24.9.08

Respondiendo al profesor Huamán, 1

Sobre el buen salvaje y la leyenda negra

Esta es una nueva sección de Puente Aéreo. Digamos, una suerte de miniserie metacrítica.

Hace unos meses, el profesor sanmarquino Miguel Ángel Huamán publicó un ensayo sobre la introducción que escribí para la antología
Toda la sangre: cuentos peruanos de la violencia política. Por un tiempo estuve tentado de responder con otro artículo, pero ahora prefiero hacerlo por partes y cucharadas.

Desde hoy publicaré con cierta frecuencia fragmentos del ensayo del profesor Huamán e iré respondiendo y comentándolos paulatinamente. En la medida de lo posible, intentaré comentar, a la larga, todo el ensayo, de manera que mi crítica no abuse de la descontextualización.

De cualquier forma, quienes quieran leer el ensayo completo del profesor Huamán pueden hacerlo en el número 8/9 de la revista
Ajos y Zafiros.

Luego de una introducción formulaica, el argumento del profesor Huamán empieza con este párrafo:

“Desde la invasión española a nuestro territorio en el siglo XVI se han impuesto visiones de nuestra realidad sociocultural que refuerzan arquetipos de dominación. Por un lado, nos ven como el buen salvaje, lo que supone una cierta mirada condescendiente porque somos dados a la diversión, a los placeres, propio [sic] de seres de una colectividad inmadura e infantil. Por otro lado, nos califican, de acuerdo con la llamada leyenda negra, como desalmados y agresivos, razas inferiores, seres torvos y falsos, proclives al engaño, la violencia y la corrupción. Ambas lecturas refuerzan nuestra condición de formaciones sociales dependientes”.

Mi comentario

Es por lo menos un anacronismo suponer que la mirada occidental sobre los pueblos latinoamericanos responde en el siglo veintiuno al estereotipo del buen salvaje o que está crucialmente influida por la leyenda negra.

Pero, además, vale la pena recordarle al profesor Huamán que la noción de buen salvaje (noble savage, término acuñado por Dryden y erróneamente atribuido con frecuencia a Rousseau) no implica la caracterización de ciertos grupos étnicos como integrados por individuos “dados a la diversión, a los placeres... seres de una colectividad inmadura e infantil”.

La idea del buen salvaje, de hecho, desde el siglo diecisiete y durante el dieciocho, implicó más bien la creencia de que los pobladores de los territorios recién conocidos por descubridores y conquistadores eran más puros, moralmente más valiosos y, sobre todo, más incorruptos que los europeos, pues la civilización era vista como un proceso envilecedor, mientras que los mundos indígenas americanos estaban en un estadio anterior, y por tanto prístino, cercano del paraíso original. De hecho, es un lugar común, no por ello menos cierto, afirmar que la idea del buen salvaje fue más importante para la autocrítica de las sociedades europeas que para forjar el estereotipo de las americanas.

Obviamente, el estereotipo del buen salvaje sí suponía la idea de que el poblador americano se encontraba en una etapa previa de evolución, pero ese concepto difícilmente podía ser un arma eficiente de dominación, en vista de que era sostenido por pensadores para quienes el avance de la historia europea había sido un camino de decadencia, caída y corrupción. De hecho, si bien uno de los orígenes de la idea del buen salvaje, en el caso de la mirada española sobre los indígenas americanos, está en los Diarios de Colón, y, por tanto, en el inicio mismo del proceso de la conquista, otro de sus cimientos o antecedentes está en Bartolomé de las Casas, a quien es más coherente caracterizar como un defensor de los indios.

No me voy a detener a especular sobre quién se esconde detrás del etéreo “ellos” con el que el profesor Huamán se refiere a los forjadores de los "arquetipos de dominación". Él parece asumir que la respuesta es obvia y además que es única, como si la historia entre el siglo dieciséis y el veintiuno no hubiera transcurrido ni hubiera modificado nada fundamental. (Mayor finura sería deseable en alguien que luego intentará hacer precisiones sobre el concepto de lo "postcolonial").

Y ya que he mencionado a Bartolomé de las Casas, vayamos a la segunda mitad del párrafo, donde el profesor Huamán describe la “leyenda negra” como un discurso por medio del cual se caracteriza a los nativos del Nuevo Mundo como “desalmados y agresivos, razas inferiores, seres torvos y falsos, proclives al engaño, la violencia y la corrupción”.

