4.6.10

El futuro del pasado

Y la literatura latinoamericana en la cárcel del presente

Es posible imaginar el campo literario (sus tradiciones) como un plano cartesiano en el que la arista del tiempo interseca a la arista del espacio: infinitos tiempos, múltiples espacios, incontables cruces.

Un escritor busca sus referentes en ambas rectas, remontándose en la historia, hacia el pasado, colocándose a sí mismo en el presente o como una proyección al futuro; y abarca diversas geografías, distintos sitios de cultura. Inventa un universo ficcional que puede ser estático o traslaticio y puede concentrarse en un punto o estallar en muchas direcciones.

Los escritores del boom (y los inmediatamente anteriores y posteriores) solían concentrar sus obras dentro de los límites de un país, o estrecharlas a una sola provincia, una región, o acaso resumirlo todo en una villa imaginaria, un pueblo fantástico, una pequeña ciudad: Macondo, Santa María: América Latina y las historias nacionales de lo latinoamericano eran su obsesión.

Sin embargo, construían sus propias genealogías remontándose siglos, hasta hallar en los más remotos tiempos y espacios los más cercanos antepasados: Vargas Llosa a Martorell, a Tolstoi; García Márquez a Rabelais o a Cervantes; Bryce a Sterne; Sabato a Dostoievski; Borges a Snorri Sturluson, a De Quincey, a Melville; Fuentes a Henry James o a Horace Walpole.

Mi impresión es que esa amplitud cronológica ha quedado más o menos extraviada en las últimas dos generaciones de escritores latinoamericanos; que los de hoy privilegian más bien la ruptura de las barreras espaciales: escapan del país, de la ciudad propia y la región natal, pero no de la otra cárcel, la temporal, la cárcel del presente.

Seguramente mi generalización es un tanto arbitraria si uno se detiene a investigar casos particulares, pero no creo que lo sea la comparación general: hoy no es la norma entre escritores más o menos jóvenes que sus obras estén tan señalada por autores de otras épocas como ocurría con los casos que mencioné dos párrafos arriba.

Digámoslo de otra manera: es ciertamente arduo pensar en un libro latinoamericano reciente cuya lectura incite al lector a buscar un clásico: estos libros, quizás voluntariamente, no forman parte de un diálogo en el tiempo, al menos no de uno que encuentre en la tradición (y no en el simple relevo generacional) sus coordenadas.

Parte del aire de los tiempos es reemplazar la amplitud de rango que implica la admiración por los antiguos con una suerte de zambullimiento total en el presente: el resultado es que los más jóvenes, mis menores e incluso mis contemporáneos, parecen convencidos de que en la siguiente feria del libro, en el próximo catálogo de Houghton Mifflin o en este número de The New Yorker, aparecerán más libros dignos de su atención que en todos los siglos anteriores.

El problema es que es difícil construir un futuro interesante cuando uno empieza a funcionar como si solo existiera el presente: el impulso de lo anterior se extravía, uno se desorienta rebotando sobre el mismo sitio, el futuro deja de existir (sin pasado, no hay siquiera motivo para intuir la importancia del futuro), la idea de la tradición se esfuma.

Y no me refiero a ningún concepto decimonónico de tradición; me refiero a una de las constantes cruciales del trabajo literario: el consciente regreso creativo a la literatura del pasado en busca de los elelementos que harán la literatura del porvenir; el mecanismo que llevó a Faulkner hacia la Biblia, a Joyce hacia Homero, a Kafka hacia Cervantes; el mismo que llevó a Onetti hacia Faulkner, a Cabrera Infante hacia Joyce, a Piglia hacia Kafka, y, por tanto, a Onetti hacia la Biblia, a Cabrera Infante hacia Homero, a Piglia hacia Cervantes.

No hacen mal los escritores contemporáneos en vivir plenamente su propio tiempo ni en estar inteligentemente en contacto con lo que hacen sus colegas en el resto del mundo. Pero harían mejor si no olvidaran que el presente es siempre, de manera necesaria, infinitamente más pequeño que el pasado.

...

31 comentarios:

Julieta Lionetti dijo...

Sí, los muertos no perdonan, como dirían, cada cual a su manera, Harold Bloom y George Steiner.

Anónimo dijo...

muy interesante

Ar Lor dijo...

