2.2.06

Neocostumbristas

En un post anterior me referí a los peligros del "buen oído" para los narradores a quienes el afán de engendrar personajes que hablen como se habla en la calle los conduce a perpetrar actores incapaces de sonar como individuos.

Un problema análogo, directamente conectado, se da cuando, en su empeño de construir protagonistas que representen tipos sociales, grupos, perfiles comunes, un autor descuida su deber de acuñar sujetos con cierta densidad individual.

Nuestra literatura reciente está infestada de libros que responden a ese principio: la necesidad de plasmar tipos y no personas; la urgencia de poner ejemplos en vez de contar historias, de imaginar patrones en lugar de formas únicas.

Son las obras de nuestros neocostumbristas, que se parecen a los antiguos en su jamás coronado afán realista (después de todo, el viejo costumbrismo fue un anuncio del realismo por venir), y se diferencian de sus antecesores en que los de hoy han olvidado la denuncia y la sátira, para entregarse, más bien, al retrato casi cómplice, matizado con una muy leve distancia irónica.

Ese salto cualitativo, pero hacia atrás, que lleva a ciertos autores a brincar a la garrocha cien o doscientos años de historia literaria, para entregarse a modos narrativos olvidados, y despojarlos incluso de los rasgos que hicieron valiosos (y peligrosos) esos modos en su tiempo, explica, creo, por qué a algunos, cuando leemos libros de, por ejemplo, Jaime Bayly o Beto Ortiz, nos queda la sensación de estar leyendo infinitas y cansadas variaciones de la historia del viaje del niño Goyito, pero en versiones inocuas y descremadas.

Imagen: personajes de Pancho Fierro en la Lima del futuro. Fotomontaje: gfp.

4 comentarios:

Tanque de Casma dijo...

El costumbrismo es una corriente algo compleja. Por un lado, rescata costumbres de un lugar o momento, pero por otro las criticaba. Un poco de esquizofrenia, tal vez, pero que tiene sus fans entre los que me incluyo.

Tú hablas del Niño Goyito para señalar las deficiencias de Bayly y Ortiz. (A mi parecer Bayly y similares son al costumbrismo lo que Allende al realismo mágico, pero en fin).

Una crítica frecuente al costumbrismo y a los autores que mencionas es la repetición de sus temas. Sin irnos muy lejos, a principios de siglo XX, surgieron toda una mancha de escritores que trataban un mismo tema pero de forma imaginativa: la huachafa. Este tópico ha tenido sus rebotes en varios autores peruanos desde entonces. Quienes popularizaron el tema fueron Cloamon, Manuel Beingolea, Fausto Gastañeta, entre otros. En ocasiones se repetían fórmulas esquemáticas, pero cada cual dejando su propio sello. El último de los que menciono, Gastañeta, mi favorito, sólo publicó en revistas y periódicos, pero hacía unos juegos metatextuales y batideras a la actualidad política que ya quisiera la China Tudela.

Toda esta parrafada para decirte que sí, pues, Bayly y adláteres no son necesariamente la evolución a mejor de una rica tradición sino todo lo contrario. Sin embargo, creo que habría que preguntarse en qué se convirtió el costumbrismo de principios del XX. (Me parece que Carlos Gallardo se interrogaba sobre el realismo mágico en iguales términos). Tal vez, haciendo una interpretación forzada de tus palabras, se pueda dar el calificativo de neocostumbristas a casi todo el realismo urbano y no sólo a los dos autores que mencionas.

Oskar Matzerath dijo...

¿Alguien me quiere explicar por qué mi estimado Tanque casmeño y el joven Gallardo insisten en esto de las transformaciones? ¿No se dan cuenta de que es (lo digo con respeto y sin animo belicoso) una perogrullada? Es claro que los modales, las formas, los objetivos y las razones de la narrativa se modifican y engendran nuevas variantes constantemente. El realismo proviene simultáneamente del naturalismo y del costumbrismo, y por ello es, en cierta forma, una transformación de ellos, pero eso no me impide señalar que hay un momento en que el naturalismo y el costumbrismo como escuelas se desvanecen y dejan paso a otras cosas.

Tanque de Casma dijo...

Oskar
Metía mi cuchara por el título de este post, Neocostumbristas. El Costumbrismo, el realismo mágico, la novela de caballería, y demás son sólo etiquetas que sirven para ubicar tendencias. Decir que se desvanecen no es exacto, mira tú que Gustavo rescata el término para calificar a Bayly y Ortiz.

El uso de este apelativo, neocostumbristas, lo hace nuestro anfitrión en plan burlón. Intuyo que propone que Bayly, Ortiz y demás compadres que tienen como principal mérito el tener buen oído para el habla, sólo les queda ser epígonos del costumbrismo. Lo que yo sugiero es que la literatura realista urbana peruana es hija, nieta, entenada, sobrina, del costumbrismo, y que el calificar sólo a los menos exitosos de la familia es hacerle un feo a este género. Te sigo discutiendo más tarde (a veces debo chambear en mi trabajo).

Wendy Pepper dijo...

La verdad que no sé quien es un nuevo costumbrista: todo el mundo habla de ellos pero ninguno lo es. Igual tevo decir que todo está muy interesante.

Pasate por mi blog y si querés, intercambiamos enlaces.

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