28.9.08

Respondiendo al profesor Huamán, 4

Sobre la moral crítica y las falsas moralidades

(Viene de aquí...)

El problema es que el profesor Huamán permite que sus observaciones críticas se vean intensamente permeadas por un prejuicio seudo-moralizador sobre el rol de la crítica y por otro aun peor: la idea de que la crítica relativa a la literatura de la violencia no está comprometida con el esclarecimiento de un fenómeno literario, estético e ideológico, sino con la búsqueda del éxito comercial, y que acabaría por constituirse en un refuerzo, acaso inconsciente, de los estereotipos promovidos por ese malentendido neoimperialismo al que antes aludí. Dice mi colega, en referencia a Toda la sangre:

“Según parece, la idea ha sido ofrecer esa selección porque el público se interesa en esa temática, sin importar que algún joven vaya a creer que basta abordar esos sucesos para lograr destacar como escritor o que muchos fundamentalistas se sientan gratificados por la reafirmación de sus postulados que proclaman que la literatura debe expresar la lucha de clases. Evidentemente, cualquier segmentación o selección responde a opciones del crítico y estas, más allá de su intención consciente, pueden resultar funcionales o disfuncionales a las necesidades del mercado. Tengo la impresión de que, en este caso, ha primado más el criterio de ventas”.

En el inicio de ese fragmento se encuentra la engañosa mirada moralista a la que aludí. Involucra, antes que nada, una concepción ingenuamente paternalista de la labor crítica: la idea de que un estudioso de la literatura debería, antes de formularse su tarea investigativa, reparar en la repercusión moral de la misma sobre un lector tan inocente y despistado que sólo puede entender los libros como una escalera hacia el reconocimiento personal. Según se puede colegir de sus palabras, el profesor Huamán supone que la crítica debería soslayar el fenómeno de la literatura de la violencia en el Perú para proteger a los jóvenes escritores del error de pensar que escribir sobre la violencia es un camino hacia la consagración.

Esa idea, obviamente jerárquica y desdeñosa frente a la capacidad intelectual de los potenciales lectores de Toda la sangre (y de los lectores de toda la literatura de la violencia política) esconde un mal mucho mayor, un mal crucial que desvirtúa las bases mismas sobre las cuales el profesor Huamán desempeña su trabajo crítico: él piensa que la crítica debe vedar, ocultar, escamotear al lector los tópicos que pueden corromperlo: la crítica, según el profesor Huamán, debería vetar y censurar el estudio de ciertos asuntos para no convertirse en una suerte de infección incurable en la mente del lector y en la visión y la poética de los escritores futuros. O peor aun, que la crítica debería advertir a sus lectores acerca de los temas que pueden o no tratar si algún día piensan en tomar la posición de autores ellos mismos.

Mi colega debería comprender que la crítica debe ser pedagógica, en efecto, pero no paternalista: el crítico no es el guardián de la moral de los lectores, sino apenas un lector más entrenado que el resto, que tiene el deber de esclarecer lo oscuro y desentrañar lo oculto: hacer evidentes los postulados estéticos y las concepciones ideológicas que subyacen a un texto, jamás privar al lector del contacto con los libros, y mucho menos asumirse con derecho a dictaminar que un tema en particular debe pasarse por alto para cuidar la pureza de sus potenciales receptores.

El otro riesgo que el profesor Huamán señala en relación con Toda la sangre, además del peligro de corromper a los jóvenes, es su temor de “que muchos fundamentalistas se sientan gratificados por la reafirmación de sus postulados que proclaman que la literatura debe expresar la lucha de clases”. Una vez más, lo que parece proponer el profesor Huamán es la censura de ciertos textos. Quizás la inclusión de “La oración de la tarde”, el relato del senderista Hildebrando Pérez Huarancca, le parece perniciosa. Acaso el profesor hubiera preferido que Toda la sangre excluyera a todos los autores marxistas, temeroso de que la lectura de esos cuentos enfermara de un afán violentista al público lector de la antología. Poco le interesa al profesor Huamán el hecho evidente de que esa censura haría del libro un panorama sesgado y parcial, incompleto y tendencioso, mutilado y, por tanto, mentiroso. Una vez más, prefiere la protección falaz de la moral del lector antes que la posibilidad de otorgarle a ese mismo lector todos los elementos relevantes para que se forme un juicio del asunto. Si el profesor Huamán entiende el trabajo de la crítica como el de una censura y un tijereteo, una elisión y una elusión, allá él: yo no puedo ejercer la crítica ocultando las evidencias del tópico que elijo estudiar. Esa es la verdadera moral del ejercicio crítico, la moral que todos en esta profesión debemos respetar.