Un artículo muy interesante, muy templado y enmarca de manera precisa el tópico de la guerra de los Antiguos y los Modernos.La frase "parecen convencidos de que en la siguiente feria del libro, en el próximo catálogo de Houghton Mifflin o en este número de The New Yorker, aparecerán más libros dignos de su atención que en todos los siglos anteriores", define con inaudita precisión este "convencimiento".
Lo cierto es que la inmensa mayoría de los escritores tienen que pasar por "esta etapa", pero parece muy arriesgado literariamente, quedarse en ella.
LLevado al extremo este convencimiento y de manera esperpéntica, vendría a suponer que serían el "hombre o la mujer corriente", y sin conocimiento del pasado literario ni de literatura, los "escritores y escritoras de referencia". La "constante crucial" en donde buscar el soporte de la propia obra.
La cuestión es que el hombre y la mujer corrientes, publican todo lo que pueden y verdaderamente es malo de solemnidad. Cualquiera puede comprobarlo leyendo los libros autopublicados, por muchísimas personas, que con buena voluntad, pero nulo arte, se hallan por doquier.
Los talentos literarios que tendrán reconocimiento en el futuro, serán (casi seguro) aquellos que hallan bebido de las fuentes del pasado, y los talentos literarios del presente, todos los que has mencionado, lo han hecho.
Un saludo y felicitaciones por este maravilloso lugar, tuyo, en donde disfrutamos y aprendemos todos los días.

Luis Valdesueiro dijo...

El problema es que es difícil construir un futuro interesante cuando uno empieza a funcionar como si solo existiera el presente. Absolutamente de acuerdo,pero si esto vale para muchos escritores, también vale para muchos jóvenes lectores, que acaban cayendo bajo el influjo de los autores de moda, y pensando que fuera del presente no hay realidad.

Anónimo dijo...

Interesante articulo y mas interesante creo yo estaria en encontrar las causas de ese "agotamiento del presente en el presente mismo, obviando el pasado o la historia literaria, para construir ese presente" (la frase entre comillas es mia...)

Para mi la causa tiene mucho que ver con la revolucion tecnologica del internet; las nuevas herramientas virtuales, y todo lo relacionado a este medio de comunicacion que vuelve el conocimiento aparentemente simple y de facil acceso.

Un saludo,

F. Belanov dijo...

No termino de estar de acuerdo. La literatura casi siempre es referencial, lo que pasa es que estas ¡referencias cambian. Igual la "inspiración" principal de una obra posmoderna no es ( o no aparenta ser) otra obra de literatura sino que es una serie (Lost, The wire, etc) o internet. En cualquier caso, creo que, sobre todo en gente como los "nocilla" o Pola Oloixarac sí que hay unas referencias implícitas a las que creo los faros a los que miran la mayoría de contemporáneos: Borges y Bolaño, que, como bien sabes, llevan a infinitos recovecos de la literatura.
Y tampoco creo que se deba a una "querella de antiguos y modernos" sino que veo más cierta disconformidad de una serie de escritores con sus contemporáneos (o más exactamente con la generación anterior, por lo menos acá en España)que un deseo de perder de vista la tradición literaria.

jkhlwasmndf dijo...

1) Puede deberse al influjo de la publicidad o al prejuicio que da su aura y coloratura respectiva a toda obra y autor. Faulkner, Kafka, Borges son vistos como literatura importante y compleja, atributos que ya han perdido otras obras clásicas que se pudren de demasiado obvias: ¿Las Mil y una Noches? ¿Moby Dick? ¿Oliver Twist? ¿La Isla del Tesoro? Apuesto a que en el ideario juvenil, y gracias a la proliferación de lecturas obligatorias y ediciones infantiles, parecerán verdaderas huevadas, y pienso que son mucho menos leídas actualmente de lo que se supone. No olvidemos tampoco lo remarcado que se ha puesto el "aprender las técnicas" y como que termina siendo un motivo más para afiliarse a lo hecho en el siglo que pasó, tan rico en experimentaciones visibles.

