6.7.10

La mujer y la izquierda, 2

Chivos expiatorios y víctimas propiciatorias

En una columna reciente, Rocío Silva Santisteban apunta que la sociedad peruana ha convertido a mujeres como la senderista Maritza Garrido Lecca y la recién liberada Lori Berenson en sus chivos expiatorios, personajes con quienes nos ensañamos para cifrar en ellos las culpas de todo un segmento de nuestro pasado reciente.

Rocío no usa el término "chivo expiatorio" sino uno distinto, pharmakos, al que René Girard y Jacques Derrida han dado prestigio en la filosofía contemporánea y que proviene de ciertos rituales religiosos de la antigüedad griega. El pharmakos, sin embargo, era un personaje distinto: porque se le concedía un cierto grado de divinidad, porque era inocente de las culpas que querían expiarse o pagar, porque su selección era arbitraria. Nada de eso, claro, se puede decir de Lori Berenson o Maritza Garrido Lecca.

Sobre Lori Berenson se pueden decir otras cosas: que hay quienes encuentran en su figura la posibilidad de culpar de parte de sus males a alguien que no es propio, a un extranjero, y, mejor aún, a un estadounidense de la clase media de New York.

Sobre Maritza Garrido Lecca, aparte los detalles que la convirtieron en personaje romantizable (una trágica anti-heroína en la novela de Nicholas Shakespeare y en la adaptación fílmica de John Malkovich, por ejemplo), no hay que olvidar que tampoco fue ni inocente ni secundaria, y que su crimen no fue menor ni desde el punto de vista político ni desde el estrictamente policial. Refugiar, con entera convicción, al hombre en cuyo discurso está la culpa central de la violencia política y de las decenas de miles de muertes que ocurrieron en el Perú de los años ochenta y noventa, era, ni más ni menos, propiciar voluntariamente la comisión de nuevos homicidios.

Muchos pasajes del artículo de Rocío parecen partir del supuesto indudable de que el hecho de que Maritza Garrido Lecca y Lori Berenson sean mujeres es un factor central para explicar por qué la sociedad les "grita", les "escupe en los medios", las "lapida simbólicamente". Quizá sea así, pero vale la pena preguntarse hasta qué punto, y en qué punto ese factor se confunde con otros.

Me parece que hay el riesgo de cierta generalización en una observación de ese tipo. Los pro-senderistas de la post-guerra interna no dudan en cuasi divinizar la figura de Edith Lagos, dándole un lugar entre legendario y mítico en la imaginación popular. Pero también la memoria de la defensa de la civilidad del pueblo peruano se ha construido con símbolos como el de la heroica luchadora social María Elena Moyano.

En esos casos el rasgo de la feminidad no parece haber constituido un factor negativo, sino todo lo contrario: en ellos está en juego la idea (en general positiva) de la mujer que ocupa una posición de poder auto-construida en el centro de un imaginario mayoritariamente varonil, como es el de la guerra. El hecho de que Garrido Lecca, Berenson, Lagos y Moyano (pido disculpas por hacer una lista con biografías tan opuestas) hayan accedido a posiciones tan singulares pero a la vez tan disímiles implica que no es el rasgo femenino el que determina la aceptación o el rechazo, o al menos no directamente.

Rocío propone un matiz que muchos han manejado, sobre el caso de Maritza Garrido Lecca:
"Se trataba de una joven de clase media alta, con una educación en colegios privados y en la Universidad Católica, muy bella, de rostro apacible, además bailarina de danza moderna, y tenía un pasado de cristiana comprometida. La dulzura de su rostro y de su voz contrastaba con la idea de la “senderista” que los medios difundían desde que José Gonzales, de Caretas, escribió el primer artículo sobre el tema en 1983: cruel, dura y quien daba “el tiro de gracia”. Maritza era la antítesis del estereotipo. Por eso, le fue peor".
Me parece, sin embargo, que la enumeración de rasgos salta por encima el más evidente: como Lori Berenson, Maritza Garrido Lecca es blanca. Como tal, la violencia le debía ser ajena. Y, sobre todo, Sendero Luminoso le debía ser enteramente ajeno. Yo creo que a Berenson y a Garrido Lecca les ha tocado el escarnio mayoritario por ese simple (pero cuán complejo) factor: estar en el lado "innatural" de la división en un escenario que muchos entendieron como racialmente determinado.

Así como Sendero Luminoso hizo estallar en añicos el cuerpo de María Elena Moyano, porque era inconcebible que una mujer negra, lideresa popular y además izquierdista luchara contra la supuesta revolución, así también, las clases medias y altas limeñas, y su prensa, han sido especialmente vehementes en repudiar a la bailarina blanca de clase media y a la neoyorquina blanca del MIT, que de pronto aparecieron alineadas en el lado menos previsible de la barricada.

No quiere esto decir que el hecho de que sean mujeres resulte irrelevante. Mi propia percepción del papel que juega su feminidad en todo esto es, sin embargo, un poco distinto del de Rocío: yo creo que en el imaginario de la guerra interna, a los hombres se les ha seguido dando el rol de personajes históricos dentro de la racionalidad o la irracionalidad de la violencia, mientras que a las mujeres se les ha querido dar en general un rol mítico, inamovible, y de alcances más bien simbólicos: se les ha convertido en emblemas de algo, de alguna idea, sin matices, algo así como abstracciones de una noción, una noción distinta en cada caso.