El profesor Huamán debería ceñirse a la decencia de no expresar juicios de valor sin ofrecer al menos una mínima explicación. “Tengo la impresión de que, en este caso, ha primado más el criterio de ventas”, escribe*. Esa es una frase que el profesor Huamán podría haberse reservado para una charla de café, pero que no tiene lugar alguna en un estudio que quiere presentarse como crítico. No es sino una falsedad tendenciosa dirigida a descalificar por capricho el trabajo de un colega; no tiene lugar alguno en un estudio que quiere presentarse como crítico. “Tengo la impresión”. Vaya agudeza, vaya lógica severa, vaya sólida argumentación.

*Aunque por lo común me parece poco elegante referirme a estos asuntos, quizá valga la pena en este caso precisar que Toda la sangre fue publicado sólo gracias a que la Editorial Matalamanga aceptó endeudarse con los talleres gráficos que corrieron con los gastos de impresión, y que yo, como editor del libro, no he percibido, ni he pedido nunca, ni un solo sol del producto de las ventas. ¿Será necesario también hacerle ver al profesor que Matalamanga no es precisamente una "gran editorial transnacional"?

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Me solidarizo. Esa descalificación es poco seria.

Anónimo dijo...

No creo que hayas llegado todavía al punto central del análisis del prof.

Anónimo dijo...

Yo tampoco. Pero creo que ese punto central tiene poca importancia o, en todo caso, está tratado con muy poco rigor. Desplazar todo intento crítico hacia las complejidades de una geopolítica del conocimiento en muchos casos deja de ser un aporte para pasar a ser un lugar común y una excusa para emitir juicios ad hominem.

Este último post lo muestra.Si se pretende que ese sea el "punto central", el estudio de las condiciones de producción del libro, el papel del editor en él y sus expectativas, su valor comercial, etc. deberían ser estudiados con mucha mayor profundidad.

Anónimo dijo...

Todo lo que se aplica a Huamán como pseudo moralista también se te aplica a ti; lo que debe reconocerse es tu falta de escrupulos: no inflinges dilatadas y apasionadas a los textos, sino a las personas o a lo que imaginas que son a partir de dos líneas dichas y tu mala voluntad hacia ellas; ella se deja ver (la mala voluntad) incluso en esta pretendida crítica intelectual que por todos lados se preocupa por mostrar que más inteligente eres tú. ¿Eso le interesa a alguien?

Anónimo dijo...

2do anónimo: al menos di cuál crees tú que es el punto central

Anónimo dijo...

Punto central, dice. Oye, no seas abusivo, que los errores retóricos y teóricos del señor Huamán son de pregrado para abajo, caray. Qué nivel. Ya entiendo por qué algunos de mis contertulios sanmarquinos se enredan más que peluca de payaso.

Anónimo dijo...

Gustavo, Gustavo! Coral ha atacado a Julián Pérez, no debes permitirlo, la luhca de clases y la verdad incómoda sobre la guerra popular del PCP tienen derecho a expresarse!!!

Rodo

Anónimo dijo...

me gusta que defiendas el derecho a que la literatura exprese ideas como la lucha de clases y la guerra popular, eso dice mucho de tu apertura a pesar de que a veces no se nota mucho. Saludos.

Miguel Franco

perrodelhortelano dijo...

