28.8.08

Las cárceles de Fidel

Rockero underground arrestado por su música

El poeta cubano Néstor Díaz de Villegas me hizo llegar hace poco un enlace al famoso blog Penúltimos Días, a través del cual supe del arresto, en La Habana, del rockero Gorki Águila, compositor, guitarrista y primera voz de la banda Porno para Ricardo.

¿De qué se le acusa? Literalmente, de "peligrosidad". ¿Qué delito es ese? Uno inventado por Fidel Castro hace varias décadas: es el delito que cometen todos aquellos de quienes se sospecha que pueden ser problemáticos para el régimen en pequeña o gran escala. En este caso, Gorki Águila, un músico que no hace sino cantar sobre su descontento por el infierno que es vivir en la Cuba de Fidel Castro.

La acusación de peligrosidad, por la que a lo largo de los años ha ido a dar con sus huesos en la cárcel todo tipo de ciudadano común y corriente (pelucones y punks, hippies y religiosos, sospechosos de liberalismo o de alienación procapitalista, etc.), es suficiente para condenar a un individuo a una pena de uno a cuatro años de prisión. Es un delito que no existe en ninguna sociedad libre del planeta. Pero existe en Cuba. La misma Cuba que algunos indolentes autoproclamados revolucionarios consideran un paraíso socialista.

¿Dónde están los reclamos de Eduardo Galeano, de Mario Benedetti, de Gabriel García Márquez, de Ernesto Cardenal? No se han producido. No se les mueve un pelo por la carcelería de un colega artista que nunca ha hecho nada más que componer canciones y cantarlas. Siguen tratando a Castro como el penúltimo arcángel de la revolución.

(De hecho, en Nicaragua, ayer, un juez ha encontrado a Cardenal culpable de difamacion y, ahí sí, Galeano y Skármeta, entre otros, han protestado, porque dicen que se trata de una revancha de Daniel Ortega; pero no protestan por el arresto arbitrario y prepotente de Gorki Águila en las cárceles de sus amigos los hermanos Castro).

Si quieren informarse sobre este atropello, pueden leer el post (y las 32 postdatas) del blog Penúltimos Días acerca de este asunto. Allí hallarán enlaces a la cobertura que del caso se viene ofreciendo en medios de todo el mundo, como The Guardian, ABC, Libération, AP, El País, y un largo etcétera.

También pueden leer la carta abierta a Pablo Milanés y otros músicos cubanos, firmada por centenares de artistas e intelectuales cubanos y de otros países, con la esperanza de que gente como Milanés, que ha hecho una carrera de cantar a la revolución castrista, tengan el coraje, ahora, de salir en defensa de un miembro de su gremio de quien no existe ni siquiera la lejana sospecha de que haya participado en ningún tipo de actividad ilegal.

Otros dos blogs de mucho prestigio han tocado el tema: el blog de Jean-Francois Fogel, en El Boomeran(g) y el celebérrimo Generación Y, de Yoani Sánchez, en cuyo post hay ya más de 2300 comentarios al respecto.

Y si quieren escuchar a Gorki Águila y Porno para Ricardo, aquí tienen algunos videos:





Lectoescritura

Intelectuales "identificados con el pueblo"

Hace unos días escribí esto sobre un blogger llamado Rodolfo Ybarra:

"Rodolfo Ybarra es un escritor peruano adicto a la verborrea y afecto a conjugar la retórica senderista con el balbuceo underground (se llama a sí mismo el "brazo armado de la poesía"; habla de "tomar por la fuerza" el establishment, dice que "es el momento de pasar a la clandestinidad").

Es decir, repitiendo: dije que la verborrea de Ybarra mezclaba referentes underground con retórica senderista. Y puse tres ejemplos concretos y literales: se llama a sí mismo el "brazo armado de la poesía", habla de "tomar por la fuerza" el establishment, dice que "es el momento de pasar a la clandestinidad".

Creo que cualquera con dos dedos de frente se da cuenta de que esas frases corresponden, literalmente, a la retórica senderista y que Ybarra juega con esa retórica de manera irresponsable. Por cierto, si Ybarra tiene derecho a juguetear con la retórica de Sendero Luminoso, yo y todos los demás tenemos derecho de señalarlo y decir en voz alta qué es lo que está haciendo.

Y tenemos derecho a ser entendidos con precisión: no he dicho que Ybarra sea adherente a posiciones senderistas o terroristas; he dicho que usa una retórica senderista y he dado ejemplos evidentes.

