23.12.06

Nuevos blogs (y el lugar de la poesía)

Hoy en la mañana, después de mucho tiempo, renové la lista de enlaces de este blog, borrando algunos que conducían a sitios ya desaparecidos o muy poco activos, y añadiendo otros que me parecen de interés especial.

Entre los nuevos está Alberto Fuguet: Escritor/Lector, que es el más literario de los blogs de Alberto (y que ahora mismo tiene como novedad un texto suyo muy elogioso acerca del discurso con que
Orham Pamuk recibió en premio Nobel).

También he repuesto O Biscoito Fino e a Massa, del excepcional crítico brasileño
Idelber Avelar. Aunque veo que ha pasado un mes desde su última renovación, tengo la esperanza de que regrese a su viejo ritmo, porque Idelber hace sin duda uno de los blogs más interesantes (y polifacéticos) de la blogósfera latinoamericana.

Dos blogs peruanos devotos de distintos medios artísticos y que vale la pena chequear de vez en cuando son Cinencuentro y ComicPerú.

Otros tres sumamente interesantes son hechos por científicos sociales peruanos (los anuncié hace tiempo, pero recién los enlazo permanentemente): son los espacios de Martín Tanaka, Silvio Rendón y Gonzalo Portocarrero. A ellos hay que sumarles un colectivo interesante: Perú en Rumba.

Por último, quiero mencionar especialmente La soledad de la página en blanco, del crítico literario
Camilo Fernández Cozman, quien ha decidido entregar su espacio exclusivamente a la reflexión sobre poesía, y ha publicado ya notas (algunas cortas, puntuales, ilustrativas de un asunto muy particular, otras mayores, expositivas y ensayísticas) sobre autores como Watanabe, Eielson, Belli o Guevara.

Y porque imagino que nada conviene más a una página crítica que obtener respuestas críticas, quiero decir algo sobre un post de
Camilo, el que se titula Contra el contenidismo en el análisis de poesía.

En el post, que es de los más breves del blog,
Camilo ensaya una versión nueva de la solución al viejo problema de la preferencia por el fondo o por la forma en el análisis literario: la solución (contenido y forma son una misma cosa, la forma es un elemento semántico que alimenta y condiciona el sentido, y, por tanto, el fondo; un análisis del contenido alienado de la forma es un análisis lisiado) es en verdad casi tan vieja como el problema.

Lo interesante del comentario es que
Camilo elige como objeto de su crítica a los estudios culturales, y los identifica como una de esas instancias en que el análisis de contenidos, con total desprecio del análisis formal, vuelve rengos e incompletos a los estudios sobre una obra literaria.

Dice
Camilo que en los estudios culturales "simplemente se busca desjerarquizar todas las prácticas discursivas y poner en un mismo nivel un poema que una escritura en la pared".

Hay varias cosas llamativas en esa observación. La más evidente es que ella misma ilustra los peligros de la jerarquización arbitraria.
Camilo, en efecto, parece escandalizado de que una escritura mural, callejera, pueda estar al mismo nivel de un poema. Ojo: lo dice en abstracto, sin pensar en ningún ejemplo particular. Como dando por hecho que cualquier poema es (jerárquicamente) superior a cualquier escritura en la pared.

Pero además Camilo pierde un poco de vista, me parece, la virtud principal de los estudios culturales, que es, me arriesgo a decir, todo lo contrario de lo que
él parece descubrir en ellos: nadie que haga estudios culturales seriamente, y que tome como objeto una escritura callejera, podría dejar de lado en su análisis el hecho mismo de que sea callejera, pública, acaso anónima, sin duda extraña al circuito literario establecido, etc: su contexto será parte inalienable de su sentido; la pared misma será parte del mensaje; imposible separar contenido de forma en cualquier aproximación hecha desde los estudios culturales a un ejemplo como el dado por Camilo.

Para decirlo de otra manera: no atender a las jerarquías, o tratar de abolir la arbitrariedad a priori de la jerarquización, no significa no atender a las diferencias ni dejar de percibirlas. Para los estudios culturales, no aceptar ciegamente que un poema sea "superior" a una escritura callejera no quiere decir suspender el juicio estético, ni abolir la capacidad de comparar y preferir, sino, precisamente, estar atento a la diferencia específica que viene incorporada al sentido de un texto cuando ese texto se produce en circunstancias (culturales, sociales, políticas) especiales (es decir, siempre).

