25.11.07

Quién lee, quién escribe

Planas, González Vigil y La cuarta espada

Dos reseñas del libro La cuarta espada de Santiago Roncagliolo han aparecido en El Comercio el día de hoy. Si no entiendo mal el caótico sitio web del diario, una de las reseñas fue publicada en El Dominical y la otra en la sección Luces.

En la primera (que pueden leer completa
aquí), el novelista
Enrique Planas escribe lo siguiente: "A pesar de que hay varios libros periodísticos con información tanto más extensa como rigurosa, La cuarta espada vale la pena por la polémica que despierta y porque por primera vez, la generación que vivió el terrorismo en su infancia demuestra que tiene algo que decir".

En la segunda (que pueden consultar aquí), el crítico
Ricardo González Vigil, sostiene: "No será una investigación periodística de primer orden, pero sí un testimonio honesto escrito con una prosa fluida que atrapa al lector".

González Vigil hace notar la inclinación comercial de Roncagliolo, e incluso atribuye a ello la intención y la factura de alguno de sus libros anteriores (específicamente, la novela El príncipe de los caimanes), antes de concluir que el libro cuenta por su honestidad y su prosa, aunque no por su valor informativo o especulativo. (La honestidad fue también el rasgo mencionado por Rocío Silva Santisteban. Yo me pregunto, y les pregunto, si la primera honestidad de un intelectual no radica en su capacidad de estudiar rigurosamente antes de opinar).

El comentario de
Planas parece escrito con la cuarta espada en una mano y una bola de cristal en la otra. La bola le permite, por ejemplo, decir qué críticos han leído el libro y qué críticos no lo han leído antes de comentarlo, aunque olvida mencionar a los críticos a los que quiere aludir.

Es especialmente divertida la observación de
Planas acerca de los bloggers que critican a Roncagliolo sin leer el libro completo, descontextualizándolo. Es divertida porque nada en el artículo de Planas va más allá de los temas que esos bloggers innombrados hicieron notar en sus comentarios --cierto que Planas alude a ello para desmentirlo--, de modo que difícilmente podría uno saber si Planas comete o no el pecado que cree descubrir en los demás. Pero ese, claro, no es el tema.

Sobre todo, la afirmación es divertida porque pareciera que el reseñador no ha notado que el libro de
Roncagliolo tiene varias decenas de páginas dedicadas a hacer papilla al marxismo y al maoísmo pero --curiosidad de curiosidades-- su bibliografía, que no enumera un sólo libro de Marx, menciona apenas uno de Mao. ¿Se han fijado en cuál? Les cuento: Quotations from Chairman Mao. Es decir, no un libro de Mao sino un libro de citas de Mao, un compendio oficiosamente publicado por el gobierno chino para solaz de sus prosélitos, pero que ningún ensayista serio puede tomar como volumen de consulta.

Habría que preguntarle tanto al reseñador como al autor del libro (que también se ha quejado por la supuesta descontextualización con que se comentan pasajes de su obra) si hay o no hay un desatino en todo esto, o al menos un doble standard jocoserio (para usar una palabra que solía usar el profesor González Vigil en sus clases de la PUC): ¿o es que los discursos ideológicos sí pueden criticarse sin contexto ni conocimiento, y el rigor solamente es requisito para criticar a Roncagliolo?

Planas dice además un par de cosas curiosas en ese párrafo final que he citado líneas arriba. Sostiene por ejemplo que el libro de Roncagliolo "vale la pena por la polémica que despierta", a pesar de que su información no sea ni tan rigurosa ni tan extensa como la de de otros "libros periodísticos".

A mí que me disculpe
Enrique Planas --escrtitor y crítico respetable sin la menor duda--, pero creo que esa afirmación da un ejemplo involuntario (y no característico en él) de la medianía de expectativas de nuestro medio cultural, un medio que parece a veces escéptico, a veces desconfiado, a veces simplemente incómodo ante la idea de que el autor de un libro tenga cierta responsabilidad en tanto escritor y comunicador. Es decir, ante la idea de que, sin importar si su obra es una crónica o un reportaje o un libro de ensayos o de estudios, un escritor tiene el modesto deber ético de escribir no sólo cosas "polémicas", sino cosas bien hechas, razonadas, razonables y que digan algo.