Sin embargo, una insittución llamada Gremio de Escritores del Perú (no tengo ni la más remota idea de quiénes la forman, aunque lo sospecho), ha publicado un comunicado que dice lo siguente:

"El Consejo Directivo Nacional del Gremio de Escritores del Perú rechaza con firmeza las acusaciones vertidas por los señores Gustavo Faverón e Iván Thays contra el poeta Rodolfo Ybarra, pretendiendo identificarlo como adherente a posiciones "terroristas" y "senderistas", y expresa su respaldo y solidaridad al compañero Ybarra".

Así pues, los miembros del Gremio de Escritores del Perú deberían contactar urgentemente a los miembros del Gremio de Lectores del Perú para que les den unas cuantas clases de lectoescritura que les permitan entender un párrafo transparente sin desbarrar en el ridículo de una interpretación sin pies ni cabeza.

Ah, pero la cosa no acaba allí. El mismo comunicado dice algo más sintomático: dice "el ataque contra Rodolfo Ybarra no es el primero ni será el último contra los intelectuales identificados con el pueblo", y de inmediato cita como ejemplo el hecho de que "hace solo unas semanas los internos ganadores del Concurso de Cuento "Arte y Esperanza" organizado por Solidaridad Humana y Dignidad, fieron impedidos de presentarse en la Feria Internacional del Libro".

Sería interesante que el Gremio de Escritores del Perú nos informara desde cuándo los presidiarios que purgan condenas por terrorismo son ejemplos de "intelectuales identificados con el pueblo". Una cosa es que la actitud del Jockey Plaza en el caso mencionado haya sido decepcionante, y otra muy diversa que empecemos a tratar a los terroristas como próceres de la causa popular, cuando sus agrupaciones no hicieron otra cosa que aniquilar, hundir y enterrar inocentes.

27.8.08

El sabático

Puente Aéreo todos los días

Se acabaron los viajes, al menos por un tiempo. Luego de pasar varios meses fuera de casa, en Palo Alto, en San Francisco, en Lima, en Middlebury y en Ithaca (y después de celebrar el doctorado de mi esposa, Carolyn Wolfenzon), estoy de vuelta en Maine.

Lo que me espera por delante es un año sabático en el que espero corregir el manuscrito de un libro de estudios literarios sobre narrativa latinoamericana del siglo diecinueve y, si es posible, escribir mi segunda novela.

Pero eso además significa otra cosa: que tengo en las manos el tiempo suficiente para volver a preocuparme con mayor frecuencia de este descuidado Puente Aéreo. De aquí en adelante espero renovar el blog con posts diarios, y regresar al ritmo de años atrás. Ojalá eso de pie a nuevas discusiones productivas y a renovados intercambios.

25.8.08

Reencuentros


Andamos de visita en Ithaca, New York, hasta mitad de semana, reencontrando amigos y recorriendo los viejos lugares. Lastimosamente, el mejor sitio para comprar libros de segunda mano ha cerrado, y mi coffee shop favorito ya no existe. Pero otras cosas quedan y, por supuesto, sigue la biblioteca de Cornell, desde donde coloco este post. Nos vemos pronto.


22.8.08

Perutz

Una recomendación a los amantes del policial

Dada la índole del género que los apasiona, los seguidores de la novela policial tienen un trabajo cada vez más difícil: con cada lectura se vuelven más suspicaces, más atentos, más difíciles de sorprender y menos inocentes ante las trampas y los escondrijos de la ficción. Por eso, cuando encuentro una novela del género que tenga una dimensión adicional que ofrecer, una perspectiva diferente, no puedo evitar las ganas de recomendarla.

Y en este caso, no se trata de una novedad editorial, sino de un libro escrito hace más de ochenta años:
El maestro del juicio final, de Leo Perutz (1885-1957), autor judío de Praga, matemático de profesión, miembro de una familia de origen español, y que escribió toda su obra en alemán. Perutz estuvo entre los judíos afortunados que, viviendo en Viena, pudieron migrar a Palestina en 1938, en los días de la anexión de Austria a Alemania, y debido a ello pudo salvar la vida.

En El maestro del juicio final confluyen muchas vertientes genéricas distintas: es un policial, sí, pero uno de estirpe fantástica, metafísica incluso (la metafísica, después de todo, decían los habitantes de Tlön, es una rama de la literatura fantástica). Es también una novela de horror (el célebre escritor americano de ciencia ficción Karl Edward Wagner la citaba como una de las mejores trece novelas de horror no sobrenatural de cualquier época). Y además es una ficción autorrefleja, es decir, una que se vuelve sobre sí misma para cuestionar el estatus de veracidad y verosimilitud de su propia trama.

