24.2.09

Club de lecturas, 1

"El caso Berciani", de Alan Pauls

(Actualización: recuerden que pueden enviar sus mensajes proponiendo cuentos para la segunda jornada del club de lecturas).

Me limito a apuntar mis primeras impresiones sobre el cuento y algo de información contextual, de modo que pueda quedar abierta la discusión.


"El caso Berciani" fue incluido por el narrador Juan Forn en una antología de cuento argentino contemporáneo confeccionada especialmente para el mercado español, antología que fue publicada por Anagrama en 1992.

No tengo ninguna información sobre una fecha previa de aparición, acaso en una revista, ni sé si el relato fue parte de un libro anterior de Pauls. Pero la pequeña nota del autor al texto, en la antología, alude al cuento como parte de un conjunto mayor de relatos policiales, o quizá, más precisamente, de relatos criminales: dice que se trata de una decena de "casos".

Si es así, se trata de un libro inédito: Pauls no ha publicado libros de cuentos. (Aquí pueden ver su bibliografía completa, incluyendo su edición crítica de
La traición de Rita Hayworth, de Manuel Puig, y los "ensayos ilustrados" de El factor Borges).

Si el cuento fue escrito poco antes de 1992, no debe considerarse un relato preliminar o primerizo: aunque su popularidad en América Latina sobreviene recién en años recientes, lo cierto es que para 1990 Pauls ya había publicado dos novelas:
El pudor del pornógrafo (1984) y la notable nouvelle El coloquio (1990).

"El caso Berciani" se plantea como un policial. Se inicia con un reto de supervivencia urbana, sobrevienen un crimen y luego una investigación hecha con enorme escasez de testigos y, sin embargo, gran afluencia de versiones y testimonios enfrentados (una idea muy semejante a la de
El coloquio).

En la huella de famosos relatos borgianos ("La muerte y la brújula", "El jardín de senderos que se bifurcan"), el misterio, la oscuridad de las motivaciones, la sospecha de una forma de violencia pendiente, provienen no sólo de las personas sino, crucialmente, de los lugares: es un cuento urbano, uno en que la ciudad es escenario y enemigo a la vez.

Como en "El jardín de senderos que se bifurcan", ese escenario parece tomar la forma misma de la historia: se va desplegando y desdoblando al paso de los personajes; como en "La muerte y la brújula", desplegar el plano de la ciudad es observar su forma material y también la forma inmaterial del misterio que ella envuelve.

(Recuerden que la conversación queda abierta desde ahora hasta que se agote, no hay límites de tiempo. Recuerden también que lo mío es sólo la apertura: no es necesario para nada continuar la conversación en esta misma dirección; y toda opinión es aceptada).


50 comentarios:

Luis dijo...

¿Se puede comparar la ciudad en la que ocurre el cuento con Alphaville, de Godard?

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¿Cómo harías esa comparación, Luis?

Luis dijo...

Todo surge de un comentario de Ivan Thays sobre una novela de Peter Elmore:http://notasmoleskine.blogspot.com/2006/08/alphavilles-peruanas.html

Al final de la película, el personaje del detective Lemmy Caution abandona la ciudad en una viaje de carretera que (si la memoria no me falla) lo llevará a otra galaxia o a otro universo. El viaje en automóvil de Berciani, al empezar el cuento de Paul, parece guíado por una lógica similar.

Pero quizá el punto de la comparación sea la siguiente: la ciudad no es un entorno construido por la razón y la lógica (al estilo, digamos, de una ciudad colonial, con un damero cuadriculado y todas las casas perfectamente ordenadas alrededor), sino un entorno más complejo, de múltiples direcciones y puntos de vista, que parece guiado por el azar o por una lógica menos estricta, más libre.

Sin embargo, Alphaville es una sociedad policias y burocratizada al extremo. No estoy seguro si en el caso Berciani haya algo parecido.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Claro, en el cuento de Pauls la policía más bien parece rendida y sometida a la ciudad, y no --como en Alphaville y otras ficciones de estirpe más o menos orwelliana--, un estamento de poder y control ejercido sobre la ciudad, o a través de ella.

En el cuento de Pauls, el protagonista, Berciani, necesita llegar de un punto a otro de la ciudad por una ruta desconocida: la ciudad, al crecer, se ha vuelto tan independiente de la voluntad de sus habitantes que ellos mismos desconocen si es posible cruzarla en ciertas direcciones. Por eso es curioso y sintomático que el héroe frustrado del cuento sea un urbanista: alguien que tiene que darle sentido a la ciudad.

Luis dijo...

Una aclaración:

En el comentario anterior, toda la referencia a la ciudad colonial (ciudad letrada) es innecesaria y puede llevar a equívocos. Reemplácenla por "ciudad realista"

Por cierto, me gustaría que al conversación no se pierda en la mera interpretación a secas y también explicara cuestiones de la técnica literaria.

Cynthia Orjeda dijo...

Desde mi punto de vista el planteamiento inicial del misterio de su desaparición no se condice con el facilismo con el que lo termina, es decir hace que el final sea obvio.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Hola, Cynthia. Quizá nos puedas contar qué es lo que te parece facilista en el desarrollo o el final del cuento. O dónde estaría ese desbalance.

Alicia Barbieri dijo...

