3.11.05

Borges el combativo (y el caso peruano)

En "In memoriam J.F.K.", Jorge Luis Borges habla, en un mismo párrafo, sobre el fin del mundo (el fin de la historia, el fin de la humanidad) y también sobre su inicio. Menciona "el alba dlel tiempo" y "la piedra que Caín lanzó contra Abel". Y luego evoca las muchas formas de la violencia que "podrán concluir con los hombres y con su prodigioso y frágil destino".

Al equiparar las diversas violencias, Borges intenta reducirlas a una abstracción, es decir, arrancar la idea de violencia de sus accidentes históricos y volverla concepto, un punto a partir del cual pensar en términos abarcadores.

Aunque la gente por mucho tiempo ha tendido a creer que Borges siempre era así, que lo suyo era la abstracción extrema, divorciada de su realidad social, lo cierto es que Borges tuvo un gran compromiso por observar, comentar y juzgar los hechos de su tiempo.

Es conocido el caso de su cuento "La fiesta del monstruo", coescrito con Bioy Casares, donde se narra la terrible asonada antisemita ocurrida en octubre de 1945 en Buenos Aires, llevada a cabo por simpatizantes del gobierno de Perón. El cuento, mimeografiado, circuló por semanas y meses clandestinamente, y sólo puedo ser publicado en libro tras la caída del régimen. Sencillo en su estructura, está escrito con el lenguaje del lumpen citadino.

Es llamativo notar que ese texto fue compuesto exactamente al mismo tiempo que "Deutsches Requiem", el más complejo de los relatos borgeanos sobre (y contra) el nazismo. En un Buenos Aires poblado por una gigantesca colonia judía y una también numerosa colonia alemana, masivamente militante del nacional-socialismo, esos eran temas que demandaban la toma de posición de cualquier intelectual responsable. Más aun bajo un régimen autoritario.

Ambos cuentos son facetas distintas de una misma actitud: la de un escritor haciendo todo lo posible por acabar con una enfermedad social. Tanto en el plano local e inmediato (la dictadura peronisma, el antisemitismo argentino), como en la escena global (el nazismo europeo, la peligrosa colisión de los totalitarismos).

La sencillez de "La fiesta del monstruo" sirve a su fin inmediato; la complejidad de "Deutsches Requiem" lo convierte en un texto que todavía ahora puede ayudarnos a comprender el fenómeno del nazismo, y otros fundamentalismos.

¿Es necesario buscar un lenguaje especialmente complejo, unas estructuras radicalmente novedosas o intrincadas para referirse a un tema demasiado difícil? (Tengo en mente, claro, nuestro contexto y nuestra propia violencia social). Creo que todo depende de la aspiración del texto. Y esa aspiración puede ir desde el puro exorcismo personal hasta la agitación, la demanda, la reflexión o el gran intento de comprensión. Tal vez, incluso, tengamos que pasar por años de lo primero antes de llegar a lo último.

Imagen: Borges en acción (Fotomontaje: gfp).

22 comentarios:

Leo Zelada Grajeda dijo...

El primer poemario de Borges fue el titulado "fervor en Buenos Aires",en ese libro se nos presenta un autor que reinvindica la cultura popular-urbana de los porteños y nos describe mediante la milonga personajes marginales-urbanos como son los payeros.Osea nos habla de un Borges que cree en la reinvindicación de una cultura nacional asentada en una tradición cultural concreta.
Por otro lado Borges en su juventud fue Comunista y en varias entrevistas le preguntaron por que de su antigua y lejana militancia y el decia que en esa epoca ser comunista representaba entre otras cosas valores como "fraternidad universal" y "libertad ".
Borges fue parte del "ultraismo",osea fue miembro destacado de este movimiento,e incluso dicen sus contemporáneos de grupo que era un dogmatico en sus criterios estéticos vanguardistas.
Lo que sucede es que estereotipdamente solo se lee el Borges de "Ficciones" y sus polemicas opiniones politicas de la ultima parte de su vida

Guille, da maus dijo...