Como en "El sur" de Borges, o en "La noche boca arriba" de Cortázar, en
El maestro del juicio final se cuestiona la frontera entre vigilia y sueño, entre realidad y ficción, y se empuja al lector a reformular continuamente su manera de entender las muchas bifurcaciones argumentales, hasta convertir la novela en una fuente inagotable de hipótesis no sólo referidas a la solución del enigma, sino a muchos temas paralelos: la naturaleza de la creación artística, el estigma de la culpa y la represión de la conciencia, etc.

(La traducción española de esta novela es de Jordi Ibáñez, y fue publicada por primera vez en 1988, por Tusquets).

21.8.08

In Memoriam

Hace un año murió Manuel Morales

Como muchos de mi generación y de otras, leí por primera vez a Manuel Morales en la antología Estos trece, de José Miguel Oviedo, hace ya dos décadas. Ahora, viendo Perú 21, me entero de que el poeta murió casi un año atrás, en Porto Alegre, Brasil, y su deceso permaneció todo este tiempo desconocido para los medios nacionales.

Aquella vez, hace veinte años, este es el poema suyo que leí:

SI TIENES UN AMIGO QUE TOCA TAMBOR

Si tienes un amigo que toca tambor
Cuídalo, es más que un consejo, cuídalo.
Porque ahora ya nadie toca tambor,
Más aún, ya nadie tiene un amigo.
Cuídalo, entonces,
Que ese amigo guardará tu casa.
Pero no lo dejes con tu mujer, recuerda
Que es tu mujer y no la de tu amigo.
Si sigues este consejo, vivirás
Mucho tiempo. Y tendrás tu mujer
Y un amigo que toca tambor.


20.8.08

¿Imprescindibles?

Gutiérrez, Reynoso y la Historia de Oviedo

Como escribí hace algunos días, un libro de historia literaria no es una repartición de premios: no caben en él necesariamente los favoritos del historiador, ni es la antipatía una razón para desestimar la obra de unos u otros escritores. Una historia literaria es un intento de entender el devenir de una tradición, y son en ella imprescindibles sólo los autores que han influido, modificado o alcanzado un relieve preponderante en esa tradición.

Dicho esto, se entenderá mejor por qué pienso que el debate acerca de la no inclusión de escritores como Oswaldo Reynoso y Miguel Gutiérrez en la
Historia de la literatura hispanoamericana de José Miguel Oviedo (discusión que puede parecer extemporánea tratándose de un libro del año 2001) sólo puede partir de una discusión sobre la mayor o menor importancia de tales autores en la tradición narrativa regional.

Así pues, lo que debería considerarse no es simplemente si Reynoso o Gutiérrez son autores de talento considerable, de aspiraciones importantes o de logros reconocibles: debería discutirse, más bien, si su obra ha sido determinante en el decurso de la narrativa latinoamericana de su tiempo, y en la posterior, es decir, si sus obras son callejones sin salida, anacrónicas y pasatistas, como considera más de un observador, o si son una puerta abierta a nuevas y ajenas intervenciones: ¿son Reynoso y Gutiérrez influyentes, o lo fueron? ¿Hay líneas apreciables de la narrativa peruana y regional que se construyan a partir del trabajo de ellos?


Mi propia opinión es que sí: de Reynoso viene cierta narrativa urbana, cierto realismo sucio, cierta aproximación compleja a la narrativa de temas adolescentes y juveniles, y también está en Reynoso un eslabón nada despreciable de la narrativa de temática homosocial, que las últimas dos generaciones han extendido y diversificado. Y las novelas y los cuentos de Gutiérrez ofrecen una visión políticamente radical (no por ello desatendible) de las relaciones sociales en el Perú, sobre todo en el Perú provinciano, una mirada aguda sobre temas relativos al mestizaje cultural, sobre cuya huella han elaborado su obra otros autores, como José de Piérola, Víctor Andrés Ponce, Zein Zorrilla,etc.


¿Alcanza eso para hacerlos imprescindibles en un canon latinoamericano? Esa pregunta la podríamos responder, ojalá, con las intervenciones de los comentaristas (y previamente habrá que prenderle una vela al patrono de los comentarios alturados).

