31.3.08

Quipu 2

El jardín de los onanistas, de Álvaro Díaz Ávila

El segundo autor elegido en esta nueva etapa del Proyecto Quipu es Álvaro Díaz Ávila, chiclayano de veinticuatro años, que estudió periodismo y que ahora dice dedicarse a algo “que no tiene nada que ver con eso”. Para esta quincena los jurados fuimos Daniel Salas y yo. Se le recuerda a quienes quieran participar que pueden enviar sus cuentos o poemas al correo gfaveron@gmail.com. Los cuentos no seleccionados para una quincena serán considerados para las quincenas siguientes.

EL JARDÍN DE LOS ONANISTAS

Álvaro Díaz Dávila

¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué soy yo aquí? Soy un pincho parado.
(Fue lo que dijo el poeta chiclayano Juan Ramírez Ruiz en una reunión de amigos una noche cualquiera).

Bruno ha desaparecido y nadie sabe dónde está. Hace meses que salió de su casa y se perdió para siempre de la vida de todos. Hasta ahora lo siguen buscando, pero creo que ya sin esperanzas de encontrarlo. A medida que los meses han ido avanzando, el recuerdo de Bruno se ha convertido en un fantasma que se filtra en nuestras vidas, en nuestras conversaciones y en nuestros sueños. Ayer soñé, por ejemplo, que a Bruno se lo llevaba un cohete espacial que decía con letras negras “La Incertidumbre”. Por eso, yo al menos, no he dejado de pensar en él ni en las posibles razones de su desaparición; una desaparición que al principio resultó extraña, pero que después regresa a nuestras especulaciones como una escalofriante consecuencia lógica, como si el destino de Bruno se hubiera condenado a sí mismo a evaporarse, a desintegrarse voluntariamente en su propio y patético drama de un artista que no sabe quién ser.

(Continúa leyendo aquí; visita la página central del Proyecto Quipu aquí).

9 comentarios:

Marcel Celmar dijo...

artículos muy cojonudos. De verdad que te felicito por tu dedicación

Anónimo dijo...

Gustavo, te copio la siguiente misiva, que aunque no es el tema estrictamente, me parece de suma importancia:

El viernes 14 de marzo en el bar cultural YACANA infiltrados apristas disfrazados de jovenes parroquianos boicotearon los encuentros poeticos de la escuela de lima llegando a agredir en la calle a la conductora de dichos recitales poeticos.
Esa misma noche un centenar de policias cerro la cuadra 2 del jiron quilca deteniendo a decenas de jovenes que se hallaban comprando libros y bebiendo pacificamente en los bares de esa comunidad. La intervencion al AVERNO no pudieron lograrla del todo ante la decidida defensa del local de los bohermios ahi presentes quienes expulsaron a los invasores a punta de canciones y flashes de las camaras celulares.
Despues de la aparente calma de los feriados de semana santa exactamente el jueves 27 la policia ingreso nuevamente en gran numero al YACANA justo cuando estudiantes de bellas artes inaguraban una exposicion.
Con la misma modalidad pidieron documentos anotando nombres sospechosamente y levantando un acta donde denuncian el supuesto hallazgo de droga en la barra del bar.El administrador del local rechazo en todo momento esta imputacion aduciendo el sembrado de la droga para asi iniciar una campaña de desprestigio y amedrentamiento contra el YACANA.

Pero eso no es todo este viernes 28 de marzo la represion hizo nuevamente su visita a la calle quilca en busca de ´tipos peligrosos¨ camuflados de artistas .En esta oportunidad detuvieron a todas una tropa de sikuirs de la puerta del AVERNO llevandose a varios menores de edad a la comisaria.

Qué es lo que busca el gobierno atraves de toda esta campaña represiva?Estará haciendo tal vez un inventario de artistas de izquierda para luego proceder a una descarnada caceria selectiva propia de los facistas.Estaran tal vez dando señales de advertencia para que la gente deje de pensar y cuestionar este miserable sistema imperialista.
Este comunicado es pues de denuncia contra aquellos ignorantes que tratan de encasillar lo que no entienden en el saco de los violentistas.
Nosotros los que paramos en Quilca nos reafirmamos en la libertad de pensamiento y en la esperanza de que otro mundo es posible.
Hacemos responsable al gobierno Aprista de cualquier otro atropello a nuestros derechos humanos.
Seguiremos en en el camino trazado hace mas de 20 años cuando comenzamos a trabajar en esta historica calle.
Nos solidarizamos con todas las personas victimas de este clima de inseguridad y violencia que se ha instalado nuevamente en nuetra politica cotidiana.

Quilca 1 de abril del 2008

Leila dijo...

fantastico, tierno, estremecedor, desgarrador, un personaje encantador y entrañable, que se rehusa a dejar de ser niño y convertirse en un adulto convencional. Un ejemplo perfecto del complejo de Peter Pan, y de la ingenuidad que todos deberiamos seguir llevando dentro. Maravilloso, palmas para el autor! y mis mas sinceras felicitaciones para el proyecto, y que siga creciendo, y que publiquen los cuentos, que el artista y escritor joven tenga mas oportunidades en este país de adultos convencionales y aburridos que olvidaron al niño que todos fuimos alguna vez.

Anónimo dijo...

Oye Faverón, dice Coral que tu logo de Quipu se lo has robado a Tusquets, ¿qué opinas?

Uno que pasaba por ahi dijo...

