17.12.07

El cura del pueblo

Periodistas, escritores y críticos

Una de las cosas más difíciles de explicar en la relación entre ciertos escritores y la crítica es el fenómeno por el cual algunos autores declaran despreciar en mayor o menor grado la labor de los críticos y, simultáneamente, se enfurecen por las críticas contrarias, se vanaglorian de las críticas positivas e invariablemente reclaman la perpetua atención de aquellos a quienes parecen mirar por sobre el hombro.

La situación me hace recordar a esa figura repetida en los relatos y novelas de Eca de Queirós o Jorge Amado: el cura del pueblo a quien todos menosprecian y de quien todos abominan, pero por cuya parroquia desfila medio mundo, llevando a sus hijos para que el cura los bautice, los haga comulgar y los confirme: te desprecio pero necesito que consagres a mi criatura, que me consagres a mí.

Quizá en esa relación no poco torcida quede reflejado un mezquino y regatero reconocimiento a la imagen del crítico como experto, como profesional oficioso: con todos sus defectos, el cura es el teólogo y el mediador, o al menos el portero que dice quién es parte de la iglesia y quién no (y quién va al cielo y quién al infierno); con todos sus defectos --parecen pensar algunos--, el crítico es finalmente quien dice qué es literatura y qué no, y qué es buena literatura y qué no.

Por cierto, no creo que ese sea el papel del crítico; creo, repito, que esa es la idea inapropiada que se puede descrubrir detrás de la actitud de quienes, aún denostando pública y repetidamente de la crítica, esperan de los críticos la unción y los elogios y la consagratoria bienvenida.


Por supuesto, lo que hay detrás de todo eso es el rezago de una vieja imagen de la literatura como actividad cuasimística, cuasirreligiosa, la imagen de la literatura como un reino más elevado que el reino de los comunes mortales: a un zapatero, un jardinero, un albañil, un abogado, les basta con el ejercicio de su actividad para saber que son tales; acaso alguno necesite la validación de sus pares (la colegiatura, por ejemplo, o sólo un palmazo en el hombro), pero difícilmente esperan que un zapatólogo, un jardiniatra o un teórico del derecho les diga: eres un verdadero zapatero, tremendo jardinero, un jurista de verdad.

Muchos escritores, en cambio, a fuerza de divinizar a sus autores favoritos y glorificar a sus héroes culturales, acaban por engendrar en sí mismos la impresión de que una cosa es escribir y otra es ser un escritor: llegan a concebir su carrera artística como una suerte de posible ascensión, al final de la cual, si Dios quiere, serán arcángeles. Pero ese final no es seguro.

Hay también escritores que creen, simple y llanamente, que han nacido a la derecha del Señor y que quien no lo note es meridianamente idiota: por un camino distinto, llegan también a la demolición programática de los críticos y a la simultánea y perpleja esperanza de que estos recapaciten y le comuniquen al pueblo la Buena Nueva de su arribo.

Por suerte, hay asimismo una cantidad suficiente de escritores que nota que la relación entre creación y crítica es lo suficientemente cercana como para ser indesligable, y que no esperan de los críticos otra cosa que una prolongación inteligente y sensible del diálogo que ellos inician en cada libro.

Esos escritores, que ven al crítico como un interlocutor y no como un San Pedro ni como un Satanás, son los que tienen la relación más sana con la crítica. Después de todo, como decía el otro viejo barbudo (no Papá Noel), la religión es el opio de los pueblos. ¿No?

27 comentarios:

Anónimo dijo...

tu post, en el contexto de la comnetadísima reseña que le hizo ayer Marco García Falcón al libro de alexis Iparraguirre en el Dominical, adquiere otra connotación. Me pregunto si es válido que alguien comente el libro de su amigo de esa forma, con tales aspavientos. Hasta dónde llegan las prerrogativas de la crítica, quién puede ser criticado y quién no?

Anónimo dijo...

OPIOS
La Religión es el opio del pueblo (Marx).
El Opio es la religión de los chinos (Cabrera Infante).

Anónimo dijo...

ademaás, garcía presentó el libro de iparraguirre. no hay ninguna ley que le prohiba que elogie desmedida (y risiblemente) a su amigo y patrocinado, pero existen cosas como la ética, el buen gusto, el sentido común...

El heladeeeeeeero dijo...

La diferencia es que en los colegios no hay un curso que considera a la zapatería como casi uno de los símbolos nacionales, ni ha habido un presidente que le dé la orden del sol a un albañil, ni alguien le ha puesto el nombre de un jardinero a una avenida. Porque el día en que lo hagan, empezarán las acusaciones, los golpes bajos, las mentadas de madre, etc.