19.8.08

El horror silencioso

Cierto pasaje de una novela polaca

En España, en los años sesenta, seguramente debido a la censura franquista, Seix Barral publicó la novela Pornografía, del polaco Witold Gombrowicz, con el título La seducción. Leí esa versión la semana pasada; el libro es notable en general, pero hay un pasaje que me llamó la atención especialmente.

Es el año 1943, en la Polonia ocupada por los nazis. El protagonista, Witold, y sus amigos, la mayoría escritores y artistas plásticos, han dejado Varsovia temporalmente y una tarde entran en la populosa Cracovia, ciudad por la que no han pasado en varios años. El personaje describe lo que ve: la ciudad está perfectamente normal, es la misma de siempre, tiene la misma vitalidad y está atravesada por el mismo ajetreo de costumbre.


Algo falta, sin embargo; algo le da a las calles un no sé qué inefable que atraviesa de angustia al personaje, pero que el personaje no sabe reconocer. No en un principio, al menos. Pero luego se da cuenta: todo está igual pero en las calles no hay judíos. Ninguno; ni uno solo.


En ese pasaje de la novela, el horror no es mencionado: se abre como un agujero de silencio y pánico trascendente, como un vacío y una precariedad que ahueca las apariencias y expresa la fragilidad del mundo bajo la opresión fascista y el oprobio del genocidio. Es otra forma de hablar sobre la violencia.

Que levante la mano...

... el que quiera figurar a toda costa

Rodolfo Ybarra --les cuento a mis lectores-- es un escritor peruano adicto a la verborrea y afecto a conjugar la retórica senderista con el balbuceo underground (se llama a sí mismo el "brazo armado de la poesía"; habla de "tomar por la fuerza" el establishment, dice que "es el momento de pasar a la clandestinidad").

Tiene un blog dedicado a la acumulación de insultos y que sirve de tribuna a los más arbitrarios comentarios anónimos (no bajan de cien los ataques que yo mismo he recibido en esas páginas). Su técnica es sencilla: postea manifiestos biliosos pero no menciona al atacado por su nombre, de forma que los anónimos se sienten libres de arremeter contra quien deseen.

Iván Thays, uno de los blancos favoritos de dicho blog, se refirió a Ybarra en un post reciente. Y ahora Ybarra se considera ofendido y me pide a mí que publique su carta de respuesta. A mí, la carta me parece un buen ejemplo del palabreo insulso que Ybarra quiere hacer pasar por argumentación, pero la publico a continuación para que los lectores juzguen por sí mismos, y para que descubran la existencia de este colorido personaje del folclor peruano.

Carta de Ybarra

EL "TERROR" DE IVÁN THAYS

Debido al último comentario (bastante lamentable por lo demás y en donde se me acusa de tener "nostalgias terroristas") proferido por el escritor Iván Thays, debo decir lo siguiente:

El hecho de que en mi blog no se "moderen" los comentarios y deje en libertad (como debería de ser) para que el lector vierta su opinión sin mayores inconvenientes o premisas, no me convierte en cómplice de opiniones contrarias, mucho menos en el "asesor" o el "provocador" de los insultos, creo que esa observación (en lenguaje emocional) es más un prejuicio que una verdad creíble. Si usted no quiere "enlazar" el link respectivo "porque "Moleskine" no avala blogs sin moderación" es su problema. Si usted cree que la "seriedad" de un blog depende de los comentarios que dejan los lectores es su problema. Si usted cree que el repudio de los lectores se traduce sólo en los comentarios (furibundos, racionalistas, adjetivistas, etc.), es, también, su problema. Considero que la cultura está por encima de las opiniones, mucho más si estas son subjetivas o alejadas de lo concreto, por eso usted encontrará en esta página el link respectivo a su famoso weblog (¿cuándo se acabará eso de las regencias con vestigios coloniales? ¿No hay acaso en algunos el gen de la esclavitud, el gen del libertador, y, en otros, el gen del despotismo?). No reclamo reciprocidad, quizás por eso no entiendo eso de "atrabiliario" que usted hábilmente pretende endosarme; qué "maldad" puede haber en alguien que busca la verdad de los conceptos o en alguien que discrepa abiertamente, salvo que usted considere el hecho de discrepar como una "maldad" en sí misma; entonces no me equivoco cuando considero que sus críticas con respecto a "Un Mundo Dividido" son de un "individualismo dogmático". Usted no entiende razones sino ideas prefijadas que le van a dar conclusiones prefijadas. Razones que no provienen de la lectura rigurosa del libro (ni de la necesaria "arborescencia") en cuestión, sino de prejuicios y de ideas fuerza donde confunde la "libertad del individuo" con la libertad para denostar sobre una obra literaria a su libre albedrío y con la venia de un círculo literario cada vez más desacreditado (no, no se preocupe, no voy a hablar de eso). Lástima que usted sólo vea la punta del iceberg, se sorprendería si leyera con detenimiento y sin subjetivismos lo que en mi anterior artículo he tratado de decirle (y que muchos han entendido, lamentablemente usted no). Por eso usted no entiende que "mi defensa" (esto ya parece un juicio) del libro de Gutiérrez pasa menos por —como dice usted— "la falacia" de que fue marginado por el establishment y que sus parientes murieron en la cárcel" (qué visión tan recortada y epidérmica, me sorprende su reduccionismo académico) que por el mismo análisis del libro, análisis que por cierto usted haciendo alarde de ese minimalismo post-industrial quiere reducir a una comparación por demás peyorativa y ridícula como son los accesorios o baratijas de guerras pasadas, "artefacto anacrónico" lo llama usted intentando ironizar con poca suerte.

