6.12.05

La ciudad de las mujeres

Frida Khalo y Camille Claudel: hermanas de sangre (fotomontaje: gfp).


En El Comercio de hoy aparece una entrevista, en Guadalajara, de Enrique Planas a Raquel Tibol, probablemente la mejor informada y más aguda biógrafa de Frida Khalo, aunque también la más aguafiestas: la que demuestra, en un libro estupendo (Frida Khalo: en su luz más íntima), que la "fridomanía" erró casi todos sus disparos, inventando una heroína ficticia allí donde había existido una gran artista de carne y hueso.

Nada diré sobre el valor de Khalo como pintora, de eso han hablado y hablarán los especialistas. Me sorprende, sí, algo que cuenta Tibol: hace referencia a una teórica del feminismo mexicano según la cual el muralista Diego Rivera, pareja de Khalo, no tenía ningún "pensamiento político", y que era, más bien, una suerte de muñequito de ventrílocuo para las ideas de la verdadera ideóloga: Frida. Especialmente sorprendente si uno sabe que Rivera tuvo una activa y muy pública militancia, y fue, quizá, el más politizado de los artistas plásticos mexicanos de su tiempo.

Ese invento trae a la memoria otro: el del feminismo francés, que acuñó la leyenda de que las esculturas de Auguste Rodin eran en verdad fruto del genio de Camille Claudel, alumna de Rodin, muchos años menor que aquel (como Khalo en relación con Rivera), y su amante por largo tiempo. En ambos casos, numerosos rasgos coinciden: el amor pasional y desbordado, las muchas enfermedades de ambas mujeres, la posición absolutamente central de ambos hombres en el ambiente artístico de su época, el hecho de que ambas parejas estuvieran formadas por personas de un talento inmenso.

Pero la génesis de ambas leyendas es también idéntica: Claudel y Khalo, sin haberlo sido en sus vidas reales, simbolizan a la mujer que gana para sí el papel crucial en la pareja, en la sociedad y en las artes, la mujer que desplaza al macho y al patriarca y que sólo puede ser eclipsada mediante artimañas y mentiras (sobre Rodin pesa la acusación de haber internado a Camille en un manicomio sin que ella sufriera ningún desequilibrio).

Para acuñar las leyendas de Claudel y Khalo, ha tenido que dejarse de lado sus vidas reales: como tantos otros movimientos políticos, el feminismo ha tenido que inventar sus mitos, diseñar a sus precursores, inventar su pasado. No ha podido quedarse en señalar los méritos de gente como estas dos artistas: ha tenido que otorgarles también los méritos de los hombres con quienes convivieron.

Aunque la historia se resiente con esas invenciones, el proceso es comprensible: el feminismo ha tenido que pasar por un momento de acentuada autoafirmación, llevando sus argumentos al extremo. Que figuras como Claudel y Khalo estén siendo reevaluadas a la luz de estudios menos mitificadores por historiadoras y críticas mujeres, habla, creo, de un nuevo momento en el feminismo, uno en que las metas previas han sido en gran parte logradas y asumidas, al menos en ciertas capas de nuestras sociedades, y se puede pasar o otro escalón; pasar, por así decirlo, del mito a la historia.

9 comentarios:

PVLGO dijo...

No es por nada que "feminismo" aparece como una entrada en varias listas negras del escepticismo...

(Que dije? Se entiende? Plop!)

Gustavo Faverón Patriau dijo...

El feminismo tiene muchas corrientes, algunas radicalmente opuestas; quienes son escépticos frente al feminismo en general, suelen desconocer su contenido. La intención de mi post es observar, solamente, cómo hay hoy, entre muchas feministas, un cambio de actitud ante la antigua necesidad de otras feministas de acuñar mitos fundadores.

PVLGO dijo...
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PVLGO dijo...

No conozco a nadie que sea esceptico frente al feminismo en general. La intencion de mi acotacion es, solamente, subrayar el aspecto "mitico" de ciertos discursos feministas. Saludo el cambio de actitud que tu observas.

(Por si acaso, el comentario borrado es este mismo, excepto q con mil typos. Lo q pasa es q estoy en clase.)

Martín Rodríguez-Gaona dijo...