A mí no me parece un final simple. Incluso diría más. El final me parece desconcertante para un cuento policial porque no se señala a ningún culpable. De hecho no se sabe quién mató a Berciani. Se sugiere que fue "la ciudad" o "la gente"??

Luis dijo...

Sin ignorar el comentario de Cynthia. ¿El cuento es realista, es fantástico o es insólito? Me inclino por la última categoría en un sentido kafkiano: la ciudad es tan descomunal que, por inabarcable, resulta absurda. No hay quiebre en la noción de realidad de los personajes ni del lector (lo fantástico), pero tampoco podemos afirmar que la representación de la ciudad calza exactamente con nuestra experiencia (el realismo). Sin embargo, es posible, al modo de "La autopista del sur", de Cortázar.

Quizá Cynthia esperaba un final de cuento realista: donde se ofrezca una explicación precisa y racional de la desaparición de Berciani. Pero la solución del misterio (que el vehículo sea recuperado por partes en distintos puntos de la ciudad) es tan desconcertante como el misterio mismo (que los habitantes solo puedan tomar dos rutas específicas de un punto a otro de la ciudad). Tan desconcertante para el lector como admisible para los personajes. En ese sentido, el final me parece coherente y logrado.

LuchinG dijo...

A ver, sólo una cosilla sobre la forma de redactar.

"De la estación terminal al vaciadero de desechos, una de dos: o se toma la avenida Pianetti o el camino de la cintura. Una de dos —y no hay tercera opción."

Esa forma de usar el guión, que creo viene del inglés, siempre me ha parecido fastidiosa e innecesaria. Aquí se nota que no la usan solo por usarla. En esta frase:

"Es en Bilmezis, se dijo preocupada —pero pudo más el entusiasmo, la esperanza."

Si lo reemplazas por parentesis, se escucha como algo que sólo ve el narrador y no los otros personajes, y que el narrador está contando casi como una confidencia; si lo reemplazas por punto y coma, el texto se hace menos ágil y el narrador se pone más serio, cuando el cuento es todo lo contrario.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Luis: una cosa interesante de notar es que no necesariamente los cuentos policiales tradicionales pueden ser inscritos fácilmente en las poéticas del realismo.

Quiero decir: por ejemplo, el cuento que habitualmente se toma como fundador del género, el de Los crímenes del la Rue Morgue, de Poe, tiene un final que es estrictamente racional, pero no necesariamente realista: la solución del simio rabioso no configura un pasaje narrativo que uno esperaría de un texto realista.

El policial más tradicional, más bien, apela a la racionalidad del positivismo de mediados del siglo diecinueve: la idea es que incluso el hecho más insólito y absurdo puede ser explicado lógica y racionalmente. Eso conduce a una coyuntura peculiar: textos que se dedican a constuir contextos insólitos y aburdos, primero, para llegar a la solución reordenadora, racional, después: el realismo por lo general preferiría evitar (y evita) el contacto con el absurdo y lo insólito.

En ese sentido, no creo que el cuento de Pauls esté muy fuera de lo esperable de un policial, lo que no me lleva a olvidar tu pregunta inicial: ¿realista, fantástico o insólito-tipo-Kafka? Yo creo que el cuento, más bien, construye un mundo enrarecido, delirante, desbocado, en el que incluso el discurso de la racionalidad (el de la investigación, la policía, etc) es sólo una finta de razón, una sombra deforme de razón.

Luis dijo...

Luching: Lo del guión también me llamó la atención y no le encuentro una lógica exacta: a veces funciona como dos puntos, como punto y coma o como paréntesis. Sin embargo, no llega a ser molesto o incómodo. Pero si se buscaba preservar el tono ágil y ameno del narrador, el punto seguido habría sido basante útil.

Gustavo: Gracias por la aclaración. El riesgo de usar esas categorías (realista, fantástico, insólito, real maravilloso) es que uno queda confinado en compartimentos estancos y se limita a deducir mecánicamente la noción de realidad del cuento. Ello también impide observar otras posibilidades.

En la presentación dices que Alan Pauls ha publicado una edición crítica de La traición de Rita Hayworth. ¿Cuál es la influencia de la literatura popular en El caso Berciani? La relación de eventos insólitos (la colaboración entre la esposa y la amante de Berciani, la actitud inepta de la policía), me recuerda (en otra comparación un poco arriesgada) a ciertas películas de Tarantino, como Pulp Fiction o Kill Bill: no por la narración descoyuntada, ni por la violencia estilizada, sino por lo pueril y caricaturesco de las situaciones.

carlos augusto roel dijo...

A mí también me gustaría escuchar la explicación de Cynthia. Yo creo que estoy de acuerdo con ella.

r.h.g dijo...

"De la estación terminal al vaciadero de deshechos (...)", comienza el texto de Pauls y la búsqueda de Berciani.

No es gratuito el objetivo del vaciadero: finalmente su auto y sus pertenencias terminan fragmentándose hasta el extremo; se vuelven chatarra al mismo tiempo que Berciani intenta llegar a la chatarra.

Y en este caso, la labor de la policía es análoga a la de Pauls: recolectar todo aquéllo que pueda reconstruir el todo a partir de sus partes inservibles: Pauls se vale de toda la chatarra del amarillismo noticioso, el drama de folletín, y aspectos de lo que sería una deformación cómica del 'realismo sucio' para lograr su propio mundo-pastiche.