Excelente nota. Justo en estos momentos que estoy siguiendo la cuestión de las protestas contra la cumbre del Mar del Plata encuentro muchas consignas y discursos de clara orientación antisemita, a la vez que buscan reivindicar cierto peronismo nacionalista. Por ejemplo, de la época de Perón es esa leyenda acerca de la mano judía en el endeudamiento de la Argentina allá por 1945, y de los que siguieron al gobierno de Perón tambien: El argentino común parece creer en la existencia de un siniestro plan secreto sionista para apoderarse de la Argentina.
Tu post viene a pelo, y buscaré esos textos de Borges para informarme más del asunto.

Daniel Salas dijo...

Tres cosas:

Primero: no es necesario que un escritor sea marxista para que su escritura tenga un compromiso. Así que buscar un pasado socialista es innecesario. En Borges, los cuentos de "Ficciones" son parte de su compromiso y hay que leerlos con atención.

Segundo: Borges era un intelectual y tenía muy claro el papel del intelectual. Su crítica al mundo es radical y por eso la Universidad de Piura, manejada por el Opus Dei, lo censura. Cuidado con usar a Borges para apoyar las posturas antiintelectualistas y retardatarias de los seudoliberales posmodernos. Es claro para mí que Borges, un admirador de Oriente, habría repudiado el antiislamismo de la derecha cristiana.

Tercero: la literatura de Borges está basada en las formas. Tenemos que prestar atención a esto, ya que en ello está la clave del problema del Holocausto y el peronismo. Hechos nuevos requieren formas nuevas, quizá monstruosas. Por ello creo que hay que prestar atención a su cuento "There Are More Things": en éste, el monstruo no es una deformidad, sino un tipo de objeto que no puede ser aprehendido bajo ninguna forma conocida. En este sentido, "There Are More Things" no quiere decir que "hay más cosas" (por ejemplo, que no hay una manzana, sino dos o tres); quiere decir que puede haber (venidos de afuera, claro, pero también de nuevos momentos históricos) hechos o cosas fuera de nuestra comprensión. Adviértase que esto no es diferente de lo que Adorno tenía en mente cuando se preguntaba por las posibilidades de la poesía después de Auchswitz. Es posible la aparición de hechos nuevos que exijan formas nuevas y obtenerlas es la tarea del poeta, del verdadero poeta. El renacimiento del fundamentalismo cristiano, por ejemplo, es una nueva forma del peligroso y tiránico populismo que a Borges (un liberal de verdad) se le hacía repugnante. Así que el debate sobre Borges es mucho más urgente para los peruanos de lo que puede parecer.

Guille, da maus dijo...

Me extrañan muchisimo ciertos argumentos que usas constantemente para sustentar tus puntos, Daniel.
Yo llevé algunos cursos en la U de Piura y no vi por ninguna parte "censura" hacia a Borges (ni a las minifaldas como dicen). De hecho se hablo sobre él y se le tomó como punto de referencia en los eventos sobre el 400 aniversario de "El Quijote"... sus libros estan en la Biblioteca, hay ferias del libro viejo como en Lima, etc... a que "censura" te referirás.
Y lo del "antiislamismo de la derecha cristiana" deberias aclararlo más, tú tan intelectual no puedes andar así con esas gratuidades, más aún considerando el explicito talante anticristiano del Islam, desde el Corán hasta la Sharia.
Borges no creo que ignoraría tan gruesos "detalles", aunque seguramente se hubiera concentrado en la literatura de los sufíes, que poco tiene que ver con barbaridades como "la mujer campo de arado del hombre", la condición "contranatura" del infiel, etc, etc...

Daniel Salas dijo...