Así, usted apunta: "Si el blogger hubiera leído la reseña objetivamente, sabría que lo que sostengo es que lo que hace anacrónico al libro no es el contexto que lo produjo sino el dogma que defiende". En este silogismo condicionante encuentro que —por si acaso, usted no se ha dado cuenta— los contextos son los que producen los dogmas y no al revés (aunque en cierta forma podríamos hablar de que precipitan ciertas situaciones) y hasta el "mejor" de los libros escritos con el "mejor" de los dogmas no escapa a su tiempo, aquí es donde sirve para enjuiciar o para ser condenado, por pecado expreso u omisión que es como usted quiere —o quisiera— que se resuelva esta segunda edición de "Un Mundo Dividido". Lástima que usted piense que alguien le quiere imponer algún tipo de dogma (¿no hay ahí un prejuicio bastante patológico?) o que —peor aún— alguien quiere coactar su libertad individual o frustrar su obra creativa. Eso no sólo es exagerado sino que demuestra una paranoia, un delirio por la "pérdida de la libertad" en cuyo caso usted no necesita una observación a un artículo errático, sino un médico frenópata.

No, no se preocupe usted: NO SOY TERRORISTA. No quiero volar su casa, mucho menos dinamitar su obra literaria. Eso sería una cobardía. Tampoco guardo relación alguna con ningún miembro del grupo "Narración" (a quienes debo mi admiración por la lectura de sus obras y no por el conocimiento de sus personas) o con algún "blogger exiliado que pulula por ahí". En todo caso es el tiempo y los lectores quienes acusarán recibo de sus palabras y quienes harán lo que se tiene que hacer con una literatura acomodaticia o de salón cuya mirada estrábica insiste en negar una realidad evidente.

Finalmente, apunta usted: "Si buscar comparaciones es un nivel bajo de argumentación (en relación a lo vertido por Javier Ágreda, esta precisión es mía), defender a un autor por datos biográficos y solidaridad política es el grado cero de cualquier discusión". Ergo, motejar e incriminar a alguien, sin ninguna prueba, de anidar "nostalgias terroristas" es el non plus ultra de que la discusión ha descendido a zonas batipelágicas, quizás en el terreno de lo abisal tenebroso. No sabía que a usted le interesaban los bajos fondos y las altas presiones (cuando quiera le recomiendo la mejor escuela de buceo del país), en algún momento creí percibir que a usted le interesaban más las luces, los flashes y las lentejuelas literarias.

Usted ha degradado el debate más allá de lo audible. Desde aquí puedo escuchar sus ecos.

Amable, pero firmemente,

Rodolfo Ybarra

DNI 09441432

12.8.08

Indultados

Todos caminan por las calles

Kapanga es un grupo argentino de rock no muy conocido fuera de su tierra. Yo supe de él por una amiga bonaerense, que le hizo escuchar a mi esposa la canción cuyo video posteo aquí debajo. Se titula "Indultados". Escúchenla: es como un grito visceral contra la dictadura rioplatense y sus líderes rescatados de la cárcel. (¿La habrán escrito en la misma época en que, en el Perú, roqueritos sin talento como Raúl Romero se alquilaban al poder de Montesinos y Fujimori?). Una canción para tener en mente ahora que a nosotros nos toca juzgar a nuestros asesinos.