ES INTERÉS EN LAS VENTAS, CLARO QUE SÍ. ACASO EL LIBRO ES REGALADO EN LOS COLEGIOS A TRAVÉS DEL MINISTERIO DE EDUCACIÓN? aCASO ESTÁ COLGADO ONLINE LIBRE DE PAGO? CUESTA 45 SOLES.
AHORA QUE LAS VENTAS SEAN BAJAS ES OTRO CANTAR, PERO HAY INTERÉS EN VENDER Y ESO MARCA UNA PAUTA IDEOLÓGICA, HASTA CUANDO INSISTEN EN NO ACEPTAR EL PUENTE ENTRE LA LÓGICA DEL MERCADO (DEL MERCADITO) Y LOS PROYECTOS CULTURALES QUE SE GESTAN!!!
ES UNA EDITORIAL INDEPENDIENTE, AHORA, PERO ESTOY SEGURO QUE ASPIRA SER ECONÓMICAMENTE VIABLE. ESO SE LLAMA EMPRESA. NO LA LLAMEN SERVICIO DE BIEN COMÚN, NI HAGAN LA DEL GATITO PANZA ARRIBA: ES QUE NO RECIBIMOS NADA POR ESE TRABAJO!!
TU DEFENSA DE LAS EDITORIALES QUE EMPIEZAN gf, NOS HACE RECORDAR ESE CHISTE DE LOS QUE DICEN "SOMOS UNA SOCIEDAD SIN FINES DE LUCRO... PORQUE ASÍ DE MAL NOS FUE EN EL NEGOCIO".

Anónimo dijo...

Pregunta de encuesta: cuántos de nosotros anónimos, ha leído el texto del querido Profesor Miguel Ángel Huamán???? Si no, están leyendo a través de Faverón, aupados en él, o sentaditos en sus pequeñas faldas. El se los está leyendo, como a niños. Léanlo y luego a opinar. Haceos hombres, joder!

Anónimo dijo...

Ea!, que sí, a por él!

chamo

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Las ventas de Toda la sangre no fueron bajas; la editorial ya no tiene ejemplares del libro y hasta la última vez que hablé con ellos del tema, estaban planeando una nueva edición, de bolsillo. Ese no es el punto: el punto es que la acusación de Huamán, según la cual todo el interés de la antología eran las ventas, es falsa, gratuita e inconducente.

Por supuesto que me gustaría que leyeran el texto del profesor Huamán: en el primer post di las referencias bibliográficas. Pero también debo decir que estoy citándolo abundantemente para evitar que se diga que estoy tergiversándolo.

Mary Barnard dijo...

Hola.
Me gustaría leer el artículo de Huamán pero no tengo acceso a los volúmenes 8-9 de Ajos y zafiros.

Bueno, yo leí hace mucho tiempo la introducción de tu antología y creo que lo que provocó esta reacción del Profesor Huamán es el hecho que utilizaste una teoría de Edward Said, un teorico famoso del llamado "postcolonialismo", para elaborar el marco teórico de tu análisis. Creo que su problema con tu ensayo tiene que ver con su problema con lo postcolonial (¿dentro de la academia norteamericana, tal vez?), aunque tu ensayo no es nada postcolonial en mi opinión. Creo que el Profesor Huamán está cometiendo el doble pecado de ser un lector miope super reaccionario.

No obstante, no puedo opinar muy bien dado que no he leído el ensayo entero del señor Huamán.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Mary: estoy bastante de acuerdo con que el profesor Huamán, finalmente, tiene una óptica conservadora.

Yo tampoco tengo el ejemplar de Ajos y Zafiros, pero tengo el artículo en un documento de Word. Como no tengo derechos sobre él, no lo puedo publicar íntegro, pero si me das tu correo electrónico, puedo enviarte una copia como attachment.

Si quieres, escríbeme a:

gfaveron@gmail.com

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Un favor: ¿habrá alguien por allí duspuesto a escanear y enviarme en PDF la introducción a la Poética de Aristóteles de Samaranch?

Lucio Suárez dijo...

Estoy siguiendo esta réplica de Gustavo Faverón al prof. Huamán. Pero al igual que Mary, me interesaría tener acceso al contenido de su artículo.
De otro lado, sería interesante hacer partícipe de estos intercambios, al prof Huamán, para hacerlo más interactivo.
Lucio

Anónimo dijo...

Miguel Angel, por qué no hablas con los de Ajos y Zafiros, y tal vez puedes colgar en la Biblioteca digital de San marcos, como ya has hecho con varios de tus trabajos, una versión que se pueda leer.

Anónimo dijo...

El profesor Huamán en su blog tiene colgado el artículo "¿La literatura de la violencia política o la política de violentar la literatura?", para el que quiera leerlo y sacar su propias conclusiones.