Sí, es cierto, como en el fondo parecen opinar González Vigil y Planas: hay decenas de libros más interesantes sobre el tema. Ninguno de ellos ha merecido jamás de parte de la prensa la atención que está recibiendo el de Roncagliolo. Y si ninguno ha despertado tanta "polémica", es básicamente porque no cuadran con la trivial noción de "polémica" que se maneja desde hace años en el país, porque son libros mucho más serios, bien investigados, sólidos, y no se deshilachan apenas los coge uno entre los dedos; porque no lanzan hipótesis deleznables sobre el origen del terror en el Perú; porque no comparan la afiliación del senderismo con las invenciones maniqueas de una saga cinematográfica infantil; porque no atribuyen el desmoronamiento del Sendero Luminoso a las pasiones desatadas de sus líderes; porque no confunden a Túpac Amaru con Túpac Amaru II (cosa que Roncagliolo ya había hecho en Abril rojo); porque no equivocan la información sobre personajes (Benedicto Jiménez, José Carlos Mariátegui) ni sobre hechos históricos (la sublevación arequipeña de 1950, la época de la desaparición de la cultura Wari, etc); porque no se atreven al reduccionismo extremo de considerar al marxismo una cantaleta de ciegos y fanáticos en lugar de entenderlo como el discurso ideológico más influyente, proteico y orgánico surgido en los últimos ciento cincuenta años en el mundo.

Quien quiera hacerse una idea del perfil intelectual y psicológico de
Abimael Guzmán lo puede hacer mejor, por ejemplo, leyendo el libro del periodista Simon Strong, con entrevistas a sus familiares, datos investigados de primera mano sobre la infancia de Guzmán, su trato dentro de Sendero Luminoso, su relación con otros intelectuales de la época, los rastros de su trabajo académico que pervivieron en su proyecto genocida, etc.

Y no menciono a
Strong porque el suyo sea el libro más novedoso (es ya un libro viejo, más bien), ni el mejor sobre el tema de Sendero Luminoso (lo mejor, junto a los libros de Degregori, son las dos antologías editadas, respectivamente, por David Scott Palmer y Steve J. Stern, obviamente ausentes en la bibliografía de La cuarta espada): lo menciono sólo porque Strong también es un periodista, del New York Times, y su libro fue asimismo concebido a partir de un reportaje de encargo.

Y no por ser periodístico es una simplificación, ni una caricatura de la historia, ni una versión esquematizada al supuesto gusto de las grandes masas lectoras. Porque cualquier periodista responsable sabe que su público no necesita simplificaciones, sino claridad: el mérito de la crónica y la divulgación no está en obviar las dificultades o deshacerlas o evadirlas: su mérito está en enfrentarlas y hacerlas comprensibles.


Una investigación solvente, por ejemplo, habría evitado que Roncagliolo escribiera esta frase: "algún día, alguien tendrá que explicar por qué el grupo más sanguinario de nuestra historia estuvo dirigido por maestros". Y habría evitado que Planas citara esa frase como si se tratara de un hallazgo decisivo, uno de los grandes dedos sobre la llaga de La cuarta espada. Porque, para información de Planas y Roncagliolo, debo decir que Carlos Iván Degregoriya escribió largamente sobre ese asunto, y lo hizo hace varios años, y otros han respondido a sus hipótesis, y las han reformulado. Y venir a decir de buenas a primera que alguien debería interesarse sobre el tema y estudiarlo es desconocer el trabajo de Degregrori y los otros por completo.

Pero, claro: la obra de
Degregori --como las de Gonzalo Portocarrero o Carlos Tapia o Deborah Poole o Gerardo Rénique-- también está ausente en la bibliografía de La cuarta espada.

Esa es mi queja sobre el libro, y lo ha sido desde el principio:
Roncagliolo se da la licencia de decir, una y otra vez, que su libro es el primero que habla de Guzmán como personaje y trata de desentrañar su psicología; eso no es verdad. Roncagliolo alude más de una vez en La cuarta espada (y en entrevistas) a temas relativos a Sendero Luminoso como si nadie se hubiera referido a ellos con anterioridad, cuando la lista de estudios sobre SL es virtualmente inagotable y todos y cada uno de los temas que Roncagliolo parece dejarles de tarea a los científicos sociales ya han sido objeto de estudio de muchos de ellos.

Al hacer eso,
Roncagliolo desconoce olímpicamente el trabajo de antropólogos, sociólogos, historiadores, periodistas y politólogos, peruanos y extranjeros, que en muchos casos han dedicado años a sus estudios. No se puede hacer una introducción a un tema así sin una enorme investigación previa, como no se puede ser el guía de una exhibición si no se ha puesto nunca los pies más allá de la entrada de la galería.