El término “leyenda negra”, cuyo origen y significado parece ignorar el profesor Huamán, pero que conoce muy bien cualquier estudiante de historia o literatura, no se usa para describir un conjunto de discursos antiindígenas. De hecho, el término es defensivo. Lo acuñaron los españoles (su origen está en un libro de Juderías, publicado en 1914), para contradecir los relatos históricos según los cuales España había sido extremadamente cruel e incluso criminal en el periodo de expansión y estabilización de su imperio en tierras americanas.

El inicio de lo que los españoles llaman la “leyenda negra” se encuentra muy probablemente en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de Bartolomé de las Casas, y en la célebre controversia de Valladolid, en la que rivalizó con Sepúlveda. Las Casas sostenía que la conquista había sido innecesariamente sangrienta, gratuitamente cruel y excesiva, y que las comuniaddes indígenas tenían un grado de sofisticación que suponía regímenes políticos tan legítimos como los de los reinos europeos.

Como podrá comprobarse con facilidad, eso es casi exactamente lo opuesto de lo que el profesor Huamán afirma. Y, por otra parte, el término "leyenda negra" debería ser tomado con pinzas por un crítico que quiere arremeter contra el imperialismo hispano: para ser consecuente, habría que subrayar, más bien, que la negrura de la conquista no fue una leyenda.

(Continuará...)


47 comentarios:

Anónimo dijo...

Se nota que te has tenido que preparar bastante para responderle a Huamán luego de varios meses. Si quieres te paso su correo para que te pueda responder y hacemos mejor la cuestión.

Renato

el poeta maldito dijo...

CORTANDO POR PEDAZOS EL ENSAYO DE HUAMAN YA GENERAS DUDAS. TIENES QUE ENCARAR EL TEXTO COMPLETO Y NO POR PEDAZOS. ALGO HUELE FEO POR ACA FAVERON. VEREMOS QUE PASA!

Anónimo dijo...

Algo que he notado: te defiendes ahora del artículo del profe Huamán, y armas un toma que te doy con Gutierrez. Pura finta. Además todo lo ves novela o narrativa. Dónde quedó la poesía? No vas criticar PARABELLUM sólo porque odias a Coral? Son preguntas que yo me hago y no me respondes.

Fidel K.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No puedo publicar completo el artículo del profesor Huamán simplemente porque no es mío y no tengo ese derecho.

Y sí he dicho que voy a responderlo todo, simplemente que lo haré por entregas. ¿Cuál es el problema?

La literatura de Víctor Coral me parece tan relevante como el último episodio de American Idol.

Mónica dijo...

"No puedo publicar completo el artículo del profesor Huamán simplemente porque no es mío y no tengo ese derecho". Creo que Miguel Ángel no tendría problema en que lo publiques completo si la idea es comentarlo o responderle.
Hasta el momento tus argumentos me parecen contudentes en torno a este primer párrafo. No es la primera vez que Huamán tiene ese tipo de deslices.

Anónimo dijo...

Al margen de lo que hagas en tu Blog, pienso que deberías responder con un artículo en un espacio diferente, quizás la propia revista que publicó el trbajo de Huamán, u otra con iguales prtetensiones. Porque responder en partes en tu Blog, con gente que no ha leído el artículo completo (no es mi caso), pone al lector en la incomodidad de no saber de qué estás realmente hablando. El argumento completo que dices que vas a construir lo seguiré con atención, por supuesto en el Blog, pero ante un trabajo que circula en una revista académica le corresponde una respuesta en el mismo circuito y con las mismas convenciones.

Jorge Frisancho dijo...

Una cosa que siempre me llama la atención en textos como el de Miguel Ángel es el uso de un "nosotros" que a mí se me hace por lo menos problemático, pero que aquí es asumido como si no pasara nada. En el párrafo que citas y comentas hay seis instancias: "nuestra realidad", "nos ven", etc. Sin entrar en los temas puntuales de tu polémica, ¿de qué manera este profesor de literatura, en el siglo XXI, participa del mismo "nosotros" que los sujetos a los que se refiere? ¿Habla/escribe por ellos? ¿Los representa? Yo no la veo.

(Y sí, la referencia es a aquel artículo de Spivak, que ya tene más de 20 años).

Jorge

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Y es la misma pregunta que agotó al Grupo de Estudios Subalternos Latinoamericanos y condujo a su disolución. Es cierto lo que objetas, Jorge: así como el profesor Huamán imagina un "ellos" invariable desde la colonia hasta hoy, también asume un "nosotros" desbordado, que es más bien la arrogación de una representación que no tiene él así como no la tengo yo.

PVLGO dijo...

Ese primer parrafo me crea un prejuicio mas pesado que un ancla no solo con respecto al autor sino tambien con respecto a la revista que lo publica y la universidad donde trabaja y etc., etc. Hey, es solo un prejuicio!