Javier Muñoz Díaz dijo...

¿La ciudad donde sucede el relato es Buenos Aires? ¿El nombre de las calles tiene un referente verídico? ¿Es producto del azar? ¿Tiene un sentido oculto, al estilo de La muerte y la brújula?

Maldoror dijo...

A ver, el cuento de Pauls proporciona diversos aspectos: los problemas de comunicación en las sociedades muy dadas a inventar cosas a falta de hechos tangibles, múltiples pistas para una desaparición, el desprecio basado en el aspecto de las personas (el yugoslavo que llega a la policía con un dato importante y es echado), el sentido de comunidad entre el lúmpen (cuando el uruguayo le dice al yugoslavo que calle) etc.

Me parece que Pauls muestra en el cuento a un soñador, que desea encontrar un camino distinto, pero como sabemos le fue mal. No solo murió, sino que fue "canibalizado" por los personajes en su mayoría delincuentes.

En busca del camino distinto e imposible, no sólo encuentra un terrible bache (las deficiencias en la comunicación telefónica y también la intromisión en su comunicación con su mujer) sino también la muerte.

Pero la propia búsqueda de Berciani nos saca de lo cotidiano, de la vida cronometrada y supuestamente normal para mostrarnos esos aspectos que viven detrás de los coches de lujo o de esa aparente calma de la vida en sociedad.

Basta un pequeño roce para trastocar el orden normal de las cosas y salgan a relucir nuestras miserias.

Creo que si bien es un policial, me parece que discutir sobre la etiqueta podría hacernos perder de vista el asunto de fondo.

Por otro lado, no siempre el final tiene una relación lógica con el misterio del inicio, la lógica no nos gobierna, las casulaidades y las situaciones insólitas suelen ser a veces la causa de algo que creemos inescrutable.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

R.H.G: lo de El Vaciadero también puede ser una referencia, un poco torcida e indirecta, a los exteriores de la ciudad de Buenos Aires como aparecen en "El matadero", que es el gran fundador de la narrativa breve argentina.

Javier Muñoz: quizá los lectores argentinos nos puedan ayudar mejor con eso. Yo tengo la impresión de que los nombres son imaginarios, como sucede también en "La muerte y la brújula". Pero, como en aquel cuento, eso no significa que la ciudad no "sea Buenos Aires".

Maldoror: el problema es que si partes presuponiendo que la historia no tiene que estar gobernada por una cierta lógica, muy rápidamente llegarías a la conclusión de que, entonces, de qué sirve intentar explicarla o interpretarla o encontrarle unos ciertos sentidos.

Javier Muñoz Díaz dijo...

Asumo que es Buenos Aires por la jerga y por la presencia mayoritaria de apellidos europeos.

Retomo la comparación con Alphaville. En el caso Berciani no existe un control policial de la sociedad tipo Orwell, pero sí una atmósfera represiva, de violencia y paranoia: los medios de comunicación son sensacionalistas, los delincuentes se amenazan entre sí para cubrirse las espaldas y la policía apela sin remordimientos a métodos de tortura y asesinato. Sin embargo, frente a esa violencia, el tono del narrador no es de denuncia, sino irónico y carnavalezco.

¿Exaguero si vinculo el relato con la dictadura militar de fines de los 70? ¿El caos y la distorción de la perspectiva de la ciudad es un reflejo de la crisis social en la Argentina? Por supuesto, la violencia siempre ha estado presente en Buenos Aires, en los márgenes, adentro y afuera de la ciudad, como en el Matadero.

Saludos

LuchinG dijo...

Acabo de darle la segunda vuelta y sigo sin agarrarla. Si la ciudad y sus habitantes son un mecanismo absurdo e incomprensible que es mejor no tratar de entender (vean las últimas oraciones), ¿por què vemos que sólo ella roza esa revelaciòn? No debe ser para ese lado que tira el cuento, porque de otra forma habrìamos visto que el urbanista o el mecànico se topan con el tema y en algo los afecta (sea por que lo perciben, soslayan o deciden pasarlo por alto), no que simplemente se dejan llevar por la corriente.

Eduardo Salazar dijo...

Felicito a los comentaristas por su participación en el club de lecturas. para mañana habré terminado de leer el texto y les escribo algún alcance, saludos cordiales.

Obvio dijo...

El tal "Luis", es Iván Thays ¿no te das c uenta? es clarísimo.

Miguel Rivera dijo...

Cierto que la ciudad ha crecido hasta ser un organismo ingobernable e incomprensible. Otra posibilidad: el problema inicial de Berciani (llegar de un punto de la ciudad a otro sin usar ninguno de los dos caminos conocidos) se parece bastante al problema de un escritor de relatos policiales. Se trata de innovar dentro de un esquema que no deja ya muchas variantes --¿quedará algo realmente nuevo que hacer sobre el enigma del cuarto cerrado?--. Como lectores, los que siguen la trayectoria de Berciani, esperan ser sorprendidos.
La literatura, como la ciudad del cuento, crece hasta volverse irreconocible, hasta perder su centro.
El camino de cintura, me dicen, es la vía que rodea Buenos Aires. Curioso, porque eso quiere decir que Berciani andaba por las afueras de la ciudad, lo que nos lleva a pensar en la barbarie y, si pensamos en Borges, en los arrabales (que desde luego eran también, para Borges, una metáfora de la literatura periférica).