La prosa ágil no es inteligencia, la habilidad narrativa sin capacidad comprensiva no aporta a la solución de problemas históricos, la desinformación no es polémica, la dramatización y canonización del ego como centro de un problema social, perfectamente aceptable en muchos otros campos, no es más que un pase mágico desafortunado en un libro que se vende no como una autoinspección sino como una mirada sobre el surgimiento del terror político en el Perú.


Por último, quiero releer esta otra frase de Planas: "por primera vez, la generación que vivió el terrorismo en su infancia demuestra que tiene algo que decir". Esta frase no es solo desinformada; es poco menos que ofensiva. Los hombres y mujeres de mi generación (que es la de Planas) también fueron niños o niñas o apenas llegaban a la adolescencia cuando comenzó esa guerra. Los que tienen mi edad, tenían doce o trece años cuando sobrevino el caos (Roncagliolo es ocho años menor que ellos, pero en el Perú la gente habla de generaciones como si éstas cambiaran cada dos semanas). La escritura del Informe final de la Comisión de la Verdad fue coordinada por un sociólogo, mi amigo Félix Reátegui, que entró conmigo a la universidad, y allí estuvo también Eduardo González Cueva, otro amigo de la misma promoción, también en un puesto crucial de la CVR. ¿No dice el Informe final de la CVR nada sobre la violencia política en el Perú?

La fila de libros, ensayos, cuentos, poemarios, artículos y crónicas que esa generación y sus menores han producido sobre el tema es más que considerable (a propósito: ¿no se suponía que
Abril rojo ya era un aporte al debate sobre la violencia política en el Perú?). Pero ahora resulta que este libro de Roncagliolo es para Enrique Planas el primer atisbo de que alguna de esas personas tiene algo que decir al respecto...

Creo, en resumen, que aquí el tema no es quién lee y quién no lee La cuarta espada. El tema es quién lee y quién no lee los millares de páginas escritas con mayor seriedad sobre estos temas. Y más aun: quién lee esas cosas antes de escribir las suyas propias.

27 comentarios:

Anónimo dijo...

Raro, ah. Hace tres semanas se publicó en El Dominical una reseña acuciosa de La cuarta espada, a cargo de Marcel Velázquez, y ahora sale otra del mismo libro, ...

Anónimo dijo...

Sí, pues, el texto de Planas debería terminar diciendo que es la primera vez que él siente que uno de sus iguales habla de este tema. Parece que no quiso leer ni escuchar a los anteriores, y peor, a los que no alcanza a imaginar: los directamente afectados.
Sobre el hecho de que Roncagliolo publique un libro sobre Guzmán, apliquemos la tercera pregunta de Goethe: ¿Vale la pena que se haga?

Gonzalo B dijo...

A propósito, Página 12 de Argentina publicó una reseña del libro este domingo y el suplemento Cultura de La Tercera (Chile) una entrevista a Santiago Roncagliolo este sábado.

Chapualqo dijo...

Entonces La cuarta espada vendría a ser el Harry Potter de los libros sobre la guerra interna?

Anónimo dijo...

la reseña que hizo Marcel Velázquez de "La cuarta espada", creo yo, fue lapidaria, y, si mal no recuerdo, remarcaba las mismas falencias que Faveron le encuentra al libro: falta de rigor, de investigación. aunque, eso sí, elogiaba el estilo de su prosa o la manera de narrar de Roncagliolo. tmb recuerdo que se mencionaba, en la reseña, la a Wikipedia y a Dummies por razones que ya ustedes comprenderán o, al menos, intuirán.
Fernando.

Anónimo dijo...

Lo que sorprende es todo lo que tardó gustavo en salir con la espada en alto; la vaca profana fue más rápida. Pero esto no es también una instrospección en el ego de Gustavo? Basta decir que le creemos más a él por el choclón de lecturas. Hay un argumento mejor para darle el siéntate quieto a Ronca y no es el "ad liber choclonum". Aquí, curiosamente, el argumento de la inmoralidad sí funciona pero Gustavo no lo subraya en nigún momento. ¿Por qué?

Anónimo dijo...

Gustavo, me detengo unos segundos en las minucias: la reseña de La vaca profana comparte no solo muchas críticas sino támbién elementos estilísticos con la reseña del crítico Velázquez Castro. Puedes cotejarlas en internet. Más allá de esas fruslerías, me parece importante el enfoque que le has dado al post, pues reivindicas todo un corpus investigativo e intelectual sobre el tema que ha sido soslayado de un zarpazo por Roncagliolo. En su momento no discutí el derecho de ese novelista a escribir best-sellers y hacerse millonario con ello; pero vender libros a partir de la mentira, la desinformación y la corrupción voluntaria e involuntaria de nuestra historia ya es demasiado. Felicitaciones.