Curiosamente, mucho del análisis feminista de figuras como Moyano y Lagos ha contribuido a ese proceso: la necesidad de interpretar su condición de mujeres como el elemento crucial de su ejecutoria y de la recepción popular de esa ejecutoria las ha acabado por convertir menos en personas que en trazas del eterno femenino circunstancialmente encarnado en una cierta coyuntura.

En la imaginación de muchos peruanos, Abimael Guzmán (desde su captura), Antonio Ketín Vidal, Víctor Polay, Alberto Fujimori, son personajes debatibles, que se perciben como biografías y están sometidos a los juicios de la historia. Moyano, Garrido Lecca, Lagos, Berenson, en cambio, son emblemas de la traición o del heroísmo o de la resistencia o de la malignidad pura, según sea el caso.

Por un lado, es peligroso dejar que la imaginación de los peruanos se pueble de figuras así de abstractas. No sólo porque, a fuerza de demonizarlas (en el sentido de deshumanizarlas y colocarlas fuera de la historia), se corre el riego de que Garrido Lecca y Berenson sean reivindicadas de pronto como mitos positivos de la subversión, como se ha tratado de hacer ya con Edith Lagos. Sino porque se pierde el relieve histórico, estrictamente histórico, que es necesario conservar en torno a personajes como Moyano: la realidad palpable de una figura de liderazgo popular racionalmente opuesta a la violencia destructiva.

Pero no se destruye el aura emblemática de Garrido Lecca o Berenson adosándoles nuevos caracteres míticos, diciendo que a una la hemos transformado en un pharmakos y a la otra un pishtaco, por ejemplo. El mito se destruye reposicionándolas en la historia, haciendo ver que en efecto fueron culpables de algo, y que ese algo no es banal ni tangencial ni secundario, sino de una estupidez y una inmoralidad patentes.

Quizá si Garrido Lecca no fuera mujer no habría recibido el odio abrumador de la sociedad. Es muy posible. Pero eso supone que si fuera hombre, cholo y obrero de construcción, sin un apellido compuesto, no habría sido objeto de ese escarnio. Posible. Pero quizás estaría hasta hoy purgando una condena a prisión perpetua sin que a nadie le llamara la atención. También por eso es mejor colocar a todos los sujetos de la historia en la historia: todos tienen el derecho y la responsabilidad de serlo.

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10 comentarios:

Victor Concha dijo...

me recuerda haber leido un artículo en la revista somos sobre el tema de la izquierda violenta del terrorismo, pero este sin duda esclarece aun mejor.

Rocío dijo...

Me parece interesante tu lectura y has acertado en lo del racismo: es importante señalar que, además, ambas, Lori y Maritza, son blancas y que para cierto sector del público ese no es el "lado natural" del terrorismo como dices. Lo que no quisiera es que quedara la idea de que propongo mitificar a las sentenciadas por terrorismo. Ni meramente remota es mi propuesta. Para mí el phármakos es simplemente ese sujeto (negativo o positivo)que condensa la violencia de una sociedad en la destrucción a la cual se debe de someter. Yo sólo quiero tratar de explicarme por qué la opinión pública peruana se ha encarnizado especialmente con estas dos sentenciadas en estas últimas semanas. Quizás sea, también, porque Guzmán está en la Base Naval del Callao y no aparece en los medios sino de relancina al igual que Polay;: están sepultados mediáticamente. O porque ni Polay ni Guzmán son específicamente "blancos" sino mestizos (ablancados, pero mestizos). En las últimas semanas el desprecio y cólera que han suscitado Berenson y Garrido Lecca no ha sido "abstracto" sino completamente concreto y más alta que la cólera y desprecio hacia Polay, Guzmán y otros. No concuerdo tampoco en considerar que el asesinato de María Elena Moyano haya sido por la lógica inversa: creo que fue asesinada porque su prédica contra SL era fuerte, frontal y calaba hondo entre sus bases debido a su popularidad, y SL combatía a los que, en el llano, podían hacerles frente.

Anónimo dijo...

También hubo un crimen atribuido a Edith Lagos en el que junto con un grupo de seguidores subió a un omnibus a arengar a la gente, para mala suerte en las primeras filas estaba sentado un muchacho de ojos claros, luego de lanzar sus arengas y ya descendiendo del bus Edith le disparó en la cabeza acusándolo de ser hijo de los oligarcas vendepatria y explotadores del pueblo, excesos así, basados en el puro aspecto físico fueron y son abundantes en nuestra historia; recuerdo hace unas semanas una manifestación en israel de fundamentalistas judíos, ellos habían separado con una pared el patio de un colegio para evitar que sus hijas tengan contacto con las hijas de otros judíos (esquenasis y sefarditas creo )y el gobierno había mandado la demolición de la pared, el extremismo existe en todos lados especialmente cuando de las mujeres y su educación se trata...

cecilia dijo...