Anónimo dijo...

y también los golpes literales...

Anónimo dijo...

"¿Sabes que es lo peor de la literatura?, dijo don Pancracio. Lo sabía, pero hice como que no. ¿Qué?, dije. Que uno acaba haciéndose amigo de los literatos. Y la amistad, aunque es un tesoro, acaba con el sentido crítico." LOS DETECTIVES SALVAJES.

Gonzalo B dijo...

Gustavo:

En el reciente libro de la crítica literaria Gayle Pool, Faint Praise: The Plight of Book Reviewing in America (que aborda este tema así como la paulatina desaparición de los suplementos de libros en diarios en EEUU), esta discusión aparece en un contexto histórico. Pool muestra cómo los escritores vienen quejándose del “declive” de la crítica literaria prácticamente desde sus inicios e incluso compara dos artículos con varias décadas de diferencia en su publicación, los que curiosamente llevan el mismo título: “The Decline of Book Reviewing in America” (o algo así, no tengo el libro a mano y lo leí hace unos meses). Te lo recomiendo si no lo has leído. Creo que te puede interesar.

Anónimo dijo...

El problema, Gustavo, es que muchas veces (no sé si la mayoría) la crítica está plagada de reacciones personales respecto del autor (es ami amigo, no es mi amigo, le debo un favor, me maltrató cuando saqué mi libro, se tiró a mi ex, etc.).
Acuérdate de la crítica de Maribel de Paz al libro de Ampuero. Peor aun, acuérdate, de tu respuesta a esa crítica.
Entonces, es justo que los escritores rechacen esa crítica; lo que no implica que les dé gusto cuando es favorable y les llegue alpino cuando no lo es. Una cosa no opone a la otra.

RODOLFO YBARRA dijo...

Conocido es el PLP (panorama literario peruano) donde la constante sigue siendo una película porno de bajo presupuesto; por ejemplo: hay una voluntad compulsiva por la felación literaria, una constante y vulgar sobonería que ofende el buen gusto y las buenas costumbres, tanto de uno y de otro lado, las lamidas terminan embarrando su viscosidad al amable lector que no sabe qué pensar o en quien poner su estela de confianza, casi siempre acecha la traición y el engaño tanto que ya no da ganas de leer a esos (pre) supuestos críticos que usan plantillas (todo entra bajo estas aceradas premisas, estos enyesados calzadores) las cuales suelen repetir hasta el cansancio (revisen a los que abundan en reseñas literarias) o los que viven sujetos al pote de mermelada y que han hecho de la crítica una fuente de ingreso superior a su propio sueldo de letrateniente.

Por otro lado existen muchos camafeos (abrillantados también por la glíptica de la sobonería) y actores (¿actrices?) porno literarios cuyo lapicero luce desgastado y no queda más que apelar al teléfono erótico (una llamadita necesaria) para recordarle al crítico (en permanente estado de celo) que hay una reseña pendiente.
El mundo de los escritores como el mundo de los críticos, mundo nada disímiles e intersecados en su medianía (salvo honrosas excepciones), termina siendo el mundo de las verdades a medias, el mundo falaz e hipócrita (repito: salvo honrosas excepciones).


Bueno para no hacerla larga (y para que no se molesten los pornófilos (seguidores y groupies de Ron Jeremy) y detractores de siempre acostumbrados a los telegramas, resúmenes y papilla “Gerber”) como dijo Oscar Wilde: “los críticos son como los eunucos: saben cómo hacerlo pero no pueden hacerlo”
Arrojo –sin asombro- la piedra, ahora espero –también sin asombro- el pedregal.

ignatiusmismo dijo...

Yo creo que el escritor lo que debe hacer es escribir. Escribir sin más, escribir a toda costa para sacar lo que lleva dentro. El resto es cosa de otros.

Anónimo dijo...

A propósito de tu primera cláusula, lo que pasa es que la mayor parte de los escritores, contrariamente a lo que ellos suelen creer,son animales tribales y actúan gregariamente con los reflejos "condicionados" por las normas usuales en su tribu.Ni más ni menos que como los pueblerinos con el cura que señalas en tu segunda cláusula.

Anónimo dijo...

no sé quién le ha dicho a ese señor Ibarra que es genial y que su estilo agrada al "amable lector". Es pura bravuconada y malcriadez este señor que, muy conchudo, se llama poeta.