Anónimo dijo...

Jorge Frisancho,
ese nosotros al que refieres es entendible claramente como el de la mcomunidad nacional, pues al menos simbólicamente la historia de la conquista-invasión europea es un momento de la formación de ese nosotros que llamamos Perú. Huamán habla de una subalternidad a nivel nación, no con subalternidad a nivel nacional. es muy sugerente, creo yo, que asumas que él habla de indios y que solo ellos fueron conquistados y colonizados, cuando repito, esa es parte de nuestra narrativa histórica, que nos atañe a todos, seamos como seamos, la peruanidad está fundqada en la colonialidad de su origen.

PS Tu crees que el texto de Spivak ya no debe leerse 20 años después? Ella misma no lo cree, por favor lee Death of a Discipline para ver cómo la pregunta se reformula constantemente.

Manuel Godoy dijo...

Acaso esperan que Miguel Angel escriba algo así: “Desde la invasión española a MI territorio en el siglo XVI se han impuesto visiones de MI realidad sociocultural que refuerzan arquetipos de dominación. Por un lado, ME VEN como el buen salvaje, lo que supone una cierta mirada condescendiente porque SOY dado a la diversión, a los placeres, propio [sic] de seres de una colectividad inmadura e infantil. Por otro lado, ME califican, de acuerdo con la llamada leyenda negra, como desalmado y agresivo, raza inferior, ser torvo y falso, proclive al engaño, la violencia y la corrupción. Ambas lecturas refuerzan MI condición de formación social dependiente”.
Bueno, lo anterior era una broma, pero el uso de su NOS más que un discurso asumido desde el lugar de la otredad (nosotros, los otros o cualquier otra manera para asumirse "subalterno" o "dominado") tieen que ver con una falsa modestia que existe en decenas de ensayos o críticas.

Bruno Ysla Heredia dijo...

El problema también es que él usa la palabra "invasión", una palabra discutible (y vaga) para el hecho de la llamada "Conquista española". ¿Existe una forma "correcta" de llamar a este suceso? Si quieres no la llames "conquista" pero de eso irte a llamarla "invasión" como que es demasiado, me parece. Ilústrenme al respecto, por favor.

Daniel Salas dijo...

Más tarde voy a poner un comentario. Desafortunadamente, el artículo de Miguel Angel Huamán está plagado de dislates por eso resulta difícil abordarlo integralmente. En cuanto a la pregunta de Bruno, a mí la palabra invasión, al igual que conquista, me parece correcta.

Lo que no me cuadra es lo que señala Jorge: el uso del nosotros es una generalización que produce una enorme imprecisión. Parece un mero uso formulaico pero lo que vale en un discurso político no necesariamente vale (normalmente NUNCA vale) en un texto académico. ¿De verdad Miguel Angel se cree parte de una comunidad "colonizada"? Yo creo que estaría usurpando una identidad que no me corresponde si empezara a andar por el mundo definiéndome como parte de una comunidad de sujetos colonizados y, en consecuencia, hablando en nombre de ellos.

El pensamiento colonizador tuvo además muchos matices y no se puede presentar como uno solo. Vi, desafortunadamente, muchos prejuicios en este artículo y una falta de fineza en las categorías, además de juicios enteramente contradictorios.

Anónimo dijo...

A mi tambien me parecen correctas las palabras conquista e invasion. Los españoles INVADIERON y luego CONQUISTARON las tierras que descubrieron en America. Yo solo agregaria que el movil de toda esta historia de conquista fue la busqueda de oro y el afan de riqueza, curas y reyes de por medio.

Anónimo dijo...

yo lo que les rogaría es que se serenaran, faverón y salas, y dejen de usar descalificaciones a priori, "formulaica, dislate", etc- y vayan al asunto central del artículo de Huamán. Y argumenten en contra, argumenten en contra de la existencia de una geopolítica del conocimiento, que dicta los destinos de lo que se conoce y cómo es con conocido.
En este caso el señor faverón prefiere hablar de dos párrafos de la pagina 31, y se come el final del párrafo anterior en que Huamán habla de la existencia de un colonialismo cultural, para lo que recurre a una revisión apretadísma, apurada si quieren, de la historia que asumimos como nacional. Pero ese punto es el que habría que discutir.
Por otro lado, el señor salas no se siente colonizado (no estaría demás revisar el profundo y complejo análisis de la colonización del ser que W Mignolo explica ampliamente en sus dos libros claves The Darker side of the Renaissance y Local History-Global Design, y ver si aún considera que es un sujeto libre y ciudadano del mundo). Una chismeadita por el trabajo de Inmmanuel Wallerstein también vendría bien para dejar de cortar con chavetitas los argumentos de los otros, con la tranquilidad de que se está hablando supuestamente a una comunidad poco enterada de ese debate, y que se puede invalidar simplemente.
Suponmgo que Salas será capaz de localizar los "dislates" de manera extensa en cualqueira de sus espacios. Y espero que lo haga antes que Faverón.
Pero insisto: están mirando la partecita inicial del argumento. El artículo tiene 9 páginas, algo de 40 párrafos.
No veo rigor en lo que están haciendo

Anónimo dijo...