Si la investigacion en el Peru fuera mas rigurosa, se podria conocer la personalidad de cada una de ellas, creo yo que ahi encontrariamos acercamientos en sus moviles o seria mas facil entender al margen del color de la piel, porque integrarse en un grupo como sendero luminoso, considerado el segundo grupo terrorista mas sanguinario de la historia despues de los de camboya,creo yo que esta fuera de nuestro alcance comprenderlo , y que es por eso que recurrimos a la imaginacion, incluso creo yo la de los periodistas.El enfoque deberia ser mas cientifico, para un problema tan serio.
Por otro lado , tampoco es correpto presentar igualando a Sendero luminoso con el MRTA ni en los fines ni en los medios, es tambien la falta de informacion real y la imaginacion a flote.
Y supongo muchas cosas mas, que estan en el aire en relacion al terrorismo y que si se abordaran, y llegara la informacion completa ,creo yo nos pondriamos mas serios y analizariamos las cosas sin la tonteria del color de la piel, o de la clase social, ademas de que no permitiriamos que por ejemplo Abimael Guzman este en su plan B, con esto de que abordara sus reinvindicaciones desde el ambito legal.... este esta para el psiquiatra . terapia, o la carcel o algo asi, que solo especialistas lo saben, no tiene nada mas que decir.Y estas mujeres estan tambien para que nos corten la imaginacion , pintandolas realmente como son.
saludos.

Champollion dijo...

"Exceso" suena a que estabas tomando una acción legítima y se te fue la mano, como cuando en medio de un combate un soldado le pega un tiro a alguien que ya se rindió; por lo tanto, la palabra "exceso" no puede usarse para describir un asesinato a sangre fría. Por favor no usemos más esa palabra, para lo único que sirve es para que los criminales se justifiquen.

Anónimo dijo...

Ocultar en tu casa a Abimael, al mas grande asesino que ha tenido el Peru, es sin duda un acto de complicidad con la maldad.Y solo una persona con mucho tiempo libre puede pensar que Edith Lagos es un personaje de leyenda.

Anonimo 2 dijo...

Una persona con mucho tiempo libre puede también hacerse fan de Star Trek, la vagancia no es suficiente para justificar la particular forma de estupidez que el anónimo anterior menciona.

Anónimo dijo...

Las feministas, como Rocío S., se contradicen todo el tiempo. Inciden tanto en el tema del sexo, cuando más bien no debería ser determinante para comprender por qué las mencionadas terroristas son repudiadas por la sociedad. Así como hay terroristas hombres, también las hay mujeres. Creo también que se deberían emprender estudios científicos para estudiar las personalidades de estos sujetos -como lo dijo alguien antes-, tal y como se hace en otros países.

Dante Castro Arrasco dijo...

Es uno de los artículos de Rocío Silva con el cual debo confesar mi acuerdo. Estoy gratamente sorprendido por su certeza y por su ajenidad al feminismo para analizar una conducta típicamente machista de esta sociedad. Hay más material para debatir, incluso para refrendar la posición de Rocío. En la PUCP conocimos a Maritza Garrido Lecca y podemos interpretar mejor, desde esa óptica, el gesto final de su captura y la razón por la cual el Estado y principalmente los medios se han ensañado con ella. Rocío no demuestra pero sí evidencia que las más "terribles senderistas" están libres mientras Maritza debe ser ultracondenada y sobrepenalizada por constituirse en un símbolo. Es un símbolo para sus captores, pero también ella quiso simbolizar algo más. Digo lo siguiente: si Maritza se hubiera quedado callada al momento de la captura, hoy estaría libre. Podía jugar con su supuesta irresponsabilidad, desconocimiento de la situación o con la utilización de su ingenua persona. Y es que siempre fue ingenua. No tenía mucho qué fingir.
El caso de Lori Berenson no es menor que el de Maritza. Fue timada por Pacífico Castrellón, de quien se enamoró. Cae en la casa de seguridad de Miguel Rincón Rincón, tras feroz balacera. El panameño Castrellón es quien más la incrimina en su instructiva. Lori no mató a nadie, no puso coches bomba, no hizo acciones de sabotaje. Llegó y tuvo peor suerte que el coyote. Pero ambas, Maritza y Lori, son blancas, se presentaron a la prensa en actitud desafiante y son mujeres. No es el caso de la negra Moyano, liquidada por delatar e incriminar militantes y simpatizantes de Sendero Luminoso. Si Moyano hubiese sido chola, jamás se habría aprovechado tanto su figura. Pascuala Rosado tuvo la misma sueret que la Moyano, pero nadie hizo un afiche con su rostro. El Perú es racista, incluso para política antisubversiva.

Jesus Flores dijo...

digo: en tu comentario, el tema principal es... politico no racista ...como lo dices ??
Maritza , como Lori y las demas son personas que han luchado por sus ideales politicos ,y la historia debe mostrarles tal como son (el mito ,es de boca oido asi,se haga lo que se haga siempre existira )es onestidad del historiador o periodista decir tal cual fueron las cosa ,