12.7.07

Inquisición y cultura

¿Por qué poner a un defensor de la censura a dirigir la Biblioteca Nacional?

Sorprendentemente, o quizás no tanto, entre quienes justifican la censura impuesta por el Ejército y condonada por el Instituto Nacional de Cultura, contra la exposición de Piero Quijano, se cuentan intelectuales reconocidos, con una obra a sus espaldas, como Hugo Neira.

En su artículo Estado y zonas grises, publicado el 7 de julio en el diario Perú 21, escribió:
"Censura. No se sabe de qué se habla. Ha habido un 'no aquí', del INC, que no es lo mismo. Discutible o no, censura es otra cosa. Es el 'no se imprime' del antiguo poder eclesiástico. O el 'prohibido exhibirse en el territorio nacional', de pasadas dictaduras. Cualquiera diría, leyendo el toletole de los medios, que vivimos en la Argentina de Videla, el Chile de Pinochet o el Perú de Odría".
Y luego añadió lo siguiente:
"Las libertades son eso que puede ejercerse no en el interior de la maquinaria estatal -que debe guardar su propia coherencia- sino, más bien, en el ancho mundo de la sociedad civil. ¿Por qué, entonces, se le pone a prueba? ¿Para probar que tiene límites ? Sí, pues, los tiene. Pero, para tener un Estado racional, cauteloso, es preciso que sus ciudadanos también lo sean".
Curiosa reflexión esa última: para Neira, las libertades no son inalienables del individuo, sino que hay que ganárselas de alguna manera: ¿quieren un Estado racional?, dice. Entonces los ciudadanos han de ser cautelosos. No deben pasarse de la raya. Para Neira --qué sintomático--, el Estado es un papá con derecho a castigar a esos niños maleducados que son sus ciudadanos, o, en este caso, sus artistas. Es verdad: no es el Chile de Pinochet. Es el Perú de Alan García.

Después
, en un artículo más extenso publicado en La República el 10 de julio, bajo el título El INC y el arte de atarantar, Neira añadió esta anécdota, a su juicio ilustrativa de su verdad:

"Hace años, me paseaba por Roma, y a pocos pasos de la ciudad del Vaticano (que es un Estado minúsculo) me hallé de porrazo con una librería libre, tan libre que habían colgado un afiche bien insolente. Una virgen María, la madre de Jesús, a partir de una foto de una muchachita muy bella y encinta con un inmenso vientre a punto de dar a luz. Cosa de radicales protestantes, autores del afiche. Bajo el monumental vientre, un titulito: 'dentro de unos minutos, Navidad!' Fuerte, ¿no? Y si lo traigo a colación no es para fastidiar a nadie, sino para reflexionar. Ni al más desalmado artista satírico anticulto-mariano se le ocurre, en la libertaria y civilizada Italia, que ese afiche se exhibiera en San Pedro. La respuesta de los canónicos, aparte su desagrado, sería sencilla: ¿por qué aquí? Pero si los italianos fueran peruanos, ahí es donde lo quisieran. Para fregar pues. Para atarantar".
Poco favor le hace a sus propios argumentos Hugo Neira cuando coloca como ejemplo al único rincón del mundo occidental en el que la diferencia entre fe religiosa y Estado no existe, en el que la jerarquía de la religión y la de la ley son lo mismo, en el que el cimiento básico de los estados modernos y la democracia no asoman de ninguna manera importante: el único estado premoderno de esta parte del planeta.

Flaco favor se hace Neira con tal ejemplo, digo, porque deja traslucir lo que él piensa acerca de cómo deben ser la difusión de las ideas y las restricciones a la libertad de expresión y cuán estrechos son para él los límites entre lo que se puede decir y lo que se debe callar o silenciar.