Impresiciones de detalle impiden ver el conjunto: Huaman esta sintetizando la colonizacion espanola como un proceso en que el Otro americano es construido por el discurso dominante desde dos miradas complementarias: Una es la militar -que justifica la esclavitud y matanza de indios fieros y salvajes- y la otra es la religiosa -que justifica tambien a la corona via dominacion ideologica de indios amansados infantilizados y feminizados. Como puede verse, a eso alude al llamar a la primera parte de lo que se llamo la leyenda negra; y a la segunda la relaciona con las elaboraciones de lo que despues -mutatis mutandis- se llamo el buen salvaje.
Este inicio de Huaman no es novedad, es ampliamente aceptado que el proceso de colonizacion se dio con la espada y la cruz: la primera contra los indios como canibales, la segunda contra los indios como ninos bautizados por la imposicion del cristianismo.

Daniel Salas dijo...

Hay una diferencia entre no sentirse un sujeto y sentirse colonizado. Habría que explicar en qué sentido se puede decir ahora que el Perú es un país colonizado (¿por quién?) y de qué manera las ideologías del XVI pueden ser transportadas a los siglos XX y XXI. Es una pena que se sigan presentando versiones de las ideologías coloniales tan simplistas y falsas como la del último anónimo. No es verdad que todos los religiosos hayan visto a los indios como infantilizados o feminizados. No se puede confundir a Sepúlveda con Vitoria, a Las Casas con José de Acosta. Claro que hay conexiones pero no se puede decir que hubo UN pensamiento religioso definitivo. Nunca hubo un consenso sobre la naturaleza de los indios y recordemos que Las Casas y los teólogos salmantinos tuvieron el poder de prohibir que se publique el famoso 'Democrates secundus' de Sepúlveda. Vean ese libro, que representa la línea más dura contra los indios, y no van a ver ningún indio feminizado o infantilizado.

Anónimo dijo...

Cualquier artículo que se pretenda serio y que a la vez pretenda descubrir continuidades tan evidentes en los últimos cuatrocientos años no merece respeto.
Los historiadores más extraordinarios escriben e investigan por años la evolución de la sociedad colonial y peruana. Y luego un par de entusiastas extasiados por un buen artículo de Spivak y dos libros fanfarrones y crípticos de Miñolo creen tener las respuestas.
Las modas intelectuales van a acabar con los trabajos serios si es que todo termina siendo reducido a dicotomías tan esenciales como "nosotros" y "ellos" o una otredad vagamente definida (¿Los otros de quiénes? ¿Qué era la clase dominante en el XVI? ¿Qué es hoy? ¿Qué es ser subalterno?)
No tenga nada en contra de los conceptos, menos aún de conceptos tan interesantes. Pero sin explicaciones elaboradas no son más que pantallas de humo para esconder enormes vacíos de conocimientos.
El uso de términos como "Leyendo Negra" y "Buen Salvaje" , que son ampliamente conocidos y clave para cualquier interesado en las relaciones ionerétnicas en el mundo colonial, revela una profunda ignorancia del autor del artículo acerca de aquello sobre lo escribe.

Anónimo dijo...

Daniel:
No captaste el punto y vuelves a incurrir en el error de ver la flor sin ver el bosque. Que Sepulveda fuera religioso no quita nada al argumento general: simplemente, su discurso, justificaba la practica militar. (En el Peru actual podrias encontrar ecos en el castrense -o mejor, CAstrense!- de Cipriani)
Revisa aparatos del estado, Althusser.

Daniel Salas dijo...

Enmienda: Quise decir "Hay una diferencia entre no sentirse un sujeto libre y sentirse colonizado."

Anónimo dijo...

Es una pena que se sigan presentando versiones de las ideologías coloniales tan simplistas y falsas como la del último anónimo.

....

