5.4.06

La historia de un sobreviviente


Finalmente, anoche pude conversar unos minutos con uno de mis narradores favoritos, el neoyorquino Art Spiegelman, uno de los maestros del cómic, y uno de sus cruciales transformadores; el único cómic artist que ha recibido un premio Pulitzer; una de las piedras angulares en la consolidación final del género de la novela gráfica, y el autor de una ficción crucial en la historia de la representación del Holocausto: su apasionante Maus: A Survivor´s Tale.

La conferencia que dio ayer Spiegelman en Bowdoin College fue sin duda la mejor radiografía de un proceso creativo que me haya tocado escuchar, ver o leer. Provisto de más de un centenar de imágenes en power point proyectadas sobre una pantalla gigante y media docena de grabaciones de audio, el artista mostró la cadena de construcción de su obra más célebre, Maus, desde su mismo inicio (las cintas que recogen los cientos de horas de conversaciones con su padre, sobreviviente de Auschwitz), hasta la versión final del libro, pasando por decenas de bosquejos y cuadros sinópticos, esquemas generales y borradores sobre la arquitectura narrativa de cada página.

Spiegelman explicó también la génesis de la idea de representar a los judíos en Maus como ratones: la noción central era que a través del dibujo mismo, ya que no a través de la trama o el guión, se recogiera, fragmentariamente, el lenguaje mismo del enemigo: los judíos de Maus son ratones porque en eso los había transformado la propaganda antisemita nazi.

A propósito: Spiegelman se preguntó qué habría de esencialmente sintético y universal en el lenguaje de los cómics, que hacía que ellos, u otras artes afines, hubieran estado siempre presentes en casi cualquier campaña segregacionista, racista, discriminatoria, en cualquier lugar del mundo, al menos desde el siglo diecinueve. Y, andando por ese camino, llegó, para variar, al tema de las recientes caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca y, luego, en diversos medios del mundo.

Fue muy interesante su explicación de por qué él, siendo partidario de la libre expresión, y siendo además un artista polémico que ha sido más de una vez censurado, encontró detestables las caricaturas en cuestión y llegó a preguntarse si había valido la pena que se permitiera su publicación.

Dijo Spiegelman: en medio de un debate antiinmigracionista en Dinamarca, donde el partido opuesto a la liberación migratoria gana fuerza cada día, los ultra conservadores publicaron las caricaturas racistas como una forma de provocación, y se aseguraron de que sus efectos fueran los peores, sólo con el objetivo de poder decir después: "vean, vean la actitud salvaje de los árabes, ¿es a estas personas a quienes queremos abrir las puertas de nuestra democracia?". Es decir, lo que hicieron fue un consciente abuso de las libertades democráticas con el único fin de minarlas. Es decir, todo el truco permitió atisbar la naturaleza cerrada y egotista de una idea de democracia que es hermética y despreciativa ante lo ajeno. Y los miopes que pensaron que las caricaturas no eran sino una saludable broma, no hicieron más que caer en una trampa que convertía las limitaciones de la liberalidad en boomerangs.

En cambio, dijo Spiegelman, le pareció diferente el caso del concurso de caricaturas antisemitas convocado en Irán, y el otro concurso de caricaturas antisemitas convocado por una organización judía en Israel. "No sé las intenciones originales de la primera convocatoria", dijo. "Pero está claro que ese enfrentamiento se conviritió en una batalla ritual, en la que lo central fue el ingenio y no la violencia. Esa forma de ritualizar las bajas pasiones parece, después de todo, mentalmente saludable". Y añadió: "yo, de hecho, he participado en ambos concursos".

Spiegelman es dueño de un humor negro extremo. Comenzando su presentación, encendió un cigarrillo (es la primera vez, en seis años en este país, en que veo a alguien fumar dentro de un edificio público), proyectó sobre la pantalla un cuadro de Maus en que se ven las chimeneas de Auschwitz, y dijo: "no está de más, en beneficio del realismo, que se extienda por este auditorio el olor de la muerte".

Sin embargo, hay algo muy vivo en él. Es un hombre que da la impresión de estar siempre a punto de abandonar la habitación e ir a su casa a colocar sobre el papel una idea genial que acaba de pasarle por la cabeza.

Imagen: página de Maus (Art Spiegelman).

3 comentarios:

alexandra sardonicus dijo...

Que buen post. Maus es uno de mis libros favoritos, alguna vez estuvo durante un tiempo largo e indeterminado en mi mesa de noche. Aunque Sin la sombra de las torres no me termino de convencer (se notaba menos inspirado al buen Art) tiene tambien buenos momentos. Saludos.

Nando dijo...

MAUS es uno de mis libros favoritos, en cualquier género, y Spiegelman es un genio, capaz de transmitir un rango de emociones amplísimo sin caer nunca en lugares comunes vacíos. Yo sé que este comentario es el de un fan enamorado, pero qué le vamos a hacer, uno también tiene corazón, no?

Tanque de Casma dijo...

Hola, Gustavo
Ayer terminé de leer Maus. Muy buen libro. Pero hay un detalle que no me llega a convencer y que le comentaba hace unos días a Daniel. En cierto momento se da cuenta de los problemas mentales de la madre casi a la vez en que se cuenta su cercanía con el comunismo. Se plantea como normal que se persiga comunistas y que se evite contacto con ellos, no se hace ningún cuestionamiento a esta situación. Más adelante, un kapo especialmente resentido que le toca al padre es comunista. Entiendo que es el relato del padre, y que es un ser lleno de prejuicios. Pero ante otros prejuicios suyos - por ejemplo, contra los afroamericanos - se le critica en el relato.
Bueno, saludos
ECG