Anónimo dijo...

Léanse todos esta belleza de humor fino,"The girl recently deflowered" en
http://www.joeydevilla.com/2009/01/10/the-recently-deflowered-girl-1965-illustrated-by-edward-gorey/

R. B.

Hacker Fox dijo...

Lo que en primera me llama la atención del reto que se propone el protagonista es que se jacta de conocer la ciudad como nadie. Vemos entonces que la conoce solamente como urbanista, desdeñando los demás factores (la 'rojeza' de ciertas zonas, en este caso) de la misma. Queda claro que para Llegar a su destino no le basta con los mapas, ya que la ciudad está conformada, más que por las calles en sí, por la interacción de sus habitantes.

Anónimo dijo...

Aprovecho la frase señalada por LuchinG (""De la estación terminal al vaciadero de desechos, una de dos: o se toma la avenida Pianetti o el camino de la cintura. Una de dos —y no hay tercera opción.") para destacar el énfasis en el principio de tercio excluso resaltado por la frase (principio que además presupone el principio de identidad y de no-contradicción). Es decir, como ya han señalado previamente: la ciudad posee su propio orden - lógica -.

Frente a ella, el urbanista Berciani se propone alterar el mismo e imponer nuevas posibilidades a la urbe, pero como lo señala el narrador omnisciente del relato fracasará en su intento y, es más pagará las consecuencias del mismo (lo adelanta la cuarta frase del relato: "Cualquier atajo, de los miles que se ensayaron, iba a morir en Pianetti o en el camino de cintura, y a morir indefectiblemente").

Luego de culminar el relato, la relación conflictiva entre la ciudad (un orden dado inalterable) y Berciani (áquel que quiere instaurar nuevas posibilidades dentro de este orden, pero sigue poseyendo él mismo un afán controlador y ordenador) termina siendo, a mi parecer, lo principal del relato pasando a segundo plano quién fue el asesino de Berciani.

Esto último se refuerza con la falta de un proceso lógico para descubrir al supuesto asesino (que es propio como se señalaba del relato policial clásico). Lo azaroso termina descubriendo el cádaver de Berciani (y no a su asesino, quien, más bien, es sugerido, pero, en esa especie de sueño final por Telma). Este énfasis en el azar además de Borges, me hace acordar "La fiebre del heno" de Stanislaw Lem.

Un abrazo a todos y todas,


Juan Carlos

Sebastián Casabonne dijo...

¿Alguien querría explicar por qué en la literatura argentina aparece con tanta frecuencia la idea de la ciudad como laberinto? En la literatura peruana casi no existe esa idea. O me equivoco?

Biyu dijo...

Ciudad Laberinto... quizá En Octubre no Hay Milagros? Aunque no es una narración policial, Lima se percibe como una hidra espantosa. Tal vez no concebimos tanto Lima laberinto como Buenos Aires laberinto, porque Lima siempre pareció más fea que confusa. Ahora tiene de las dos.

Y para R. B... muchas gracias por ese link! http://www.joeydevilla.com/2009/01/10/the-recently-deflowered-girl-1965-illustrated-by-edward-gorey/ En verdad, muy divertido.

Maldoror dijo...

Gustavo, al decir que no buscaba un sentido lógico, solo me refería a un asunto de Cynthia, sobre la relación entre el inicio y el misterioso final, decía que en eso no necesariamente debe de haber un sentido lógico. Pero en fin.

De otro lado, ¿puede lograrse un segundo camino, una vía alterna en un mundo repleto de amarillismo en la prensa, de carroñeros por doquier, de interferencias en la vida privada, de ebrios y delincuentes que tienen su propio mundo?

La ciudad del urbanista es un lugar que no apuesta por nuevas vías, es reticente a la innovación, absorbe la modernidad, la hace suya, se apropia de ella para de esa manera frenarla, atrofiarla, hacerla depositaria de su desidia.

Un innovador solo sobrevive si sigue las reglas de este organismo viviente que despierta cuando suena la alarma para devorar al intrépido. Suelta a sus esbirros, a sus carroñeros, su hediondez debe frenar a quien ose encontrar un nuevo camino.

Anónimo dijo...

Mi “lectura”, que no es hasta el momento la de otros comentaristas, es que Berciani en realidad se suicidó pero con mano ajena, él sabía muy bien lo que le esperaba en esos parajes en donde campeaba la más dura malandrería de desposeídos cuyo salvajismo iba a ser incitado por los bienes portados en la ocasión por el suicida-asesinado. El fuerte “mensaje” a la esposa, ciertamente grabado por el mismo Berciani aunque con la intención de que esto último no sea claro, es demostrativo de su desencanto existencial o conyugal (¿no es lo mismo para infinidad de personas?) o quizás de depresión suicidaria. Pauls es un escritor con talento de sobra y bastante racional y parecería ser de esos autores que aspiran a decir lo que no dicen explícitamente y, en tal sentido, el suicidio de Berciani tendría que adivinarlo o “deducirlo” (¿racionalmente?) el lector.
TORCUATO PASAPALOS (Presidente de la Asociación machista-leninista Burundanga)

Anónimo dijo...

algunos pasajes del cuento-sobre todo la parte donde la mujer y la amante de Berciani aparecen en tv- me recuerdan a escenas de humor negro de algunas películas de los hermanos Coen.

fEr

APG dijo...