Los historiadores más extraordinarios escriben e investigan por años la evolución de la sociedad colonial y peruana. Y luego un par de entusiastas extasiados por un buen artículo de Spivak y dos libros fanfarrones y crípticos de Miñolo creen tener las respuestas.
Las modas intelectuales van a acabar con los trabajos serios si es que todo termina siendo reducido a dicotomías tan esenciales como "nosotros" y "ellos" o una otredad vagamente definida (¿Los otros de quiénes? ¿Qué era la clase dominante en el XVI? ¿Qué es hoy? ¿Qué es ser subalterno?)

....

Los comentarios anteriores evidencian que sus autores anteponen el rigor en la investigacion antes que el entusiasmo, a veces engañoso.

Vale, pero entonces, tendríamos el problema de cómo lograr que los productos intelectuales más rigurosos sean adecuadamente difundidos y captados o interiorizados por la sociedad.

Es como lo que sucede con la arqueología: la gente está mas dispuesta a aceptar como verdades los "descubrimientos" de Von Daniken que en los descubrimientos arqueológicos autenticos.

Tal parece que en el hacer literario se produce el mismo fenómeno, a saber, que algun texto grandilocuente y vacio (con esos términos repetidos machaconamente: "leyenda negra", "buen salvaje") tendrá siempre más aceptación y defensores que otro con mayor ambición de objetividad.

Lo que recuerda el post anterior sobre la novela de tesis y la novela dialógica. Tal vez se podria empezar a hablar de la "investigacion de tesis" (?), donde ciertos conceptos ya estan demostrados "antes", y por tanto no pueden ser cuestionados.

Anónimo dijo...

No he leído el ensayo de Huamán y, en principio, no simpatizo con ese tonito a priori reivindicativo que lo emparenta al cucufato culturoso César Lévano. Lo que no me impide dejar abierta la posibilidad de que el ensayo en cuestión me guste después de su lectura y también de decir que tu objeción, Gustavo,en tu primer parágrafo no procede para rebatir a Huamán en lo que dice del "buen salvaje", su alusión, en modo alguno niega lo que tú "aclaras".
R. BARTHES

Daniel Salas dijo...

Sepúlveda no fue el único y su opinión era minoritaria entre los eruditos. Claramente, trabajaba para un interés. De hecho, Lewis Hanke revela que recibía dinero de los encomenderos. Pero, repito, él no muestra a los indios como afeminados e infantilizados. Quien otorgaba una condición infantil a los indios era Francisco Vitoria pero para explicar que se trataba de una circunstancia temporal que habría de ser subsanada con la buena educación que los sacara de la barbarie. Una vez cumplida esta tarea, el régimen español dejaba de tener automáticamente sentido. Los teólogos de Salamanca y los lascasianos dieron una feroz y enérgica batalla contra los abusos cometidos por sus compatriotas. No se puede decir que la religión haya sido enteramente funcional al Imperio.

Nunca he negado la violencia brutal que significó la conquista. Antes he escrito contra esa mirada cándida e hispanófila que nos ha querido presentar a la evangelización de América como un proceso armonioso e iluminador. No fue así.

Lo que cuestiono es que se pueda analizar el presente a partir de ideas ocurridas en el pasado (primero uno tendría que demostrar su vigencia ahora, en estas circunstancias) y, peor aún, con visiones erradas y parcializadas del pasado.

No me gusta, no me termina de gustar la tesis de Mignolo (quien por ejemplo pone en un mismo saco a Gabriela Anzaldúa y a José Carlos Mariátegui!! y quien asegura, sin ofrecer ningún sustento, ninguna prueba estadística, que la globalización no ha producido desarrollo en ninguna parte!!!). Yo recomendaría los trabajos de investigadores más escrupulosos como Anthony Pagden, Lewis Hanke, Sabine McCormack y Rolena Adorno.

Anónimo dijo...

anónimo que comienza>"Cualquier artículo que se pretenda serio..." :

En relación a Mignolo> Cuando dices críptico explicas por qué dices fanfarrón. No tienes elementos suficientes para entender la hermenéutica pluritópica del argentino, porque ello requiere una seria formación en materia de estética *Gadamer* y en epistemología. Sospecho que eres un cientista social defendiendo los jirones que quedaron de tu conocimiento después de White.

Lee, flaco, lee.

Jorge Frisancho dijo...

Al anónimo de ayer: sí, ese "nosotros" debe entenderse simbólicamente como la comunidad nacional -pero es precisamente la idea de la comunidad nacional, descrita de esa manera, lo que me parece problemático en este contexto. Creo que cualquier ejercicio crítico que quiera explorar temas de colonización y subordinación en el espacio cultural andino necesita incorporar, indefectiblemente, la idea de que "nosotros" es un pronombre inapropiado para muchos procesos. De hecho, en la historia cultural del Perú, "nosotros" ha sido con frecuencia la máscara de un discurso subordinador y colonizador.

