5.2.09

Achismo

Crítica impresionista y clarividencia

Este es un post breve y puntual, una corta serie de preguntas, más bien, ensayadas por el blogger brasileño Leandro Oliveira en Odisséia Literária. Lo traduzco un poco a la mala:
¿Si un libro no nos gusta, hasta el punto de que lo abandonamos, es correcto criticarlo? Y si no nos gustó, pero aun así no conseguimos discernir bien qué es lo que falla en él, ¿es posible decirlo sin caer en el impresionismo de afirmar que es "simplemente malo"? ¿La crítica eficaz funciona con tan solo utilizar un tono combativo? Y al mismo tiempo, ¿cómo intentar esclarecer la recepción negativa de una obra sin utilizar el tono conciliador del "a pesar de" o del "existe algo bueno en medio de todo lo malo"?
Traduzco como "impresionismo" o "crítica impresionista" la palabra "achismo", que Leandro usa: es un derivado del verbo portugués "creer": "achar". Entiendo que refieren a lo mismo: una crítica que no se basa en demostraciones y razonamientos sino en impresiones, pálpitos y sospechas no argumentadas.

Creo que el centro de las preguntas es claro, pero se puede matizar para hacerlo incluso más polémico, incluso si con eso traiciono la intención del blogger brasileño: ¿se puede demostrar razonadamente que una cierta obra literaria "es mala"?

Mis respuestas serían menos valiosas, sin duda, que las que puedan aportar los comentaristas, así que me limito a retransmitir las preguntas. Y luego, si llegan contestaciones interesantes, también meteré mi cuchara.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Pásame EL ANTICUARIO y te respondo.

SamUel
y dale U

Asterión dijo...

Sí. Sí es posible. Basta con reconocer que el criterio de "malo" no es un absoluto, sino que responde a la época y a la cultura. Luego, será cuestión de establecer un diálogo con dicho concepto de "malo" y otros intertextos, que nos permitan contextualizar el asunto.

Es curioso que solo las artes o las ciencias sociales tengan que andarse con rodeos a la hora de dictaminar. Nadie dice, de un edifico que se cae, que es relativo. Nadie dice, de un doctor que hace "praxis relativa", sino "mala praxis".

Todos, cuando leemos, decimos "esto es malo", "esto es bueno". Solo cuando nos toca presentarnos ante un público, intentamos esgrimir argumentos "objetivos".

Claro, la crítica impresionaista, esa que sale en los diarios, ya atacada por los formalistas hace rato, debe ser erradicada. Eso es otra cosa, y no es una crítica, es precisamente una mera opinión sin valor. La opinión de alguien no le interesa, ni tiene por que interesarle, a nadie.

La crítica debe ser extrema, como decía Jonatha Culler, solo así será posible extraer algo novedoso. Cuando nos quedamos en la tibieza de lo políticamente correcto (aburridos textos académicos que solo citan fuentes y no a treven a exponer un pensamiento), estamos muertos.

Jorge Frisancho dijo...

Un caso en el que se puede demostrar razonadamente que un texto es "malo" es cuando falla en sus propios términos, cuando el propio plan que el texto se traza no se cumple o se cumple sólo de manera fallida. Por ejemplo, una novela realista de corte tradicional, donde la psicología de los personajes es inverosímil e inconsistente, o cambia de manera injustificada, y no por intención del autor. Esto evita la emisión de un juicio sobre el plan del texto, y te permite hablar únicamente de su ejecución.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Hola, Jorge.

De acuerdo, en principio. Pero también eso es difícil. Hace sólo unos días conversaba en Lima con un par de amigos que habían visto "Dioses", la película de Méndez. Ambos me decían que les parecía mala, o al menos defectuosa, y ambos me ponían como ejemplo el rasgo poco realista de la representación tanto de las clases altas como de las empleadas domésticas. Mi respuesta era que yo no había visto ninguna intención de retrato en clave realista en la película, que me parecía más que tenía una intención "mítica" en el sentido joyceano: dejar que el relato explícito quedara siempre influido por el subtexto tomado de la mitología griega: Cronos, el olimpo, el incesto de los "dioses", etc. Me pregunto cuál es la manera justa de decir que el plan de la película era o no era un retrato realista.

