24.5.07

Littel sobre Cho Seung-hui

Versión en español del debatido artículo del escritor franco-americano

A través del blog de Iván Thays, que a su vez cita como fuente el de Patricia de Souza, llego al artículo del novelista franco-americano Jonathan Littell sobre Cho Seung-hui, el muchacho coreano que el mes pasado asesinara a treinta y dos personas en el campus de Virginia Tech.

En su post El asesino escritor, Iván se refiere a lo escrito por Littell como "polémico" y "difícil de digerir". A su vez, Patricia de Souza, en el texto titulado Sendero Luminoso, acusa a Littell de cínico y de haber hecho "una apología de las virtudes artísticas" del asesino de Virginia Tech a partir de la lectura de las dos obras teatrales de Cho Seung-hui que circulan en internet (y que yo mismo enlacé semanas atrás, como pueden ver aquí).

Yo tengo que diferir con Iván y con Patricia. El texto de Littell --titulado Cho Seung-hui, ou l´ecriture du cauchemar-- no ensaya ninguna defensa de las "virtudes artísticas" de Cho Seung-hui. Más bien, dice explícitamente que el asesino de Virginia Tech carecía de talento creativo. De hecho, Littell describe las piezas teatrales de Cho Seung-hui como "torpes y juveniles".

Lo que sí afirma (y ese es el centro argumental de su artículo) es que esas piezas eran la expresión veraz de un mundo interior adelescente, desgarrado, opresivo, oprimido y torturado, y parece preguntarse qué hubiera sucedido si sus compañeros de clase y sus profesores de escritura creativa hubieran atendido compasivamente al contenido de esos textos en lugar de espantarse de ellos, censurarlos o intentar reprimir a su autor. Ciertamente, Littell no responde a esa compleja interrogante.

En su comentario, Patricia de Souza anota lo siguiente (presten atención, sobre todo, a la pregunta final:
"Hay una categoría que el lenguaje no expresa, y es ¿cómo se puede ser indiferente al dolor del otro? Hay posturas cínicas, la más reciente es la de Jonathan Littell haciendo una apología de las virtudes artísticas del asesino en serie de la universidad en Estados Unidos. ¿Se puede hablar de un psicópata como si fuese un artista?"
Yo tengo la impresión de que Littell no es nada cínico; incluso, creo que es de los pocos que han hecho el esfuerzo (fácilmente malentendible) de intentar ser empático no sólo con las víctimas sino también con el victimario: no ser empático con él en su rol homicida, sino en el proceso que vivió para llegar a él.

Littell construye un argumento que puede ser, como dice Iván, "difícil de digerir", pero que no es nada extraño en muchas concepciones del arte: parece referirse a la creación artística como un intento reconciliatorio con el mundo, incluso cuando la obra no hace otra cosa que verbalizar el desencuentro. Acaso detrás de las palabras de Littell se esconde una noción terapéutica del arte, no poco freudiana: la del artista como un ser que ritualiza y normaliza sus instintos más potencialmente perversos, precisamente, al transformarlos en formas socialmente aceptadas de violencia, es decir, en arte.

En los días posteriores a la masacre de Virginia Tech, uno podía fácilmente clasificar al público americano en dos grupos: aquellos que decían que las obras de teatro de Cho Seung-hui habían sido un aviso evidente de la desgracia venidera, y que su autor debía haber sido confinado a un manicomio desde que las escribió, y aquellos que, como yo, respondían: ¿entonces por qué no encerramos también a Quentin Tarantino o a Robert Rodríguez?: es evidente que la más aterradora y desbordada violencia, en una obra de arte, no es síntoma de que su autor sea un sociópata, un psicópata, un futuro criminal. Y no tengo muy claro por qué, si alguien tiene mucho talento para expresar esa violencia, es un verdadero "artista", y, si no lo tiene, es un simple "psicópata".

