25.9.07

¿Con cuál Godard se queda usted?

Una polémica carta de Isaac León Frías sobre el cine y la crítica

Del mundo de la crítica literaria quiero pasar por un instante al de la crítica cinematográfica, un universo que --incluso en el Perú, un mercado pequeño y de producción contraída-- se ve siempre severamente influido y condicionado por el extraordinario peso económico que tiene el cine en tanto industria.

En el blog Páginas del Diario de Satán, que administra el crítico y maestro universitario Ricardo Bedoya, se publicó hace unos días una polémica carta de Isaac León Frías --quien es, como se sabe, otro conocido crítico local--, acerca, precisamente, de los peligros de esa influencia: la de la industria sobre la prensa especializada, la de la empresa privada sobre el juicio estético y artístico, la de los intereses económicos sobre la independencia de la crítica.


La carta alude, por cierto, a un caso en particular: el de la revista Godard!, y hace acusaciones que no son desatendibles. El texto de León Frías está dirigido a los señores Juan José Beteta y Gabriel Quispe, dirigentes de la Asociación de la Prensa Cinematográfica.

Aunque la carta alude a un asunto en particular (acusa a los miembros de la revista Godard! de una proximidad incómoda con una distribuidora americana que opera en el Perú, y sugiere (o denuncia) la intención de Godard! de prestarse a un juego de copamiento del mercado cinematográfico peruano), a mí me interesa más el lado crítico del texto: la afirmación de que Godard! ejerce una suerte de crítica seudo iconoclasta, detrás de la cual se esconde un evidente conservadurismo estético e ideológico.

Es interesante porque creo que, en verdad, la seudo iconoclasia como ornamento para un conservadurismo esencial es un rasgo muy repetido en la crítica de las artes peruanas en general (incluyendo la literatura) y, yendo mucho más allá de Godard! y otros casos cercanos, también lo es en nuestra política: ¿qué mejor ejemplo que la falsa iconoclasia enteramente burguesa del fujimorismo, o la falsa inconoclasia por completo reaccionaria del humalismo, o la fingida iconoclasia, autoritaria y anacrónica, del aprismo?

Copio debajo la carta de Isaac León Frías.

(Fotomontaje gfp)

CARTA A LA ASOCIACIÓN DE PRENSA CINEMATOGRÁFICA (APRECI)

Apreciados Juan José y Gabriel,

Ayer le envié una comunicación a Gabriel sobre este tema y, pese a no haber recibido aún la respuesta, y dada para mí la importancia del asunto, les escribo a los dos e incluso les solicito que este texto sea leído o comunicado a los asociados de APRECI.

El día de ayer martes 18 por la tarde, en una función promocional de la empresa Warner Bros. dirigida a los estudiantes de la Universidad de Lima, se infiltró (otro nombre no tiene) un grupo de redactores de la mal llamada revista
Godard (qué culpa tiene Jean-Luc de que se use su apellido de modos tan innobles), en una típica operación de "caballazo", para supuestamente presentar la revista y hablar sobre la comedia musical contemporánea. No es la primera vez que los responsables de esa revista, al no ser invitados, se meten por las ventanas, sorprendiendo, medrando a través del aprovechamiento y la operación calculada, en busca de favores y notoriedad. Aclaro que se trataba de una función que formaba parte del marketing que la empresa Warner realiza y que cuenta con la aprobación de la oficina de Imagen Institucional de la Universidad, una función ajena a la programación habitual de la sala Ventana Indiscreta. ¿Qué tenía que hacer la presentación de una revista, anunciada además el día anterior, en una proyección promocional de la Warner?

Es muy revelador que esa presentación solapada, revelada casi a última hora, se ampare en una función promocional de una empresa distribuidora norteamericana. Ya era bastante sintomática la ausencia de casi la menor referencia al estado de la distribución y la exhibición cinematográfica del país en las columnas periodísticas en que han escrito o escriben los responsables de Godard y en las mismas páginas de esa revista.