Guillermo

Anónimo dijo...

¿No sabes quién? ¡Eres TÚ, Guillermo! ¿No te das cuenta,coño,de lo que pasa delante de tus narices? Por siaca,yo no soy Ibarra, soy Luis Gómez Sánchez,el NAZI execrable.

LuchinG dijo...

Ybarra: ¿Entonces, cuál es la calificación adecuada para esto?

Anónimo dijo...

solo para aclararle a don Pancracio que eso no es lo peor, porque eso involucra a un puñado de escritores

lo peor es lo que involucra a cientos y miles de lectores que, engañados por las reseñas de los amigotes, gastan su plata en un bodrio del tamaño de un hipopótamo o de una ballena

ESO es lo peor, don Pancracio Bolaño

José Carlos Agüero dijo...

Pienso que guste o no, el crítico cumple un rol social que genera efectos considerables en el mercado cultural.

Actúa como uno de los varios intermediarios entre la obra de creación y el público consumidor. Pero no es un intermediario empresarial, publicitario, institucional, o social (redes). Es un intermediario simbólico, que media desde el mundo de las ideas (como también lo hace de otra manera la comunidad académica).

Sobre ninguna de estas intermediaciones el creador puede mandar y en gran parte se somete y depende de ellas. Por ello es natural que se muestre fastidiado.

Cierto que el escritor es escritor solo haciendo su oficio, como el zapatero. No necesita ninguna palmada en la espalda para reconocerse. Pero a diferencia de loz zapateros de antaño (la actividad de los actuales es mucho más compleja) no hace libros a encargo o sobre medida. Sí necesita plata, editores, empresas editoriales, distribuidores, librerías, padrinos, amigos, publicidad, periodistas, críticas.

Ya sea que sus objetivos sean ganar plata haciendo libros/producto, o comunicar sus ideas (o ambas), debe someterse a los intermediarios.

El crítico es parte de este mecanismo, pero su intermediación no es formal, como en los otros casos (producción, distribución, circulación de un producto cualquiera, en este caso un libro, que es finalmente una cosa que se vende). Es una intermediación que va al fondo del producto. Se refiere a su contenido. Y entonces puede pasar de todo.

Todo intermediario tiene pues algo de poder sobre la creación. Influye de distinta manera sobre el éxito o el fracaso de un proyecto. Hay intermediarios más decisivos, especialmente los económicos, pero todos juegan su rol. Por ello el peso del crítico. Y por ello la antipatía natural que tienen los escritores ante ellos. A mi modesto entender.

Saludos

Anónimo dijo...

señor Faverón: desde hace al menos un par de meses me he fijado que cada vez que el señor Ibarra opina en este blog aparecen inmediatamente reacciones de rechazo de los lectores de Puente Aéreo. Le recomiendo que aunque sea por única vez haga caso a sus lectores y nos ahorre los inacabables comentarios de este señor. No hay nada más desagradable que alguien que se cree genio sin tener ni siquiera gracia para escribir.

Atentamente,

Rosa Flores

Anónimo dijo...

Aguero, a tu modesta opinion le convendria leer a Adorno y Horkheimer, y a Bourdieu, para dejar de adjetivarse asi. Sin modestia,
yo

RODOLFO YBARRA dijo...

Bueno, era de esperarse que muchos se sintieran aludidos por lo escrito que no es más que una versión concupiscente, “lujuriosa” y sincrética del post original de Gustavo Faverón. ¿Cuál es el problema? Por lo menos si tienen alguna inquina u ojeriza tengan la amabilidad de poner su nombre verdadero y mostrar su verdadero rostro (¿existirán?).
Ya pues, “Guillermo”, seguro tu ip debe arrojarnos a un poeta frustrado o a un enemigo oculto, de los que acostumbran mandar virus y anónimos –como este- donde no explicas nada. Tal parece que la mediocridad es un buena resortera para lanzar piedras y esconder la mano. Quien te ha dicho que me autodenomino “poeta”, esa receta del autobombo encaja perfectamente en muchos “escritores” y “críticos” que conozco. Quizás tú seas uno de ellos.

Luching: no soy quien para calificar algo; trataba simplemente de proponer -alternativamente a la analogía de la iglesia y el cura propuesto por Gustavo- digamos una manera “lasciva” “lujuriosa” de la literatura, concuerdo en que hay un tipo ideal de escritor y crítico que no encajan en todo lo dicho, pero lamentablemente son los menos y están estadísticamente disminuidos. Mis reverencias ante ellos.

