2.4.06

Un Oscar para Laura Bozzo

El futuro del cine en general está, digamos, un poquito en duda, debido a la caída del número de espectadores que acuden a las salas de proyección en Estados Unidos, el país que sustenta económicamente el circuito comercial internacional y provee más de las tres cuartas partes de la producción mundial.

El futuro del cine Latinoamericano, en cambio, no parece estar en duda: está, más bien, hundido hasta las orejas en un peligro atroz: por primera vez en la historia, el capital de las grandes productoras norteamericanas viene montando planes para favorecer la producción de cine en español estrictamente comercial. ¿El modelo a seguir? Los espantosos y oligofrénicos canales de la televisión latina miamense. Es decir, cuando estas productoras dicen "cine comercial", en verdad quieren decir "cine idiota".

Estas tristes previsiones la encontré en un informe publicado ayer en The New York Times: la industria americana ha detectado que, pese a las casi cuatro decenas de millones de hispanos que pueblan Estados Unidos, las películas latinoamericanas no resultan atractivas comercialmente.

Al parecer, según se alcanza a leer, casi entre líneas, en el artículo, una de las razones de ese escaso éxito es que la mayor parte del cine hecho en nuestros países es artística e intelectualmente más complejo que el cine americano taquillero, y que una buena parte de esa producción, además, trae a la memoria de los migrantes una realidad de la que quieren escapar.

Así que los planes ya están marcha: evaluar los gustos de los latinos a partir de una constatación de cuáles son los programas televisivos más vistos, qué cosas de Telemundo o Univisión convocan a las mayores audiencias, etc., y proceder, a partir de esos hallazgos, a producir las películas que esas audiencias quieran ver en la pantalla grande.

Curiosamente, La mujer de mi hermano, la película basada en la novela de Jaime Bayly, y protagonizada por una exitosa actriz telenovelera, Bárbara Mori, habría sido, por decirlo así, el plan piloto de ese proyecto.

Es muy fácil prever lo que sucederá si el plan tiene éxito: los pocos directores latinoamericanos que siguen confiando en colocar sus películas en el mercado americano para asegurar un nivel de ganancias que mantenga su actividad con vida, se verán por completo desplazados por productos con los cuales les será virtualmente imposible competir, entre otras cosas porque serán hechos por las mismas empresas que controlan los circuitos de distribución.

En otras palabras: un esperpento vergonzoso con mentalidad de Laura Bozzo tendrá más posibilidades de triunfar en Hollywood que, digamos, una película de Francisco Lombardi o Josué Méndez. ¿Y por qué debería preocuparnos lo que Hollywood quiera hacer al respecto? Porque Hollywood, indirectamente, también decide qué películas extranjeras llegan a América Latina. El cine argentino o el mexicano, para entrar en carteleras como la limeña, tendrán ahora que competir con el cine latino de los Estados Unidos. Y lo mismo tendrán que hacer los cineastas peruanos que quieran ver sus películas proyectadas en salas de América Latina.

Imagen: va Bozzo a la pantalla grande. Fotomontaje: gfp.

1 comentario:

Oscar Pita-Grandi dijo...

El último Festival de Cine de Mar del Plata reportó una buena asistencia a las salas. De la calidad de las películas no sé mucho, pues aún no llegan a Lima y dudo que lo hagan todas este año. Sé que "Chicha tu madre" estuvo en varios coqueteos por ser novísima. En fín, no existe taquilla que se pueda comparar a la gringa, así hubieran siempre records como los del Festival argentino, que comparados con los de USA, son nada. No obstante, me alegra saber que el llamado "cine de autor", también se ha vuelto una preocupación en los realizadores de este lado del mundo; aunque esto sea algo romántico, pensado en dólares y regalías.