Esa publicación nació con la pretensión de cuestionar el estado de cosas imperante (el cine peruano, la crítica de cine en Lima, el cine en general) y qué cosa es lo que ha hecho. Más allá de una posición adjetivada en contra de las películas locales (consideradas "aberrantes" en el primer número) y de las bravatas hacia algunos críticos mayores, nada de renovador o novedoso se podía encontrar en esos primeros números supuestamente combativos. Ni una propuesta distinta de metodología crítica, ni una nueva mirada sobre el cine. No se ocuparon de evaluar las condiciones en que se hacía y se veía cine en el Perú ni formularon la menor propuesta alternativa frente a esa crítica que denostaban. Ya desde ese entonces se advertía una visión tradicional, más bien conservadora si se la compara con la de los críticos con más años de ejercicio. A un acercamiento ponderado y con diversos matices valorativos sobre la obra de Stanley Kubrick publicado en la revista
La gran ilusión, replicaron ofendidos, como si se tratara de un tótem, de un intocable. Esa visión sacralizada se ha ido agudizando con el paso del tiempo y de incendiarios de la boca para afuera han pasado a ser absolutamente funcionales para el statu quo. Por ejemplo, después de haber despotricado de las películas de Lombardi, hacen una selección de las 10 mejores peruanas, incluyendo nada menos que tres películas de ese realizador, en una operación de inconsecuencia escandalosa y flagrante y como si nada hubiera cambiado. Por lo visto, no se les mueve ni un pelo.

Pero, además, ha ido en aumento la exaltación y la alta calificación de películas del
mainstream hollywoodense, tratadas como si fueran los exponentes más avanzados del séptimo arte, mientras que jamás han llamado la atención sobre esos films que se descartan sistemáticamente para su exhibición comercial en el Perú, incluso después de que los trailers han sido exhibidos (uno de los últimos ha sido el español Alatriste, precisamente excluído por la misma Warner a la que celebran) Hay que ver la cantidad de estrellas que prodiga quien tiene a su cargo la crítica en la revista Somos, levantando a diestra y siniestra, cual monje Silas (el de El código Da Vinci) de la crítica local, las supuestas profundidades espirituales de bodrios del tipo El exorcismo de Emily Rose. Godard, por su parte, con nuevos redactores que entran y salen, algunos de los cuales seguramente son ajenos a las maniobras de los responsables, luce ahora amansada, domesticada, sin el menor atisbo de esa vehemencia que, aunque torpe, despistada y desinformada, exhibía en sus primeras entregas, cuando ese acento promocional no era tan descarado como el que se muestra ahora en esa combinación de celebraciones y silencios.

Por eso, la presentación de ayer ratifica lo que ya venía manifestándose en los últimos números, una suerte de compromiso (no se si explícito o tácito) de un grupo que se presenta como independiente y las empresas de distribución, en especial las transnacionales. Me extraña que, en esas condiciones, una
Asociación de Prensa Cinematográfica pueda acoger en sus filas a quienes, obviamente, no se encuadran dentro de la crítica independiente y este es un asunto especialmente serio. La crítica de cine, como cualquier otra, es independiente o no lo es y prestarse al juego de una operación de marketing empresarial compromete gravemente tal independencia, más aún cuando los antecedentes de los responsables de esa publicación revelan una tendencia inequívoca a levantar películas de esas distribuidoras. Véanse las columnas de Somos y las páginas de esa revista. No ha habido ni hay el menor cuestionamiento al estado de una distribución-exhibición penosa que se vive en el país y en este último año de manera clamorosa. En muchos años la cartelera no había caído tan bajo como en el 2007. Sin embargo, escriben como si estuviéramos en el mejor de los mundos, con una manifiesta complicidad con las compañías transnacionales. Hay quienes dirán que eso es legítimo, que es una opción que puede ser escogida ¿No es acaso lo que hace Bruno Pinasco? En efecto, es una opción legítima, pero que se manifieste como tal, que no se encubra en la doble cara de una publicación al servicio de la industria que pretende no serlo y que se disfraza de independiente, valiéndose entre otras cosas de la apelación a cineastas marginales o ajenos a las pantallas locales.

En la línea de lo anterior, no ha aparecido nunca la menor referencia al que se supone es el mentor intelectual o creativo de esa publicación. Porque, claro, es una revista raigal y profundamente antigodardiana. La trayectoria de Jean-Luc Godard representa (antes y ahora) la negación absoluta de esa revista, que es cada vez más la claudicación de la función crítica y el acomodo a lo que les resulte favorable. Es casi un sarcasmo, una burla cruel, además de un desatino y una estafa, que una publicación de tales características lleve el nombre de uno de los creadores más independientes e intransigentes del cine de todos los tiempos. No me cabe la menor duda de que terminarán elogiando películas peruanas que antes denigraban (como ya han hecho con algunas películas de Lombardi) si es que eso sirve a sus intereses.