Rosa Flores: ¿No serás el mismo de arriba? Ahora resulta que me creo “genio” (siempre he pensado que los genios deben estar en una botella), esto ya parece proyecciones de alguien que conozco. Tal parece que se adelantaron las fiestas de fin de año y todo lo que queda son las ebriedades de ciertos macartistas trasnochados y termocéfalos propios de los que practican las virtudes públicas y los vicios privados.

Anónimo dijo...

Para el anónimo no modesto que critica a Aguero:

Siempre hay que leer más, por supuesto, pero el comentario tuyo se queda en el aire, porque sólo das datos y no expones ideas.

Te agradecería que dijeras qué aspectos de esas obras se aplican al debate sobre los críticos, los autores y la distribución.

Gracias.

LuchinG dijo...

Ybarra: la cuestión es que no le encontraste ni un defecto a los cuentos de Carrillo. Esa fue mi primera impresión, pero no es algo que no se pueda encontrar en reseñas, lo realmente raro, y no sé si me explico bien, es que parecía es estuvieras hablando de un hito en la literatura nacional, es decir, más o menos lo que se está criticando de la reseña que apareció el domingo sobre Iparraguirre (la que, por cierto, no he leído). Como ya dije donde Fantomas, yo no podría hacer una reseña sobre lo que hace un amigo íntimo porque me parecería igual de rochoso que hacerla sobre mí mismo. Tal vez sí una introducción, un prólogo o la contratapa, pero nunca una reseña.

Faverón: Demostraste la otra vez que la influencia de los críticos sobre el número de ejemplares vendidos es más bien involuntaria y bastante pequeña. Pero las decisiones sobre el ingreso al canon y a la guía de calles alguien tiene que hacerlas. No puedes hablar del diálogo horizontal entre lectores y escritores y pasar por alto ese hecho (que yo considero, como ya he dicho antes, una vanidad indefendible).

Anónimo dijo...

vaya, se ve que Ibarra no ha entendido nada. Es que es imposible para él creer que a algunos lectores de este blog no les gusta su constante y retórica presencia? Tienen que ser los que lo crítican enemigos o gentes tocadas por su verbo florido necesariamente? No puede ser un lector común y corriente a quien le cansa su retórica disque contestataria?

Anónimo dijo...

Me parece que el señor Ybarra, quien al parecer ha pasado abruptamente de las matemáticas a la literatura, es necesario en estos debates, lástima que tenga muchos detractores. Vetarlo sería un error.

Estruendomudo

Anónimo dijo...

buena Ibarra, ya estás en Estruendomudo! De ahí a Alfaguara no falta nada. Arriba siempre arriba!

Anónimo dijo...

¡Epa Ybarra! Soy el NAZI execrable,tu abogado.Si en efecto cultivas las matemáticas,como no sé si te acusa o te alaba Estruendomudo,entonces tienes un sentido estético del que carecen muchos pigmeos que se creen altos.Un abrazo,hermano y colega de pasiones bellas,de belleza invisible para los Guilermos y Rosas.

José Carlos Agüero dijo...

Querido anónimo de las 5:11pm
Hubiera sido útil que mencionaras qué aspectos de la Teoría Crítica podrían ayudar a que mi opinión se desmodestice un poco.

Sin duda Adorno y Horkheimer son referencias ineludibles en una discusión académica sobre la sociedad de masas y la cultura (esta no es una discusión académica, pero tampoco es un diálogo de tontos).

Veras que mi comentario quizá se relaciona un poquito más con algunas ideas de Benjamin, sobre los efectos negativos de la masificación de la obra de arte y cómo esta se convierte fundamentalmente en consumo, perdiendo el "aura" que la hacía singular.

Pero estas cosas no se dan en el espacio sideral, sino en la vida cotidiana. Personas, instituciones, mecanismos y agentes intervienen para mediar y hacer de la creación un objeto desangelado (desublimado, le dicen).

Pero sí, gracias, leeré y re leeré más. Especialmente ahora que tengo algo de tiempo porque varios de mis entrevistados me han choteado hasta enero (ya me estoy acostumbrando a esto). Es interesante notar que escribir la Historia de El Diario bien pudiera motivar no una historia, pero sí un articulito sobre las estrategias frente al pasado y el modo en que afrontan (evaden) el recuerdo algunos de nuestros intelectuales de izquierda.

Anónimo dijo...

Hay muchos lectores que quieren tener derecho para representar la voz de otros. Sigue nomás ibarra, no le hagas caso a los cuatro gatos.