12.8.06

Esos santos daneses

Hablando de nazis: uno de los grandes debates contemporáneos en torno al tema de la Shoa es el asunto de la responsabilidad del pueblo alemán, de los ciudadanos comunes, en la muerte de millones de judíos durante los años finales del nazismo (el debate que Goldhagen pone sobre el tapete nuevamente cada cierto tiempo).

Otra polémica recurrente se relaciona con el rol de la Iglesia Católica en la Shoa, su pasividad, su desapego o su distancia ante el genocidio judío.

Mi enamorada me alcanzó hace unos días un artículo referido a Daniel Libeskind, el arquitecto autor del Museo Judío de Dinamarca, elegido también para diseñar las edificaciones a contruirse en donde antes se elevaran las torres del World Trade Center en Manhattan.

Buena parte del texto, sin embargo, la ocupa no una reflexión sobre el arte de Libeskind, sino un recuerdo de la actuación de los daneses cristianos en defensa de sus compatriotas judíos durante la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Obviamente, después de leerlo, uno seguirá indeciso acerca del rol de la Iglesia Católica y del pueblo alemán en el genocidio, pero será inevitable pensar algo: si en cada país de Europa hubiera habido una mayoría de cristianos involucrados con su fe y con su moral, y un pueblo decidido a arriesgarse para ayudar al prójimo, como el pueblo de Dinamarca, la historia habría sido muy distinta.

Copio aquí los pasajes del artículo de Juan Pundik que explican la actitud del pueblo danés ante el acoso de los nazis a los judíos:


"Era la mañana del miércoles 29 de septiembre de 1943 en mi escuela en Copenhague. El director irrumpió, nos sacó a todos los niños judíos, clase por clase, nos reunió y nos dijo: corred a vuestras casas,los alemanes vienen hacia aquí. Los mayores estaban atendiendo el servicio matinal, en la vieja sinagoga de la calle Cristal. El rabino Marcus Melchior interrumpió el servicio y les ordenó que regresaran a sus casas, que las abandonaran, y llevaran a sus familias a casa de amigos cristianos. Barcos alemanes estaban llegando al puerto de Copenhague para llevar a los judíos a campos de concentración. Hitler había ordenado limpiar Dinamarca de judíos. En aquella época no se tenía noticia aún de los millones de judíos que Hitler había exterminado. La mayoría de los judíos daneses acataron la indicación del rabino. Se instalaron casi con lo puesto en casa de sus hospitalarios vecinos cristianos. Les dejaron las llaves de sus casas y las de sus comercios".


"De los 7.000 judíos daneses sólo 477 pudieron ser capturados por los nazis y enviados al campo de concentración de Theresienstadt, en Checoslovaquia. Los judíos daneses fueron organizados, guiados y protegidos por daneses no judíos, hospedados en casas de la costa donde pescadores, en sus barcas, nos llevaron hasta Suecia. Muchos de ellos habían sido ingresados por los daneses en hospitales y luego salieron en dirección a la costa en ambulancias e incluso en carruajes fúnebres. Los hospitales de Copenhague salvaron a aproximadamente 2.000 de los 7.000 judíos daneses. Los rollos de la Torá de la sinagoga fueron guardados por los sacerdotes de la Iglesia Trinitatis. El día 2 de octubre de 1943 Herbert Pundik, el autor del libro testimonio de esta historia In Denmark it could not happen, que en aquel tiempo tenía 17 años, sus padres, sus tíos, sus abuelos, que eran también los míos, toda nuestra familia, desembarcaban sanos y salvos en la costa sueca. Por segunda vez la familia Pundik se salvaba de ser víctima del pogromo. La primera había sido en Ucrania, en 1905. En Suecia se verían obligados a permanecer hasta el 5 de mayo, Día de la Liberación".