Claro, el día en que Tarantino asesine a alguien, aparecerán miles de observadores diciendo: yo lo advertí, this was an accident waiting to happen. El hecho es que, si concordamos en que la ausencia o la presencia de talento no son el rasgo clave para diferenciar a un psicópata de un artista (es cierto lo que observa Littell: Cho Seung-hui era menos malo que varios escritores publicados) y aceptamos también algo más evidente: que "psicópata" y "artista" no son categorías opuestas, tendremos que aceptar una cosa más: que casos como el de Cho Seung-hui nos permiten ver la naturaleza largamente arbitraria de esa frontera que desde siempre nos esforzamos en trazar: la línea borrosa entre la cordura y la locura. Es más, lo que el caso nos permite ver es que a veces la línea se traza en los hechos, y no en la mente de las personas: en cierta forma, un día antes de la matanza, Cho Seung-hui no era otra cosa que un mal escritor con enormes defectos de socialización; un día después, en cambio, era indiscutiblemente el cadáver de un psicópata.

Ahora sí: mi amigo Félix Reátegui me ha hecho llegar una rápida traducción al español, hecha por él mismo, del artículo de Littell en Le Monde, así que lo coloco a continuación para que juzguen por ustedes mismos.

Cho Seung-hui, o la escritura de la pesadilla
Por Jonathan Littell, Le Monde
(Traducción de Félix Reátegui)

Antes de liquidar con frialdad a 32 personas y de volver su arma contra su rostro, Cho Seung-hui, el asesino de Virginia Tech, escribía, según nos enteramos, piezas de teatro; gracias al comedimiento de uno de sus ex condiscípulos, dos de ellas se encuentran ahora disponibles en Internet.

Leyéndolas, nadie podrá decir que Cho Seung-hui poseía talento. Sin embargo, estas breves piezas, torpes y juveniles, nos dicen crudamente la verdad de una rabia sin fondo mejor que como lo hacen numerosas obras publicadas. Y si aceptamos hacer nuestra la definición de la literatura que propone Georges Bataille, aquella que habla de textos a los cuales “sensiblemente su autor ha sido constreñido”,[1] entonces, de un cierto modo, debemos reconocer que aquí hay literatura, una forma de literatura: algo que se dice.

Lo que me impresiona son las reacciones inmediatas de sus compañeros de clase. Uno de ellos escribe en la red que las piezas de Cho Seung-hui “parece surgidas de una pesadilla” y que al leerlas los estudiantes de preguntaban entre ellos si él se convertiría en otro asesino escolar. “Cuando los estudiantes criticaban su pieza en clase, escogíamos nuestras palabras cuidadosamente ante la posibilidad de que él hubiera decidido estallar”. Habría mucho que decir sobre la visión del mundo transmitida por esa palabra: “decidido”. No solamente los estudiantes se hallaban atemorizados por los textos de Cho Seung-hui: su profesora de escritura[2], una poeta conocida, lo había expulsado de su clase, “intimidada” por sus poemas “obscenos y violentos” y por sus modales. La directora del departamento de inglés de la universidad resultó tan perturbada al leer sus piezas de teatro que las remitió a sus superiores y a la policía, quienes respondieron, para su desesperanza, que ellos “no podían hacer nada al respecto”.

Ahora bien, con esos medios insignificantes y desmañados Cho Seung-hui decía mucho en esas páginas: el terror abyecto del adolescente de contornos imprecisos, terror que asalta todo el cuerpo, que regresa como mierda, vejez, obesidad y obsesión con la sodomía; que aparece figurado bajo la forma del mazacote que atraganta (una barra de cereales de plátano embutida en la boca del suegro aborrecido, bella metáfora); como la prohibición impuesta al juego (tres fugitivos, menores de edad, se encuentran en un casino del que serán echados después de haber ganado); como una madre pasiva y violada; como la angustia del incesto (claramente presentado aquí como el fantasma que devasta al adolescente, el cual busca por todos los medios provocar el gesto asesino que lo matará). Todo esto ya es bastante, incluso si es poco bajo otro contexto, y aun si tiene que ver tanto con la psicopatología que con la literatura: esto comienza a hablar, precisamente eso que Cho Seung-hui no sabía hacer (“Sólo respondía con una palabra”; “jamás intentaba sostener una conversación”; "no creo haber oído nunca su voz”). Y sin embargo, nadie, ni sus compañeros ni sus profesores, acepta ver que aquí hay textos: para ellos, sólo hay amenaza, un grito que limita con lo inarticulado.