Me parece, Gustavo, que el saludable cambio de actitud que señalas es aún temprano en su aplicación para una sociedad como la peruana. Es decir, aún no hemos institucionalizado figuras fundacionales entre las mujeres del Perú, (y no me refiero a discurso duro, porque allí entramos al espinoso tema de si tenemos una filosofía nacional o no).
Por supuesto, una revisión de paradigmas, el matizar actitudes, suena reconfortante para todos los que hayamos enfrentado la tan común politización de género entre las mujeres del primer mundo. La idea afortunada, como en otros procesos de la cultura peruana,sería dar con quienes establezcan propuestas adecuadas a nuestro entorno (v.g. los siglos que diferencian, en el Perú, a las mujeres que han leído a la Woolf de las demás). Es decir, estamos hablando de lecturas que deben hacer sus propias protagonistas, y es por eso que, repito, no puedo si no echar en falta voces femeninas entre las aportaciones a los interesantes temas que planteas.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Yo no estoy seguro de que no hayamos institucionalizado (o estemos haciéndolo) figuras fundacionales femeninas. Hay una línea clara entre la leyenda tejida en torno a Micaela Bastidas y la de Helena Moyano, por ejemplo, y además es una línea en la que el rol de la mujer pasa de ser la de una codirigente junto al hombre (Bastidas) a la de una dirigente a cuyo lado las figuras masculinas se desvanecen. Es, ciertamente, la de la Moyano, una figura más interesante en ese sentido que las de Claudel o Khalo, porque la suya no es una rebeldía personal ni ha sido mitificada en función de un talento equivalente al de un hombre, sino que es la figura de una mujer involucrada con luchas sociales y con caracter jefatural, guía; además, tiene la virtud de no ser una imagen que viaja de las élites hacia el pueblo, sino que nace en el pueblo mismo.

Diría más: a Moyano no es necesario reevaluarla, como a Khalo o Claudel, porque su halo ha sido siempre realista y su acción fue pública. No es un error decir que Moyano es la figura más heroica en la imaginación popular de los años de la violencia.

Martín Rodríguez-Gaona dijo...

Pertinentes e interesantes las características que señalas sobre Moyano, el problema es que, a pesar de (o precisamente por) su adecuación a un entorno sociohistórico la institucionalización es, ciertamente, incipiente.
Para ser menos vago: 1) Tendrá que pasar el tiempo (50, 100 años, como en los casos de Claudel o Khalo), además (y esto es lo decisivo), la propia cultura peruana deberá estar en condiciones de proponerla, dentro y fuera de sus fronteras.
2)En cierto sentido, una institucionalización pasa por un consenso, cierta identificación con el otro, cosa que, como sabemos, es difícil en nuestro país, todavía. En ese aspecto si es necesario hacer algo con Moyano, reevaluarla o proyectarla interclasistamente, como quieras llamarlo. Y por supuesto, no sólo con ella: después de la violencia y la crisis, por ejemplo, nadie que yo sepa reivindica una figura como la de Chabuca Granda -gran poeta popular-quizá por las mismas y estrechas razones por las que Moyano no es un personaje a tener en cuenta por las jóvenes que asisten a una discoteca en Larcomar.

Y estas relecturas múltiples, también tendrían que ahondar en cuestiones más conflictivas. La imagen de Sarita Colonia en la literatura de los ochenta, por ejemplo. El caso de una supuesta poeta guerrillera en esos mismos años. El suicidio de la animadora de Nubeluz, Mónica Santamaría.

Claro, las lecturas o testimonios protagonistas a reevaluar aquí son las de las propias mujeres: las poetas de los ochenta, que así se les ve siempre, en grupo (y por el espacio, y para descentrar un poco, menciono a dos de las menos visibles: Magdalena Chocano y Ana Varela Tafur).

Y acerca de lo real y la leyenda: ¿reevaluar es sólo aplicable a lo simbólico? ¿No estamos de acuerdo en que una lectura es siempre, y ante todo, una construcción? Creo que es imprescindible hacer arqueología y revisar las obras de mujeres que han participado del discurso literario nacional, cuando tenían las cosas aún más difíciles que ahora: Magda Portal, Blanca Luz Brum, Catita Recavarren, etc. A partir de eso ya escogerán, quienes estén por la labor, qué y cómo institucionalizar.

Anónimo dijo...

Otras: Mama Ocllo, -en lugar de una Malinche tenemos un Felipillo, asi que no cuenta-, Perricholi, Mercedes Cabello, Gisella Valcarcel, Cecilia Tait, Monica Riquets Sanchez Moreno (por guapa), Victoria Guerrero y Erika Ghersi (por ser las mejores poetas chatas del Peru), Viviana Mellet, etc.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Ese comentario anterior deja en claro de qué se quejan las poetas: mientras se hable de hombres, todo suena normal, se puede discutir; si se habla de mujeres, se puede reducir todo a tonterías y bromas idiotas, y anónimas.