¿Permitiría Hugo Neira que el canal de televisión del Estado transmitiera un programa que fuera abiertamente crítico contra el Ejército? Aparentemente, no. Porque, según Hugo Neira, esas serían ganas de fregar. Él lo prohibiría. Y lo llamaría "sentido común". Porque para Neira los espacios culturales del Estado no están allí para servir al pueblo productor de cultura, sino sólo para irradiar ideas que convengan al Estado y a sus temporales inquilinos.

(Y encima, él mismo señala, en uno de esos artículos:
"Confundimos gobierno con Estado". Sí, así es en efecto, y hace bien en decirlo en el plural de la primera persona, porque quienes obviamente confunden gobierno con Estado son él y sus compañeros apristas).

El hecho de que, para Hugo Neira, el Estado deba ser gran anfitrión del pensamiento único es un problema mayúsculo, un problema enorme para la libertad de la vida intelectual en el Perú. Porque resulta que Hugo Neira es director de la Biblioteca Nacional, una entidad del Estado.

Me pregunto si no será tiempo de revisar el catálogo de adquisiciones de la Biblioteca, porque, si Hugo Neira es coherente con su propia prédica, es sumamente probable que esté prohibiendo el ingreso en ese recinto estatal de cualquier libro que el Estado (o más bien el gobierno) pueda juzgar sospechoso, errado, impropio o simplemente opuesto a sus intereses.
"¿Se ha prohibido que Piero Quijano exhiba "sobre el territorio nacional"?. ¿Se han decomisado sus obras? ¿El hombre está preso o escondido? Cualquiera diría que tropas de policías robocop recorren las galerías de arte y se las llevan. Censura, lo que se llama censura, es otra cosa, siempre es fea y no desaparece; aunque se haga rara. En Europa, hace poco un político objetó ante tribunales la impresión de un libro que hablaba de su vida sexual. Y ganó, y recogieron hasta el mínimo machote. Eso es censura, y en sociedades avanzadas".
Lamento decirlo, pero ese párrafo me suena hipócrita y descarado. Porque Hugo Neira está muy lejos de ser un ignorante y por lo tanto sabe que lo que argumenta no tiene ni pies ni cabeza. La censura tiene muchas vías, y las más sutiles suelen ser las más peligrosas: obligar a alguien a cambiar de religión y celebrar a la fuerza la nueva es censura: no hace falta cortarle la lengua a la víctima; tijeretear unos cuantos minutos de una película y luego permitir que se exhiba la hilacha resultante es censura, aunque no se arroje al director a un calabozo; borrar frases y palabras de un libro antes de aprobar su venta es censura, aunque se deje circular al autor por calles y plazas; descolgar unos cuantos cuadros y afiches y aprobar la exposición de los demas es censura, aunque no se deporte al artista ni se echen sus cuadros a una hoguera.

No hay que tener ni siquiera sentido común, sino apenas los proverbiales y cada vez más escasos dos dedos de frente, para darse cuenta.

Hugo Neira ha publicado libros en el SINAMOS de Velasco, y en la Casa de las Américas de Fidel Castro (se entiende que esto de censurar o no censurar no sea su problema ético más agobiante). Pero, si le hubieran pedido en esas oportunidades que arrancara unas cuantas páginas de sus manuscritos antes de hacerlo, ¿habría dicho que era censura, o habría dicho: "tonto de mí, falto de sentido común, qué ganas de joder las mías, en qué estaba pensando", antes de arrancarlas y aceptarlo todo o marcharse en silencio a su casa, como, aparentemente, piensa que debió hacer Quijano?

Me pregunto si alguien para quien censurar es permisible, alguien para quien atropellar la expresión ajena no está mal, alguien según quien el Estado tiene derecho a silenciar a sus ciudadanos, es la persona idónea para dirigir una Biblioteca Nacional.

15 comentarios:

Concepción Huilca dijo...

Hugo Neira debería irse a su casa.

Madrugalia dijo...

La Biblioteca Nacional tendría que estar en manos de alguien que no le haga la vista gorda a la censura

Anónimo dijo...