Orlando

Anónimo dijo...

Va con lo que Denegri llama el "boquiabiertismo" de los peruanos, que no tienen el menor nivel de exigencia con lo que se produce y se dejan llevar por nombres y sellos editoriales.

A todo esto, qué dijeron criticos como Planas sobre la antología Toda la Sangre??

Anónimo dijo...

todos vimos la semana pasada la entrevista echada que le hizo su profesora Cecilia Valenzuela a Roncagliolo. Incluso la presentadora sugirió la envidia como móvil de las críticas que se le habían hecho a La cuarta espada. Realmente da pena lo irreflexivo que son algunos medios con los libros patrocinados por grandes editoriales. La entrevista de Páez en La República quedó muy digna en cambio.

Anónimo dijo...

Me pregunto: si el trabajo de los editores es revisar lo que se va a publicar, ¿qué procedimiento se siguió dentro de la editorial antes de publicar este libro? ¿Hubiera ocurrido el mismo descuido si fuera un libro sobre España?

Anónimo dijo...

Ojo porque el argumento de la envidia y el resentimiento es uno de los favoritos de esta página para desacreditar críticas a escritores "consagrados"

Alberto desde España dijo...

No recuerdo haber visto ese argumento aquí nunca. ¿alguien podría poner un ejemplo?

Anónimo dijo...

3:39 tienes razón ¿los editores no revisan los textos? y si son editoriales extraanjeras, deberían contratar a un corrector o verificador de datos del país sobre el cual se escribe.

LuchinG dijo...

Como no puedo pedir que me devuelvan la plata:

Fecha y hora: 26/11/2007 17:48
Número de operación: 0054115
Cuenta de destino: corriente soles 191-0111111-0-33
Titular de la cuenta: HOGAR CLINICA SAN JUAN DE DIOS
Monto: S/. 5.00

Anónimo dijo...

El argumento de la envidia es creíble cuando los que critican no dan razones creíbles. Por ejemplo, Adrianzen sobre Bryce, en este mismo blog.

Alan Ele dijo...

Algún diario podría a animarse a publicar por entregas semanales, como suplementos, el Informe final de la CVR. Para todo el público

Tanque de Casma dijo...

Estimado
Me parece que uno de los problemas que presenta La cuarta espada es que no se tiene claro a qué género pertenece. El mismo Santiago a veces declara que se trata de una novela - precisando que es de no ficción -, otras que reportaje y creo que también como testimonio. Sumado al texto mismo por momentos no preciso hace que no se sepa ante qué se está. Por eso creo que acierta nuestro antiguo profesor en su comentario sobre cómo la promoción crea falsas expectativas que no cumple el libro.
Yo le di al libro más un valor de recopilar información y teorías sobre Sendero que ya existían previamente, con uno que otro dato novedoso. Me hubiera gustado también que consultara a Strong, que fuera más preciso en el uso de la información, y algunos detalles por el estilo. ¿Tú no le encontraste alguna virtud a pesar de estos defectos que comentas?
Un abrazo

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Hola, Ernesto.

Si revisas, yo nunca he reseñado un libro de Roncagliolo sin señalar que es un hábil constructor de narraciones, de estructuras narrativas, de esas que "atrapan" al lector, para usar el lugar común. Pero creo que el contenido ideológico de sus libros es dudoso; mucho más que discutible. Lo que no entiendo es por qué la crítica peruana, salvo excepciones, prefiere no analizar esa vacuidad de sentido de sus libros, en vez de repetir hasta el cansancio cuán entretenidos son.

LuchinG dijo...

Por los comentarios que vengo leyendo, tal vez la única virtud -y talvez por eso mismo "(...)la crítica peruana, salvo excepciones, prefiere no analizar esa vacuidad de sentido de sus libros, (y más bien) repetir hasta el cansancio cuán entretenidos son."- es que pone en un sólo sitio un montón de puntos de vista que un pata de veinte años no tiene cómo haber escuchado por sí mismo. Pero isgue haciendo falta que el hermano gemelo responsable de Roncagliolo haga un libro de difusión másiva sobre este tema.

Alberto desde España dijo...

¿veinte años? ¿roncagliolo? no se pasen, pues. roncagliolo tiene 32 años, no es ningún chibolo.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Mi querido Luching: lo que creo que hace falta es que cambiemos la idea peruana de qué cosa es un "libro de difusión masiva". En casi todo el mundo eso significa un libro escrito por un experto y que reúne los aspectos más relevantes de un tema sin evadir sus dificultades pero presentándolos de manera que un lego pueda acceder a ellos. En el Perú significa un libro en el que una persona, comúnmente un periodista, lego en el asunto, le pregunta a los expertos una serie de cosas y las trascribe posteriormente, sin tener una formación que le permita discriminar qué es relevante y qué no en el tema que trata.