Paso a la acción

Lo dicen de modo explícito: desde que lo leyeron, supieron (sospecharon) que se trataba de un asesino (potencial). A nadie se le ocurre que él pueda haberse convertido en asesino porque nadie lo supo leer. No podemos especular, con tan pocos elementos, sobre aquello que habitaba en (o mejor: “a”) Cho Seung-hui, sobre aquello que vino a interponerse como una pantalla entre él y el mundo. Pero me parece importante lo siguiente: antes de comprar armas, Cho Seung-hui hizo el intento de escribir, de poner en escena, ante sus pares, los elementos de su confusión.

Se ha juzgado ―siempre se juzga― que esta tentativa tenía más que ver con la psiquiatría, e incluso con la policía, que con la literatura ―la cual, sin embargo, desde que existe, no hace otra cosa que decir aquello que no puede ser dicho de otro modo. Sólo cuando la literatura le fue negada,[3] Cho Seung-hui pasó a la acción.

Y cuando se puso a matar, lo hizo en silencio.


[1] O “forzado”, “obligado”.

[2] Supongo que en el sentido de escritura creativa antes que de redacción

[3] Aquí hay algo entre paréntesis que no llego a descifrar.

24 comentarios:

Anónimo dijo...

Otra cosa que habría que cuestionar a la mirada de De Souza es que una psicopatía no es incompatible con el carácter de un artista, por más que este pobre joven coreano no lo sea.

ALAN Ele dijo...

Claro, es como deducir que el guionista creador de Hannibal Lecter es un psicópata potencialmente peligroso.

Alan Luna

Daniel Salas dijo...

Una vez que ocurren los hechos, es fácil inventar las profecías y llamar la atención sobre "lo evidentes" que eran las evidencias.

Ahora bien: concuerdo con tu observación de que el texto de Littel no es una apología; sin embargo, no me termina de convencer. La hipótesis de que se volvió un asesino porque nadie lo supo leer puede ser tan válida como la hipótesis de que no le importaba ser leído ni comprendido. Hay un caso en el Perú que nos puede servir de comparación: el de Hildebrando Pérez Huarancca. ¿La escritura y el crimen son textos para ser descifrados o más bien (lo que yo pienso) son obras destinadas a imponerse en la realidad?

Anónimo dijo...

apresuramiento de Patricia de Souza, pues no vamos a dudar de sus habilidades con el francés, ya que ella tiene años en Francia y ha traducido a escritores franceses. Muchas veces el animus moralis nos gana y terminamos afirmando despropósitos.

Ivan Thays dijo...

Hola Gustavo,

quizá no fui suficientemente claro al decir que lo que me parecía "difícil de digerir" y "polémico" no me refería a la afirmación de Patricia de que Litell pensaba que CSH era buen escritor (no lo piensa), sino a que él tratara de justificar los crímenes atroces con el argumento "nadie lo supo leer". ¿No te parece que, de algún modo, hay aquí una justificación de Litell hacia el criminal sólo porque intentó "advertir" a todo el mundo a través de sus obras de teatro? Me pareció ver a un abogado que trata de atenuar la culpa de su defendido. Y lo que es peor, finalmente incluso termina que echándole la culpa a los demás de los crímenes: "Sólo cuando la literatura le fue negada,[3] Cho Seung-hui pasó a la acción. Y cuando se puso a matar, lo hizo en silencio."

Yo lo he vuelto a leer, ahora traducido por Félix, y me sigue pareciendo que es eso es, de algún modo, lo que pretende o consigue Litell a través de una reflexión sobre el arte, y pese a que estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dices aún me cuesta digerirlo.

saludos,

IVAN

Óscar dijo...

