12.1.07

Lo que le gusta a la gente

Justamente ahora que venimos hablando de la literatura como una forma del populismo (al menos, ese es el rasgo que encuentran Daniel Salas y Félix Reátegui en el reciente artículo de Héctor Ñaupari), me encuentro con esta noticia curiosa: Simon & Schuster, una de las casas editoriales más grandes de Estados Unidos, está lanzando a través del sitio de internet Gather.com un concurso llamado First Chapters (primeros capítulos) que aspira a ser, según dice el cable de Reuters, "el American Idol de los libros".

¿Cuál es la idea? En el sitio web del concurso se publicará el primer capítulo de cada una de las novelas inéditas participantes. Las que reciban más votos de los lectores de internet, pasarán a la segunda ronda, y entonces se publicarán dos capítulos más de cada una. La mecánica se repetirá hasta que queden cinco manuscritos finalistas. La novela ganadora será elegida entre esas cinco por un jurado ad hoc, y sólo en la versión impresa el público podrá leer el texto en su totalidad.

Es decir, sólo merecerá llegar a librerías (en edición de Simon & Schuster distribuida especialmente por Borders) la novela cuyos primeros capítulos sean "lo que le guste a la gente". Eso sí, la idea de Simon & Schuster, con todo lo impostada y hechiza que pueda parecer, tiene un rasgo que la hace más realista que las postulaciones de Ñaupari: los votantes son, en efecto, lectores reales, gente de carne y hueso que decide de acuerdo con sus gustos, y no la proyección paternalista de un observador que decide, por sí y ante sí, que a "la gente" le gusta lo edificante, lo constructivo, lo patriótico o lo aleccionador, o, como diría don Ricardo Belmont, en resumen, "lo positivo".

Pocho Rospigliosi: "eso es lo que le gusta a la gente".

6 comentarios:

Sandro dijo...

Que tal noticia Gustavo, no sería mala idea que de cuando en cuando publiques una pastilla para levantar la moral mi hermano.

Anónimo dijo...

te sugiero ustavo leas la respuesta de Rodolfo Ybarra a Ñaupari:

EL POETA QUE SE MIRABA EL OMBLIGO (DE LOS LIMBOS)
Respuesta a Ñaupari (de ñaupa, voz quechua que significa antiguo, pasado, por extensión anacrónico, fuera de tiempo)
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Rodolfo Ybarra
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La literatura peruana no sólo ha vivido en el filo de la navaja, sino que ha estado marcada por la tragedia, la mohatra y el horror, no porque el escritor quiera o no integrarse al sistema imperante, sino porque a este último no le interesa integrar al escritor (entiéndelo de una vez por todas). Ejemplos, querido amigo, sobran, desde Martín Adán, indigente a quien un presidente quiso nombrar de ministro, hasta José María Arguedas que se suicidó porque sabía que la solución al problema no estaba en la literatura, o el mismo Vallejo a quien el estado peruano encarceló del 6 de noviembre de 1920 al 26 de febrero de 1921, y tuvo que migrar a Europa porque amaba la libertad y, por eso mismo, luchó contra las falanges franquistas, enrolándose junto a muchos escritores, unos más radicales que otros, pero todos dispuestos a dar la vida por la causa como Rafael Alberti, Cernuda, Miguel Hernández, Alexandre, Rafael Dieste, Herrera Petere, León Felipe, Asunción Silva, Herrera Reissig, Enrique Blanch, Altolaguirre, Prados, Serrano Plaja, Gil Albert, Pablo Neruda, etc. Recordemos las palabras de Vallejo en el II Congreso Internacional de Escritores en Madrid: “Los responsables de lo que sucede en el mundo somos los escritores, porque tenemos el arma más formidable, que es el verbo. Arquímedes dijo: ‘Dadme un punto de apoyo, la palabra justa y el asunto justo, y moveré el mundo’; a nosotros que poseemos ese punto de apoyo, nuestra pluma, nos toca, pues, mover el mundo con estas armas”.