Suelo "medir" la calidad de un texto o el gusto por él, de acuerdo a cómo me conmueve.
¿Qué mejor conmoción que ese texto genere otro?

A mí el Caso Berciani me disparó la escritura de "El caso -acaso, el ocaso- Van Der Hüme":

http://lomioesamateur.wordpress.com/antologias/la-joven-guardia-el-caso-van-der-hume/

...y que Pauls me perdome.

Saludos desde Baires,
APG

Anónimo dijo...

En la literatura argentina aparece la ciudad como laberinto por la plana razón que ellos tienen ciudades. Nosotros tenemos agrupamientos, asentamientos y cas
tañedas y estaciones centrales.

saludos
r

Luis Torres Vásquez dijo...

Un comentario a "El caso Berciani"

Empezaré mi comentario del cuento de Pauls por el final (acaso respondiendo a Cynthia). El que no se conozca quién asesino a Berciani, se debe al dato escondido elíptico que se haya en el final. El dato escondido elíptico, suprime para nosotros, aquella información y jamás -jamás- sabremos quién asesinó a Berciani. Esta técnica narrativa, la podemos ver usada –magistralmente- en “Los asesinos” de Hemingway. En el cuento, Hemingway, narra el futuro, acaso inevitable intento de asesinato de Ole Andreson. Y aunque el cuento no termina con el asesinato de Anderson, se presume que aquello sucederá pues el mismo Ole parece esperar que suceda. Sin embargo, no se sabe el por qué de ello. Ni se da pistas de las razones. No porque el cuento no sea policial no tiene la obligación de dar pistas, sino que, como expliqué arriba, responde a la mencionada técnica. A mi entender, sucede lo mismo con el final del cuento de Pauls.

Ahora, quisiera hablar del narrador. En principio, el narrador del cuento me parece de una omnipotencia pesada. ¿Por qué? Porque lo sabe todo. Sabe, que solo hay dos rutas de la estación terminal al vaciadero de desechos “y no hay tercer opción”. Esto último, a mi parecer, nos descubre gran parte del cuento. Pues el que ese narrador dé tal aseveración, ratifica –por adelantado- el fracaso de Berciani. Además, este narrador nos habla de un futuro distante. Pues -todo- el caso Berciani, es un mero ejemplo de que realmente solo hay dos rutas “de la estación terminal al vaciadero de desechos. Si fuera así, lo sucedido con Berciani –asesinato o no- termina como un titular más en los periódicos. Que aunque sonado, termina siendo olvidado. Sin embargo, el narrador inicial presenta una muda (Aunque esta sea sutil y con interrupciones del narrador omnisciente): En el encuentro de Telma con el yugoslavo, el narrador –o mejor dicho la cámara, para hablar en clave cinematográfica- parece mudar de perspectiva y alojarse en los ojos de Ortolá, que desde las sombras, ve los ofrecimientos de Telma al yugoslavo. Luego de este episodio, aquél narrador vuelve hasta el final.

La denominación como cuento policial, de El caso Berciani, me tiene sin cuidado. Aunque no soy un cabal entendido del género, el signar como policial dicho cuento, supondría imponerle los cánones del género al mismo. Lo que lo desvestiría de su belleza intrínseca –que la tiene. Quizá no al grado que Bolaño afirmó (http://www.sololiteratura.com/bol/bolanoeseextrano.htm), pero la tiene-, para tratar de imponerle ese corsé de “cuento policial”. Si bien es cierto, hay circunstancias policiales (una desaparición, una búsqueda, pistas, un asesinato) creo que todo ello se introduce –incluyendo la desesperación de Telma, etc.- en un mayor plano mayor: el fracaso.

El fracaso de Berciani –mencionado por adelantado- me parece la comprobación del ejemplo del narrador. Y recuerdo –guardando las distancias- ese tipo de fracaso (la no realización del anhelo o deseo) del personaje en cuentos de Julio Ramón Ribeyro. Cuentos como “El baquete” o “El profesor suplente”, etc., nos muestran un irremediable fracaso de su personaje, frente a un mundo que simplemente lo aplasta. Un mundo o una realidad, que lo subyuga a no cumplir sus deseos, y solo ser un mero eslabón dentro de la cadena del fracaso. Ahora, como se nos presenta el inicio del cuento, obliga al –autor- narrador a tener que contarnos lo sucedido con Berciani como ejemplo o anécdota que confirme su afirmación inicial: “y no hay tercer opción”. Esta exigencia -acaso- hace que sepamos que Berciani ineludiblemente fracasará. Otro sería el cantar si descubrieramos, hasta el final del cuento, que Berciani fracaso (como ocurre –por ejemplo- en el “El baquete”). Pero el cuento ya está así, y presuponer que sea otra su estructura, a parte de inoportuno es ridículo. Sin embargo, el hallazgo fragmentario de las pertenencias de Berciani, toma una fuerza muy intensa que parece diluirse cuando se halla el cuerpo del occiso. ¿Por qué? Porque el énfasis con que el narrador nos describe cada descubrimiento (incluidas las lucecitas verdes y rojas y la amarilla), deja su halo de misterio inconcluso para impregnarse de una linealidad previsible, que terminaría irremediablemente con el encuentro del cuerpo de Berciani.

