16.12.05

Coincidencia macabra



Joseph Kony, Idi Amín Dada. Abajo: Kony con algunos de sus
secuestrados, ahora convertidos en parte de su ejército de criminales.


Los hombres que aparecen en las fotos de arriba son dos de los seres humanos más malvados de la historia. Los dos, por desgracia para sus connacionales, son pestes que han asolado, sobre todo, a su país natal, Uganda.

No es necesario explicar la clase de criminal que fue el dictador Idi Amin Dada. El otro, en cambio, es menos conocido, pese a que está vivo y sus crímenes están ocurriendo hoy mismo. Se llama Joseph Kony, dice que, cuando cae en trance, habla con Dios, y que Dios lo instruye para sus acciones.

¿Cuáles son esas acciones? Kony secuestra niños, centenares, miles de niños ugandeses, los saca de su país hasta una base protegida por el régimen criminal de Sudán, elige a las niñas para satisfacer su bajeza instintiva, las prostituye y luego las vende, o las mata, y a los niños los entrena, desde los siete u ocho años, para asesinar a otros niños, les lava el cerebro, y los transforma en máquinas homicidas, que van a engrosar su ejército y se convierten en secuestradores de otras criaturas.

Los fines de tal ejército, así, son la continua retroalimentación, una bola de nieve de violencia y el fundamento de un negocio abyecto, aunque Kony
dice luchar por la libertad de Uganda y la reivindicación de la fe cristiana.

Debo confesar que, quìzá, jamás me hubiera enterado de esta historia si no fuera porque, dándole una mirada a un ejemplar del Vanity Fair de enero, me encontré, en un artíuclo cuyo título no había visto, con una frase que traduzco a continuación:

"A los niños a quienes tiente la idea de huir, les advierte que el aceite bautismal es visible para él, por siempre, y que, por ese motivo, él sabrá cómo encontrarlos, no importa adónde vayan".

"Él", claro está, era Joseph Kony, y "los niños", sus secuestrados; pero de eso me enteré después. Primero, sólo me sorprendió la coincidencia entre esa idea feroz e intimidante, y el famoso pasaje de Cien años de soledad en que los diecisiete hijos del coronel Aureliano Buendía son "exterminados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años", de un balazo en la marca cenicienta que el aceite bautismal ha dejado en sus frentes.

En la siempre hiperbólica imaginación de García Márquez, los diecisiete Aurelianos no llegan a los treinticinco años; en la aun más hiperbólica realidad ugandesa, son miles los Aurelianos, y muchas veces no llegan a los diez u once años. El artículo de Christopher Hitchens tiene otros rasgos que el realismo mágico habría sido incapaz de suponer: cada noche, en toda Uganda, decenas de miles de niños sin hogar hacen largas colas frente a refugios donde ciertas instituciones tratan de protegerlos de la muerte. La gran mayoría no alcanzan un espacio, y se les ve perderse, en una inacabable fila india, en selvas y poblachos, corriendo a ocultarse para emerger de nuevo, a la siguiente mañana, todas y cada una de las mañanas de su vida.

Y las potencias extranjeras (las que que incautan el mar en El otoño del patriarca) no hacen nada por ayudar al gobierno de Uganda a detener a Kony, o a responder el descaro genocida del gobierno sudanés, entre otras cosas, porque pocos beneficios sacarían de ello. Es difìcil defender el principio de no intervención radicalmente, cuando uno se encuentra con casos como este, en que la no intervención parece colaborar con la perpetuación de este tipo de clamorosa violación de los derechos humanos.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Dicha intervencion seria legal solamente si es autorizada por las Naciones Unidas -a las que hay que reformar sin duda. Pero ningun unilateralismo de gendarme del mundo es a la larga positivo porque socava la construccion de un consenso de respeto del Derecho Internacional, y porque dicha intervencion puede ser una coartada para otras intervenciones nada humanitarias sino simples saqueos.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Ok, claro, pero ese es solamente el punto de partida. La pregunta sigue siendo la misma: las Naciones Unidas no intervienen en el caso de Uganda, de modo que una cantidad de niños están siendo secuestrados, violados, prostituidos, vendidos y esclavizados con la proteccón del gobierno de Sudán, que, como se sabe, además es el impulsor de otro gran genocidio de musulmanes negros en Darfur.

Pero claro, si la comunidad de naciones permite que estos dos casos de genocidio prosigan, se fortalece el "respeto al derecho internacional" y se evitan las "coartadas" para "otras intervenciones".

Hay algo que no funciona ahí, ¿no?

Daniel Salas dijo...

Todo eso funciona mal, pésimo. Cuando Vietnam intervino para derrocar al régimen de Pol Pot, Estados Unidos presentó una resolución condenando a ese país por haber realizado una intervención "ilegal". Este es un caso que en el que deberían intervenir en primer lugar los mismos países africanos. Ojo que el derecho internacional no puede ser solamente el ajuste a ciertos procedimientos formales sino, sobre todo, a principios éticos. Legalidad y justicia no son equivalentes.