No creo que valga la pena discutir con esos liberales-reaccionarios (esos monstruos informes de nuestra época)para quienes hay que destruir a los musulmanes a fin de evitar que se destruyan entre ellos. Francamente, patético e incomprensible.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Estoy de acuerdo contigo Guille un tipo tan lùcido comno Borges no pudo excaparsele ciertos detalles y no creo por ultimo que se le censure en la universidad de Piura.
Otro detalle interesante de Borges es su adhesiòn espiritual al mundo intelectual judio mas que al "oriente" como señala un desubicado autor,esta adhesiòn hacia la cultura judia de Borges le gano la enemistad del peronismo mas reaccionario en su epoca.
Borges no fue un Liberal y plantear ello es una insensatez mayor,donde quedaria el respeto de Borges en sus libros por las tradiciones si fuera liberal,si el liberalismo en aras de un proceso de mundializaciòn fomenta la destrucciòn de las minorias y tradiciones locales.Por otro lado Borges paso por varias posiciones ideologicas para terminar en una postura particular al calificarse en sus ultimas entrevistas como "anarco-individualista",cuando le solicitaron una definiciòn ideologica.
Ficciones no define la obra entera de Borges,a muchos nos gusta mas el Borges "Poeta".

Daniel Salas dijo...

Tal vez en mi último comentario debí precisar que cuando de hablo de monstruos ideológicos (esos liberales-reaccionarios que han aparecido recientemente) me refiero a las ideas que de mentado Guille, verdadero ejemplo de incoherencia ideológica que se escapa a lo que hasta el momento conocíamos. En cuanto a Borges liberal, claro que lo era. Borges no era, por cierto, lo que hoy llamamos un "neoliberal". El liberalismo originario era una ideología idealista, contestataria y humanista, ideología que hoy, por cierto, lo reconozco, está en crisis.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Salas decir que "El liberalismo originario era una ideología idealista, contestataria y humanista, ideología",francamente esto no se lo puede creer nadie.A qu corriente del liberalismo se refiere.

¿Ludwing von Misses "humanista?,
¿Milton Friedman idealista?.Salas esta que patino feo en su concepción de que Borges era "liberal"

Anónimo dijo...

Y tu patinas mas feo que nos pones el mismo comentario dos veces.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¿En qué cabeza cabe que Milton Friedman sea parte del liberalismo original?



Rpta: En la cabeza de Leo Zelada.

Miguel Rodríguez Mondoñedo dijo...

Bueno, yo no tengo duda de que Borges era un pensador políticamente libre, pero llamarlo "combativo" o "liberal" me parece un exceso, incluso si nos remontamos al liberalismo inicial. Su afiliación al Partido Conservador no está muy en consonancia con eso de que sea un liberal.
Hay otros detalles también, bastante conocidos. Se dejó condecorar por Pinochet, alabó el golpe de Estado que acabó con el segundo peronismo, se burlaba de la democracia ("un abuso de la estadística" la llamó). No veo cómo es eso compatible con ser un liberal.
Por otra parte, no veo ninguna razón para tratar de disimular su posición política. ¿Qué si Borges era un conservador o un reaccionario? ¿Cambia algo en la percepción que tenemos de su obra? ¿De su persona? ¿Deja uno de ser un buen escritor o una buena persona por ser un conservador?
La verdad creo que quienes tratan de disimular la posición política de Borges (García Márquez incluso ha llegado a decir que esas opiniones era incomprendidos chistes) no hacen sino lo mismo que quienes lo rechazan por ser conservador (aunque, a diferencia de estos últimos, el pecado es solo venial). De hecho, me parece incluso una muestra de intolerancia. Les parece tan descabellado que puedan encontrar una conexión tan fuerte con Borges que no pueden sino pensar “este es de los nuestros”. Borges mismo ha aludido a ese problema, aunque con otros fines. Después de enumerar sus autores y músicos favoritos, le hace decir a Otto Dietrich en Deutsche Requiem: “Sepa quien se detiene maravillado, trémulo de ternura y de gratitud, ante cualquier lugar de la obra de esos felices, que yo también me detuve ahí, yo el abominable.”
Una literatura es, qué duda cabe, una forma de conocimiento, e incluye también un proyecto ético. Pero, como cualquier otra forma de conocimiento y cualquier otro proyecto ético, es imperfecta y limitada. A todos nos toca recorrer el largo trecho entre el dicho y el hecho.

peter elmore dijo...