Algo más, en su desarrollo, lo sucedido con Berciani parecería ser una muy bien planeada fuga. Una huida de aquella monstruosa y apremiante (qué ciudad no lo es). Una renuncia a su trabajo, a su hogar, a su mujer. Sin embargo, toda adelantada conjetura del lector entusiasta, se derrumba cuando se conoce que las pertenencias de Berciani están en poder de diversas personas, y él no tiene nada (pues si hubiera planeado una huida, aunque sea se hubiera llevado su ropa interior y su mujer se lo habría dicho a los policías). Y solo se trata de un crimen –corriente- en una ciudad capitalina.

Luis Torres Vásquez

Mario dijo...

Yo creo que hay una puja muy interesante entre las expectativas cancheras de Breciani (el urbanista, vuelvo para almorzar, se creía con autoridad para eliminar todos los túneles de la ciudad y privilegiar los puentes, etc) acompañadas de la cualidad pública de reality-show con que comienza su viaje, comunicándose en tiempo real con la prensa y en simultáneo, todo eso sin dejar de manejar, con su mujer a través de otra radio, por la que encima juega veo-veo para matar el aburrimiento, todo eso, puja con el desconcierto y la cualidad de agujero negro lumpenizado que adquiere la ciudad una vez que se corta la radio y B. desaparece. Si a eso le sumamos el hecho de que en la pesquisa posterior es cuando notamos que el pinche Breciani no solo era un celebrity sino también un ricacho, que su auto era la cagada y su reloj, y las pieles de su mujer, etc. creo que se puede hacer una lectura social sobre la seguridad que los burgueses derivamos del tener pertenencias exclusivas y envidiadas y control de nuestras pertenencias, como si ese control se prolongara al entorno, y cómo esa ilusión puede disolverse en una avanzada a los extramuros como la de Breciani. Como si la visión pituca (soy pituco, BTW) fuera tan restringida que la onda inicial del cuento, cuando B. parte en su auto, tipo "el mundo entero lo miraba", sea sólo para enfatizar que ese "mundito" no era, pues, el mundo entero. Es impresionante la importancia y tangibilidad que alcanzan las pertenencias de Breciani al final, lo deseables que son para Otarola y el yugoslavo, y mucho más para todos los delincuentes callejeros a los que la policía mata o espanta a balazos para quitarles algo tan pueril como una camisa o unas botas.

Anónimo dijo...

..."de la estación terminal al vaciadero de desechos".Berciani mismo(ventrílocuo Pauls mediante) ironiza con crueldad sobre su persona, está desencantado profundamente y por eso se "suicidó" (por mano ajena).
T. P.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Hay una franja de la tradición argentina que describe a la ciudad como laberinto: no es un juego formal, sino el empleo de un signo que dice mucho de la idiosincracia de lo argentino.

No se trata, de que, como dice algún comentarista, "en Argentina haya ciudades y en el Perú no": Lima es una de las mayores ciudades del continente y sin duda no es poco laberíntica.

Yo creo que esa tradición, en Argentina, se abre con Cambaceres, continúa con Arlt y con Borges, se inclina a lo psicológico con Sabato y cobra un nuevo impulso con autores como Piglia.

En Cambaceres, a fines del XIX, se trata de la ciudad laberíntica de los migrantes, los italianos y los judíos, la ciudad que empieza a dividirse en norte y sur, en anillos sociales, pero que también es laberinto de lenguas y marejada de juicios y prejuicios étnicos.

Arlt, en su díptico más famoso pero también en El juguete rabioso, vuelve a la construcción laberintica de la ciudad y se sumerge en el lumpen que abarca a buena parte de la primera generación de descendientes de esos migrantes europeos de fines del XIX.

Borges regresa a ello en "La muerte y la brújula", con esa falsa Buenos Aires de mafiosos judíos, callejas de nombre francés, y detectives de apellidos nórdicos. Y allí introduce el elemento de la ciudad como cómplice y no sólo escenario del crimen: el plano de la ciudad, pero sobre todo el desplazamiento de los personajes por la ciudad, configura el delito mismo.

(Sería trabajoso pero productivo insertar aquí un comentario sobre el museo y la ciudad virtual en La ciudad ausente de Piglia, y cómo se conecta con todo lo anterior; será para otra oportunidad).

Yo creo que esa es la tradición en la que el cuento de Pauls se inscribe: la idea de la ciudad como clave indescrifrable de sus propios misterios y la noción de lo social como un desborde incontrolado.

Hay, sin embargo, un punto interesante que faltaría revisar: en el cuento, Berciani abandona su lugar propio en la "estructura" de la ciudad (difícil hablar de estructura en lo que parece caos) y es exterminado de inmediato. Invadir un espacio tomado por otros lo convierte en enemigo y en víctima, y rápidamente acaba con él. ¿Qué deberíamos entender de un planteamiento argumental así?

Anónimo dijo...

Sobre la pregunta planteada, me parece que la relación conflictiva entre la ciudad y Berciani se mueve en la línea del conflicto necesidad-contingencia o naturaleza-libertad (sin necesariamente ser análogos o semejantes ambos).

Sin embargo, en perjuicio de Berciani, su actitud réplica en su forma a la ciudad. Parece, más bien, que la ciudad no tolera a alguien semejante a ella. A diferencia de la concepción antigua, en la cual "solo lo semejante conoce a lo semejante", en este caso, ocurre una ligera variante: "solo lo semejante puede eliminar a su semejante" (ya sea la ciudad o Berciani, aunque como lectores del relato ya sabemos quién perdió al final en este conflicto).