Jorge Frisancho dijo...

Yo creo que eso tiene que ver con parámetros de género, y con consistencia interna. Para seguir con mi ejemplo, si estás digamos leyendo una novela de Natahanael West, o una de Arlt, es claro que ahí se usan las claves del realismo pero al mismo tiempo se subvierten o se corrompen de una manera que quizás puedes llamar expresionista, para enfatizar ciertos estados emocionales; ese mismo efecto sería inadmisible en, por ejemplo, La ciudad y los perros. En el primer caso, lo que justifica la movida es su consistencia a lo largo del texto, su correspondencia con otros aspectos formales, su sistematicidad; en el segundo caso, sería simplemente un error. Un criterio entonces es ese, la consistencia (se me ocurre pensar en la idea romántica de organicidad). No he visto la película así que no puedo comentar, pero por la manera en que cuentas esa conversación, me parece que sucede algo que es común en Lima, que en cuanto un texto o una película tiene que ver (aunque sea tangencialmente, aunque ese no sea el tema) con cuestiones de estratificación social, la expectativa es que sea realista. La tradición literaria peruana (¿limeña?) parece demandar que los temas sociales se traten sólo de ese modo, y hay muchos lectores que no salen de ahí. Quieren leer una forma tradicional, decimonónica del realismo donde quizá haya otra cosa, y les parece "malo" aquello que no coincide con sus expectativas.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

La cosa, por ejemplo, qué haces cuando te enfrentas a un texto cuya gracia consiste en la transgresión de las expectativas que él mismo crea. Digamos: "Wasabi" de Alan Pauls, se plantea inicialmente como una novela hecha dentro del modo de representación realista. En la medida en que va creciendo el brote en el cuerpo del protagonista, ese código también va "degenerando", y las cosas que en un principio parecerían fuera de lugar, empiezan a cobrar otro sentido.

Una cosa más: la crítica que confía demasiado en que un texto se construya dentro de un cierto marco genérico, puede convertirse también en prescriptiva y dejar de percibir el mérito de un texto que no quiere conformarse genéricamente. Un ejemplo (estoy actuando como abogado del diablo, por si acaso, Jorge): en el auge de las novelas detectivescas abundaron los "decálogos", las reglas, y solía repetirse que ciertas cosas no debían formar parte de una novela del género, como, por ejemplo, los excursos referidos a la vida íntima, amorosa o privada del protagonista (Brautigan hace una parodia genial de eso en Un detective en Babilonia). El resultado: ciertas novelas eran descartadas como malas porque en ellas aparecían cosas que no parecían convenir a los principios genéricos dentro de los cuales la novela había sido escrita. Huelga decir que las excepciones fueron tantas que aparecieron dos o tres subgéneros policiales destinados a darles un espacio a esos otros libros.

Jorge Frisancho dijo...

Ese ejemplo es perfecto porque el texto de Pauls, precisamente, quiere ser sistemático en la manera en que se va desmontando el realismo (si me acuerdo bien). Y no es el único. Por eso me venía a la cabeza la noción de organicidad, porque de lo que se trata no es del apego a tales o cuales normativas, sino la consistencia dentro del texto, la manera en que sus ideas formales, sean las que sean, responden a una necesidad de la narración (o a la inversa, que eso también vale) (como por ejemplo en Perec). Es verdad, poner algo "fuera de lugar" puede en sí mismo ser un punto de generación de sentido; esa dislocación puede significar algo. La cosa es que signifique en el contexto en el que se encuentra, que signifique en relación a aquello que la rodea. Es casi una cuestión técnica —me inclino a ver en esos términos, en términos técnicos, las cateegorías "bueno" y "malo", a diferencia de lo que me gusta o deja de hacerlo.

Jorge Frisancho dijo...

De repente de lo que se trata es de que el texto demuestre tener conciencia de lo que su forma está haciendo, que no sea simplemente un capricho o un momento aislado. De repente también es que pienso como poeta y no como narrador (que no soy); el poema vive o muere en términos de su consistencia formal e imaginativa (lo que los semiólogos llamaban "isotopía"), incluso si lo que es consistente es el desorden.

Leandro dijo...