Hace unos meses conocí a un sudanés que estaba indignado por la indiferencia de la comunidad internacional ante lo que estaba pasando en su país.

Martín dijo...

No es la primera vez que se ve la indiferencia de las grandes potencias ante tales situaciones... Por ejemplo, muchos indicios apuntan a que el genocidio de Ruanda no se evitó por simple indiferencia… El mismo general canadiense Romeo Dallaire, al mando de los cascos azules en aquella época, denunció esto en más de una ocasión….

Miguel Rodríguez Mondoñedo dijo...

Nadie puede defender el principio de no intervención tan radicalmente que no se puedan evitar estos episodios tan repugnantes. Es tristísimo.

Anónimo dijo...

No sean ridiculos. Dije que la ONU necesita reforma. Las grandes potencias -entre ellos USA- son las grandes responsables del entrampamiento que hace muchas veces inoperativa a la ONU. Por supuesto que hay que intervenir, pero con un mandato de la ONU. No se trata de hacer pasar al jabali por paloma. Las intervenciones humanitarias de la US son nada comparadas con sus intervenciones depredadoras -y lo mismo cabria decir de las otras potencias. Por lo demas, mayor cantidad de niños mueren de hambre en el mundo debido directa o indirectamente a las reglas injustas de comercio internacional (y ya saben quienes manejan esos hilos) que las horrendas explotaciones de menores del tenebroso de Uganda.

Los Claxon dijo...

cómo una noticia tan densa se encuentra en una revista tan frívola?
hablao.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Es cierto que una buena parte de Vanity Fair es frívola. Tambièn es verdad que tienen grandes reportajes, y excelentes colaboradores. En ese mismo número, sin ir más lejos, está el mejor artículo que he leído acerca de la historia personal, familiar y política de Bin Laden. (Bastante condecendiente con Bush, pero enormemente informado y documentado).

Félix Reátegui dijo...

Ya me había llamado la atención, Gustavo, ese "debo confesar" que ponías antes de decir que habías leído el artículo en Vanity Fair. Muchos se dejan llevar por el nombre de la revista (muy literario, por otro lado) y por su "flamboyance" y no reparan en que es una excelente revista donde se escriben algunos de los mejores reportajes en EEUU: Christopher Hitchens, muchos de la recientemente fallecida Marjorie Williams, ensayos de Gore Vidal. De hecho, Gordon Carter, el editor, es un tipo muy interesante, y hace poco se embarcó en no sé qué asunto para poner en aprietos al gobierno de Bush.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Ah, pero, Félix, fíjate que yo decía que "debía confesar" que casi paso por alto el artículo, no me refería a que la lectura de VF fuera un placer culpable.

No sólo es una referencia literaria la del nombre Vanity Fair, sino una muy específica: una novela crítica de la superficialidad de un medio social, pero escrita por alguien que forma parte de ese medio.

Guille, da maus dijo...

Para nadie es secreto que la ONU no sirve, dado que su consejo de seguridad con sus disputas anulan cualquier iniciativa que pudiera tener la secretaria... si es que la tiene. Ya no es secreto los escandalos de corrupciòn en que se ha visto envuelto el mismo secretario Kofi Annan. Los medios guardan mucho silencio al respecto por el afan antiyanqui que tiene en Kofi a uno de sus símbolos.
Con semejante cúpula se puede esperar a que la ONU haga algo al respecto? Ni sus cascos azules se salvan de los escandalos, por cierto.

Anónimo dijo...

Dada la crisis de la ONU, justificas entonces que USA se arrogue unilaterlamente el poder de intervenir militarmente en cualquier otro estado como policia del mundo? Eso es justificar el imperialismo, la ley de la selva, y mientras te tragas la pildora de la ayuda humanitaria te meten el supositorio de una estrategia de control y saqueo del mundo: y tu feliz, conectado.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Bacán, entonces mejor no hacer nada y que sigan muriendo millones.

Anónimo dijo...

Siguen muriendo millones no solo en Uganda, sino en todo el mundo, debido principalmente a las injustas reglas de comercio internacional (manejadas por las grandes potencias). Por supuesto hay que movilizarse, resistir, protestar, exigir cambios. Incluir en los reclamos la intervencion de la ONU en Uganda, exigir que los negociadores de tratados de libre comercio esten realmente favoreciendo al pais y no a unos cuantos -incluidos ellos mismos. Es un problema complejo, que no se resuelve candidamente justificando el imperialismo.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Difícil saber si el último anónimo es el mismo de antes. En todo caso, ambos discuten con su sombra. Proponer intervenciones humanitarias de la comunidad internacional en casos flagrantes de genocidio como los de Uganda y Sudán, nada tienen que ver con la expansión imperialista de Estados Unidos, de modo que los peros que le pone a mi post no tienen sustento salvo en su imaginaciòn, en la que, al parecer, yo habría propuesto que Estados Unidos invada Uganda.