 20w. La gente tiene una relación emocional y un deseo por los EEUU. Salvo algunos desinformados new agers, eso no se en los EEUU. Más aun: en los EEUU incluso un "excesivo" interés por otros países desarrollados es mal visto.

Mario Michelena dijo...

Una anécdota horrorosa: hace casi cuatro años, cuando cayó de la Rua y hubo tres presidentes en una semana en Argentina, yo estaba viendo el principio del programa de Jay Leno. Anunciaron para más adelante en el programa: "Jay interviews the president of Argentina", y decidí quedarme a verlo. El gag consistía en que Leno trataba de entrevistar a un tipo, pero antes de que acabara de formular su primera pregunta aparecía un garfio gigante y lo retiraba del podio y aparecía otro. Finalmente, el primero de los retirados reaparece y Leno logra hacer su pregunta: "¿Qué pasó, por qué lo sacaron?". "Lo que pasó fue que me equivoqué: dije que Nebraska debía ir al Superbowl" (el Superbowl universitario: Nebraska había sido tradicionalmente uno de los equipos más fuertes pero estaba de capa caída. Hubo controversia de si debía ser asignado o no a esa final, al final lo pusieron y perdió 40 a cero, más o mich. Eso había pasado en la semana anterior al programa). Ese fue el núcleo del gag, y si mal no recuerdo, Leno no le hizo ninguna otra pregunta al fulano que se refería a sí mismo como "El presidento". Ese día decidí volar las torres gemelas! (es una broma, por cierto). Creo que la anécdota pinta bien la situación en su peor expresión.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No creo que el caso latinoamericano se reduzca a una admiración embobada por los EE.UU.

Les propongo otro caso: miren la lista de los veinte libros más leídos en el Perú cualquier año: se van a encontrar con la maravilla de una lista que incluirá colombianos, mexicanos, argentinos, españoles, norteamericanos, japoneses, ingleses, portugueses, etc. (Sabemos que las ventas de esos libros será reducidísima en comparación con otros países, pero es lo que tenemos).

Vean la lista de los libros más leídos en EE.UU. les doy un diez por ciento del sueldo del gordo Salas (¿para qué arriesgar mi propio sueldo?) por cada libro extranjero (y no británico) en el top ten. Son presencias insólitas, casi imposibles, se dan una o dos veces AL AÑO.

En Estados Unidos, a diferencia de lo que pasa en el Perú, no ocurre jamás que entre los autores más vendedores estén Saramago o Grass, ni siquiera el mismísimo Umberto Eco, quien sin duda es el que más se aproxima. Dudo que todos los premios Nobel del mundo sumados vendan en Estados Unidos tanto como Philip Roth (para no cometer el abuso de nombrar a un autor de best sellers).

Otro ejemplo rápido: en Estados Unidos la inmensa mayoría, y hablo de una mayoría razonablemente culta, prefiere vivir sin ver las mejores películas del mundo con tal de no tener que pasar por dos horas de exposición a una lengua extranjera y a la lectura de subtítulos.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

El mismo Jay Leno nos provee de otro ejemplo, aunque este más bien revela el ombliguismo gringo: en una secuencia de su programa, el tipo se para en la vereda con el micrófono abierto y le formula una misma pregunta a las primeras cuarenta o cincuenta personas que pasen. La pregunta esa noche era: ¿con qué países tiene frontera Estados Unidos? Resultado: NADIE dijo simultáneamente "Canadá y México". Los pocos que acertaron con Canadá erraron con México y viceversa. Los países más mencionados, de lejos, fueron Inglaterra y España. Honroso tercer lugar: Rusia.

Mario Michelena dijo...

Embobado no era mi punto. Pero sí periférico, y pasando por ese desplazamiento que ha movido los ojos de los peruanos cada ves más a Miami y menos a otras ciudades del mundo (en Bs.As hay quienes se quejan de lo mismo, no sé con cuánta razón). Personalmente, me llamó la atención en un viaje reciente a Montevideo, lo hispano que lo encontré: en los kioskos las revistas del corazón y farándula andaban obesionadas con personajes españoles de "Operación Triunfo". En cuanto a los EEUU: a menudo, además, los libros extranjeros que despegan en los charts de ventas son de países que están momentáneamente en el candelero: p.e. "The Kite Runner" de aquel iraquí-americano.

Pedro Moreno-Vasquez dijo...