No confundas, por favor, liberalismo con libertad, eso déjalo para las tribunas laxadas del neoliberalismo, o para los señoritos, hijos de los plutócratas que han pagado sus entradas para escuchar lo que quieren oír: las hurras y los vítores, en play back, al engendro del mercado, y a los grilletes y al látigo del capataz; como cuando dices “…suscribo hoy con más fuerza que nunca: el liberalismo. Lo hago convencido de que la libertad es la respuesta a la pobreza, el hambre y la miseria; (…) la libertad alienta la creatividad, la innovación, la competencia, el sacrificio, la vocación de servicio al prójimo y todos los sentimientos que hacen noble y digno al humano actor” ¿¿?? Pág.8, Páginas Libertarias.


En verdad me desalienta tener que escribir sobre esto, porque es lo que has logrado en “diez años de trabajo, investigación y difusión de las ideas de la libertad…” por favor, bien sabido es que el liberalismo por definición es —y aquí sí no digo nada nuevo— una doctrina que se apoya en la propiedad privada de los medios de producción y no admite injerencia del Estado. Y esto no tiene nada que ver con la libertad con la cual tratas de confundir a toda costa, mismo prestidigitador, deeler de tragamonedas u orador equívoco o siniestro como si fuese un discurso de algún animal político para ganar votos a las pobres masas que permanecen sumergidas hasta el tuétano en las aguas servidas de la ignorancia, y que no pueden elegir entre lo que le hace bien o lo que le hace mal.

Todos amamos la libertad —salvo algún espíritu sadomasoquista— eso no está en discusión, el problema está en que tú crees que a través de una determinada doctrina económica vas a alcanzar el nirvana, el erebo, el limbo, el éxtasis de la libertad; creo que lo que tú buscas en el fondo es el libertinaje, que es un vicio propio de las sociedades desequilibradas, la satisfacción de los placeres no tiene por qué arrastrarte a doctrinas torcidas y vendepatrias, o de repente aprendiste mal el discurso o asististe a “la escuela del mundo al revés” detallado por Galeano, donde el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse.


Claro, no olvidemos al “maestro” Milton Friedman, quien habla de “la tasa natural del desempleo” y a Richard Herrnstein y Charles Murray quien por “ley natural” comprueba que los negros están al final de la escala social; ah, y no olvidemos tampoco a los mormones —la iglesia del capitalismo— quienes atribuyen el color negro a una indecisión angelical por no apoyar ni al demonio ni a dios, por eso el “castigo” del color oscuro.


Sé, y te lo dije en la anterior misiva, que tu discurso es sincrético, pero no nos confundamos y quieras hacer pasar gato por liebre, porque esa libertad no llega porque tú la pidas de rodillas o la escribas en verso y la arrojes al pozo de los deseos; la libertad llega por conquista tal y como el detalle del cuadro de Eugéne Delacroix, jefe de la escuela romántica, que ilustra tu libro, en que “la libertad” está flanqueada por un libertario con fusil y un jovenzuelo con una pistola; obsérvalo bien y luego no digas que “el fusil, la violencia y la muerte” están al margen de todo “cambio provechoso” como sugieres enfáticamente en la pág. 133 de tu libro o modelo para armar.


Revísate y cuestiónate. No estoy proponiendo NADA, simplemente estoy interpretando lo que tú no quieres leer ni ver, colocándote el velo que los regentes quieren, y hablando lo que éstos te susurran al oído o te dictan en amobladas oficinas.


Somos “amigos” y la amistad no tiene por qué hacernos cómplices de nuestros equívocos o perversiones, entonces digamos la verdad y busquémosla, no con vicios lógicos o construcciones sinuosas y mal intencionadas, acaso hay alguien o algo detrás de ello cuyo beneficio es menester tener a escondidas porque se resuelve en alguna cuenta encriptada. No voy a discutir tu condición de burócrata, eso dejémoslo para los charlatanes coprófagos amantes de los chismes de peluquería y habitantes de las cloacas blogísticas que suelen asomar como ratas en el mundo literario. A veces es bueno escribir poesía con la barriga llena de cerveza (o con la cabeza llena de humo, dirías tú) pero yo no puedo escribir poesía con la corbata apretándome el cuello, tampoco podría escribir sobre amor o erotismo cuando mis tutores me están obligando a escribir un discurso para mandar al pueblo al matadero sin que ellos se den cuenta.