2) Puede ser una consecuencia de las morales heredadas. Porque hay una transfusión evidente de los escritores mayores a los novatos, pero no sólo de estilos literarios, sino de formas de vida: la innegable fascinación que sienten los nóveles por bucear en la biografía de su escritor favorito, hacerse de sus rasgos de conducta, cánones literarios incluso, que los guien en las cuitas de su actividad, resulta ejemplar. El culto contemporaneo por los escritores vitalistas o del realismo sucio impone en sus seguidores el requerimiento de ser un cronista y sondeador del presente, y buscar en las calles caóticas y en las penurias personales la fuente de "mi literatura" que se va a parecer a la "gran literatura" que es lo que más leo, o tal vez lo único que leo. Porque si uno va a dedicarse a explorar en las raices literarias, llega de manera inevitable a la imagen tan denostada hoy del escritor encerrado, como si el que investiga en este arte más profundamente (y ya no sólo en este arte) cometiera una especie de autocastramiento que lo alejara del artista bohemio y brillante hecho de sufrimiento, fornicaciones y hambre.

Anónimo dijo...

con mi mano derecha en la gónada izquireda y en la otra mano un cigarrete, escribo con los dientes...

Anónimo dijo...

Ya que la impresión, la premisa ("los autores de hoy estàn preocupados sobre todo por sus contemporáneos"), es más o menos sencilla de corroborar, me pregunto sobre todo si la conclusión también lo es, y es entonces que dudo. La conclusión a la que llegas es:

"El problema es que es difícil construir un futuro interesante cuando uno empieza a funcionar como si solo existiera el presente: el impulso de lo anterior se extravía, uno se desorienta rebotando sobre el mismo sitio..."

¿Es realmente así? ¿Cómo se observa aquello concretamente en las obras de los jóvenes escritores de hoy? ¿O es acaso una profecía lo que escribes? ¿Qué garantiza el mínimo de rigor del razonamiento? ¿O es mero impresionismo y, entonces, nosotros, como lectores, tenemos que reacciona ante él como ante un dogma de fe?

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Esa última es una pregunta curiosa: si mi crítica fuera impresionista, no tendrías que tomarla como un dogma de fe; bastaría con que demostraras que es falsa. Si no fuera impresionista y todavía quisieras descartarla, la reacción correcta sería idéntica: demostrar su falsedad. De cualquier forma, lo que yo he dicho no es nada complicado: si descartas la idea de la historia, descartas la idea del devenir; si descartas el devenir, descartas la noción de futuro.

Anónimo dijo...

El culto contemporaneo por los escritores vitalistas o del realismo sucio impone en sus seguidores el requerimiento de ser un cronista y sondeador del presente, y buscar en las calles caóticas (...)

Digo, es un decir, pero ¿no será que idealizas lo que en buena cuenta no es más que desidia y falta de originalidad? No mencionaré nombres, pero varios de los escritores vitalistas y realistas sucios peruanos que he leído parecen cortados por la misma tijera: faltas ortográficas a pasto y temática monocorde. Es decir, lees a uno y los has leido a todos. Pareciera que todos recorren las mismas calles caóticas (no es broma, coge tres o cuatro novelas o cuentos de nuestros bukowskis nativos y verás a lo que me refiero).

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No tenía idea de que tuviéramos toda una escuela contemporánea de "realistas sucios"...

(Lo del uso del término "vitalistas" es curioso: lamento haberlo puesto de moda en Lima, hace años, en este mismo blog; lo que la gente no pareció entender aquella vez es que yo usé el término sólo para explicar qué absurdo era recurrir a él).

Anónimo dijo...

Absurdo... e irónico.

Anónimo dijo...

¿Y en esta corriente estaría, en el imaginario literario contemporáneo, "el universo paralelo" del aplicado alumno de taller de escritura creativa, Daniel Alarcón?

Nicolás dijo...

la temática monocorde ese si que es un buen tema a resolver es el inframundo literario.

Esteban Palma dijo...

Si entiendo bien lo que intenta mostrar este artículo, tu crítica es que los escritores contemporáneos no plasman en sus obras si quiera guiños de la tradición literaria que los precede. Yo estoy de acuerdo y creo que una buena población de mi generación también lo está.

No se si podría esbozar una explicación hacia este fenómeno. En lo personal no leo autores contemporáneos (Daniel Alarcón, Roncagliolo, Pollarolo, Ivan Thays, Alonso Cueto). En mi opinión, también arbitraria porque no me detengo en ningún ejemplo concreto, no vale la pena y prefiero mil veces invertir mi tiempo en leer Joyce, Cernuda, Vallejo, Cortazar, Borges o releer la Iliada. Cuando termine con todos ellos, leeré a los contemporáneos solo para darme cuenta que tenía razón.