A mi tambien me parece excesivo considerar 'liberal' a Borges. Fue, mas bien, un conservador esceptico: para ser liberal es preciso creer en el progreso, ese laberinto hecho de una sola linea ascendente. "Los caballeros defienden las causas perdidas", dijo Borges al afiliarse al Partido Conservador. No lo podria haber dicho mejor. Lo que sin duda perturba a quienes lo admiramos es que haya aceptado una condecoracion de Pinochet o que en algun momento se haya pronunciado a favor de la dictadura de Videla. La condecoracion que le otorgo Pinochet no la devolvio, que yo sepa, pero despues de un encuentro con madres de desaparecidos declaro su horror ante la barbarie de la "guerra sucia".
A proposito de la guerra y la violencia, Gustavo invoca dos textos notables en su comentario: "La fiesta del monstruo" y "Deutsches Requiem". Hace notar que fueron redactados casi al mismo tiempo y observa las diferencias de intencion y escala que los distinguen. "La fiesta del monstruo" es un texto satirico y casi de agit-prop, mientras que "Deutsches Requiem" es una inquisicion en el ethos y el imaginario del nazismo. Valdria la pena notar, sin embargo, algo que los dos relatos comparten: la voz en primera persona no es la de un alter ego del autor (Borges o 'Biorges'), sino la de un adversario politico y moral de este. Asi, el duelo con el otro se da, por asi decirlo, internandose en el: Borges imagina como sienten y piensan un peronista lumpen y un nazi. Al hacerlo, les reconoce un cierto espesor individual, un perfil propio. Es decir, los coloca en una dimension estrictamente humana: si se trata de 'monstruos', son monstruos que no estan mas alla de la interpelacion etica.

Daniel Salas dijo...

De acuerdo, entonces. Creo que el punto crucial tiene que ver con el progreso y, en efecto, la idea de progreso está ausente tanto en sus cuentos como en sus ensayos y entrevistas.

Es interesante la observación de Peter Elmore porque, precisamente, esta ausencia de progreso está en conexión con la metáfora del laberinto. Los relatos borgianos no parecen ofrecer una salida, un camino hacia afuera y, en esto, claro, se encuentran totalmente distanciados de la novela liberal. También esto es lo que produce estupor y crea la sensación de un mundo ateo e incluso de que se trata de un mero "juego formal".

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Así es, Peter. Y esa asunción de un punto de vista ajeno, que a veces es incluso un punto de vista rival, la repite Borges es muchos otros textos: eso produce al típico narrador borgeano en el que, por decirlo así, uno no puede confiar.

Hay también textos de Borges cuya sencillez aparente deslumbra y no deja ver otros mecanismos narrativos parecidos y también muy complejos.

El mismo "In memoriam J.F.K." que cité tiene una cosa genial: siendo un texto en el que se habla de la transmigración pitagórica, y se narra la historia de un objeto proteico, que siempre se metamorfosea, casi no notamos que hay otro objeto que se transforma todo el tiempo en el texto: la carga de solidaridad de la voz narrativa, que en cada frase se mueve y salta, de modo que puede solidarizarse con César y con Jesucristo, con Lincoln y con un dictadorzuelo uruguayo, y con Sócrates, o con los defensores del Alamo y reinas y visires, sin riesgo de sonar ezquizoide o simplemente contradictoria.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Salas y Faveron conclusión solo en sus respetables discursos eclepticos se puede sosterner que "Borges" era un liberal.Ya otros me dieron la razon.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Ese mito del progreso claro que no esta en Borges,eso es obvio.Salas,Puse una notas de Castioradis que tira para abajo a tu idolatrado Jameson.

Miguel Rodríguez Mondoñedo dijo...

Me parece muy interesante eso de que la idea de progreso está ausente en Borges. Yo me atrevería a decir algo incluso más radical. Creo que una de las piedras fundamentales de la literatura borgiana es que hay aspectos de la experiencia humana que son trans-históricos, es decir, que son constantes e invariables (sin ir muy lejos, lo que dice Gustavo sobre "In memoriam J.F.K." se puede interpretar así). Si eso es correcto, significa que Borges era claramente un conservador, o quizá más precisamente, un anti-relativista.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Me he perdido un poco: ¿cómo pueden ser invariables aspectos de la experiencia?

Miguel Rodríguez Mondoñedo dijo...