Lo que se discute es que la vindicación del escritor no puede incluir solo una lucha reivindicativa (o sea mejores tratos editoriales, mejores sueldos, seguro, etc.) sino que esa lucha se debe enmarcar en una lucha política en la que deben de estar incluidos los maestros, los médicos, los policías honestos, los agricultores, los obreros, etc. He ahí el error que tienes que subsanar sin aliento demagógico y sin insinuaciones cantinfleras; y no veamos la cara amable de la luna, o veámosla, pero veamos también la otra cara, la monstruosidad que produce países como Francia y Estados Unidos, que anotas como ejemplos para “realizarse” como escritor; no olvidemos ese huracán que con un soplido en Nueva Orleans nos develó el estado calamitoso en el que vive la gente de color, que condolió tanto al mundo que hasta Cuba preparó ayuda con médicos y todo incluido, y no nos olvidemos que USA tiene uno de los más altos índice de tuberculosos (cifras de dos dígitos muestran las estadísticas silenciadas de ciertos grupos de oposición) sin contar que es el trabajo, la principal fuente de stress arriba de los divorcios tan celebrados y el miedo propio a la muerte.


Y no olvidemos a esa Francia del 98 que tuvo que reducir la semana laboral de 39 a 35 horas por la presión popular, y que produjo una protesta sin precedentes de los empresarios engancha esclavos, los políticos, mancebos y guardianes del dinero de sus amos y los tecnócratas, los tontos útiles que le buscan explicación o disculpas a la tortura y al trabajo forzado.


No soy amante de la destrucción —hematólatra, diría Menéndez y Pelayo— ni de la vida miserable como me endosas hábilmente en tu última misiva. Aquí simplemente hay dos caminos: o se es vanguardista, revolucionario, humanista, o se es reaccionario, felón, retardatario. Y claro al centro, que no es ninguna opción, los oportunistas, los sin banderas, los acomodaticios, los que se suben al bus en marcha, los que nunca meten las manos al fuego por nada, los que miran la masacre detrás de la ventana, los camaleónicos, los que siempre están bien con todos y brindan con el verdugo en el confesionario y con el condenado en el cadalso. Y al parecer tú ya elegiste y has demostrado ser un maestro del stand comedy al proyectar una coronación que tú sí celebrarías más que Chocano, más que los reyes católicos o el rey Ubú.


Tus falacias y verdades a medias podrían hacer creer a terceros que yo soy un propulsor del Proletkult que fue una asociación para “preservar las creaciones artístico literarias” de la revolución rusa, engendro que detesto como las ideas de Vladimir Kirillov quien dijo: “En nombre de nuestro amanecer, quemaremos a los rafaeles, destruiremos los museos y pisotearemos las flores del arte”, ideas reaccionarias como las que promueve el neoliberalismo en el cual te encuentras erróneamente reclutado.


Desatemos las anfibologías y triquiñuelas que elaboras al más puro estilo de los filosofastros, quienes estarían contentos de tener un discípulo tan destacado. ¿Cómo es que me parece malo que mis compañeros y amigos vivan en otros países?, esto tiene el tufillo de una envidia que no me corresponde, aplaudo a los que pudieron saltar el cerco, a todos los espaldas mojadas, los peruchos, colochos, sudacas al fin, que lograron cruzar la frontera evadiendo las minas personales o becados por su valor intelectual, mi solidaridad con ellos y mis respetos; ellos eligieron salir de este país por diversas razones entre la que está principalmente la económica, la académica, los nuevos horizontes; y muy por el contrario a lo que tú piensas, ellos —en su mayoría— embanderan no una lucha por el capitalismo, sino una lucha sutil y de perfil bajo como ciudadanos residentes, por derribar ese sistema oprobioso que tú aplaudes con una compulsión patológica. Ahí tienes a Victoria Guerrero , Enrique Bernales , César Ángeles, cuyos ensayos y cuya revista “Intermezzo Tropical” merece mi atención. Sé que De Lima y Santibáñez mantienen sus posturas ideológicas. Es decir, ellos cambiaron de lugar como en un movimiento de ajedrez, pero no pasaron de piezas blancas o negras al bando contrario; sus ideas se mantienen o se han visto fortalecidas, imagino que al observar in situ las miserias que aquí de lejos nos imaginamos: el trabajo extenuado, la maquinaria que oprime al hombre y despierta voraces apetitos trayendo guerra y destrucción y estoy pensando en los 31 millones de despedidos —del 98 al 2003— que viajan sin rumbo por las calles de China, que como sabemos su economía ha sido arrojada de lleno en el pozo sin fondo del neoliberalismo.


