25.9.07

Última vez

Pequeñas memeces del mundo literario

Héctor Ñaupari escribe versos, pero sabe tanto de crítica literaria como los escarabajos saben sobre entomología: nada. La diferencia es que los escarabajos no opinan. Y Ñaupari. Y peor aún: yo respondo. Pero esta vez mi respuesta será breve y será la última, y la dividiré en dos puntos para que sea más clara (a ver si ahora el señor la entiende).

1.
Ñaupari sigue sin responder las únicas preguntas puntuales que le he hecho sobre su exégesis del poema de Rossella di Paolo: el llamarme comunista no sólo constituye una reducción y una mentira, sino que además no hace que su lectura sea súbitamente explicativa y pertinente. ¿Las desapariciones son "cantos de sirena"? Oportunismo vergonzoso.

2. Esta afirmación de Ñaupari merece perennizarse en una vitrina con las demás Pequeñas Memeces del Mundo Literario:

"Si [
Rossella di Paolo] sostiene que esos versos son lo que más se acerca a lo que los compiladores le pidieron, no hay nada más que discutir".

En primer lugar, Rossella di Paolo admite que los poemas jamás fueron escritos con el tema de la violencia en mente. Eso sí que es un buen indicio, ¿no? Pero, además, es simplemente ridículo decir que la opinión expresa de un escritor sobre su obra es la interpretación definitiva del texto. Ñaupari es tan obtuso que ni siquiera se da cuenta de que al decir eso está diciendo que la crítica literaria bien puede desaparecer y ser reemplazada por un equipo de entrevistadores grabadora en mano. ¿Suena gracioso? Es que es una payasada.

Fotomontaje gfp.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Gustavo, estás cayendo en el insulto. Adjetivos como "escarabajo", "obtuso" y demás no alimentan un debate. Y estas descalificando la capacidad crítica en general de Ñaupari y no sólo la interpretación en concreto del texto de Rossella.

Me parece mal que cierres el debate unilateralmente despues de insultar aunque sea tu blog, suena a "tirar la piedra y correr" o a "ya no juego, me llevo mi pelota".

Creo que Ñaupari tiene derecho a una duplica en el mismo breve espacio que tú mismo te has concedido por ser tu blog.

Lo sustantivo va para despues
H

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No veo la necesidad de ninguna "dúplica" porque este asunto no empezó con un texto mío sobre Ñaupari, sino precisamente al revés. Y, por favor, el último párrafo del "ensayo" de Ñaupari no es sino una colección de ataques personales: peor aún, es una impertinente serie de suposiciones sobre mi vida personal y familiar que no pienso responder aunque podría hacerlo perfectamente. Ñaupari es, en efecto, una persona baja y oportunista, y no duda en hacer afirmaciones sobre la vida familiar de otra persona a pesar de no saber absolutamente NADA sobre esa persona y la historia de su familia. ¿Eso no te parece indignante?

Ah, y el debate no lo cerré yo: Ñaupari fue quien dijo que después de las cartas de Rossella no había nada más de qué hablar.

Aníbal García Dulanto dijo...

Lo que hace Víctor Ñaupari es bien simple: trata de interpretar lo que quiere ver en el poema y cuando no le liga dice: "hay que preguntarle al autor lo que quiso decir". Con ese razonamiento lo expulsarían de cualquier facultad de literatura que valga la pena.

Anónimo dijo...

Así como has puesto reseñas sobre las antologías Disidentes y Nacimos para perder, por qué no pones las reseñas que aparecidas sobre la otra antología de cuentos importante de este año, como es la del Copé, que salieron en El Comercio (Francisco Melgar) y en la segunda edición de la revista Dedo Medio (Leonardo Aguirre).

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Con mucho gusto. Pásame los URL´s.

Félix Reátegui dijo...

Hola Gustavo: Yo he comenzado a preguntarme, en efecto, para engancharme con el final de tu comentario, hasta qué punto son graciosos los escritos polémicos de Héctor Ñaupari y en qué medida es pertinente, no digamos necesario, contestarlos. Creo que no lo son o que la gracia se les agota muy pronto (algo así como lo que pasa con el género pornográfico, según M. V. Ll.). Primero, uno se pregunta si su incoherencia es voluntaria: por ejemplo, en su último texto te acusa de hacer ataques ad hóminem (¡como en el análisis de clases de Marx!; sin comentarios) y después termina cuestionándote por no ser deudo de víctimas de la violencia (cosa que él no sabe, por lo demás). Después, hay que preguntarse si es, también, un dispositivo humorístico su desbocado sistema de inferencias: si me criticas, no eres liberal; si no eres liberal, eres antiliberal; si eres antiliberal, eres de izquierda; si eres de izquierda, eres marxista; si eres marxista, eres estalinista…, y como resultado de todo ello: eres senderista y tu marco de interpretación literaria es el realismo socialista… Una forma irrespetuosa de contestar esto sería recomendarle algún manual básico de metodología; es más melancólico pensar que en ese “método” suyo se trasluce una rígida limitación al razonamiento binario: no puedo decir nada si no invento antes mi pequeño mundo bizarro. Pero todavía me pregunto si será necesario contestar textos de ese tipo. Y esto conduce a considerar el carácter un poco “kitsch” de su forma de entender el liberalismo. Algún día quienes aprecian el pensamiento liberal ―me incluyo― van a tener que rescatar el liberalismo de sus deformadores y reductores. Sería triste que la razón liberal, tan necesaria, termine reducida, entre nosotros, a los panfletos ―estos sí voluntaria y fracasadamente graciosos― de Montaner, Plinio y Apuleyo y Álvaro V. Ll.

Anónimo dijo...

Gustavo, sobre las reseñas hechas por Leonardo Aguirre del Copé, Nacimos para perder, Disidentes, etc, puedes ver el blog de Ruiz Ortega, que las ha posteado completas.