Me parece bien interesante el asunto que se plantea de si se debe o no (y dónde) poner límites al arte "socialmente aceptable". No hace mucho escuchaba en un congreso de escritores un debate sobre este mismo asunto, ¿tiene el escritor responsabilidad ética sobre lo que escribe? ¿Es capaz de "crear" violencia? ¿Se debe escribir -o representar- cualquier violencia? ¿Debemos reproducir o hablar de los actos más atroces? En fin, ¿hasta que punto aceptamos la violencia en el arte? Sin caer en defensas airadas de la libertad de expresión y antes de empezar a hacer marchas contra la censura, me parece que este será un tema del que escucharemos mucho más en los años por venir. Un muy cordial saludo.

Llullasunqu dijo...

Si fueras medico serias un buen cirujano. Lei los post de Patricia e Ivan y el tuyo llega a la medula. Separas, por asi decirlo, el tejido sano del enfermo. Al Cesar lo que es del Cesar.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Hola a todos.

Yo no creo, Iván, en el fondo, que Littell esté justificando al asesino. Más bien pienso que está poniendo sobre el tapete el asunto de la interpretación de sus síntomas. Yo he leído esas obras de teatro y me parecen malísimas pero no más violentas ni más obscenas que muchas otras cosas que circulan por allí, hechas por autores respetables. Sin embargo, cuando su profesora de escritura creativa las leyó, antes que cualquier esfuerzo por conversar con el sujeto, lo que hizo fue pedir protección especial contra él. Ahora bien: eso quizá tiene que ver más que con los textos, con la actitud del pata en clases, que debe de haber sido, por decir lo menos, singular, para forzar a la profesora a una medida así. Acaso el pecado de Littell radica en reducir el asunto a un problema textual, como si Cho Seung-hui no hubiera dado otro tipo de señal, más violenta y peligrosa, fuera de sus textos.

Anónimo dijo...

coincido con lo que dices gustavo y a continuacion trato de pasar al texto algunas ideas sobre el tema de tu post y lo que expresa de sousa en relacion a litell.
creo que lo anecdotico son las obras de teatro que este joven escribio. una asesino en serie, un psicopata y en general cualquier criminal (abimael guzman, montesinos, etc) pueden escribir historias, cuentos, hasta novelas si desean, pero todo esto no tendra nunca nivel o categoria artistica. estoy convencido que un psicopata nunca puede ser un artista porq la mente psicopatica solo proyecta como defensa lo que lleva en su interior: deseo de destruccion. son mentes regidas por un deseo de destruccion y no por un deseo de creacion.
por el contrario un artista es un ser extremadamente sensible y en el fondo de su mente solo le interesa crear y proyectar objetos de belleza, la celebracion de la vida se refleja en su arte.
sin embargo este tema es para mi complejisimo porq existen casos en la literatura, de escritores que han obtado por la terrible opcion del suicidio, al igual que el joven coreano csh. me pregunto en que difiere el suicidio de jose maria arguedas, o el suicidio del poeta hernandez o de caicedo o de la pizarnick del suicidio de csh? yo creo que los suicidios de estos escritores reflejan una decision personalisima y "sin molestar a nadie"; ellos se fueron de esta vida porq probablemente sintieron una inmensa frustracion con relacion al entorno que los rodeaba, y a ellos mismos como seres humanos de extrema sensibilidad: tomaron la decision de la manera mas racional que uno pueda imaginarse y creo que al menos en uno de ellos anunciandolo con anterioridad. creo en esos suicidios como la culminacion de una vida etica y moralmente consecuentes.
hay un par de escritores japoneses que tambien tomaron la decision del suicidio (kawabata, y el extraordinario yukio mishima que luego del "amanecer del 25 de noviembre de 1970, coloco en un sobre la version terminada de La decadencia de un Angel. A las 11 de la mañana, acompañado de los cuatro cadetes, llego a los cuarteles de Ishigaya del Ejercito Oriental, en el corazon de Tokio. Tras tomar como rehen al general Kanetoshi Mashita, salio al balcon de su oficina y leyo un manifiesto, tratando de convencer a los soldados de volver al viejo orden espiritual de la nacion y levantarse para salvar al Japon de las amenazas del exterior. Acabada su alocusion y tras gritar tres veces "Larga vida a Su Mjestad el Emperador", cometio seppuku, el suicidio ritual japones. El funeral se realizo en enero de 1971, en una ceremonia dirigida por Kawabata" (tomado de Jorge Cornejo Calle en Escritores del siglo XX-Diario Expreso, INC y URP)
como comprender la naturaleza de semejantes decisiones? creo que debemos analizar cada caso en particular y el del joven coreano como psicopata nato arrastro en su suicidio a 32 vidas inocentes debido al goce que encontro en esa actitud sadica. no soy psicologo, por tanto no tengo elementos para siquiera tratar de entender lo que esa mente alterada experimento antes y durante semejante acto de salvajismo. en todo caso me arriesgaria a comentar que la realidad siempre va a superar a la ficcion y por ello mismo creo que la ficcion -al margen de la estetica y el arte- es una proyeccion de nuestras mentes para de alguna manera mantenernos dentro de los linderos de la cordura.
saludos