Por otro lado: no parece la mejor elección mencionar a
Ángel Rama y Antonio Cornejo Polar como ejemplos de ejercicio crítico opuesto al error de los estudios culturales: acaso no haya muchos libros tan fundamentales para la solidificación de los estudios culturales en nuestra región como La ciudad letrada y Transculturación narrativa en América Latina, de Rama; y Cornejo Polar es sin duda uno de los padres reconocidos de los estudios culturales latinoamericanos, además de ser el autor con el mayor número de textos recogidos en la célebre antología The Latin American Cultural Studies Reader, de Trigo, Ríos y del Sarto.

11 comentarios:

X. DUARTE ARTIGAS dijo...

PARA GUSTAVO: CON LA SALVEDAD DE QUE NO SOY CRÍTICO NI TAMPOCO ESA ES MI META, ESCRIBO POESÍA, PRETENDO HILVANAR ALGUNOS CONCEPTOS AFINES AL TEMA TRATADO: EN GENERAL EL QUE ESCRIBE EN PAREDES PUEDE SER UN MUY BUEN POETA, PERO ELIGIÓ LA PARED Y POR TANTO ESTÁ JUGADO A LO EFÍMERO (QUE LE TAPEN SU ESCRITO CON OTRO ESCRITO O SIMPLEMENTE UNA MANO DE CAL);HASTA ÉL, EL OJO CRÍTICO PUEDE QUE NO LLEGUE. OCURRE QUE TAMBIÉN EL QUE EDITA LIBROS DE POESÍA RECIBA SU HOJA UNA MANO DE CAL QUE BORRE (EL DISINTERÉS DE LOS EDITORES, EL MENOSPRECIO DE SUS COLEGAS, EL SIMPLEMENTE NO OBSERVAR LO QUE ESTÁ PASANDO DE PARTE DE LOS CRÍTICOS, EL VACÍO DE LOS LECTORES. UN ABRAZO DE XAVIER

Vanessa Soldevilla dijo...

Sola pasaba para desearte una feliz navidad Gustavo.
Un fuerte abrazo y muchas buena vibra libre de nagacionismos para la nochebuena y el año que se vien.
Vanessa

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Gracias, Vanessa. Felices fiestas también para ti.

Camilo Fernández Cozman dijo...

Hola Gustavo:

Muchas gracias por tus comentarios a mi blog "La soledad de la página en blanco" y por tu crítica de un nota sobre los estudios culturales que inserté en mi blog. He incluido, en "La soledad...", un comentario aclaratorio al respecto.
Un abrazo, Feliz Navidad!
Camilo

Camilo Fernández Cozman dijo...

No estoy rechazando los estudios culturales en bloque, sino que marco una diferencia --señalada por Raúl Bueno en Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoamericana-- entre los estudios culturales que se practican en América Latina y los que se practican en Estados Unidos (o "a la usanza norteamericana", como afirmaba en la nota comentada por Gustavo Faverón). Yo diría –para ser más exactos— que se trata de dos tendencias al interior de los estudios culturales: la primera respeta la especificidad de la tradición literaria; mientras que la segunda ve a la literatura en función ancilar. La primera (representada por Ángel Rama y Antonio Cornejo Polar, entre otros) considera a la literatura como una de las expresiones más destacadas de la cultura y ella no queda subordinada a la representación de sexo, de clase y raza de un ordenamiento social determinado. La segunda, por el contrario, parece situarse más en el primer mundo (Estados Unidos, por ejemplo) y tiene legitimidad en dicho contexto; pero toma el texto en función ancilar --remarca Bueno-- como proveedor de informaciones o elemento de constatación, hecho que lleva a yuxtaponer, por ejemplo, la poesía de Sendero Luminoso a una novela de Mario Vargas Llosa. Los ecos de esta última tendencia se observan en los trabajos de Víctor Vich y de Marcel Velázquez, quienes son destacados y acuciosos investigadores; sin embargo, yo no estoy de acuerdo en reducir el discurso de Ricardo Palma --como lo hace Velásquez en su interesante aunque discutible libro Las máscaras de la representación-- al funcionamiento del sujeto esclavista que rechaza, en gran medida, los aportes de las culturas afrocaribeñas. Eso me parece injusto: Palma creó un género (la tradición) y fue el primero en internacionalizar la narrativa peruana. Esos méritos opacan, de todas maneras, ciertos rasgos “racistas” que se pueden observar en sus textos y que son, en alguna medida, producto de la época. Tampoco me parece especialmente importante estudiar la poesía de Sendero Luminoso --como lo hace Vich-- porque creo que dicha poesía tiene una ínfima calidad y no merece un detenido estudio. Voy a decir algo obvio: considero que Eguren, por ejemplo, es más poeta que Abimael Guzmán. Pienso que debemos buscar un equilibrio entre el análisis formal y la reflexión interdisciplinaria. Me parece que la crítica debería tener una orientación interdisciplinaria y –mejor aún—transdisciplinaria; pero no convertirse en un mero apéndice de las ciencias sociales. Además, no descarto la lectura política de un texto literario siempre y cuando se respete la especificidad de la tradición literaria y no se caiga en dogmatismos ni en el hecho de obviar el trabajo formal del poeta. Un abrazo de Camilo.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Gracias por seguir la conversación, Camilo.

