30.10.06

A ojo de buen cubero

En los años en que reseñaba libros para las revistas de El Comercio, cuando lo hacía constantemente, uno y a veces dos por semana, descubrí que una buena manera de zafarse del yugo de las editoriales era no condenarse a reseñar siempre la última novedad.

No importa si llegaban dos o tres ejemplares de cierto libro a mi escritorio: casi todas las semanas prefería darme una vuelta por una librería y comprar un ejemplar de cualquier otra cosa (a veces me prestaban muchos títulos distintos y yo al día siguiente elegía uno y lo compraba y devolvía los demás).

A algunos les podía dar la impresión de que mi columna marginaba la novedad y, así, marginaba la producción nacional más reciente. La verdad es que sólo me marginaba a mí mismo de tener que dar una opinión apresurada, entrar en un debate no suficientemente meditado, etc. Unos meses más tarde, con las olas ya reventadas, escribía mi comentario, si quería, y ya.

Leo, en
Correo, la reseña de Olga Rodríguez Ulloa a la última novela de Fernando Ampuero y me encuentro con esta reflexión final de la comentarista:

"Lo que me gustaría comentar es la falta de desprendimiento del grupo editorial Planeta, el más grande de habla hispana, que entrega solamente un volumen por redacción. Con las ganas que tenía de poseer mi propio ejemplar de
Puta linda. Como a las putas, a los libros de Planeta hay que compartirlos".

Ustedes me dirán si ese es un comentario apropiado dentro de la reseña de una novela que merece todo el respeto posible de parte del comentarista. ¿Qué tienen que ver con la reseña las pataletas de una reseñadora que no recibe el obsequio deseado de una editorial?

La reseña de
Rodríguez Ulloa resume el argumento de la novela y no añade casi ninguna opinión, salvo que la novela, como su autor y sus personajes, "no se hace demasiados problemas". Gasta tres cuartas partes del texto en resumir el libro y casi una cuarta parte en referirse al autor y a la editorial. ¿No le hubiera convenido usar esas líneas en sustentar un poco su idea?

Tarea difícil, si uno tiene en cuenta que su "idea" está expresada de forma tan intelectualmente contundente como queda graficado en esta frase suya: "el mercado literario es igualmente demandante que el sexual y --tasando así nomás, al ojo-- la
Puta linda de Ampuero no pasa la prueba".

Hace bien
Rodríguez Ulloa en hablar de "mercado literario", porque, de hecho, algo de eso es lo que está en el origen del problema. Y me refiero al problema de que reseñas de tan baja calidad sean publicadas en la prensa nacional.

La cosa es que los periódicos, reacios a pagar un sueldo decente a críticos preparados, andan regalando espacios a cambio de nada o casi nada, y consiguen críticos poco menos que
ad honorem, que convierten sus columnas en lugares para pedir libros gratuitos y opinar sobre obras literarias "tasando así nomás, al ojo".

3 comentarios:

baudelaire3 dijo...

Todavía no leo la novela de Ampuero, pero así -al ojo nomás- dudo que merezca ser despachada como lo hizo la reseñista de marras. Durante dos años escribí distintas reseñas en el desaparecido diario La Época, de Stgo., y luego lo he hecho en una serie de revistas académicas. No veo -ni nunca vi- razón alguna para tomarse menos en serio una reseña que un paper o cualquier otro escrito. Lástima lo que cuentas de la prensa peruana. En Chile la situación, te lo aseguro, es infinitamente peor. Atte., CGO

MAX PALACIOS dijo...

Hola Gustavo:
Alguna vez opine sobre los críticos y los reseñista, y afirme que los primeros (salvo raras excepciones) tienen una base académica para acercarse a un texto literario y poder realizar un análisis e interpretación del mismo; en tanto que los segundos, en casi todos los casos(salvo raras excepciones), carecen de esa preparación, y con respecto a ellos (los reseñistas) mencioné en un medio escrito que escribir para ellos "es como darle de oler flores a un enfermo de gripe". También me referí a los reseñista de los diarios de a medio sol y creo que ahora, apreciando el tipo de reseña que mencionas en el presente post, puedes entender a que tipo de reseñistas me refería. Creo, como muchos lo desearían, que la crítica literaria no puede estar en manos de personas que ni siquiera tengan los medios necesarios para acceder a un texto, dado que ello se prestaria a suspicacias. Pongamos un ejemplo: Si partimos de la lógica de que las editoriales no tienen porque ser mezquinas al momento de entregar los libros que publican, entonces ¿tendrían que ser más desprendidas para tener contentos a los críticos y reseñistas y de esta manera poder obtener un favor de ellos?
No podemos caer en ese tipo de situaciones, por el bien de la literatura y, sobre todo, por el bien de los lectores.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Sin duda el primer problema está en el poco interés que tienen los diarios mismos por remunerar bien a sus comentaristas. Si lo hicieran, podrían exigir calidad y buscar a los más competentes.