Juan Carlos

P.D.: ¿Habrá algún post sobre "Watchmen" a propósito de lo que ocurrirá en algunos días?

schatz67 dijo...

Cuando terminé de leer el cuento me quedaron algunas impresiones personales referidas al uso del lenguaje (nunca había visto el término "domeñar",se sobrentiende que es "dominar" no?), a la curiosa ubicación del guión que refiere LuchinG y al entorno sórdido tanto en lo urbano como en lo aledaño que describe el narrador.

Leyendo los comentarios precedentes afloran otras reflexiones más distendidas pero no por eso menos complejas.La primera,una reflexión sobre ese reflejo automático que a veces tenemos de encontrar una verosimilitud en la narración empezando por el paralelo geográfico que tratamos de ubicar entre la ficción y la realidad.Es evidente que la ciudad descrita por Pauls esta más cerca de un escenario de Sin City que de una localidad bonaerense o provinciana.Quizás el único hilo conector con un mundo real es el omnipresente melting pot de nacionalidades, un factor que define por antonomasia a los argentinos.

La otra reflexión va por el lado de los submundos y códigos diversos que se manejan en una urbe donde una trasgresión del coto personal puede significar la diferencia entre vivir y morir.Berciani es un trasgresor urbano que va al encuentro de zonas rojas ("rojas de la peor rojez")o en busca de caminos alternos que finalmente le costarán la vida.

Creo que cada uno va a sacar sus conclusiones e interpretaciones,pienso en todo caso que el sentido del cuento es plurisignificante y da para múltiples lecturas y post-lecturas.Parábola urbana o retrato polifónico decadente, bajo el rótulo que deseen colgar pienso que es un estupendo relato con una ultima parte delirante y remate insólito.Y a pesar que nadie lo ha mencionado-y no sé si ya se habrá hecho- pienso que materia excelente para un guión cinematográfico.

Quedo a la espera del próximo envío

Saludos

Jorge

Otras Pastas dijo...

por favor Gustavo, envíame el cuento a henryabraham@yahoo.com

graciass

Anónimo dijo...

"schatz67 dijo...
Cuando terminé de leer el cuento me quedaron algunas impresiones personales referidas al uso del lenguaje (nunca había visto el término "domeñar",se sobrentiende que es "dominar" no?)". Lo mismo observé pero omití este punto: "quería una revisación a fondo","retornearle el rulemán", "transfugal","retobarse","estridor"....
TORCUATO P.

Ivo dijo...

Hola Gustavo.
Quisiera recibir el cuento.

Mi correo: ivourrunagacosmopolis@yahoo.es

Gracias.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Schatz67:

Sobre esto que dices:

"Es evidente que la ciudad descrita por Pauls esta más cerca de un escenario de Sin City que de una localidad bonaerense o provinciana".

Hay una cosa interesante de todas maneras. En "El escritor argentino y la tradición", Borges hace una referencia a un cuento suyo del que hemos hablado mucho aquí, "La muerte y la brújula". Allí dice que, a pesar de las varias ocasiones en que él había tratado de describir Buenos Aires en términos màs o menos realistas (o acaso costumbristas) en cuentos anteriores, recién cuando publicó "La muerte y la brújula" sus amigos lectores le dijeron que por fin habían reconocido Buenos Aires en su obra, al leer ese cuento. Curiosamente, en ese cuento la ciudad no tiene nombre, las calles y las plazas tienen nombres franceses, los personajes parecen europeos todos, el ambiente es el que cabría esperar de una ficción postapocalíptica de hoy, etc.

Lo que quiero decir es que alejarse de la clave realista no significa dejar de representar o al menos referir a un escenario real, conocido, identificable: no será a través de alusiones literales y datos precisos, sino a través de la intuición de un ambiente, una manera de ser, algo quizá más trascendente que una referencia geográfica o topográfica de tipo realista.

schatz67 dijo...

Gustavo,

Claro,justo a lo que me refería es a la asociación inmediata que siempre tratamos de buscar entre un escenario descrito y el que nos es familiar.Mi asociación inmediata es a una ciudad de comic pero como bien apuntas un simbolismo aparente nos puede llevar a reconocer una ciudad de una manera más efectiva que una alusión tangible.

Quizá en el uso del lenguaje se puede identificar una costumbre muy argentina de nombrar a las personas por su origen: el turco,el croata,el uruguayo etc.etc.etc.Una manera coloquial y a la vez simbólica de reconocer el origen de la historia.

Saludos

Jorge

Anónimo dijo...

Hay, sin embargo, un punto interesante que faltaría revisar: en el cuento, Berciani abandona su lugar propio en la "estructura" de la ciudad (difícil hablar de estructura en lo que parece caos) y es exterminado de inmediato. Invadir un espacio tomado por otros lo convierte en enemigo y en víctima, y rápidamente acaba con él. ¿Qué deberíamos entender de un planteamiento argumental así?

