14.11.08

El regreso de Pedro Páramo

Por cuarta vez a la pantalla: ¿ésta funcionará?

Hay escritores cuyos textos se prestan a la adaptación cinematográfica casi como si hubieran sido concebidos para seguir esa ruta.

No me refiero sólo a esos textos que probablemente han sido hechos con esa segunda vida en mente (las novelas de mi vecino Stephen King, por ejemplo), sino, más bien, a libros como los de Jane Austen, o las hermanas Brontë, que van a dar una y otra vez a la pantalla y en no pocas ocasiones caen parados.

Pero también hay autores que parecen, simplemente, intraducibles al lenguaje del cine, no importa cuántas veces se haga el intento. Borges, por ejemplo, sólo ha salido bien librado cuando el texto original ha sido exprimido, diseccionado y reconstruido hasta que no ha quedado huella de su forma primera (busquen en qué se parece
Strategia del Ragno, de Bertolucci, a "Tema del traidor y del héroe", de Borges, que es la fuente de la cinta).

Otros han tenido una suerte incluso más dura: Cervantes ha sido adaptado innumerables veces, y pocas de ellas son memorables. Vargas Llosa ha tenido unas pocas de cal y bastantes de arena. García Márquez ha sido descuartizado casi cada vez que se ha tratado de llevar una de sus ficciones al cine (horrores máximos:
El amor en los tiempos del cólera y Crónica de una muerte anunciada).

Pedro Páramo ha sido objeto de tres adaptaciones no excesivamente felices, y se viene una cuarta. La primera fue hecha en 1967 por Carlos Velo, en México, con John Gavin en el rol protagónico. La segunda, del también mexicano José Bolaños, fue producida en 1978 y tuvo a Manuel Ojeda y Abelardo San Martín en los papeles del padre y el hijo ya legendarios. Tres años más tarde, en 1981, con la actuación del famoso Claudio Brook en uno de los papeles secundarios, Salvador Sánchez dirigió la versión menos conocida y más fríamente recibida.

La nueva adaptación, actualmente en los preliminares del rodaje, está a cargo del español Mateo Gil, quien, aunque hasta ahora no ha demostrado demasiado en su carrera como director, sí tiene un gran punto a favor en su currículum: la coautoría de los guiones de tres de las mejores cintas de Alejandro Amenábar:
Tesis, Abre los ojos y Mar adentro (además de la próxima, Ágora, un drama de la antigüedad clásica romana a estrenarse también el año entrante).

Para variar, el rol de Pedro Páramo ha racaído en uno de esos actores que las grandes productoras nunca pueden quitarse de la cabeza cuando se trata de representar a un personaje latinoamericano: Gael García Bernal, quien al menos esta vez no tiene que hacerse pasar por revolucionario argentino (ha hecho dos veces el rol del Che Guevara, en una versión apologética y en una versión crítica), sino apenas de un campechano mexicano de provincia (que lo es).

La cinta está anunciada para algún momento del próximo año.

3 comentarios:

Harry Cañari-Atoche dijo...

Chilando es el término adecuado para quien no es de la cuidad, en México, claro.

Perdido dijo...

pero el coronel no tiene quien le escriba, en versión de ripstein sí es buena... fernando luján, como el coronel, es formidable...

Sergio C. Gutiérrez-Negrón dijo...

Ya me voy acostumbrando. Tendré que comenzar a leer todas las novelas escritas en español, y de posible traducción al cine, con Gael como protagonista.
Que bonito.
En veinticinco años, tendrá debajo de su correa todos los papeles de todos los dictadores y héroes nacionales de Latinoamerica.
Haría un bonito Trujillo, comienzo a pensar. Un poco de barba, y un bárbaro Fidel. Y si Hollywood se abriese lo suficiente, y dependiendo lo que pase, un indudable Barack Obama.