Otrosí, claro que creo que el artículo de Spivak debe leerse todavía, y siempre. Es eso lo que quise decir: ya tiene veinte años, y aún hay quien escribe sobre estos temas como si no existiera.

Anónimo dijo...

salas,
primero que nada es gloria anzaldúa, por si acaso, y el hecho de que no te guste *no quiero creer que en esto intervengan dcuestiones de opción sexual- no ataca el argumento. No me termina de gustar", por Dios, de qu'e estamos hablando entonces, de gustos?
WM traza una línea de pensamiento y los vincula en cierta lectura,nada más. Por qué espantarse. Cuál es? Dímelo tú a ver si de verdad leíste y no estás fanfarroneando, define ahoritita border thinking, Y EN qué sentido Mariátegui puede no ser border thinker también.

Est'as recomendando lecturas de historiografía, mano, Mignolo es un teórico.

Anónimo dijo...

Querido Barthez *el arquero, no el pensador*, dejame un email y te hago un pdf pa que leas. de nada.

Daniel Salas dijo...

Anónimo: es verdad, es Gloria, no Gabriela. Pero yo no dije en mi comentario que no me guste lo que ella afirma sino que no puede ser puesta en el mismo saco que José Carlos Mariátegui, en el grupo de intelectuales "descolonizadores". Son dos pensadores en dos momentos diferentes que se plantean problemas distintos. La lista completa de pensadores descolonizadores según Mignolo es absurdamente variopinta: Gandhi, Mariátegui, Césaire, Cabral, Fanon, Menchú y Anzaldúa. Uno puede entender las relaciones entre Menchú y Anzaldúa pero Mariátegui ¿qué tiene que ver? Esta falsa de fineza me disgusta porque la tarea de la crítica es discernir, no confundir.

No me termina de gustar Mignolo precisamente porque sus ideas carecen de sustento empírico. Por más teórico que seas, si afirmas que el capitalismo no produce desarrollo, tienes que refrendarlo con datos. Tampoco estoy de acuerdo con su antiuniversalismo ni con su enemistad culposa con la modernidad (esa misma que le da trabajo como catedrático en Estados Unidos). Su discurso es capaz de criticar todo (sin fundamentos) y a la vez es incapaz de proponer nada. No me sirve ni para entender el presente ni mucho menos el pasado y por eso no me gusta.

Anónimo dijo...

Perec todo quedar resumido a otra oposición simplista, que ahará felices a los conocedores en estética y epistemología:

Por un lado, quienes creen que se puede hacer teoría sin conocer a fondo el objeto de estudio y están dispuestos a defender cualquier afirmación grandilocuente que calce con sus teorías favoritas. Mejor si las afirmaciones contienen reivindicaciones subalternas. No importa que tengan como ser demostradas. La alución a Hayden White entre todos -un teórico tan limitado y tan popular-es una muestra de lo que se puede lograr cuando se quiere decir mucho sabiendo poco. Si White es tu argumento para no leer historia y creerte todas las teorías que utilizan jergas postmodernas, allá tú.

Por otro, gente dispuesta a discutir los detalles de esas afirmaciones para evitar bochornos como los de un crítico literario que pretende ser experto en los discursos acerca de la subalternidad en la historia del Perú y que probablemente no ha leído a Bartolomé de Las Casas.

Anónimo dijo...

De Wikipedia, mira, para no complicarte>
Metahistory

In Metahistory (1973), White extended the use of tropes from a linguistic usage – figures of style – to general styles of discourse, underlying every historian's writing of history. He believed histories to be determined by tropes, in as much as the historiography of every period is defined by a specific trope. For White, the metaphor may be the most useful trope, and historical explanation "can be judged solely in terms of the richness of the metaphors which govern its sequence of articulation" (Tropics of Discourse 46). White used the work of historians and philosophers of history in the nineteenth century - specifically, that of G. W. F. Hegel, Jules Michelet, Leopold von Ranke, Alexis de Tocqueville, Jacob Burkhardt, Karl Marx, Friedrich Nietzsche, and Benedetto Croce - as embodiments of particular historiographical tropes and political/moral aims.

