8.12.10

Los otros Lugones

La tortura como marca familiar

Yzur es uno de los cuentos más célebres de Leopoldo Lugones. Su historia es la de un viajero aficionado a la ciencia que un día compra un chimpancé de circo y decide probar en él una hipótesis demencial que le ha sido sugerida por las creencias de una tribu javanesa.

Lo que el hombre cree es que los chimpancés son producto de una suerte de involución voluntaria: simios que un día tuvieron un lenguaje similar al de los humanos, pero que decidieron abandonarlo para colocarse fuera de los rigores de la esclavitud: hacerse inútiles para no ser explotados.

Ahora, el científico amateur experimentará con su mascota, Yzur (y la narración parece sugerir que el nombre del animal, de alguna manera misteriosa e inexplicable, es una palabra sobreviviente del antiguo idioma): intentará regresarlo a un estado tal que recupere la capacidad lingüística extraviada milenios atrás.

Lo que se inicia como un errático experimento, termina convertido en una verdadera sucesión de torturas, que le cuestan al animal el equilibrio mental y la estabilidad física. Agonizante, en su último aliento (pero esto nunca queda como una completa certeza), Yzur parece articular una frase final.

La idea de la tortura que aparece en ese cuento no es insólita en Lugones, ni mucho menos en la narrativa argentina, el inicio de cuya modernidad tiene uno de sus hitos en la escritura de El matadero, de Echeverría, con la tortuosa descripción de una tortura de la mazorca de Rosas.

El segundo Lugones

Leopoldo Lugones hijo, conocido como Polo Lugones, fue acusado de haber cometido, durante el gobierno de Marcelo Alvear (1922-1928) una serie de torturas y violaciones a adolescentes cuando ostentaba el cargo de director del Reformatorio de Menores de Olivera.

Se dice que, cuando Polo fue a juicio, durante la segunda presidencia de Yrigoyen, su padre tuvo que implorar de rodillas al mandatario que evitara la sentencia, para ahorrarle esa infamia a la familia Lugones. Otros dicen que su pedido no fue directamente al presidente, sino al general Uriburu, que más tarde sería gobernante de facto. Sea como fuere, el caso fue archivado, pero Polo se encargó de repetir y agravar la mancha, recurriendo en las torturas años más tarde.

En los años 30, el presidente Uriburu, que tenía entre sus aliados a Lugones padre, recolocó a Lugones hijo en una posición elevada dentro de la estructura de la represión gubernamental, donde permaneció también bajo el gobierno de Agustín Pedro Justo. Polo, como inspector de Policía, se encargó de resucitar los métodos de tortura de la antigua represión y creó algunos otros; según se dice, fue quien instauró el uso de la picana eléctrica.

La tercera Lugones

Leopoldo Lugones, el padre, se suicidó en 1938. Sus biógrafos, siguiendo la pista de algo dicho por Borges, atribuyen el suicidio a la depresión ocasionada por su enamoramiento de una chica más de treinta años menor que él. Algunos dicen que quien ocasionó esa depresión fue Polo, quien habría amenazado con llevar a su padre a un manicomio con tal de detener ese tardío romance.

Polo Lugones se suicidó también, en 1971. Había tenido dos hijas.Una de ellas, Susana Piri Lugones, amante del célebre periodista y escritor Rodolfo Walsh y amiga de aventuras de Manuel Puig (que se inspiró en ella para el personaje de Gladys, en The Buenos Aires Affaire), tuvo a su vez un hijo que se suicidó antes de cumplir los veinte años. Como ella, que tenía una malformación en las piernas, el hijo tenía una en los brazos (y sobre los hombros el peso alucinante del origen, del abuelo criminal.

Poco tiempo después de esa muerte, Piri misma, que era montonera y peronista, fue secuestrada por un comando de las Fuerzas Armadas, que la torturada y desaparecida (como Walsh, como la hija de Walsh, como los personajes de Walsh y de Puig).

Era 1977. Según se especula, el instrumento de tortura que se usó con ella fue la picana eléctrica por la que los militares argentinos seguían optando desde la época en que Polo Lugones, su padre, la había introducido entre sus prácticas clandestinas, para hacer hablar a sus víctimas, así como el personaje en el cuento del patriarca familiar intenta hacer hablar a Yzur, sólo que en este caso el torturador es el animal.

En algún lugar, en todo esto, hay una gran ironía, una gran paradoja, escondida debajo de la sentencia trágica que la familia Lugones pareció escribir o escuchar, construir o rehuir, por cuatro generaciones.

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9 comentarios:

Ricardo Bada dijo...

Como no encuentro una dirección virtual de sumercé, le copio este enlace para agradecerle su colaboración involuntaria a mi trabajo:
http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=1633458
Gracias, pues.

Anónimo dijo...

¿Qué fue de la hermana de Piri?

Anónimo dijo...

Ya sé que vas a decir que soy un idiota por fijarme en estas cosas, pero me sorprenden:
"resuscitar" y "rehuír", ambas mal escritas...

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¿Alguna vez he llamado idiota a alguien por corregirme un error ortográfico? Lo dudo mucho, la verdad. De hecho, tengo un ejército de amigos lectores que me envían emails con esas correcciones antes de que las vean los demás lectores. :D Más bien, gracias por la corrección: el inglés "resuscitate" parece habérseme filtrado allí; la otra, pura metida de pata.

Anónimo dijo...

¿Es posible que una ironía escondida similar también haya subyacido en el germen de tu novela y que su intento de desentrañamiento haya causado la demora en concluirla?

A propósito, ¡felicitaciones por la novela! Creo que se ha hablado y escrito insuficientemente sobre ella.

Un abrazo

Antonio.

Anónimo dijo...

Sugerencia: a la novela créale una página en facebook, para que los que la han leído y les ha gustado le pongan un "like!".

Anónimo dijo...

No conocía esa historia del mono Yzur. Pero no parece una idea única. En La Isla del Dr. Moreau éste argumenta que el sufrimiento infunde humanidad a sus víctimas. Y de Kakfka recuerdo una historia en que, en un penal colonial, su comandante se ufana del método de redimir definitivamente a los peores criminales, tatuándoles la sentencia hasta que la "comprenden".

Saludos,
Santiago

R. Euribe dijo...

"Pero cada vez que suponga que la literatura es una forma de exploración y una forma de representar lo explorado, deberé suponer que esa búsqueda es expansiva, creciente, descubridora y que, en efecto, deben existir, entonces, mejores y peores maneras de realizarla...."
(Del Progreso en la literatura)

La literartura sudaca no puede avanzar mirandose al ombligo. Se nutre de otras fuentes no solo de españa. Que nos reconozcan es mas bien es un signo que aportamos a esa cultura global.

Tita dijo...

muy bueno el post...