Por esos motivos, me temo que el futuro de la
APRECI, de la que no son miembros buena parte de los que escriben en medios impresos, termine a merced de quienes como ellos saben muy bien cómo meterse por las ventanas. Ya uno de los responsables de esa publicación le hizo la pregunta y en público al mismo Klaus Eder: si es que los miembros de una revista podían ser los representantes de la FIPRESCI en el Perú. A eso sin duda apuntan y la capacidad de maniobra que demuestran puede terminar en la exclusión gradual de los críticos independientes o de quienes no estén alineados con ellos al interior de la APRECI. En esas condiciones, y con esa compañía, no creo que nadie, a no ser los que estén buscando la oportunidad de algún viaje, pueda querer asociarse a la APRECI. Mucho lo lamento por ustedes y por quienes como ustedes están en la APRECI por una vocación asociativa y gremial y por una afirmación de su condición de críticos ajenos a cualquier tipo de presión o acomodo.

Saludos cordiales,

Isaac León Frías

Lima, miércoles 19 de septiembre de 2007

12 comentarios:

Rodrigo dijo...

Pienso que a Jean-Luc le daría igual que sean o hijos de Marx o de la Coca-Cola (como decía en su "Masculino-Femenino").
Rodrigo

Anónimo dijo...

esas "reseñas ajenas" se ven feas, faveron. ocupan medio blog, son mas grandes que los post, todo está mas pequeño que ellas.

Anónimo dijo...

Entonces que cierren también la revista Cable Mágico, que solo se ocupa de alabar y ponderar todo lo bueno y lo malo que llega a través de la trasnacional Telefónica. A los chicos de Godard: Ya pues, déjense de vainas, sean más honestos y conviértanse en el newsletter de la Warner, así podrán evitar que críticos-policías como León (Que fracasó como cineasta, pero ninguno de sus amigazos menciona ese oscuro episodio de su vida que lo marcó para siempre) les metan diente. Ya está bueno de mermelada pues.

Antonio dijo...

Hola Gustavo, perdona que me vaya por la tangente y disculpa mi acidez en la polemica anterior.

Queria hacerte un comentario aparte y una propuesta. Se que se ha formado ayer una alianza de pequeños editores y viene al caso.

Percibo que la poesia, por no ser vendible, pues nadie la lee, empieza a perder fuerza en la literatura. Solo editoriales pequeñas publican a poetas y cuando lo hacen es a cambio de dinero, asi que se publica cualquier cosa. Alfaguara, Planeta y las demas, jamas publicarán poesia porque se irian a la quiebra. No les interesa.

Ese es un drama para los jovenes poetas peruanos sin recursos economicos que solo siguen adelante bajo la esperanza de ganar un concurso. Los pocos poetas que logran financiar su edicion son leidos apenas por sus amigos y deben pagar por una misera reseña, pues nadie te hace caso si eres un Juan Perez. una reseña que pasará al olvido.

Surgirán con muchos auspicios mas alarcones, castañedas, Noltenius, etc, pero los poetas estarán en el sotano. Deberiamos fomentar un debate para que los poetas tengan tantos lectores y la fama que los narradores tienen. Sino enterremos la poesia. Es una pena.

LuchinG dijo...

Antonio: como no lector de poesía, te digo que la principal dificultad para que la poesía tenga lectores es que el lenguaje y la facilidad que tenga uno de captar la imagen. Este, de Blanca Valera, me gusta:

CURRICULUM VITAE

digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.

Pero todos los otros que están aquí , no pude leerlos, no logro captarlos.

Vicky dijo...

Antonio: es verdad lo que dice Luching, acerca de la dificultad de entender poesía, pero también es cierto que en las escuelas no se estimula la comprensión de la misma en los estudiantes, lo cual es una pena.