"Los miles y miles de daneses que nos ayudaron a escapar tuvieron un comportamiento para el cual no hay palabras de elogio y agradecimiento suficientes. Solidaridad, humanidad, amor a sus semejantes. La operación de salvamento fue anónima, silenciosa y sin espectacularidad. No tuvo ni generales ni jefatura. La gente hizo simplemente lo necesario. Cada uno decidió lo que tenía que hacer y así lo llevó a cabo".

"Cuando regresaron a Copenhague, los judíos encontraron sus casas y comercios intactos y cuidados. Algunos ni siquiera supieron a quienes se lo tenían que agradecer. Pero lamentablemente para los judíos la guerra no había terminado. Sólo constituyendo su propia nación podían intentar garantizar que el Holocausto no se repitiera. Herbert Pundik y 35 integrantes de la Brigada Danesa, que con el ejército sueco regresaron a Dinamarca y expulsaron a los nazis de su territorio, se alistaron en la Haganah para luchar por la independencia y supervivencia del proclamado estado de Israel".

Esa imagen

La fotografía que ilustra este post, extraída de un sitio web dedicado al tema de la Shoa en Dinamarca, es, por desgracia, absolutamente insólita, y refleja ese espíritu distinto que demostraron los daneses en la coyuntura del genocidio: un judío danés ha sido capturado por un colaboracionista nazi, y éste se lo lleva arresta. Una multitud de daneses no judíos rodea al nazi y lo obliga a entregar al prisionero judío a la policía danesa. Según se lee en el website, el judío fue luego ayudado a escapar por los policias, en una actitud que fue costumbre: el cuerpo de policía danés se negó a ser copartícipe de la injusticia y sistemáticamente rescató a los judíos de las garras de los nazis.

6 comentarios:

Dedalus dijo...

Hola.

Es verdad, como mencionas en el post anterior, que las SS tuvieron el principal papel en el genocidio. Sin embargo, también es cierto que el Ejército alemán colaboró con la siniestra causa. Por ejemplo, fue cómplice de la matanza perpetrada en el Este (es decir, en el frente ruso).

Habría que decir, además, que en esa época la deserción se pagaba con la muerte. A pesar de ello, hubo valientes voces, aunque escasas. No la de Grass, por cierto, ni la del Papa, ex integrante de las Juventudes Hitlerianas.

Es interesante lo que mencionas sobre el caso danés. Hanna Arendt, en "Eichmann en Jerusalén" se refiere a él, y dice: "Difícil resulta vencer la tentación de recomendar que esta historia sea de obligada enseñanza a todos los estudiantes de ciencias políticas, para que conozcan un poco el formidable poder propio de la acción no violenta y de la resistencia, ante un contrincante que tiene medios de violencia ampliamente superiores".

Pero lo más impresionante del estupendo libro de la filósofa alemana es la descripción del apoyo que prestaron los consejos judíos (instaurados por los nazis en los países conquistados) al genocidio en contra de su propio pueblo.

Saludos.

Dedalus dijo...

Me olvidaba.

En tu lista de nazis famosos, acaso deberías incluir a Carl Schmidt.

Saludos.

René López Villamar dijo...

Ya conocía esta historia, pero se le daba un énfasis distinto. Donde tú resaltas el valor cristiano de los vecinos, yo recordaba que la moraleja de la historia era que los daneses se consideraban daneses primero y judios o cristianos después. Sería, por tanto, un sentido cívico y no religioso el de esta historia.

Eso sí, sin importar la razón, ojalá todos vivieramos en un país con vecinos así.

Saludos

Peluche dijo...

y mejor aun, que los judios hubieran aprendido a ser igualmente solidarios y no desatar la caceria de esa guerra asimetrica que felizmente es ha detenido por el momento.

Cualquiera diria que no han aprendido ninguna leccion.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¿Es decir que el Holocausto fue "una lección"? Eso sólo lo puede decir un ignorante o un criminal.

jbadolph dijo...

magnífico texto. pensar que los daneses son arios de verdad, no como los mestizos alemanes.
José B. Adolph