Se que a veces las generalizaciones son absurdas. Pero en mi círculo universitario, casi la totalidad de mis camaradas americanos poseen cierto conocimiento cosmopolita. Y no precisamente por haber leído libros extranjeros sino mas bien por haber vivido en este país donde confluyen culturas de todo el orbe. Varias veces los he oído hablar de judaismo, el islam, sudáfrica, tailandia...No me explico entonces el desinterés general del americano por los libros y peliculas extranjeras..

Daniel Salas dijo...

Yo también he conocido estudiantes de pregrado bastante informados y cultos. Hay que recordar que, con todo, Estados Unidos tiene los mejores departamentos de lenguas (¿será también eso nacionalismo?) y que esto de los intercambios está bastante extendido en el mundo universitario. Hablamos de gente (los universitarios) que mayormente tiene una enorme capacidad de gasto y que no se puede imaginar las vacaciones sin un viaje, frecuentemente fuera del país.

Pero parece que Estados Unidos es bastante grande y la diversidad de actitudes ante lo extranjero también es enorme. Una de las cosas que se decía de Bush hijo era que antes de ser presindente había salido del país no más de tres veces, lo cual es inusual en una familia adinerada y educada como la suya. Bueno, estamos hablando del mismo presidente que se refirió en un discurso a los más de cien años de amistad ininterrumpida entre Estados Unidos y Japón...

Son también famosos los casos de funcionarios de gobiernos locales que han sostenido lo absurdo que es enseñar lenguas extranjeras en las escuelas y que se preguntan ¿para qué?

Con respecto a la película que menciona Gustavo, yo también me sorprendí cuando vi que los actores no eran japoneses. Mi impresión es que esto va algo más allá de la mera indiferenciación. Se trata de actores ya conocidos y no se puede negar que Ziyi Zhang es una lindura ya conocida en las pantallas norteamericanas.

Yo creo que en el Perú la diferencia no va por el lado de que sabemos más sobre lo que pasa afuera, sino, como sugiere Gustavo, por la actitud. Entendemos gruesamente que la gente es diferente, si bien no necesariamente sabemos mucho sobre la historia de Corea o de Malasia o, si quiera, sobre su exacta ubicación geográfica. Y es verdad entonces que nosotros también tenemos estereotipos de lo que es el norteamericano, pero creo que somos un poco más conscientes (a diferencia de los gringos mismos) que son eso, estereotipos.

Miguel Rivera dijo...

Cosas parecidas las dice Luis Loayza de Europa. Según él, Valéry Larbaud fue uno de los pocos europeos que conocía la literatura latinoamericana. Es decir, que no solo escribió sobre ella, sino que llegó al extremo de leerla (cito de memoria). Y en el ensayo El Sol de Lima muestra como la capital del Perú es un lugar tropical en el cine y la literatura europeas.
Otro ejemplo tomado de la literatura: En La Traición de Rita Hayworth, un personaje muestra su desconcierto al enterarse de que Londres no forma parte de Estados Unidos. Ella pensaba que estaba al lado de Nueva York, y que era algo así como el lugar más distinguido del país. Desde luego la mayor parte de lo que aprendemos de Estados Unidos en Perú viene de los mass media.
Académicamente, es poquísimo lo que se estudia. ¿Cuántos países latinoamericanos tienen facultades de inglés?

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Daniel: no es inusual que un norteamericano, ni siquiera alguien de clase media, media alta o alta, no viaje nunca afuera de los Estados Unidos.

Recuerdo haber leído hace unos años una estadística según la cual sólo el tres por ciento de los congresistas americanos habían salido del país alguna vez en su vida. Viajan cuando están retirados.

Por otra parte, nada tiene de sorprendente que los estudiantes de bachillerato de una universidad como Colorado (especialmente teniendo en cuenta que tú conoces a los que estudian una lengua extranjera) sean radicalmente distintos del grueso del país en ese aspecto. Pero pregúntales a dónde quieren viajar en las vacaciones y la gran mayoría te dirá que a "some place in Latin America".

Miguel Rodríguez Mondoñedo dijo...

Debo protestar enérgicamente, de hecho, con profundo asco, por el desagradable chiste de mario michelena sobre las torres gemelas. Es absolutamente injusticable pensar en matar solo por los pobres actos de un comediante. Ni siquiera como chiste.

Renzo Augusto dijo...