Hace veintisiete años, por ejemplo, "La guerra del fin del mundo" era un libro que merecía campañas publicitarias de televisión, confiados todos en que el público peruano lo compraría en grandes cantidades. Lo mismo pasó con "La palabra del mudo" de Ribeyro e incluso con dos novelas de Alonso Cueto y Melvin Ledgard. Ahora no existe un libro peruano en el que valga la pena invertir publicidad masivamente. Un factor es la piratería, pero el principal es que se ha pasado a considerar que en el Perú todo libro es mayoritariamente ininteligible salvo que sea realmente plano, chato y misio.

Anónimo dijo...

el contenido ideológico de los libros de Celine no solo es dudoso, es repudiable. Los pondrías en cuestión por eso? Creo que no, creo que en el caso de Roncagliolo hay más reproches que hacerle que solo el contenido ideológico.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Bueno, en primer lugar, entre Celine y Roncagliolo hay mucha distancia, y muchos tipos de distancia, gracias a Dios: Roncagliolo no es un genio, pero tampoco es un facho, eso está claro.

Ahora bien: ¿qué te hace pensar que no se puede cuestionar a Celine o a quien sea por el contenido ideológico de su obra? ¿Es que el talento te hace inmune o inimputable? ¿Es que frente a una obra bien hecha el crítico sólo debe atinar a quedarse con la boca abierta (o cerrada) y ya? No entiendo por qué.

Además, solo para aclarar el punto: cuando digo contenido ideológico no me refiero necesariamente a la manera en que una obra expresa o parece expresar un cierto discurso político identificable; toda obra está atravesada de ideología, cualquiera; no hay obra que no provenga de una cierta mirada del mundo, aunque no sea consciente de ello. En otras palabras, no es necesario remontarse a un escritor fascista o profacho para continuar la conversación.

Tanque de Casma dijo...

Gustavo
Mi pregunta iba por un lado un poco menos inocente. Me refería si le encontrabas alguna virtud más allá de lo estilístico. Pero sí, claro que me he dado cuenta que siempre destacas las cualidades de la prosa de Roncagliolo.

Sobre lo que comenta Luching creo que buenos libros de difusión podrían ser los de Strong y de Gorriti (no soy un experto en el tema como tú, tal vez se pueda recomendar otros títulos). Es una pena que Gorriti no haya continuado con su estudio. Y es mayor pena que estos trabajos, hechos por esforzados periodistas, no tenga la misma promoción que otros productos menores.

Por cierto, ¿propaganda de libros en tele? ¿Eso sucede habitualmente en otras partes? Yo me acuerdo de la que hicieron con El otro Sendero.

Bueno, un abrazo
Ernesto

Anónimo dijo...

El libro tiene el dudoso merito de haber causado gran descontento entre los miembros de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (Hay diversa informacion tomada del informe final que no ha sido citado propiamente) y los senderistas presos (Hay entrevistas que no realizó y que estan puestas en el libro).
La semana pasada, Roncagliolo fue al penal de Santa Monica a presentar su libro y ninguna salió, solo lo presento a 4 "arrepentidas".
Otra pregunta válida de hacer, es el desprecio por el periodismo como un oficio que cuesta mucho esfuerzo de hacer y que en la cuarta espada brilla por su ausencia.
Saludos.

Anónimo dijo...

encontré otro error en el libro: pone que los estudiantes muertos de la cantuta eran 18 y fueron nueve.

Anónimo dijo...

Mar de fondo de la revista "Caretas":

Lerner y Roncagliolo

Entre los gazapos pescados en “La Cuarta Espada”, libro sobre Abimael Guzmán presentado por Santiago Roncagliolo, destaca una frase atribuida al ex presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Salomón Lerner Febres (“¿Alguien sabe quién chucha es Saturnino Paredes?”, ver CARETAS 2003). Enterado de su malestar, Roncagliolo envió una carta a Lerner en la que le explica que “la cita proviene de una fuente autorizada, pero no actuó con mala intención. Quería explicar el desconcierto de los comisionados ante el discurso de Guzmán y usó la palabra para expresar su propio énfasis, no el de usted”. El escritor promete retirar la cita de futuras ediciones. A Lerner, por cierto, le fastidió la falta de veracidad, no el uso de la palabreja en sí, y le recomendó a Roncagliolo menos prisa en el afán de publicar.