A mí me pasó con Bolaño, a quien todo el mundo aclamaba y con el que fracasé en toda regla. Pero no lo puedo imputar al libro o al autor, es claro. Todo libro propone una conexión abierta, y si nosotros no encajamos entre los dientes de ese engranaje, pues peor para nosotros, es una felicidad menos, es una coincidencia que no se produjo, como dijeron otros aquí, por una cuestión contextual. Ahora, en ese degradé que hay entre blanco y negro, hay libros que son manifiestamente malos y buenos para nosotros, pero difícilmente ese criterio sea exportable a los otros, o aún a diversas instancias de nuestra existencia. ¿Nunca les pasó que releyeron un libro que nos pareció genial hace veinte años y hoy es intragable? ¿O un libro que habíamos descartado y que el azar nos lo devuelve como brillante? Hay cierto lugar en el que hay que estar parado para leer cierto libro. El crítico puede mostrar las coincidencias o las disidencias, pero no puede pretenderlas universales.

Apelaez dijo...

Un tema paralelo en el que he pensando un poquito es el del "avance" de la crítica. En las ciencias a las que estoy acostumbrado y donde lo que se intenta es comprobar empíricamente hipotesis el avance se nota. Tu tomas una hipótesis y joder, la pruebas y te apoyas en los estudios y experimentos de otros para ir acortando el camino (que es infinito, pero ese es otro cuento).

¿En la crítica literaria se avanza? Es la crítica de hoy mejor o más avanzada que la anterior? ¿Los instrumentos y métodos han avanzado?

Anónimo dijo...

es imposible solo utilizar razonamientos al momentos de criticar un libro? entones también nos valemos de prejucios, de opiniones "llanas"...para sar una opinión sobre,digamos,un libro? yo creo que sí;el problema estaría,creo,en querer hacer pasar como razomanientos nuestros prejucios.

"demostrar" que una novela es mala vendría a ser una "mirada", una interpretación desde un marco teórico u horizonte de interpretación. esto nos podría llevar al relativisto ("esa novela es mala PARA TI, pero no le puede parecer buenas a otros"). intentar superar ese relativismo mediante argumentos claros y, a la vez, siendo consciente de que la nuestra es solo una interpretación más que va a perdurar(x cierto cierto) si,en vez de clausurar,abre puertas.

fEr.

Jonás Loyola dijo...

Meto, no sin retraso, mi cuchara anónima respecto de "Dioses".

La película debe ser interpretada en clave realista pues el director se paseó por cuanto medio hay en el Perú durante dos semanas diciendo que lo que que pretendía era "mostrar como son los pitucos", que él conocía tan bien, del modo más realista posible.

Yo, que he tenido el privilegio de estudiar una carrera de Humanidades, que no es literatura, en una buena universidad, no me di cuenta al ver Dioses de mucho de lo que notaba Gustavo Faverón en su reseña (el subtexto mítico y todo aquello). Después de leer la buena reseña, sorprendido, sin duda mi percepción de la película ha cambiado un poco.

Al principio, me pareció una película virtuosa en lo visual, mala en su pretendido realismo y que vendía un mensaje muy odioso en términos de caricaturización extrema de una "clase" o sector socio económico. Una lectura de la película en clave de Ciencias Sociales, me parece, la destruiría. Creo que ls clases altas peruanas han sido descritas no solo de modo más realista sino con mucha mayor sutileza en la literatura peruana, hace, por lo menos, treinta años.

El papel del padre,por ejemplo, (además de la mala actuación de Saba), que debería ser clave en la obra, es ridículamente acartonado, arquetípico. Pasea al hijo por la fábrica, le dice que se tire chicas, solo teme que sea maricón. Parece un papá de novela de Baily, y eso.

La reseña que apareció en este blog me hizo cambiar un poco esa postura: la película puede no ser tan mala como yo pensaba, porque parece haber contenido una serie de referncias que yo capté.

Si nos basamos en la presentación mediática/publicitaria del propio Méndez, y en sus posibles lecturas desde la sociedad (fomentados por el director) la película, más allá de su excelente uso de las cámaras,es mala.

Por supuesto, hay muchos más elementos como para comentar acerca de la calidad de una película - muchos más que acerca de una obra escrita -. Pero creo que, salvo por el sonido, no son elementos que favorecerían a "Dioses" en una crítica.