Ivan Thays dijo...

Hola Gustavo,
tengo entendido que luego de leer esas obras, la profesora también pidió ayuda psiquiátrica para su alumno. No sé qué más se podía hacer...

saludos

IVAN

Gustavo Faverón Patriau dijo...

De hecho, hay dos profesoras, la de teatro y la de poesía (el pata hacía un major en literatura). Una de ellas pidió atención psiquiátrica para el tipo, la otra pidió un guachimán para la puerta del salón. En retrospectiva, quizá la segunda hizo el pedido que hubiera sido más práctico.

LuchinG dijo...

Tal vez a lo que se refería el articulista era a que cuando a uno se le cierra las puertas de la comunicación (no de la literatura, que sólo es una de las formas de puede tomar ella) es que uno se ve impulsado a seguir el camino de la violencia. Que esa comunicación haya estado impedida por su propio estado mental, es otra cosa. Tal vez con un par menos de chicotes cruzados, el pata se habría inventado un alter-ego y estaría de comentarista por acá, y esa masacre no habría ocurrido.

Anónimo de las 10:40 PM: está chévere tu post, muy interesante, pero mejor comenta con un alter ego, ¿sí? :)

Anónimo dijo...

yo tampoco creo que littell sea muy polémico o controversial con el asunto, aunque sí me parece que es poco justo con el trabajo que hizo la universidad como comunidad. cho seung-hui termino en consejeria -ya sea por compasión o por temor, no se si eso sea muy importante- y fue derivado a un psiquiatra. y el tratamiento no funcionó como no han funcionado muchos otros.

en esteeste interesante articulo aparecido en The Chronicle Review se lee lo siguiente:

"we must take our hats off to those at Virginia Tech who did exactly what we would want them to do. They alerted the counseling staff to the scary writing submitted by the shooter; they tried to cajole him into treatment; and they warned the police. Sadly, while that kind of effort will often make a critical difference, it failed in this instance." Cabría agregar que no sólo fue por los textos, sino además por el muy extraño comportamiento social de Cho.

otro punto interesante es el del suicidio, que tocó un comentarista. que haya artistas que se suiciden -y que lo anuncien con anterioridad- no los hace más consecuentes! (ni tampoco más o menos artistas). quizá algun especialista pueda aclarar mejor el asunto, pero por lo que yo tengo entendido, en un 90% de los casos de suicidio existe SIEMPRE un factor psicopatológico. o sea, hay una enfermedad mental involucrada, mayormente depresión clínica o un desorden bipolar (mania-depresiva). es tentador "romantizar" el suicidio desde un texto, pero lo cierto es que es un horroroso y espantoso punto final a una larga agonía contra una enfermedad. me parece que cho sufrió esto en carne propia y desde ese punto de vista debería tener toda nuestra compasión (littell se la tiene y en ese sentido leo su frase final).

pero también es verdad que la mayoría de suicidas no son homicidas (es más, muchos no quieren ni por asomo afectar a los demás o tratan de minimizar las consecuencias de su acto final). aquí también habría que ver que tanto esta triste variante de "suicide by cop" -una forma de suicidio muy moderna donde una persona se coloca en una situación que provoca su eliminación por parte de la policía- está mutando en monstruosamente.

saludos

Luis

Daniel Salas dijo...