Sigo pensando que la división que haces es arbitraria. Rama y Cornejo Polar fueron profesores de la academia americana por décadas, profundamente ligados a ella, y marcaron la tradición de los estudios culturales latinoamericanos en EEUU como casi nadie más lo ha hecho. Víctor Vich ha pasado media década como estudiante en EEUU y Marcel, hasta donde entiendo, ha hecho una carrera entera en el Perú: ¿cómo así Rama y Cornejo representan la versión latinoamericana de los estudios culturales y Vich y Marcel la versión gringa?

Pero el peligro real de posturas como la que defiendes, Camilo, es el siguiente: que su consecuencia final es plantear que el análisis ideológico de ciertos discursos sólo es relevante si la calidad estética de los textos que lo recogen se demuestra primero. En otras palabras: hay varias familias de textos que no valdría la pena estudiar. ¿No te parece importante estudiar la poesía de SL porque es de mala calidad? Entonces entiendo que no te parece importante estudiar muchos de los textos que se encargaron de transmitir uno de los discursos que más radicalmente han afectado la historia del Perú contemporáno. No comprendo que ganaríamos con despreciar de esa manera una de las mejores fuentes que tenemos para comprender qué ideas había detrás de la violencia terrorista.

(Ojo: no estoy diciendo que Víctor Vich lo haya hecho apropiadamente. Pero creo que el error fundamental de Vich no viene de ignorar los diversos valores estéticos de los textos que estudia --cosa que, en efecto, hace--, sino de aplanar sus profundísimas diferencias ideológicas para convertir a MVLL, el Estado y SL en agentes de unas ideas que en su análisis resultan descabelladamente similares).

Camilo Fernández Cozman dijo...

Gracias, Gustavo, por responder a mi comentario.
Yo distingo entre la crítica literaria de tendencia interdisciplinaria y –mejor aún—transdisciplinaria frente a la tarea del sociólogo o historiador. Es decir, Cornejo Polar no es Gonzalo Portocarrero ni Luis Millones. No estoy diciendo que la labor del crítico sea superior a la del sociólog. Creo que el crítico debería alimentarse de las ciencias sociales, pero no confundir su rol con el del sociólogo o del historiador; la Facultad de Letras y Ciencias Humanas no es la Facultad de Ciencias Sociales. Porque si fuera así, cerramos la Escuela de Literatura de San Marcos o de la Católica, y nos vamos todos a estudiar Sociología o Antropología. Lo específico de la tarea del crítico literario es estudiar textos relevantes desde el punto de vista artístico (poemas, novelas, mitos, testimonios, por ejemplo), pero desde una óptica amplia y transdisciplinaria; textos que tengan riqueza simbólica y cierta densidad estructural, no para quedarse en el mero análisis formal o inmanentista, sino para llegar al complejo mundo de las ideologías. Efectivamente, creo que el crítico literario hace mal en perder el tiempo analizando la poesía de Sendero Luminoso cuando esta se encuentra llena de lugares comunes y no aporta absolutamente nada al desarrollo de la tradición literaria (o, mejor, tradiciones) en el Perú. En todo caso, es más tarea de un sociólogo la de observar cuánto influyó ese discurso en la historia del Perú, y no la de un crítico literario. Sí desprecio la poesía de Sendero Luminoso porque revela falta de imaginación y pobreza conceptual. Y creo –como decía Einstein—que la imaginación es más importante que el conocimiento. Un abrazo, Camilo.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con el profesor Fernández en que Eguren es mejor que Abimael, y en que la poesía de SL es de calidad irrisoria. Eso nos lleva a que tengamos que obviar el estudio de la poesía senderista y de los efluvios poéticos del camarada Gonzalo? No. el estudio de lo ínfimo muchas veces arroja luces interesantes. Gran parte de la crítica de Derrida se basa en el estudio de detalles marginales de la literatura y la filosofía contemporáneas.
Fernández parece decirnos: si vas a estudiar poesía, estudia a lo mejor: Eguren, Eielson, Hinostroza, autores que el ha estudiado. La pregunta es sí alguien tiene la potestad de decir qué es lo que se tiene que estudiar en un terreno tan amplio y delicado como el poético.