Buen post. Solo una cosa: el articulo de Perú 21 fue analizado por Coral hace dos días. Es justo que lo reconozcas, ¿o es que tú también caes en una forma de censura sutil?

Adriano Mesa dijo...

Hugo Neira pide carta blanca porque si la censura es un "no aquí", entonces bien podría echar de los anaqueles a la calle los libros que no le gustan.

Si relativizamos el significado de palabras como "censura", "dictadura", "tortura", "violación de derechos humanos", etc etc, al final acabaremos en alguna mazmorra bien golpeados. Hay conceptos que hay que restringir cuando se afecta derechos libertad y otros que hay que extender cuando favorece derechos. Neira es quien nos ataranta con su articulo

Anónimo dijo...

cómo? un cesurador quejándose de otro, Dios, lo que hay que escuchar de ti oye

Anónimo dijo...

No me parece tan disparatado el "aquí no" que esgrime Neira. Quijano debió pensar algo así como "¿Cómo se me ocurre mentar el soga en casa del ahorcado?". Como querer publicar en el fondo editorial de una universidad de Israel un libro en el que se defienda la idea (ya algo vieja) de que el holocausto no existió. O una muestra como la de Quijano pero basada en los desclasificados de la CIA y el FBI (USA haciendo terrorismo de estado) que alguien pretenda montar en Washington DC. No es algo iluso?

Aníbal García Dulanto dijo...

Los "desclasificados" de la CIA y el FBI los puedes encontrar publicados en internet por la CIA y el FBI. As'i que ese ejemplo está muy malo.

¿Quién es ese Coral que mencionan a cada rato? ¿Es una chapa?

Anónimo dijo...

He hablado de "una muestra como la de Quijano basada en los desclasificados de la CIA y el FBI". Aquí lo que está en juego es el arte provocador.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¿Y desde cuándo la Casa de José Carlos Mariátegui es el hogar del Ejército? ¿Y desde cuándo el Ejército tiene derecho a decidir cómo se maneja el circuito cultural del INC?

Anónimo dijo...

estimado Faverón, si tanto te molestan las censuras por qué no condenas la de tu amigo Iván Thays a Miguel Gutiérrez, Alexis Yparraguirre, Carlos Gallardo, siguen firmas...

Anónimo dijo...

¿Carlos Gallardo no era el futbolista?

Anónimo dijo...

Curioso lo del ex empleado velasquista Neira, o quizá no, por haber servido antes a las botas. Al paso que van las cosas, el hombre parece estar allanándose el camino para armar su index en la BNP. A veces uno se ilusiona con que algunos intelectuales constituyen reservas morales del país, pero frente a esta desbarrada de Neira solo queda una profunda decepción. Más alucinante todavía es que un partido como el aprista, que tanto ha llorado por sus líderes e intelectuales perseguidos y censurados del pasado no tenga el menor empacho en ensañarse con un pintor que "ha ofendido al Ejército". ¿El Ejército ya no nos ha ofendido durante muchos años con gobiernos caudillistas e improvisadores que en parte han tejido la ruina del país? ¿No son ellos los que han puesto en uno de los muros de sus escuelas ese famoso lema que dice "Las ideas se exponen, no se imponen"? Por favor, un poco más de coherencia, señores milicos, y un poco más de correa también.

Anónimo dijo...

si Peru 21 celebra el calendario de Chau Bakula tu puedes iniciar la campaña Chau Neira.

Mariano dijo...

El futbolista peruano para tu información anónimo, se llamaba Alberto Gallardo y no Carlos.

Anónimo dijo...

No me sorprende lo de Neira, desde antes de que fuese elegido el gobierno actual ya hacía proselitismo desde el ríncón que le dieran, y hasta en Presencia cultural derrama su lisura ambigua y bonachona, pero esas aserciones que mencionas Gustavo, no son nada graciosas, sí pues censura siempre hubo ojalá no siempre haya... "nihil obstat" piensa Neira y sube o baja su dedito.