Antes que me olvide: ¿Alguien ha escuchado completo el único disco grabado por el mismo Charles Manson? Se llama Lie: The Love and The Terror Club. Sinceramente, me parece muy bueno y no le objetaría nada si no conociera el nombre del intérprete. Si no me equivoco, Manson grabó ese disco en prisión, después de cometidos los crímenes y su crédito como co-autor de alguna canción aparece en un disco de Beach Boys.

Anónimo dijo...

luching no te chicotees, ok?

saludos,
anonimo de las 10y40

Anónimo dijo...

la pregunta sigue vigente:
¿se puede considerar a un psicopata (un genocida, un asesino en serie, etc) como un artista?
Daniel Salas pone el ejemplo de Charles Mason y su CD post crimen grabado en prision. Yo diria que en ese caso hay un atenuante, y es que la fase de climax criminal ya habia terminado... en todo caso este ejemplo nos lleva a otra interrogante: ¿un psicopata puede dejar de serlo? en otras palabras puede empezar a experimentar la culpa que finalmente le permita reintegrarse a la sociedad?
Acabo de pensar en otra artista, aunque de exitos limitados e interrumpidos en la danza moderna: la senderista Maritza Garrido Lecca. En ella podriamos encontrar otro caso de conducta psicopatica vinculada al arte. O tal vez ella no debe ser considerada artista en la medida que su carrera artistica fue anulada por, digamos, su militancia terrorista.

anonimo de las 10y40

Daniel Salas dijo...

Intervengo de nuevo sólo para aclarar que el nombre del disco de Manson, para los interesados, es "Lie: The Love and The Terror Cult". Disculpas por el error.

Alvaro Bisama dijo...

Gustavo: te dejo mi columna sobre el tema que salió en el mercurio, a una o dos semanas del hecho. saludos chilenos.

a.

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Fotos

Por Alvaro Bisama

Luego de la masacre de Virginia Tech, no debe faltar el policía dispuesto a buscar asesinos en los cursos de escritura creativa. Porque eso estudiaba Cho Seung-Hui: escribía o quería ser escritor y desataba en el papel fantasías que hubieran hecho felices a algún cultor del teatro in yer face. Hasta ahí todo bien. Pero sucede que Seung-Hui se armó hasta los dientes y mató a decenas de personas, luego de mandar a la NBC una selección de fotos y videos donde aparecía sucesivamente con un martillo en la mano, apuntando con armas automáticas, fingiendo degollarse, mostrando los dientes a la cámara.
Pero Cho Seung-Hui no recordaba en esas fotos sólo a psicópatas cinematográficos. Recordaba también a Yukio Mishima, en esa interminable y fragmentada colección de retratos suyos donde progresivamente adelantaba su propio futuro sacrificial o simplemente eran un esfuerzo desesperado para lucir lo mejor posible en la solapa de sus libros. Fotos inquietantes, que concentraban pavorosamente sus fetiches y cambios cosméticos y lo ligaban a aquel universo de mártires y héroes del que quería ser parte pero no podía, porque él mismo no era más que un chiste, un muerto que llevaba demasiados años vivo.
En algunas de sus fotos, Mishima era San Sebastián, sostenía una espada una y otra vez; aparecía erguido en un balcón lanzando una proclama. En otras, fotograma tras fotograma y wakizashi en mano, Mishima lentamente se abría el vientre y fingía la muerte honrosa que no tendría jamás: imágenes perturbadoras y artificiales donde posaba solazándose con su propia extinción; una pietá a la que nadie llega a asistir. Una muerte fotográfica que lo llenaba de un honor falso que quería remedar el verdadero, aquel de quienes –como los kamikazes- fueron capaces de dar su vida por el Emperador. De ahí que pareciera que el destino final (el secuestro de una autoridad militar, su fallido discurso, su mal ejecutada muerte) de Mishima no fuera nada más que un intento de lucir a la altura de sus propias fotos, de poder habitar aquel imaginario nacionalista para poder sentir que su vida no era una burla , que podía acceder alguna vez a un pedacito de gloria.
Por supuesto, nada de eso se puede decir de Cho Seung-Hui; pero hay algo en estas fotografías de ambos que los hermana, que los acerca. Es como si todas esas instantáneas compusieran una última y secreta novela, un juego macabro donde las trampas de luz y sombra permitieran acceder a una intimidad vedada para la palabra, exhibiendo un rosebud final que permitiera ligar todos los fragmentos de la escritura o la personalidad suyas.
Una especie de teoría: bastaría así mirar las fotos de un autor para comprender cuán profundas son sus aguas, cuán turbias podrían llegar a ser. Por algo Salinger le tiene pavor a las imágenes. Por algo Pynchon en las solapas se presenta a lo más una foto carné que puede ser falsa. Por algo Vonnegut siempre sonríe como si nada le importara.
Por supuesto, Susan Sontag podría explicar todo esto mejor que yo; pero, a la hora de entender qué pasó en Virginia Tech, las fotos de Yukio Mishima, esos apuntes de la crónica de su muerte anunciada, resultan más claros que cualquier clave forense. Mishima y Cho Seung-Hui comparten el misterio, el ansia de revancha, el fetichismo, la estética de una violencia anhelada. Comparten el mismo anhelo roto respecto a la palabra, que nos les alcanza, que les queda corta a la hora de retratar demonios y traumas. Sólo la fotografía penetra en su interior, retratándolos en el segundo exacto en que cambian de piel y se convierten en alguna clase de monstruos.