White did not see tropes as incompatible with the historian's freedom in his actual writing of history. He justified his position – among other ways – on the basis of the historical unfolding of tropes (from metaphor to metonymy, synecdoche, and finally irony); he placed himself within the ironic historiographical tradition, one that allowed certain elements of the absurd and of contradiction. These ideas can be seen in light of White's support of the idea of narrative as an essential constituent of historical experience and method. He writes in The Content of the Form (1987) that "A true narrative account...is less a product of the historian's poetic talents, as the narrative account of imaginary events is conceived to be, than it is a necessary result of proper application of historical "method" (27). Referring to Paul Ricoeur, by whom he was strongly influenced, White writes, "plot is not a structural component of fictional or mythical stories alone; it is crucial to the historical representations of events as well" (51).

Norman Levitt has pointed White out as "the most magisterial spokesman" for relativistic post-modernist historiography, where "[w]hen one particular narrative prevails, the dirty work is invariably done by 'rhetoric', never evidence and logic, which are, in any case, simply sleight-of-language designations for one kind of rhetorical strategy" (Archaeological Fantasies 267). White, however, can also be seen as a traditional moralist, and he has asked of historical and fictional narrative “…on what other grounds [than moralism] could a narrative of real events possibly conclude? […] What else could narrative closure consist of than the passage from one moral order to another? ("The Value of Narrativity" 283).


Si sigues leyendo historia como la leían nuestras abuelas, allá tú.

profe de grammar dijo...

Ay, muchachos:
"Alución" nadie hizo, acaso alguien hizo "aluSión" a White. Este equívoco me hace pensar en Faverón disfrazado de anónimo, lo reconocimos por el dejo...

Anónimo dijo...

El error ortográfico (no gramatical) fue de este uno de varios de este mismo anónimo, por favor dejar de alucinar que Faverón es el Gran Hermano.

Bien con Wikipedia. ¿A qué quieres llegar? También puedes buscar a Bartolomé de Las Casas.

Anónimo dijo...

por qué se fastidian la vida, por qué se llenan de determinaciones y límites, hay que leer esto, hay que leer lo otro, díganme, en qué momento piensan por sí mismos y no a través de un texto prestigioso?

Daniel Salas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Daniel Salas dijo...

Es extraño que quienes ataquen a los que no están de acuerdo con Miguel Angel Huamán citen a Hayden White. En su artículo, Huamán dice que la literatura no puede explicar los sucesos políticos, que eso es trabajo de historiadores y sociólogos. Pero lo que sostiene White es exactamente lo contrario, es decir, que la imaginación literaria es sumamente poderosa y es capaz de construir visiones éticas de gran alcance. Entonces no basta citar Wikipedia sino explicar a cuento de qué viene la cita.

Anónimo dijo...

Querido Barthez *el arquero, no el pensador*, dejame un email y te hago un pdf pa que leas. de nada.

9/26/2008"
OK, gentil anónimo,puedes escribir a silor4@yahoo.com. Y si deseas insultar te advierto que pierdes tu tiempo porque estoy acorazado.Según lo que me digas, estoy seguro de que te podré corresponder con otro pdf interesante.

profe mal pagado dijo...

Ay, muchacho,
¿Y qué nunca te contaron que la ortografía es parte de la gramática? Mucha plata gastada en vano en tan prestigiosa universidad...

Anónimo dijo...

Ahora, sí me exaspera tu adjetivo "variopinta", variopinta con una sola excepción, en esa lista faltan blancos. Eso la hace absurda? O ya es demasiado suspicaz de mi parte?

Anónimo dijo...

Ne vous préoccupez pas, cher Rumesildo. Solo quiero enviarte el artículo de Huamán que dijiste te resultaría interesante. Dame un día pa escanearlo.
Au revoir, cher collègue!

Daniel Salas dijo...

La ortografía no tiene nada que ver con la gramática. Y la gramática no es el estudio ni de lo que se debe decir ni de cómo se debe escribir.

Daniel Salas dijo...

Mariátegui no puede ser incluido como descolonizador en el sentido en que Mignolo lo plantea. Es absurdo. Mariategui se autodefinía con orgullo como un europeizado y su socialismo apuntaba a actualizar el panorama intelectual peruano. No tiene nada que ver con la descolonización epistemológica que destaca y reivindica Mignolo.

profe huelguista dijo...

Salas, ahí te van, gracias a la RAE. Lee todas las entradas, please:

gramática.

(Del lat. grammatĭca, y este del gr. γραμματική).


1. f. Ciencia que estudia los elementos de una lengua y sus combinaciones.

2. f. Tratado de esta ciencia. La biblioteca tiene una buena colección de gramáticas.

3. f. gramática normativa.

4. f. Arte de hablar y escribir correctamente una lengua.

5. f. Libro en que se enseña.

6. f. Antiguamente, estudio de la lengua latina.

~ comparada.

1. f. La que estudia las relaciones que pueden establecerse entre dos o más lenguas.

