24.3.06

Venganza y paraíso


En el post anterior, olvidé agradecer a Daniel Salas por su ayuda con Puento Aéreo durante mi ausencia, así que lo hago ahora, a mi regreso de Puerto Rico.

Dicho sea de paso, no fueron sólo días de descanso los que pasé en la isla, para envidia inmotivada de Iván Thays: fui a formar parte de una mesa en la conferencia del Latin American Studies Association, donde hubo decenas de ponentes peruanos y sobre la cual les contaré en los próximos días.

Pero hubo descanso, y también hubo dos noches de cine, en las que, coincidentemente, vi un par de películas que tratan, de maneras y en tonos muy diversos, el asunto del terrorismo y el derecho a la insurgencia: V for Vendetta (producida y coescrita por los hermanos Wachoswski y dirigida por uno de sus cachorros) y Paradise Now, la polémica cinta palestina que hace poco estuvo nominada a un Oscar.

El tema general de ambas no es su único punto en común. Hay uno mucho más digno de debate: ambas construyen escenarios en los que la respuesta terrorista a una situación social y política determinada encuentra una cierta justificación, mayor o menor según el caso: en V for Vendetta se trata de la insurgencia contra una ucrónica tiranía fascista en Inglaterra, en el año 2015; en Paradise Now, en cambio, el escenario es el conflicto palestino-israelí contemporáneo.

Ambos filmes comparten, también, un impulso maniqueo: en V for Vendetta la dictadura de ultraderecha es arrasadoramente delincuencial y perversa (más aun que en el el extraordinario cómic original de Alan Moore y Davd Lloyd), hasta un grado tal que la propuesta del bombardeo clandestino resulta indudablemente justa. En Paradise Now, la absoluta ausencia del punto de vista israelí diseña un mundo desesperado y oprobioso, en el que todo el mal es unidireccional y en el que, una vez más, la respuesta violenta acaba por lucir peligrosamente comprensible.

Me atrevo a decir, aunque suene arbitrario, que en ninguno de los dos casos el maniqueísmo es un defecto de la narración: por el contrario, la mirada extrema y radical parece convenir a unas historias que, al fin y al cabo, están contadas desde el punto de vista de las víctimas finales de una situación injusta (no el poder político palestino, sino la población civil, en Paradise Now; no los partidos de oposición a la tiranía, en V for Vendetta, sino la ciudadanía victimizada).

Lo que quiero decir es que, en ambas cintas, el maniqueísmo resulta adecuado para representar la mirada de la víctima, porque, a las víctimas de situaciones como las mostradas, el mundo se les presenta en términos ya de por sí maniqueos, en los que el enemigo es demonizado y la única salida parece ser una violencia que destruya al rival, aunque implique también la destrucción de uno mismo.

No sigan leyendo este párrafo si no quieren enterarse del final de las dos cintas: ambas concluyen con la muerte de sus protagonistas, una de ellas consumada ante los ojos del espectador, la otra sugerida en la determinación final del personaje. Sintomáticamente, en los dos casos, la liberación destructiva es también autodestructiva; como si ambas ficciones nos quisieran decir que en todos los casos de opresión política extrema hay algo que resulta ya para siempre imposible de redimir y recuperar.

1 comentario:

Luis Hernán Castañeda dijo...

En V for Vendetta, la caída del régimen tiránico coincide con la autodestrucción del poder que se le opone y busca la liberación mediante una violencia tan extrema y terrible como la que ejerce el Estado: entonces, en este esquema maniqueo, las dos fuerzas enfrentadas forman parte de un mismo mundo violento, donde el ejercicio de la brutalidad viene de ambas partes. Pero el poder opositor tiene la virtud de autoliquidarse al final, señalando así la apertura de un mundo nuevo cuyas reglas de juego, presumiblemente, censurarían cualquier forma de violencia, venga de la dirección de la que venga. La reflexión sobre el mal de la película me recordó una novela de Alonso Cueto, Grandes miradas: aquí también, los "buenos" son tan malos como los peores.