11.8.06

No todo es espectáculo

Anoche fuimos a ver World Trade Center, la cinta de Oliver Stone sobre los atentados del once de setiembre del 2001 en Manhattan.

No me interesa decir mucho sobre la película misma, excepto que no es gran cosa y que ni siquiera Oliver Stone
--un director acostumbrado a tomarse grandes licencias formales en sus films-- ha sido capaz de vencer el tabú que, mal que bien, sigue pesando sobre el tema en la imaginación norteamericana: su cinta es formulaica, esperable y nada hay en ella que no sea característico de cualquier drama cumplidor para la tarde del domingo.

Me llamó la atención otra cosa: debo de haber visto, sin exagerar, cientos de películas en Estados Unidos, y jamás había estado en una sala tan silenciosa como la de anoche en Brunswick. Casi sobrecogedoramente silenciosa.

He visto películas americanas en cines de este país sobre temas como el genocidio ruandés, el Holocausto, las atrocidades de la esclavitud negra en América, la guerra de Irak, la prostitución infantil en la India, etc. Y jamás dejó de ser claro que, para la mayoría del público sentado en esas salas, no importa la temporal sensación dramática, la empatía fugaz con la ficción, los temas eran sobre todo excusas para el espectáculo.

El público norteamericano aún no ha se ha resignado a que el once de setiembre sea también un espectáculo. Uno quisiera que pudieran tener esa actitud de respeto y recogimiento ante la muerte de los demás, también. Pero, al menos, viendo el lado positivo, no está de más comprobar, como me ocurrió a mí anoche, que Hollywood no es una máquina infalible en su tarea habitual de restar sentido a las cosas y transformar en puro espectáculo hueco, con el distanciamiento que eso implica, a cualquier asunto humano.
Y eso ya es algo.

2 comentarios:

maría mayo dijo...

¿Llegaste a ver United 93?
Aún no veo World Trade Centre así que no puedo comparar. Pero sí te recomiendo la película de Greengrass. Cae en ciertos patrones obvios y predecibles, pero todo con sutileza.

La sala en la que la vi (en Londres) quedó en silencio completo, lo cual no es tan raro. Sin embargo, este era un silencio distinto: solemne y reflexivo. No recuerdo haber visto expresiones compungidas. Las expresiones eran introspectivas y serias.

Daniel Salas dijo...

Parece que vimos la película de Stone el mismo día, Gustavo. A mí me estaba decepcionando enormemente, hasta que recordé que era de Stone.

Uno de los problemas es que, como señala María Mayo, la comparación con United 93 es inevitable. La puesta en escena de Greengrass es mucho más audaz y angustiante y se desarrolla sobre el contrapunto de dos escenarios claustrofílicos: el avión y el comando de aviación. Greengrass logró recrear una sensación generalizada de desorden y desconcierto que puso a prueba un sistema estatal monstruoso y gigantesco pero de mil cabezas, con una cámara en mano que recuerda el estilo de Dogma y que era como un personaje más, que reproducía una mirada de descontrol y desesperación. Y esto parece una consecuencia de la forma descentralizada del Estado en los Estados Unidos, donde no hay nada parecido a un Reniec y en donde la descoordinación entre el FBI, la CIA y las autoridades locales es un problema diario.
Las autoridades se enteraban de lo que estaba ocurriendo a través de la televisión. En contrapunto, los terroristas tenían los objetivos y los métodos clarísimos. El horror no solamente se producía por la violencia involucrada sino por la incapacidad de comprender esa violencia y de responder ante ella.

Stone, en cambio, no puede evadir el modelo heroico del más predecible cine hollywoodense. Una lástima.