Bueno, hay casos en lo que eso no está en discusión, me parece. El procedimiento por el cual comprendemos que 1+1=2 es el mismo para cualquier ser humano (ese es precisamente el problema que Platón discute en el Menón usando el teorema de Pitágoras).
Por supuesto, hay una importante tradición—y es larga e ilustre, corre al menos de Aristóteles a Jameson, pasando por Locke, Hegel y Marx—para la cual toda la experiencia humana es un producto histórico; independientemente de los méritos de esta posición (que es la de los liberales), el problema de Platón queda irresuelto aquí.
Es obvio que nadie puede decir (y nadie dice) que la condición humana es completamente ahistórica. Así que la posición "platónica" se limita a discutir si acaso hay algunos aspectos que son constantes, cuáles son estos, cómo se relacionan con los otros, etc.
Al margen de cuál posición toma uno (lo cual no tiene que ver con el debate que aquí se desarrolla), mi impresión es que Borges propone ciertas constantes (el sufrimiento, el asombro, por ejemplo). Esto no quiere decir que Borges niegue que la historia exista (la posición “platónica” es siempre mixta). En “Nueva refutación de tiempo”, por ejemplo, se mofa de esa idea; pero su burla es interesante, porque partiendo de la idea de que el individuo es meramente la suma de sus experiencias (Locke, Berkeley, Hume) concluye que el tiempo no puede existir. Sugiere él que esto es absurdo, así que la premisa debe ser también falsa.

Daniel Salas dijo...

Está bien, Miguel, pero en todo caso sería un conservadurismo peculiar. Los conservadores que conocemos suelen ser creyentes y estar a favor de las diferencias de clases y de género. Para el conservador sí hay una salida: mantener la sociedad estamental y confiar en el otro mundo. En Borges no hay confianza en el progreso, es verdad, pero tampoco en que exista un orden (estamental o lo que fuere) y menos aún que exista un mundo trascendente. Podemos llamar a esto "conservador", tal vez, pero en un sentido muy distinto del que se siempre se ha hablado.

Miguel Rodríguez Mondoñedo dijo...

Bueno, no hay duda de que la oposición liberal/conservador no alcanza para contener la riqueza del pensamiento humano. Sin ir muy lejos, Hume, uno de los padres del liberalismo, era un conservador según los estándares que presentas (explícitamente abogaba por la preservación del orden imperante).

Abogar por la preservación de las diferencias de clase y de género es suponer que la historia no puede modificarlas Precisamente, esa es una ventaja de suponer que el individuo es meramente la suma de sus experiencias (la piedra de toque del liberalismo): el progreso es siempre posible.

Sin embargo, si al menos hay ciertas experiencias que la historia no puede modificar, la posición “conservadora” queda reivindicada. Pero no hay nada en esta posición que obligue a elegir una salida. El conservador es siempre escéptico; escéptico de la historia, en todo caso: la historia no va a darnos una salida (eso es clarísimo en el Eclesiastés, por ejemplo). Pero tampoco hay nada en la posición conservadora que nos obligue a preservar las diferencias de clase.

Es verdad que la palabra “conservador” está asociada a esos prejuicios. Es lamentable. Algunos entretienen “anarquista” como palabra alternativa (de hecho, el padre de Borges era un filósofo anarquista), pero esa palabra está irremediablemente envenenada después de Sorel, y debe ser rechazada.

Daniel Salas dijo...

Sin embargo, hay un tipo de conservadurismo estético que difícilmente veo como asociable a Borges. Por ejemplo, el que muestra magníficamente Sukurov en "El arca rusa". En esa película se postula un pasado vindicable, una época que es posible ser recuperada y no solamente en el museo. No creo que "El arca rusa" proponga el regreso de los zares: pero sí parece decir que hubo una época en que el país era capaz de contener dentro de sí lo mejor de Occidente. En ese sentido, siendo una perspectiva conservadora, es, abiertamente, anti-nacionalista, anti-chovinista. Lo mejor de Rusia no esta en un alma nacional inmutable, sino en su capacidad de congregar más de una tradición. Este tipo de conservadurismo no es ni el que Miguel ni Borges propone. ¿O sí?