5.10.06

¿Ciegos o daltónicos?

Es curioso cómo Estados Unidos puede simultáneamente ofrecer síntomas tan marcados de sensualismo y liberación sexual en sus medios de comunicación, en su música pop, en las costumbres de sus adolescentes, etc., y, al mismo tiempo, seguir tan marcado como siempre por su viejo puritanismo anglosajón.

En el
Washington Post encuentro una lista de los diez libros más objetados en las bibliotecas norteamericanas.

¿Que qué lista es ésa? Ocurre que en Estados Unidos hay poco menos que una nutrida biblioteca pública en cada comunidad, incluso en las muy pequeñas, y los usuarios tienen derecho a llenar unos formularios quejándose por la presencia de los libros que les parezcan inconvenientes.


Raras veces esa queja se convierte en un prohibición, pero la posibilidad siempre existe. La lista del
Washington Post, entonces, recoge los diez títulos que con mayor frecuencia han sido objeto de esas quejas de los usuarios en los últimos años.

El grupo más grande lo componen libros para niños, comenzando, en el número uno, por la saga de
Harry Potter, y siguiendo por The Chocolate War de Robert Cormier; la saga de Alice de Phyllis Reynolds Naylor; las Historias de horror para contar en la oscuridad de Alvin Schwartz (una serie notable) y la saga del Captain Underpants, de Dav Pilkey.

Eso parece explicable rápidamente: si algo se cuida en una sociedad puritana es la moral de los incorruptos, la moral de los niños. Así también podemos entender la presencia en la lista de
Forever, la novela de Judy Blume (publicada hace treinta años) que cuenta un romance entre dos adolescentes, incluyendo su compartida iniciación sexual. Y la misma razón nos permite entender por qué está en la lista el libro It´s Perfectly Normal, de Robie H. Harris, una guía de educación sexual para escuelas que a muchos (hiperconservadores) les resulta demasiado explícita.

Harry Poter y los otros libros para niños y adolescentes son objetados por verdaderas tonterías, incluso por sus referencias a brujerías y asuntos de ese tipo. Forever y It´s Perfectly Normal porque parecen abogar por la idea (aparentemente subversiva) de que un día los niños se convierten en adultos y tienen relaciones sexuales.

Esa es una de las taras del puritanismo: su vocación por la ceguera. La vida sexual de los jóvenes norteamericanos comienza cada vez más temprano y cada vez en medio de una mayor ignorancia, y la solución puritana es hacer el intento de mantenerlos en la ignorancia y/o pasar por alto el fenómeno.

El problema se hace más complejo con otros tres libros objetados:
Fallen Angels, de Walter Dean Myers, es una novela sobre la guerra en Vietnam, escrita por un ex soldado, que, en vez de celebrar el heroísmo de los combatientes, se centra en los sufrimientos y las crueldades de la guerra (en un tiempo en que muchos americanos prefieren ignorar la desgracia de la invasión a Irak).

Y los dos restantes son la clásica novela
Of Mice and Men, de John Steinbeck, y el libro de memorias I Know Why the Caged Bird Sings, de Maya Angelou (en la foto). En ambos casos, la objeción tiene que ver con racismo. Pero no es que los libros sean racistas, ni mucho menos, ni que sean racistas quienes los objetan, sino que los libros aluden (críticamente) al fenómeno del racismo con demasiada crudeza.

En efecto: negarse a aceptar cierto tipo de realidad (la sexualidad de los jóvenes, el horror de la guerra, la crueldad del racismo, incluso cuando se lo condena) es un rasgo típico de esos puritanos que quieren creer que el lugar en el que viven es ya el paraíso, o que se niegan a reconocer su propio pedacito de infierno.

Anoche en la televisión alguien comentaba una estadística reciente. Se trataba de la aceptación que tiene la teoría de la evolución en América, Europa y Asia. Estados Unidos ocupaba el penúltimo lugar, precediendo sólo a Turquía. Entre los países del "primer mundo" la población de Estados Unidos es la más inclinada a creer que el universo fue creado por un ser divino y que las cosas que Darwin y compañía tengan que decir en contra de eso son tonteras.

Parece el ejemplo perfecto para quien quiera comprender la diferencia entre modernidad y modernización: en Estados Unidos se acerca el día en que la gente se implante el Antiguo testamento en un microchip en el cerebro para soñar que en verdad Dios creó a la computadora. No importa cuán grande sea la modernización de esta cultura, una enorme parte de su pueblo está muy lejos de cualquier mentalidad moderna.

2 comentarios:

PVLGO dijo...

En efecto, una gran parte de los estadounidenses permanecen sumidos en una visión premoderna del mundo. Yo me pregunto si esto es necesariamente algo malo. Por lo menos una cosa es segura: mientras exista ese sector, EEUU no caerá (del todo) en conflictos propios de la modernidad (ni hablemos de posmodernidad) y se mantendrá, desde cierto punto de vista, "vital". Ahora bien, tampoco es que esté seguro de que eso sea algo bueno.

diegodelacruz dijo...

Cuanto bien le haria al mundo si los gringos fueran un poco herejes. En vez de tachar a Harry Potter (que no merece tanta atención) deberian ocuparse en el daño que les hace a si mismos las decisiones de sus representantes.

Muchos de esos libros serían bienvenidos acá.