Coincido contigo en que se debe hacer algo para apoyar a los poetas. ¿Cuál es tu idea? Soy toda oídos. Revisé tu blog pero al parecer estás en receso. Publica tus ideas al respecto. Verás que no somos cuatro gatos los que gustamos de leer poesía y que hay muchos que comparten tus ideas. Y si además se presentan talleres para comentar y recibir estímulo para comprender lo que se nos dificulta, hasta Luching asistirá, ha, ha, ha.

Antonio dijo...

Absolutamente de acuerdo con ambos. Quizas los diarios deberian empezar educando a la gente en el gusto poetico, publicando los versos más populares de Neruda, Becquer, etc, hartamente comprensibles. Creo que el gusto por la lectura y sobre todo de la poesia deberia ser auspiciado en todos los espacios de la vida en que nos desrrollamos.

Isaac León Frías dijo...

Por si acaso, reenvío la respuesta
al anónimo lector que menciona al crítico-policía. Yo no he pedido, ni apoyaría nunca, ni el cierre ni
la menor forma censura sobre Godard, la revista Cable Mágico o lo que sea. Que lea bien: lo que yo he hecho es denunciar una conduta bochornosa
y poner en evidencia la flagrante contradicción entre una supuesta
posición teórica y una práctica totalmente inconsecuente. No soy ni censor, ni policía ni autoridad, pero sí un crítico que polemiza y que cuestiona, a veces
con firmeza y energía.
Por otro lado, no se si me está confundiendo con otra persona, pero
tengo que aclarar que si hay algún oscuro episodio en mi vida no tiene nada ver con la vocación de cineasta que jamás fue la mía y lo vengo diciendo desde que cumplí 15 años. Me gustaría que ese lector aclarara a qué oscuro episodio se refiere ( y que me marcó para siempre) cuando prácticamente no he pisado en mi vida un ámbito de filmación y si he tenido una cámara en mi mano la he usado bastante mal. Ser cineasta ni ha sido ni es lo mío. Soy un espectador de toda la vida y mi compromiso desde los 15 años es con la cultura cinematográfica. No tengo el menor empacho de decir que
ni siento (ni he sentido jamás) la necesidad de expresarme en el cine
y de tener que hacerlo seguramente lo haría muy mal.

LuchinG dijo...

¿En serio? ¿Nunca te has sentido emocionado por la vaga idea de que si una película hubiera sido un poco distinta, habría sido una gran película?

Isaac León Frías dijo...

Hola Gustavo,
Quisiera agregar algo
más a la respuesta al anónimo que
afirma que fracasé como cineasta y del que, espero, relate ese supuesto oscuro episodio. Hasta ahora no dice nada.
Es bastante usual, y no solamente en el campo de la crítica cinematográfica, sino en el de la literaria o artística en general, que se nos acuse de cineastas, escritores o artistas frustrados. Es un fácil expediente para desautorizar al crítico, para intentar silenciarlo, para cuestionar su valía y su legitimidad, con lo cual de paso se
cuestiona la propia razón de ser de la crítica. Si el crítico es, como decía Oscar Wilde si no me equivoco, como el perro que mea
sobre el árbol, qué sentido tiene
su labor.
Por eso, qué fàcil es decir: si tú
fracasaste como cineasta, qué autoridad tienes para criticar?
Pocos parecen entender, por otra parte, que en el caso concreto del cine las vocaciones pueden ser muy variadas y no todas pasan por la
realización o el quehacer fílmico.
El campo de la "cultura cinematográfica" admite críticos,
docentes, historiadores, analistas,
etc. que no tienen por qué implicarse en las tareas fílmicas.
La propia "cinefilia" no supone necesariamente la necesidad de hacer cine. El equívoco está muy
extendido y lo trasmite el propio
Luching cuando me pregunta si no me emociona la idea de que una película, siendo algo distinta a lo que es, hubiera sido una gran película. Mi respuesta es que, naturalmente, pienso que muchísimas
películas podrían ser mejor de lo que son, pero jamás me pasa por la cabeza pensar que yo podría hacerlas mejor, igual o peor. No me pongo nunca en el lugar del cineasta. Ese no es mi lugar.

Isaac León Frías

LuchinG dijo...

Creo que lo que pasa es que te das cuenta que podría ser mejor, pero esa posibilidad no te emociona.

Anónimo dijo...

Hay otra mas bonita que he oido recien: el critico es un parasito chiquito sentado en uno de los pelos de la melena del leon, que es el auotr