Claro, amigo Ñaupari, no tiene nada de malo trabajar para la burocracia pública o privada, lo malo es ser un mal burócrata y no servir, sino servirse del empleo cualesquiera que este sea. Si se está tan orgulloso de un puesto y de un sueldo, por qué no donar parte de ello a tanto niño hambriento, por qué no irse de voluntario (que es la principal fuente de desarrollo y palanca en los países de vanguardia) en tanta organización que hay; conozco de varias que necesitan de manos y de buenos cerebros. Te doy un dato: por ejemplo “Mundo Libre” que protege y enseña oficios a los niños de la calle, ubicado en Jesús María donde tengo un familiar que no cobra ni un sol. Ah, claro, me olvidaba que para ti los títulos académicos son importantes y descrees de los que no lo tienen (como anotas en tu libro en la pág. 129), pero, ¿es más importante ser docto o ser doctor? —Denegri dixit—. Es más importante conocer una realidad o parecer aparentar que se conoce cuando en realidad no es así. Por ejemplo, cuando dices que ya no hay ninguna organización que defienda a los escritores y nombras la fenecida ANEA como un precedente; por cierto estuve ahí hasta el último momento junto a muchos escritores y artistas que hicieron buenos intentos, recuerdo alguna vez hicimos una exposición de poesía visual, pintamos las paredes y colocamos un mural para apoyar y sincerar nuestras luchas y demostrar a la sociedad, al gobierno de turno, los alcaldes, la beneficencia, que existíamos (¡Qué ilusos éramos en esos tiempos!). Al final acabamos en la calle y nunca te vi ni en sombra por ahí, y lo irónico es que ahora el recinto es un mercado, una galería, cosas del sistema que tú alientas hasta el paroxismo; “daño colateral” lo podrías llamar.


A veces las luchas individuales suelen ser más importantes que los discursos engolados propios de hipnotizadores de serpientes. Y estoy pensando en casos particulares como el de mi amigo Gonzalo Portals que todos los domingos visita religiosamente el penal de máxima seguridad Castro Castro, no porque su concepción ideológica lo obligue a ello —Portals ni siquiera es materialista dialéctico— o porque tenga algún amigo o familiar caído en desgracia, sino porque ha comprendido que así se sana este país, haciendo lo que le toca a cada uno, en su caso, talleres literarios silenciosos, trabajando desde abajo y solo sin ningún apoyo y sin ningún deseo de notoriedad o algún diploma del viejo estado. Él —aparte de ser un destacado poeta— es un voluntario de la vida, un sprit de finesse.


O el aedo Gerson Paredes, quien apoya solitariamente al pueblo joven Pachacútec y con quien estuvimos en varios recitales en el cerro que el bautizó como “Cerro Gorila”, y ahí donde el agua sólo llega en cisternas y donde la luz es sólo el relampaguear de una luciérnaga. El pueblo es agradecido y hasta me quisieron dar un pedazo de tierra, pero no lo podía aceptar —aunque me vi tentado a ello— porque eso significaba dejar sin terreno a alguien que lo necesitaba más que yo.


Acciones o gestos bellos y dolorosos como el de nuestro amigo Róger Santibáñez quien se cortó las venas en la plaza San Martín sosteniendo “el péndulo bicolor” en un, también, solitario acto de protesta contra el sistema aberrante que se sostiene con la vara y la pistola y las leyes que atrapan en su red a toda una nación manteniendo la mordaza y el oprobio.