Anónimo dijo...

ahora si que la veo clarita, luego de leer a alvaro bisama (a)"el amigo del sur" y aportar esa cantidad de datos atribuibles y mas que probables de yukio mishima, me queda solamente realizar una especie de analogia a modo de comentario final sobre el paralelo del suicidio de ambos.

MISHIMA - escritor - exibicionista/pasivo/realizado - suicida publicitario/benigno
masoquista consumado


CHO SEUNG-HUI - anti escritor -
exibicionista/activo/reprimido - suicida publicitario/maligno
sadico realizado

slds.
anonimo de las 10y40

p.d: que interesante reflexion la de bisama.

Anónimo dijo...

Por favor, me parece una barbaridad tratar de forzar la putrefacta psicologia del asesino Cho Seung-Hui para intentar hurgar entre sus escritos, meras confesiones de una cabeza atormentada, e intentar encontrarle un valor, una pista literaria. Es un grave pecado literario confundir la realidad con la ficcion.

Anónimo dijo...

Yo no creo que sea ningun "grave pecado literario" (ni venial ni mortal, ni nada por el estilo) confundir la realidad con la ficcion. En todo caso creo que tu estas confundido, anonimo de las 4 y 26.
No podria existir ficcion sin realidad, la ficcion, que es parte de la realidad, necesita de esta para poder existir.
En todo caso reiteraria que la realidad sera siempre mas terrible que la ficcion y es por ello que existe el arte, para apaciguar, amainar o contrarrestar las terribles y no menos sorpresivas corrientes que la realidad nos suele deparar cada cierto tiempo y ultimamente, diria que a cada rato (sino toma un diario y ponte a leer las noticias)
Nada sacamos "ocultando" la realidad de lo que es capaz de llevar a cabo el ser humano y no creo tampoco que Cho Seung-Hui haya tenido una mente o una psicologia putrefacta, solo el cuerpo y la materia animal cuando dejan de tener vida, se descomponen, pero la mente de una persona sea quien sea no esta podrida ni en vida ni despues de ella, en todo caso puede estar irreversiblemente alterada, como la del estudiante coreano. Me pregunto hasta que punto, el hecho de haber elegido estudiar Literatura, haya sido un detonante en su caso particular, hacia el camino irreversible de la auto-destruccion. Tal vez si se hubiera decidido por la fisica cuantica o por la jardineria otro habria sido su derrotero, pero por este camino siento que no llego a nada (la ficcion como que se me quiere infiltrar en lo meramente especulativo)
Hay muchas personas que al descubrir su verdadera naturaleza psiquica no tienen elementos para contrarrestarla o para convivir con esta. (Cho Seung-Hui estaba absolutamente convencido de que alguien lo perseguia y absolutamente convencido de la decision que tomo como la mas correcta. Pero era el y no los otros, quien actuo en esa secuela desesperada de defensa -su propia paranoia persecutoria- y por eso en los ultimos minutos de su vida mata en silencio; las palabras ya no existen y el sentido de la realidad tampoco y toda esta historia es parte de la realidad y nada tiene que ver con la ficcion)