Quizá Berciani por intentar pervitir la "estructura" o el "orden" de la cuidad es eliminado.
el hecho de que Pauls no revele la identidad del asesino,me parece, no es gratuito; lo que Pauls quedría sugerir es que Berciani lo asesinó la cuidad.
Berciani se adentra a la parte de la ciudad que no conoce, que no le "pertenece", y muere.con esto no creo que Pauls nos quiera plantear que cada cual debe permanecer en la manzana donde le ha tocado nacer.
fEr

Anónimo dijo...

por que no dejas el cuento en un link para descargar (rapidshare) o leer?

César dijo...

Estimado Gustavo: Sé que en un post que publicaste hace unos días invitabas a tus lectores a que te pedieran una copia del cuento de Alan Pauls con el objetivo de echar a andar este Club de Lectura. Lamentablemente no estuve atento y me perdi la oprtunidad de participar, de todos modos si fueras tan amable podrias enviarme una copia a este correo: ikerkan@hotmail.com.Gracias. Propongo que como segundo cuento leamos "El posibel Baldi" o "Un sueño realizado", ambos de Onetti.

José Miguel Silva Merino dijo...

Hola, disculpa Gustavo, llego tarde, estuve de viaje. Me puedes enviar el cuento, te lo agradecería mucho.

jomichino123@hotmail.com

Stefano Tedeschi dijo...

Antes de todo gracias para la oportunidad de leer este cuento: tenía la antología en casa, pero no había llegado a leer “El caso Berciani” y me pareció un cuento de gran interés.
Estoy de acuerdo además con la filiación borgesiana, pero me parece que, sobretodo en la última parte, tiene algo que ver también con la escritura de Walsh, así como una especie de guiño a ciertas series televisivas estadounidenses.
A partir de estos parentescos, hay algunas observaciones que me gustaría compartir. Por ejemplo: si la ciudad de “La muerte y la brújula” puede tener todavía mapas de papel, sobre los cuales dibujar e construir una trampa, la ciudad de Pauls / Berciani cabe sólo en un mapa electronico y tiene agujeros negros donde se puede desaparecer. Creo que las ciudades/megalopolis contemporaneas, donde muchos de nosotros vivimos, tiene muchos de estos agujeros urbanisticos que quedan fuera de todo mapa, y por esto el cuento de Pauls se acerca a un cuento “realistico” (por lo que valen estas clasificaciones a estas alturas).
No me interesa reconocer Buenos Aires en las páginas de Pauls, ni Montevideo, pero podría reconocer Roma, Nápoles, o Palermo, y sus palabras me revelarían algo inesperado sobre la vida de estas ciudades. (entre parentesis: qué pasaría con una traducción al italiano del cuento: qué efecto tendrían todos estos nombres en italiano ?)
Lo que entonces encuentro es una ciudad agresiva, a la que se enfrenta Berciani, un “urbanista” que “tiene todos los mapas”, que no hace crujir la caja de cambios, que prefiere los puentes a los tuneles, que tiene un precioso reloj de oro, en fin, un “hombre de la precisión” frente al caos urbano.
Encontrar la solución al dilema inicial (quizás el itinerario de la primera linea resulte demasiado simbolico) significa para Berciani romper este caos, zanjar la cuestión cortando el nudo, sin dejar ya soluciones posibles: en efecto de esta manera la tercera solución, la suya, no dejaría en pie las primeras dos.
La arrogancia de Berciani (evidente en el “crescendo” de las ofensas a Ducmelic) chocará con la resistencia de la ciudad, y la ciudad misma se encargará del asesinato, hasta volverse en el culpable colectivo, ya que al final del cuento no hay un culpable, sino que todos los implicados, marginales, lumpen etc. colaboran a la eliminación del urbanista, y la diseminación de las partes del coche y de los vestidos se asemeja a la división de un botín.
La oposición final será entonces entre la ciudad contemporanea, la megalopolis caotica, y los que pretenden entenderla, reducirla a leyes ilustradas, construir puentes sobre la realidad más que tuneles que la penetren y la compartan.
Creo que el cuento daría para muchas otras lecturas posibles, pero por el momento esta es la dirección que más me interesa.
Stefano Tedeschi desde Roma, Italia
PS: por cierto, Gutavo, al final leiste mi ensayo ?

Anónimo dijo...

Hola, tengo varias propuestas: Carta a una señorita de París, Las ménades, de Cortázar.

El libro de arena, Las ruinas circulares, de Borges

El corazón de una historia quebrada, de Salinger

El banquete, El profesor suplente, La insignia, de Ribeyro.

Luis

LuchinG dijo...

Tercera vuelta:

El urbanista cree que puede manejar la ciudad como a su Criqui (“se subió al automóvil, encendió el motor, un reloj, ese motor, una caja de música, y puso primera”), y muere por su soberbia; el mecánico, ya incapaz de comprender el mecanismo del carro (“¿Ves? Es tu mano bestia de croata la que la hace crujir, conmigo ni mosquea”); muere por convertir su lealtad en un desafío a la ley de la calle; la esposa, bastante adaptada a las prácticas del urbanista y ansiosa de que vuelva, ve en el reloj del urbanista la esperanza del recuperarlo, pero sólo recupera su cuerpo; ella sueña con un reloj “que no tenía secretos para ella (…) una cajita de música (…) Quiso reconocer la melodía (…) pero no pudo ir más lejos y cerró los ojos para cambiar pronto de sueño”

Chanfle.

¿O ahora soy yo quien no puede dejar de ver un orden cuando éste en realidad está fuera de su alcance?