O si quieres algo de historia, para no hablar de los amigos sin su consentimiento, podemos mencionar al mismo Cervantes quien peleó por sus ideas en la batalla de Lepanto y donde perdió para siempre la movilidad de la mano izquierda. O González Prada quien al estallar la guerra con Chile se alistó como soldado y luego de la derrota se encerró y no quiso salir hasta que por fin se decidió por crear el “Partido Unión Nacional” (1891). O el escritor venezolano Blanco Bombona (1874-1944) cuyo destierro duró un cuarto de siglo y que tuvo una larga prisión en Caracas por motivos políticos. O José Martí quien luchó para liberar a su país de la opresión española y al que Rubén Darío le dio su apoyo en 1893 cuando se presentaron juntos en Nueva York. O Miguel Angel Asturias enfrentándose solitariamente contra el imperio de la United Fruit , empresa yanqui que dominó por largo tiempo a América Central. Y sería demasiado mencionar a Roque Dalton o a Javier Heraud, poetas y arcángeles rebeldes y combativos.


He caminado mucho como para saber y “conocer” a la gente por los ojos o dando un apretón de manos. He sido voluntario ad honorem en un montón de organizaciones que tú ni imaginas que existen, donde no funcionan los tarjetazos, los malditos diplomas o los títulos universitarios que sólo sirven —en algunos casos— para inflar el pecho y alimentar la soberbia y la desidia. He visto cómo se muere la gente en los brazos de uno; visita por ejemplo la asociación de las Madres de Calcuta que funciona en plena Parada entre la avenida Aviación y 28 de julio y mira las largas colas de los indigentes enfermos que ya no pueden internarse porque no hay más espacio y sólo esperan recibir un poco de comida y morfina para esperar a la muerte al menos con algo en el estómago y sin dolor.


Amigo Ñaupari, es fácil ser poeta mirándose el ombligo, pasee Ud. por el mundo dese “un par de vueltas por la realidad”, salga a las calles, lea al mundo que le ha tocado vivir. Toque los muros pultáceos donde de seguro hallarás un poema que te diga más de lo que yo digo aquí.



Para terminar y esperando que estas palabras no sulfaten nuestra amistad, sino que por el contrario te hagan reflexionar con los pies en la tierra, ahí donde no existe el parquet bien lustrado o las mayólicas de alabastro. Sé que para escribir poesía es necesario de la sensibilidad y apelo a ello y los largos años que nos conocemos para que endereces el camino, muéstranos que la inteligencia no debe estar coludida con el crimen y la barbarie —¡vamos Héctor!— sólo ahí ya no te verás solo sino acompañado de los que siempre estuvimos ahí: en el epicentro del caos, y no nos movimos ni por un instante en las luchas cuerpo a cuerpo con el monstruo del sistema, apretujados en un pasaje que da a palacio de gobierno, junto a los subtes con nuestros puños blandiendo en el aire, defendiendo nuestra libertad y luchando contra la tiranía, y los usos y abusos del mercado, y la corrupción institucionalizada, nada ha cambiado, todos siguen en sus puestos, nunca bajamos la guardia, ni cuando nos torturaron y golpearon en las mazmorras de seguridad del estado para delatar a los amigos —inocentes de todo—, ni en el velorio de los poetas, plásticos, bohemios que se fueron por voluntad propia porque no podían aguantar esta cruda realidad, nombres sobran como en Fuenteovejuna. Tú decides. La historia, al igual que al Heliogábalo —no el de Artaud, sino el real, el que vivió 18 años— te juzgará.

Milagros Salcedo dijo...

Un saludo primero a Héctor, a quien no veo desde hace siglos …. Quisiera, si me permites, meter mi cuchara en relación a tu artículo.

Retomando tu razonamiento, hay una pregunta de fondo que me parece una buena pregunta: qué se puede hacer para que, en el Perú, "la gente" lea?. Sin embargo en lo que se refiere a los elementos que esta problemática implica, estoy de acuerdo con que te saltas aspectos claves y das, además, una respuesta unilateral con una finalidad también unilateral (escribir lo que seduzca a la gente para que ésta compre y el escritor pueda, así, « vestirse »).

Frisancho te bosqueja la complejidad del problema de lectura en un país como el nuestro : un « plan de ataque » - aún el más pertinente- que venga sólo del escritor no puede ser suficiente para enfrentar tamaño laberinto de causas culturales, históricas, sociológicas, económicas, etc. Se necesitaría un movimiento conjunto que abarque muchos protagonistas de diferentes campos, entre ellos, también, el escritor peruano.