Finalmente, a diferencia de muchos de mi generación, no le tengo miedo a la tradición literaria. Me refiero a que muchos jóvenes se sienten intimidados ante un Vallejo, Borges o Pessoa. Yo asumo el reto de ir más allá aunque me sangre la vida por ello.

Anónimo dijo...

Antes de mais peço desculpa por escrever em português, penso que mesmo assim perceberá.

Percebo perfeitamente onde quer chegar, e aprovo, até certo ponto o que escreve. Mas fica aqui a pergunta:não estarão os jovens desiludidos com o passado e cientes, fenomologicamente, de que, quanto maior o passado, menor o presente?

Sinceramente, a título pessoal, penso que o estado das coisas, o funcionamento do mundo, o desmantelamento do ensino, a vertigem dos acontecimentos e sua exponencial velocidade, trazem-nos até esta problemática.

Anónimo dijo...

"lo que yo he dicho no es nada complicado: si descartas la idea de la historia, descartas la idea del devenir; si descartas el devenir, descartas la noción de futuro".

¿Descartar la "idea de la historia"? (¿cuál es esa idea en la "metafísica" que anima el post? Porque tranquilamente los escritores latinoamericanos jóvenes pueden manejar un concepto diferente, sin que eso pueda ser tildado de descartar la "idea de la historia") Es un poco mucho, ¿no?

Además, me parece que pedirles a tus lectores que refuten algo que ni siquiera has argumentado es bastante más curioso que aquello que, con sospechossa regularidad, te parece curioso en los comentarios anónimos.

Anónimo dijo...

Es interesante el comentario de Esteban Palma, no por lo que dice sino por lo que se deduce. Se deduce de este comentario lo que ocurre en muchos lectores en el Peru, no generizable a toda Latinoamerica, si los argentinos pueden decir: no leo a los contemporaneos: Piglia, Fresan, Pauls. Palma dice no leo a los contemporaneos, y menciona a Thays, Alarcon, Rocagliolo, Cueto. Al parecer no son sus contemporaneos: Gutierrez, Colchado, Higa, Calderon Fajardo. Palma dice no leo a los contemporaneos, pero debia decir leo a los peruanos que no son contemporaneos: Arguedas, Vargas LLosa, Ribeyro, Bryce. No menciona a los cuatro grandes escritores peruanos contemporaneos. Lee a Vallejo a Borges, pero parece el comentario de un lector europeo: a Vallejo y Borges los leen el mundo entero. Pero es meritorio que el señor Palma mencione a autores peruanos que brillan por sus ausencia en todos los otros comentarios. Es interesante comprobar, una vez mas, que a los lectores peruanos no les interesa leer literatura peruana. Y mucho menos una literatura peruana que no es la representada por escritores como Thays, Roncagliolo y Cueto.

Mc Cooler dijo...

Este excelente post es una demoledora respuesta (tal vez sin quererlo) a ese artículo recientemente aparecido en la revista neoyorkina IBL News, cuando entrevista a uno de esos latinoamericanos que creen haber hecho una obra vanguardista solo por que ellos lo dicen.
"En cuanto a las obras de autores canónicos latinoamericanos como Borges, García Márquez, Vargas Llosa, Onetti, Rulfo o Cortázar, (el autor) asegura que le suscitan muchas cosas, “pero el solo hecho de mirar sus portadas me remite a una época pretérita”. Considera que “el ensimismamiento narrativo que ocurre especialmente en Latinoamérica tiene como base la incapacidad para perseguir la velocidad de un mundo que cada día es otro”. “Esas prosas me parecen irreproducibles e inimaginables ante los aparatos de localización que saturan el universo digital. Y entonces mi cabeza termina reemplazando esa antigua omnisciencia, la grandeza de los novelistas decimonónicos, por una literatura fabricada con dispositivos tecnológicos de sofisticada exactitud, que es como yo enfrento el problema del plasma en blanco”, señala.
¿Quién dice todo esto? Curiosamente un peruano.
Vean el link: http://www.iblnews.com/story/55603

Anónimo dijo...