Un verdadero artista no puede fingir, el arte no es ninguna defensa, sino mas bien una expresion de seguridad desde uno mismo hacia la sociedad o hacia uno mismo en su entorno mas inmediato (amigos, familia, hermanos). Es una expresion de la libertad que se desea y casi siempre desde una posicion incomoda y desventajosa, cual es la de crear en y desde la soledad.
Al final terminamos perdiendo
atte.

anonimo de las 10y40

Susana Frisancho dijo...

Respecto al tratamiento que se dió a Cho, quizá fué lo único que se pudo hacer. Hay un caso emblemático en psicología, el de Tatiana Tarasoff vs. la Universidad de California, que aunque diferente, tiene alguna resemblanza. Prosenjit Poddar era paciente del Dr. Lawrence Moore en la Universidad de Berkeley, y durante las sesiones d eterapia le confesó que pensaba matar a Tatiana Tarasoff, una chica con quien estaba obsesionado (y que al parecer no le había dado pelota). El Dr. Moore llamó a la policía pero cuando esta entrevistó a Poddar él parecía completamente racional, así que lo soltaron, y luego el supervisor de Moore ordenó que Poddar ya no siguiera detenido. Consecuencia: Poddar asesinó a Tatiana. ¿Crimen avisado? Completamente. ¿Se pudo hacer más? Obviamente la famlia de Tatiana demandó a Moore y a la Universidad por no haber sido ellos ni la misma víctima avisados.

LuchinG dijo...

Lo que no entiendo es por qué se quiere separar al "artista" del resto de la raza humana. Por supuesto que el punto de vista de alguien que está buscando sacar de su cabeza una imagen o idea de una determianda forma debe ser distinto que el del pata que se conforma con repetir el mismo chiste una y otra vez todos los días, pero otorgarle una sensibilidad aparte al "artista", no me parece correcto. ¿Cuántos de los comentaristas en este blog no han visto a algún llamado "artista" comportarse con la misma mezquindad y falta de empatía con los sentimientos de los demás, o la misma testarudez y falta de claridad de pensamiento, que las de cualquier hijo de vecino? 10y40: Tal vez lo que tú llamas "artista" es un fenómeno que ocurre en los seres humanos en un determinado espacio de tiempo, que se mezcla con un montón de factores bastante pedestres luego de que ese momento ha terminado. Sobre Mishima sólo conozco una película sobre su vida; pero (sólo por poner un ejemplo; no estoy dando una opinión) ¿cuánto hubo de vanidad en ese suicidio? Hay una cosa que dijo Olenka Zimermann en la República el año pasado que para mí da el clavo en algunas cosas: nadie se expone al público tantas veces sin que haya vanidad en el asunto. ¿Por qué no decir que el "artista" es alguien tan vanidoso que no se contenta con tener relaciones directas, cara a cara, con un grupo cercano de personas? Repito: esto es sólo un ejemplo, no estoy diciendo que los artistas sean unos pelmazos por definición (además, no conozco directamente a nadie que se llame a sí mismo "artista"). Lo que quiero decir es que no veo la necesidad de otorgarles una categoría especial. Leer un cuento de Borges es lo máximo; chelear con Borges un sábado por la noche, debe haber sido un pase de vueltas; tener que soportarlo en la chamba todos los días, no estoy tan seguro.

Anónimo dijo...

de acuerdo luching, pero a dios gracias siempre nos queda la posibilidad de elegir. Entre Olenka y Mishima, me quedo pues con Olenka!

saludos,
anonimo de las 10 y 40