9.12.05

Un caso de homofobiafobia homofóbica


Galarza, Bayly, Martínez: jalones de orejas y metidas de pata (Fotomontaje: gfp).



Un artículo de Gregorio Martínez (¿por qué escribe columnas tan poco razonadas alguien que es autor de libros de primer nivel?), publicado en Perú 21 durante la reciente bronca de "andinos" y "criollos", contiene este párrafo llamativo:

"Aun en los derechos que atañen al individuo, la diferencia es odiosa. Y así los regios piden sosiego. Un joven escritor me dice desde Lima, vía Internet: ´El lorcho homosexual será, sencillamente, un maricón. El pituco será un gay´. Sobre el primero cae la brutal hostilidad. Al segundo se le tolera su identidad sexual, como tiene que ser. La doble vara genera que haya escritores pitucos homosexuales que producen una literatura homofóbica. El caso más repudiable es Jaime Bayly. ¿También Matacabros de Sergio Galarza? Habría que ver".

La intención inicial es interesante: denunciar el difícil punto en que la homofobia, el clasismo y el racismo se cruzan y se combinan para crear cierto tipo de triple exclusión. La lógica del argumento posterior, en cambio es endeble: cuando
Martínez dice que "la doble vara genera que haya escritores pitucos homosexuales que producen una literatura homofóbica", su afirmación no parece sostenerse: hace falta algo más que una doble vara, hace falta que el homosexual "pituco" sea, desde antes, homofóbico, y eso difícilmente puede atribuirse a su posición de clase o a su autodefinición en términos raciales.

Estoy de acuerdo, sin embargo, en que las novelas de
Bayly, a fuerza de racismo y clasismo, engendran un desprecio que incluye también a los homosexuales de grupos marginales. Y sin embargo, me parece lamentable la línea final: "¿También Matacabros de Sergio Galarza? Habría que ver". Esa línea es un exabrupto paradójicamente homofóbico: Martínez, creyendo que sus razones previas lo caracterizan suficientemente como un hombre de mente abierta y ajeno a la homofibia, se cree con derecho a poner en duda la opción sexual de alguien sin que venga al caso. ¿Por qué no viene al caso? Porque si el libro de Galarza le parece homofóbico a Martínez, entonces basta con que lo diga, no tiene necesidad alguna de deslizar sospechas, como si un homosexual homofóbica fuera, por algún motivo, peor que un homofóbico heterosexual.

¿Es que incluso para criticar la homofobia se nos hace tan difícil deshacernos de ella?


2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué pasó con los comentarios? Acá se estaba discutiendo.

Oskar Matzerath dijo...

Goyo Martínez se ha convertido en un columnista sin objetivos, que utiliza su columna indistintamente para atacar celosamente a quienes detesta o para hacer públicas las ideas más arbitrarias del mundo, sin tomarse en serio ni el más serio de los problemas.

Sus buenos libros son de hace veinte años o más, no nos olvidemos. Recientemente, es un escritor en picada. Y respecto a sus observaciones en ese artículo: su interés por atacar a Galarza no en tanto escritor sino plantando dudas sobre su vida íntima, es bajo. Y no es que Galarza sea santo de mi devoción.