¿Censura, señor Faveron? Usted se precia de ser imparcial y no lo es. Acaba de censurar un comentario sin insultos, solo con observaciones relativas a otro comentario. Me confirmo en que usted trabaja en favor de posiciones concretas dentro del debate literario. Me va a pedir que firme con mi nombre. Mire, no vale la pena, porque usted no cree en valores en los que se sustenta el debate serio, porque oculta lo que le no le conviene mostrar. Me parece bien que lo haga, son sus ideas, pero debe hablar desbozadamente, no ocultarse bajo posiciones aparentemente inclusivas cuando no lo son, y usted lo sabe muy bien.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¡Censura! Jajaja. Qué tal... Si no supiste mandar tu mensaje, échate la culpa a ti, pero por favor, modérate un poco antes de acusar sin argumentos.

Anónimo dijo...

¿Cuánta influencia tienen en esa predilección por el "presente infinatemente más pequeño que el pasado" la academia y la cultura popular estadounidense? (las alusiones a "The New Yorker" y a H. Mifflin en el post y a las series "Lost" y "The Wire" en algún comentario irían por allí).

Finalmente, ese desprecio por el pasado ¿no es más moderno que postmoderno?

Anónimo dijo...

¿Alguien dijo "reaccionario"?

RH dijo...

Excelente anticipaciòn a las tardìas reacciones de tus "colegas" ante las declaraciones del tal Gutièrrez en Nueva York. Como dicen en Perù, "los atrasaste otra vez".

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¿Y qué anda haciendo Miguel Gutiérrez en New York? ¿Y por qué te refieres a él no tan poco respeto?

RH dijo...

Cuando hablo de Gutiérrez con tan poco respeto es porque te admiro tanto que me copio de ti. Y por supuesto que a Miguelito tú y yo lo amamos, pero ante el otro -ante ese que nos borro del mapa a ti, a tu sahumadora tais y a mí mismo- tenemos que intentar por cualquier medio de pararlo en Nueva York o donde sea que intente brillar. Estamos en lo mismo, Gus. No podemos permitir que ese tal Gutiérrez siga haciendo de las suyas. Recibe mi abrazo fraterno, en el dolor hermanos.

RH dijo...

Es decir, si ya lo borraste con esa entrevista en la que lo expones en toda su ignorancia, sigue combatiendo desde la gran trinchera que es Puente Aereo. Tú sabes Gustavo que desde aquí puedes levantar o hacer leña a quien te de la gana, para eso solo tienes que postear. Pues eso, postea con tu tradicional brillantez pero no le des publicidad, como ahora, pues todos estan leyendo las declaraciones de ese don nadie porque parece que le contestaste antes que todos, que los atrasaste con ese post originado en las declaraciones de ese (repito) don nadies en NY, pues le estas haciendo el juego. Ignoralo y cuando puedas dale su estate quieto. Tú eres el único que puede parar a ese tal Gutiérrez, vamos Gus, sé inclemente y entrarás a la historia como Clemente.

Anónimo dijo...

No Miguel, sino César Gutiérrez. Prueba con http://www.iblnews.com/story/55603 o con luz de limbo de Coral o cafe desencuentro de Bullard. Allí está todo.

UNO DE TANTOS dijo...

No tengo muy claro si lo que deseas con tu artículo es a)más metaliteratura, o b)una toma de conciencia para rescatar del olvido a autores de siglos anteriores al XX.

Por mi parte pienso que ya tuvimos demasiada metaliteratura en la década pasada. Es gracioso cuando un autor hace un guiño a una obra resabida y clásica,que de tan clásica hasta forma parte de la cultura pop, pero hastía cuando este autor (por lo general joven) quiere demostrarnos que ha leído a Borges y epígonos hasta la saciedad, al punto de enumerarnos groseramente en el texto hasta sus canciones favoritas y series de tv de culto.

El siglo pasado nos dio un sinfín de posibilidades literarias en forma,y que debemos apreciar y querer en su justo valor, pero como el propio Vargas Llosa dice, tampoco es que se inventó la rueda. Viaje al Oeste y el Diario de la Almohada pueden ser tan modernos como el último éxito editorial. El ser humano, pese a las etnias, leyes y épocas, nunca cambia, así que los buenos libros jamás envejecen.
Los mocosos de hoy, que juegan al malditismo literario, se sorprenderían de saber que entre los siglos XV y XVIII se escribieron en occidente y oriente libros más audaces y alucinantes que los que se promocionan hoy en los supermercados.

¿Para qué leer a Bukowski si se puede leer al marqués de Sade?

Anónimo dijo...

buenísimo el blog.