Sobre las actrices chinas y malayas en una película cuya historia transcurre en el Japón, concuerdo con un comentario anterior. La película es una producción norteamericana y eligieron en el casting a dichas actrices porque, además de ser de procedencia oriental, ya eran relativamente conocidas entre el público norteamericano. No olvidemos que "Crouching Tiger, Hidden Dragon" ganó 4 Oscares en el 2001, lo cual generó que Michelle Yeoh y Ziyi Zhang se convirtieran en rostros conocidos para ellos. Comprendo la molestia de los cinéfilos japoneses y razón no les falta en pensar que son metidos en el mismo saco "racial" con el resto de orientales pero ¿creen que los productores de los estudios Columbia se arriesgarían a poner a actrices japonesas que nadie en Estados Unidos conoce? Todo no es más que simple marketing.

Julio Suárez Anturi dijo...

¡Inculta la Metrópoli! Retrata muy bien la calidad de ciudadanos de segunda en que tienen a la periferia. Pero también habla de su vicio imperial de mirarse el ombligo.
No debes Gustavo, sin embargo, malhumorarte porque digan que eres de Bogotá, bella ciudad en la que he vivido muchos años. Antes bien, eso que te ocurrió me confirma que somos muy semejantes los latinoamericanos. Una vez que estuve en Lima me sentía familiarizado con todo, los alimentos incluidos. Tuve en Cali un amigo peruano. Chile tiene música y modismos semejantes a los peruanos. (Aparte la politiquería.) Y hay gran parecido entre un salvadoreño, un costarricense, un colombiano, un peruano y un chileno. Y, sin que sea sacrilegio, un argentino.
Y de cine, pues Colombia no es más que fusiles disparando y montañas de cocaína. ¡Lamentable!
Nos ocurre lo lamentado por RH Moreno Durán (qepd) para latinoamericanos, sobre que la globalización es comercial y tecnológica, mientras las formas culturales siguen siendo locales. (No es textual.) ¿Y a quién le conviene esta asimétrica situación?
Gustavo, ese amigo chileno que te dijo que "las sirvientas son rubias", solo es un agrandado, sobrador y patudo. Dimensiónalo.
Cordial saludo.

Renzo Augusto dijo...
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Renzo Augusto dijo...

Por cierto, debo agregar que la protesta del público japones ante la prescencia de actrices chinas en "Memorias de una geisha" tiene un profundo tinte nacionalista y de rivalidad cultural. Adjunto fragmentos de una nota aparecida en el diario El País:

"La polémica viene servida, igualmente, por presentar como cortesanas a las geishas, animadoras de alto nivel, profesionales japonesas de la danza y la música tradicional de su cultura, y de la conversación intelectual, de las que sólo algunas han vendido sus favores sexuales.

(...)
"Además y por si fuera poco la cinta se ha presentado en un año plagado de tensiones en las relaciones entre China y Japón debido a su rivalidad por el liderazgo en Asia y por obtener la energía necesaria para alimentar a su creciente industria, y también por el bloqueo chino al deseo nipón de contar con un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

A todo ello contribuye la falta de superación del pasado histórico que mantiene aún muy presente la ocupación japonesa de China a mediados del siglo XX, hecho que ha sido reforzado por ciertos síntomas nacionalistas, como la publicación, hace unos meses, de manuales de historia escolares japoneses en los que se ha acentuado el blanqueo de las atrocidades cometidas por Ejército imperialista. Internautas japoneses y chinos han mostrado su enfado en sus páginas web, donde han pedido el boicoteo del filme y alguno incluso la cabeza de Zhang por haber aceptado dar vida a la geisha principal."

http://www.elpais.es/articulo/elpporgen/20051201elpepiage_1/Tes

Anónimo dijo...

"En Peru hay carros"? el otra pregunta que he escuchado en Estados Unidos. Mucho Machu Picchu, piensan que no existen ciudades.

Oscar Pita-Grandi dijo...

En cuanto a cine se refiere, hay detalles que le podrían costar la película. Se exige coherencia al máximo. Ficción inducida, etc. Particularmente el público no oriental no distingue entre un japonés o un chino o un malayo oqué se yo. En Perú todos son chinos. Los del chifa o los de la botica. Todos son chinos para nosotros. Eso es parte de nuestro criollismo y no tiene nada que ver con temas de discriminación racial o algo semejante. Por tanto, si se nos presenta en occidente, en una película, a una actriz japonesa interpretando a una prostituta de los Yakusa, y dicha actriz, en otro film, aparece como una gueisha, aparte de reconocerla (tarea por demás difícil debido a las facciones poco diferenciables para nosotros)lo que prima es la actuación. Es un hecho que los "gringos" son "desabridos" en comparación con los latinos. Y los "ponjas" o "chinos" en comparación con los "gringos" y así varias situaciones pero, no importa mucho que tan desabrido sea el resto cuando se está en otro país, por que ahí, los extraños seríamos nosotros.El sabor local se llama así, "local", juastamente por eso.