Por otro lado, cómo reducir la finalidad de un movimiento pro-lectura a la evolución de los ingresos de los escritores ? Es evidente que éstos se merecen una situación económica adaptada a sus necesidades, tanto, es cierto, como los demás peruanos. Sin embargo, promover lectura en el Perú con ese único fin equivale a ignorar el alcance que ésta puede tener en el desarrollo personal en términos de apertura, nivel de reflexión y comprensión, evolución de mentalidades, desarrollo del sentido crítico… y menciono sólo algunos aspectos relacionados con el aprendizaje individual que es el campo que mejor conozco. Tener un pueblo que lee no resolverá todos los problemas (y el « flirt » de los franceses con un candidato presidencial de extrema derecha en el 2002 nos da un ejemplo más), pero permite salvar obstáculos importantes.

Si le damos vueltas, además, a la relación lectores/libros, cabe preguntarse : « crear » lectores de libros peruanos en nuestro país es « crear » de facto compradores de dichos libros ?. Recuerdo, en mis tiempos sanmarquinos, haber conocido a voraces lectores de la San Marcos, la Católica, el IPN que leían gracias a la fotocopia (algunos por razones económicas, algunos por costumbre o inercia… el que esté libre de pecado que lance la primera piedra…). Y nos damos de cara con otra enmarañada cuestión : el problema de la « bamba » en el Perú, porque la piratería no sólo existe con los libros, sino con todo lo que circula en nuestros sucedidos mercados.

Volviendo a la pregunta : Qué hacer para que la gente lea en el Perú ?. Pienso que si el escritor tiene ganas de sudar la camiseta, la interrogante necesita una buena dosis de precisión: quién es esa « gente » ? qué edad tiene ? qué nivel de estudios ? qué perfil socio-profesional ? dónde vive ? en qué condiciones ? tiene tiempo libre ? a qué lo dedica ? y muchas preguntas más que constituirían un pilar para una verdadero proyecto socio-educativo que el escritor no podría encarar solo ni con « fines de lucro » ni en plazos cortos. Y me pregunto qué te lleva a pensar que, en un acto tan personal como la elección de un libro, aventureros coloniales y personajes del siglo XIX lograrían crear consensos?. Por mi parte, los amarres clientelistas y el obtuso interés personal que fueron regla en el manejo político-económico de nuestra joven república, me han dejado, con frecuencia, enferma.

Quisiéramos actuar para mover las cosas que nos conciernen, y actuar cuanto antes, en el camino perdemos la visión de lo complejo y nos lanzamos a pensar que una sola respuesta es suficiente. Un abrazo a la distancia ,
Milagros Salcedo
Gracias, Gustavo, por la tribuna!.

Anónimo dijo...

Solo para corregir al "cultísimo" Rodolfo Ybarra (cuyo libro, Vomitos, es ya un clasico de la literatura subproletaria): el inexistente escritor llanero al que alude, Blanco Bombona, es en realidad Blanco Fombona. Nada mas.

Anónimo dijo...

"Aquí simplemente hay dos caminos: o se es vanguardista, revolucionario, humanista, o se es reaccionario, felón, retardatario"...Después de leer este párrafo esta noche tendré pesadillas, qué nos queda a los pobres lectores, es decir este tipo de lógica dialéctica en otras partes ya fué superada, aunque me parece que Ybarra se sentiría feliz en la Venezuela de Chávez...

"He caminado mucho como para saber y “conocer” a la gente por los ojos o dando un apretón de manos. He sido voluntario ad honorem en un montón de organizaciones que tú ni imaginas que existen, donde no funcionan los tarjetazos, los malditos diplomas o los títulos universitarios que sólo sirven —en algunos casos— para inflar el pecho y alimentar la soberbia y la desidia"... Me parece que lo sustancial de esto es que la resistencia de ciertos escritores en reconocerse como simples trabajadores los obliga a tomar posturas extremistas y delirantes, no sé, serán "materialistas místicos"?...


Julio

Anónimo dijo...

Leí el artículo de Rodolfo Ybarra titulado "El poeta que se miraba el ombligo" y no aparece el apellido Bombona" si no Fombona, de modo que, imagino por el continuo reenvío, se ha cambiado -o lo han cambiado-. Conozco a Ybarra y sé que es muy cuidadoso para estas cosas.

Un abrazo

Carlos (USA)