~ descriptiva.

1. f. Estudio sincrónico de una lengua, sin considerar los problemas diacrónicos.

~ especulativa.

1. f. Modalidad de la gramática que desarrolló la filosofía escolástica, la cual trataba de explicar los fenómenos lingüísticos por principios constantes y universales.

~ estructural.

1. f. Estudio de una lengua regido por el principio de que todos sus elementos mantienen entre sí relaciones sistemáticas.

~ funcional.

1. f. La que se basa en el estudio de las funciones de los elementos que constituyen una lengua.

~ general.

1. f. Aquella que trata de establecer los principios comunes a todas las lenguas.

~ generativa.

1. f. La que trata de formular una serie de reglas capaces de generar o producir todas las oraciones posibles y aceptables de un idioma.

~ histórica.

1. f. La que estudia las evoluciones que una lengua ha experimentado a lo largo del tiempo.

~ normativa.

1. f. La que define los usos correctos de una lengua mediante preceptos.

~ parda.

1. f. coloq. Habilidad para conducirse en la vida y para salir a salvo o con ventaja de situaciones comprometidas.

~ tradicional.

1. f. Cuerpo de doctrina gramatical constituido por las ideas que sobre el lenguaje y su estudio aportaron los filósofos griegos, y que se desarrolló, en los siglos posteriores, prácticamente hasta la aparición de la gramática estructural, en la primera mitad del siglo XX.

~ transformacional, o ~ transformativa.

1. f. La que, siendo generativa, establece que de un esquema oracional se pasa a otro u otros por la aplicación de determinadas reglas.


Y ahora:


ortografía.

(Del lat. orthographĭa, y este del gr. ὀρθογραφία).


1. f. Conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua.

2. f. Forma correcta de escribir respetando las normas de la ortografía.

3. f. Geom. Delineación del alzado de un edificio u otro objeto.

El Diccionario de la RAE también definió en varias versiones ortografía como parte de la gramática.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Mi querido profe huelguista: no sé cómo llegaron al tema de qué es la gramática, pero sí me doy cuenta de que estás colocando la discusión en dos niveles distintos. Lo que Daniel llama gramática es lo que los lingüistas llaman gramática: no tiene que ver con qué cosa es correcta y qué cosa no cuando usas una lengua y mucho menos con cómo la escribes (la escritura es un código secundario, sobreimpuesto a la lengua y posterior a ella: todas las lenguas tienen una gramática, pero no todas tienen una ortografía, simplemente porque no todas las lenguas tienen una escritura). Lo que Daniel llama gramática no es una serie de reglas prescriptivas, sino descriptivas: cómo estructura una lengua los elementos que la componen. Difícilmente puedes responder a eso con una definición de diccionario, mucho menos si, precisamente, tú pareces entender el diccionario como una serie de normas que te dicen qué puedes hacer y qué no puedes hacer con la lengua. No debes verlo así: las lenguas tienen una vida propia que escapa a las prescripciones y las regulaciones de los diccionarios o de la academia. Son los diccionarios los que se tienen que poner al día con los sentidos que las palabras adquieren a lo largo del tiempo y con el cambio de las convenciones, no al revés.

profe dijo...

Amado Gustavo,
Solo respondo al exabrupto de Salas diciendo que no hay relación alguna entre ortografía y gramática.No es el único sentido, el de los lingüistas (generativos, por ejemplo), el que se atribuye al término gramática. El uso mayoritario no es el de los lingüistas, sino el de los usuarios de la lengua.

Daniel Salas dijo...

Cuando uno usa términos especializados, debe usarlo como lo usan los especialistas. Pero lo más importante es que no tiene sentido descalificar a alguien por su ortografía o por errores de ortografía. Hay que sacarnos estos prejuicios de la cabeza, sobre todo si de verdad queremos descolonizarnos. Si no, llamemos a Martha Hildebrandt y que ella resuelva todos los problemas del mundo.

Anónimo dijo...

Para la cuestión de la ortografía no hay que llamar a M. Hildebrandt sino a García Márquez quien gustoso te dará luz verde para que no te esclavices con normas prescritas. El rollo está en que puedes escribir "cajón" con g y entonces,literalmente hablando, la cagarás.
R.B.

tucutín dijo...

Yo también creo que no se debe descalificar a alguien por errores de ortografía; pero si dichos errores los comete un intelectual que se jacta en demasía de su profundidad y cree tener la verdad de su lado, ahí creo necesario hacerle notar cuál error ortográfico ha cometido (en caso de cometerlo, por supuesto), sobre todo como una manera de hacerle pisar tierra y para que no se crea infalible.