Camilo Fernández Cozman dijo...

Estimado usuario anónimo, nadie tiene la potestad de decir qué vamos a estudiar. Pero ello no me exime a dar mi opinión y a fijar mis intereses como crítico literario. A mí particularmente me interesa, como investigador, llamar la atención sobre los valores artísticos de una obra como la de Eguren, de Vallejo, Watanabe o de otro poeta cuya escritura sea rica desde el punto de vista literario. Para mí, esa es la razón de ser de la crítica: impulsar a releer un poema de Eielson o de Hinostroza, por ejemplo. Si alguien quiere estudiar la obra de Abimael Guzmán, que lo haga. Tiene la libertad para hacerlo. Yo prefiero sumergirme en el pensamiento de César Moro porque creo observar mayor innovación en esta escritura. Ahora bien, tengo una duda: una obra crítica (como la Antonio Cornejo Polar, por ejemplo) adquiere trascendencia si el autor --novelista o poeta o dramaturgo-- materia de análisis (como José María Arguedas, verbigracia) se sigue leyendo en el transcurso del tiempo debido a su alta calidad literaria. Han pasado más de treinta años desde que Arguedas se quitó la vida y su obra artística sigue cautivándonos. Por eso, los análisis de Cornejo Polar continúan siendo útiles e iluminadores, pues están bien concebidos e iluminan aspectos esenciales de la novelística del autor de Los ríos profundos. Me pregunto si, dentro de treinta años, ¿se seguirá leyendo la poesía de Abimael Guzmán como para que un análisis sobre la obra de este último adquiera esa trascendencia, equiparable al ensayo de Cornejo Polar sobre Arguedas? Tengo mis dudas. Saludos, Camilo Fernández.

Marcio dijo...

cuando Camilo habla de "los valores artísticos" me suena a retorno a la crítica estílistica de la poesía, y claro a posturas esencialistas superadas hace décadas. Está bien que los estudios culturales cometan excesos pero eso no nos puede llevar a cerrar los ojos frente a los logros de la crítica contemporánea y volver a la visión del grupo Mi y de Frye.

Camilo Fernández Cozman dijo...

Estimado amigo Marcio, no se trata de un retorno a la crítica estilística de tendencia psicologizante. Creo que se deben aplicar varios métodos al análisis de la poesía. Tampoco aplico el método como una simple plantilla buscando el mero lucimiento terminológico. Fundamentalmente, mi marco teórico se sustenta, en la actualidad, en la Retórica General Textual cuyos principales exponentes son Tomás Albaladejo y Stefano Arduini. Asimilo, además, los aportes de la lingüística cognitiva de George Lakoff y Mark Johnson. No creo que existe la literariedad, es decir, una propiedad distintiva de los textos literarios, como creían los formalistas rusos. Por lo tanto, rechazo las posturas esencialistas que plantean que existe una “esencia distintiva” de los textos literarios. Creo que la literatura es una convención social y, por eso, son las instituciones y los sistemas culturales los que deciden si un texto es literario o no. Obviamente, sí considero que hay una cierta especificidad de la tradición literaria, pues la serie literaria –como lo creía Ángel Rama— no es un simple reflejo de la serie social. No me cierro los ojos a los logros de la crítica contemporánea, pero no soy un esnobista que simplemente asimila mecánicamente lo que viene del país del norte. De otro lado, si bien he aplicado los aportes del Grupo Mi en mis libros sobre Eielson e Hinostroza, actualmente he abandonado la retórica del Grupo Mi por ser de tendencia cerradamente estructuralista. Me oriento ahora por enfoques cognitivos que pongan de relieve el análisis de los contextos culturales y de la recepción de los textos poéticos como pasos previos para el análisis de la poesía, respetando la pluralidad de sentidos y la complejidad del trabajo formal que realiza el poeta.