Este cuento está mejor que el de la primera quincena. Al menos me parece que suena bastante más contemporaneo y tiene una mayor originalidad. Lo que dice Leila sobre el personaje no sé si suscribirlo. A mí me parece que Bruno es un idealista desencantado y deprimido. Felicitaciones al ganador.

yo dijo...

sTambién me gustó este cuento más que el anterior. Me parece que el final es la cereza del pastel: los amigos terminaron aterrizando innecesariamente (cosas de adultos) al pobre y buen bruno.

Además, quién no tiene un bruno dentro.

Anónimo dijo...

Se sabe que todo escritor de verdad sabe, valga la redundancia, que un buen narrador es aquel que muestra los hechos que sustentan su relato o novela en lugar de simplemente declararlos. En este cuento sucede todo lo contrario. El narrador testigo no se cansa de decirnos que Bruno es así o asa, que Bruno es frágil, complejo, un artista confundido, cándido, travieso, triste, un niño, "uno lo miraba y era imposible resistirse a su encanto de chiquillo inquieto y dulce; hablabas con él y creías que hasta hace un rato había estado jugando en un jardín escolar". O "cómo es que un chico ordinario como Bruno pudo volverse líricamente loco? O hermosamente loco, o fascinantemente loco, o entrañablemente loco". Lo cierto es que no existe en esta historia una serie de eventos narrados que puedan persuadir al buen lector que Bruno es realmente como nos lo quieren presentar, sino solo un discurso retórico en que se nos quiere imponer o vender una visión particular del personaje. Y, ante esto, pues yo sencillamente no compro. No me la creo. Salvando las distancias, pongo como ejemplo a un personaje verdaderamente entrañable, hermosamente loco como diría pretenciosamente el narrador sobre Bruno, pero en cuyo caso hay hechos que prueban su forma de ser. Me refiero al Bartleboom de Baricco, que aparece en su bella novela Océano mar. "Bartleboom tiene treinta y ocho años. Él cree que en alguna parte, por el mundo, encontrará algún día a una mujer que, desde siempre, es su mujer. De vez en cuando lamenta que el destino se obstine en hacerle esperar con obstinación tan descortés, pero con el tiempo ha aprendido a pensar en el asunto con gran serenidad. Casi cada día, desde hace ya años, toma la pluma y le escribe. No tiene nombre y no tiene señas para poner en los sobres, pero tiene una vida que contar. Y ¿a quién sino a ella? Él cree que cuando se encuentren será hermoso depositar en su regazo una caja de caoba repleta de cartas y decirle
- Te esperaba.
Ella abrirá la caja y lentamente, cuando quiera, leerá las cartas una a una y retrocediendo por un kilométrico hilo de tinta azul recobrará los años –los días, los instantes- que ese hombre, incluso antes de conocerla, ya le había regalado. O, tal vez, más sencillamente, volcará la caja y, atónita ante aquella divertida nevada de cartas, sonreirá diciéndole a ese hombre
- Tú estás loco.
Y lo amará para siempre."

Pues en este pasaje del libro no creo que nadie pueda tener dudas de qué clase de hombre es ese Bartleboom.

Todo esto, más allá de que las intenciones del autor con su relato están reñidas con toda idea de originalidad, pues todo este rollo existencial de artista incomprendido resulta un tópico o lugar común en literatura que el autor no sabe sortear con nuevos aportes en todo caso. La historia es además plana, desde el primer párrafo sabemos de qué va y en lo que sigue poco más llegamos a saber de Bruno y nada se presenta como una verdadera revelación. Otro asunto que creo que debe cuidar el autor es la economía verbal que debe primar en los cuentos, hay párrafos muy largos u oraciones redundantes (Y en eso estábamos, escuchándolo cantar y hablar, hasta que, no sé por qué ni de dónde salió, decidimos increparle sobre su futuro como músico. Lo que recuerdo es que la idea inicial no tenía otra pretensión más que la de alentarlo a que pensara un poco más en lo que puede hacer con su música, a manera de un regaño de amigos. Según nosotros, era una forma de darle a entender que nos parecía demasiado bueno como para que siguiera desperdiciando su tiempo...). En fin, lo único positivo que le veo a este relato es que no ostenta una prosa recargada como el primer cuento de Quipu, que por otro lado supera a éste en que al menos sí narra una historia y desarrolla con cierta lógica o no una trama.

Saludos,

El anónimo criticón

Anónimo dijo...

Antes que nada, empezaré diciendo que el texto de esta quincena es, evidentemente, superior a los textos de la pasada entrega, a los cuales no me he referido previamente y prefiero no hacerlo.
Respecto a "El jardín...", quisiera exponer un par de cosas.
En el caso de textos que ponen delante del lector visiones e interioridades, estos deben ser leídos subvocalizando, con pausas y melodía tales que encajen en la dinámica propia de las oraciones. En mi caso, no me avergüenza decir que me he detenido a leer una sola frase más de una vez, de distintas formas. De ese modo, se elimina la impresión de "párrafos muy largos", por los efectos producidos por la mayor comprensión resultante.
La construcción podrá adolecer de algún defecto, pero no enturbia la naturaleza reflexiva del relato. El texto no tendrá un final muy sólido, pero tampoco desechable.
De 1 a 10, le pondría a este cuento un 7 (un 8 me parecería particularmente exagerado). Esperemos que la línea ascendente emprendida por esta nueva entrega siga su curso.

Anónimo dijo...

Este cuento, sin parecerme realmente bueno, es sin duda alguna superior a los dos anteriores aunque tampoco llega a convencer del todo. Frases y situaciones demasiado repetitivas, un hilo conductor que al parecer no conduce a nada y un final que no concreta.
¿Será una opinión guiada por la envidia? Ni yo lo sé con certeza, pero es la mía.