Anónimo dijo...

A un amigo mexicano le preguntaron unos estudiantes gringos: "Y tu de que tribu eres?"

Anónimo dijo...

Sobre el comentario de Julio Súarez Anturi, hay que agradecerle las buenas intenciones y el rollo "latinoamericanista", pero no hay que olvidar que existe una tradicional rivalidad (azuzada por el nacionalismo, cuándo no) entre nuestros países. Ya se sabe, por ejemplo, que los peruanos no se pueden ver con chilenos ni ecuatorianos (esto sale a relucir en el fútbol). Por su parte, los chilenos también han tenido siempre asperezas ridículas con los argentinos. Los argentinos y los brasileños, igualmente, se lanzan pullas los unos a los otros. Los uruguayos se sienten incómodos porque casi todo el mundo los confunde con argentinos (con la diferencia de que los uruguayos no vosean). Los colombianos y los venezolanos también tienen sus roces y si confundes el acento de uno con el del otro te pondrán mala cara. Una vez un buen amigo venezolano me dijo que los pitucos ecuatorianos eran tan acomplejados que hablaban como venezolanos. Hay casos, aislados ciertamente, pero los hay, de peruanos que hablan como argentinos. Por último, recordemos que Caparrós, el célebre cronista de viajes, decía que, al fin, los argentinos han dejado de ser el "punto" de los chistes en Latinoamérica y que luego de la crisis económica se ha despintado un poco la arrogancia que los caracteriza dentro del imaginario latinoamericano. Caparrós decía que los "nuevos argentinos" eran los chilenos. Puede ser.
Total, que el escenario ridículo es este: el chileno se siente "indio" frente al argentino, pero a su vez el chileno trata de "indio" al peruano, el peruano a su vez se siente menos "indio" que el boliviano o que el ecuatoriano. Todo esto, repito, lo mamamos en la leche lamentablemente y salta a relucir en los diarios chicha, en época de fútbol y, sobre todo, cuando los ánimos están caldeados. O nadie recuerda aquel titular de inicios de los ochenta "les dimos por el protocolo" cuando ocurrió lo del Falso Paquisha?
Sin embargo (y con este acabo) he de confesar que estas rencillas estúpidas se diluyen sospechosamente fuera del espacio latinoamericano. Me explico: pon a todos los latinoamericanos chauvinistas en un territorio distante, digamos cualquier país europeo o asiático y entonces todos se sienten "latinoamericanos" y brindan y se acuerdan de los vínculos mutuos. Total, que la integración es más que nada una respuesta al aislamiento en casos extremos. Y ni qué se diga de los españoles, que siempre han jugado a dos bandos: cuando les conviene dicen que son "latinos" (sobre todo para triunfar en Hollywood), pero cuando no, proclaman su "europeidad" por los cuatro costados. Y lo más triste es cuando ejercen el paternalismo hacia el bloque sudamericano, en una especie de nostalgia colonial similar a la de los franceses hacia los africanos.

César Namuche dijo...

Contribuirías un poco si no llamaras "americanos" a los estadounidenses. Me indigna que la RAE acepte semejante aberración por una cuestión de "uso". Tampoco me hace "gracia" que escribas: "A mí no me gusta cuando un americano me dice cosas como "Ah, tú eres del Perú. Yo una vez viajé a Bogotá". Es contradictorio en medio de ese discurso tuyo de autoafirmación. Sí, pues, uno se siente ridículo y chauvinista, pero la verdad es que molesta.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Hay una cosa de chauvinismo sin sentido en eso de molestarse por que la gente le diga "americanos" a los habitantes de un país que, en efecto, se llama "United States of America" desde antes de que se produjera la independencia de cualquiera de los países de América Latina. Es tan ridículo como lo sería que cualquier país de la zona sur de Africa se indignara de que sólo a algunos se les llame "sudafricanos".

zaratustra dijo...

SI SE LLAMA ESTADOS UNIDOS DE AMERICA...NO SERIAN ESTADOUNIDENSES DE AMERICA Y NO AMERICANOS A SECAS
Y LA COHERENCIA?
ZARITA