18.6.07

Vila-Matas sobre Prochazka

Casa aparece en España (y yo aprovecho para recordar mis casas literarias)

Enrique Vila-Matas ha publicado, en El País de ayer, una columna dedicada a comentar la novela Casa, de su tocayo peruano Enrique Prochazka, recientemente lanzada al mercado librero español por el sello 451 Editores.

(A propósito, agradezco el nuevo y siempre amable comentario de Vila-Matas acerca de mí --y de Iván Thays--: parece que los blogs peruanos se han vuelto parte del cotidiano viaje vertical del escritor catalán por internet).

El artículo establece una serie de asociaciones motivadas por la lectura de la novela de Prochazka: las alusiones wittgensteinianas lo llevan al recuerdo del filósofo, constructor y circunstancial arquitecto, pero, de modo más interesante, Vila-Matas encuentra vínculos entre la estructura del libro, la estructura de la casa que habitan los protagonistas, y la mente del constructor (todo lo cual, intuye Vila-Matas, parece a su vez un reflejo de la mente del autor).

O, más precisamente: descubre que la novela plantea de manera especular la historia del viaje por el interior de la casa y la historia del descubrimiento, o redescubrimiento, de la psiquis y el pasado del protagonista: siendo especular la relación, no es la casa metáfora de la persona, ni la persona metáfora de la casa, sino ambas, cada una, puro reflejo (y reflexión) de la otra.

Vila-Matas halló la Casa de Prochazka el día en que había vuelto de un pequeño viaje, poco fructífero, emprendido para encontrar una casa real, vista hacía poco en un programa de televisión. Yo voy a aprovechar la lectura del artículo de Vila-Matas para recordar algunas de las casas literarias que más se han grabado en mi memoria.

1. La casa de la familia Samsa. Casi toda La metamorfosis de Kafka ocurre dentro de ella, y durante la mayor parte de la historia Gregor está recluido en su dormitorio. Si uno le suma ese doble encierro al encierro más fundamental de la novela (el de Gregor dentro de su cuerpo de bicho), entiende por qué La metamorfosis es uno de los relatos más opresivos y claustrofóbicos de la historia literaria mundial.

2. La casa de los Buendía. Algo de ocioso tiene el explicar esta elección: la casa de Cien años de soledad es con toda probabilidad la más célebre de las letras hispanas y la más notoria de la novela universal en el siglo veinte. Uno puede imaginarla casi toda, desde la puerta de entrada hasta el taller de orfebrería y la línea de puertas que conducen a los dormitorios, y dentro de uno de esos dormitorios la otra línea de puertas, la del sueño, en la que uno de los patriarcas de la familia quedaría atrapado durante la noche de su muerte.

3. Las dos casas verdes. Una es la del presente, deshecha y derruida, venida a menos, corral de borrachines y prostitutas en libre decadencia. La otra es la legendaria (por momentos, la mítica), la frontera entre desierto y ciudad en la que confluyen los viajeros de la costa y la sierra peruanas y que un día arde arrasando con ella la vida y sellando los destinos trágicos de algunos de los personajes más misteriosos de Vargas Llosa.

4. El castillo de Otranto en algún lugar de la Italia medieval, imaginado por Horace Walpole en la novela que habría de inaugurar la tradición de la narrativa gótica: en sus pasadizos convergieron por primer vez casi todas las que luego serían convenciones del relato de horror, aunque las escenas que se me quedadon para siempre en la memoria son las más sui generis: los hallazgos de las partes de una armadura gigantesca en los corredores, patios y habitaciones del castillo.

5. Esta es muy especial, porque es muy personal: en el cuento Malos modales, de Fernando Ampuero, la antiheroína adolescente de la que se enamoran todos los chiquillos del barrio de La Punta, en el Callao, vive en una casa gris con forma de barco, junto a uno de los malecones, y los muchachos tienen que sortear uno de sus muros camino a su iniciación sexual: esa casa existe, está a dos cuadras de la casa en la que viví de niño, y fue uno de los objetos que más atrajo mi imaginación durante la infancia.

6. La casa de Carlos Argentino Daneri y Beatriz Viterbo, en la calle Garay de Buenos Aires, salpicada de retratos y recuerdos de la mujer que nunca desfalleció en los brazos del narrador de El aleph. O, más precisamente, el sótano de la casa, donde Carlos Argentino le revela a Borges la esfera diminuta, pero inabarcable y sin fin, en la que todo el universo se concentra, y todas las miradas. Por una ironía borgeana, en el cuento, la casa que contiene el objeto que contiene al mundo entero está a punto de ser rematada para pagar una deuda de "cien mil nacionales".

7. Del sótano al desván: la habitación cerrada en las alturas de la casa de Dorian Gray, donde envejece y se corrompe el rostro pintado sobre un lienzo para que el criminal pueda seguir mostrando en público la cara joven y sin mácula. En mi memoria, por algún motivo, esa habitación es idéntica a aquella otra donde un personaje imaginado por Chéjov, víctima de terribles deformidades faciales, se queda para siempre enamorado de un espejo que, viejo y malformado, le devuelve su imagen azarosamente embellecida.

8. El hotel de París al que un personaje de Mario Levrero llega cíclicamente, después de décadas o acaso siglos de viajes que se extravían en su recuerdo, y en el que muchas veces se transforma en gárgola, en murciélago, en ave prehistórica, y de nuevo en hombre: de ese hotel el hombre quiere escapar, como si se tratara de una trampa mortal y casi de inmediato desea volver a él, como si fuera su único refugio real en el mundo. La novela se llama París y es uno de los semisecretos más extraordinarios de la literatura hispanoamericana.

9. La habitación cerrada. Me refiero a una sola que han descrito muchísimos autores en las más diversas historias: desde Edgar Allan Poe en Los asesinatos de la calle Morgue, hasta Paul Auster en las tres novelas de The New York Trilogy (incluyendo la que se titula, justamente, The Locked Room). Todas tienen en común una misma cosa: son cubos perfectos, herméticos, exentos de cualquier adorno, y su existencia es siempre causa de ansiedad, no importa que uno esté dentro o fuera de ellas.

10. La antigua casa del general Llorente, donde Aura, la chiquilla, y la vieja en que cada cierto tiempo ella misma se transforma, comparten tanto la memoria del muerto como la esperanza de que el joven historiador Felipe Montero las devuelva para siempre a la vida. La casa de Aura: una esquirla del siglo diecinueve sumergida entre los edificios gigantescos de Ciudad de México, enterrada bajo sus sombras, es la casa fantasma más célebre de nuestro idioma, cuyas paredes, sin embargo, están construidas con el mismo material de otra, erigida en el mundo anglosajón: la casa que imaginó Henry James en The Turn of the Screw.

Fotomontaje gfp: Wittgenstein en los muros de otra casa.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

La casa con mirador de Alejandra en Sobre heroes y tumbas, la novela de Sabato.

La casa de la familia Font en Los Detectives Salvajes de R. Bolaño

La casa de Irene y su hermano -cuyo nombre no sabemos- en el cuento Casa Tomada de Cortazar.

Las azoteas de las casas en el cuento "Por las Azoteas" de JR Ribeyro

En realidad la literatura esta llena de casas...

Anónimo dijo...

El palacio original de Julius

Anónimo dijo...

¿Y la casa de Sherlock Holmes?

Anónimo dijo...

La importancia de la casa es un eje alrededor del cual gira la obra de José Donoso. Recordemos en El obsceno pájaro de la noche la Casa de ejercicios espirituales de Encarnación de la Chimba, antiguo convento de monjas que ahora aloja a sirvientas envejecidas. Ese laberinto de adobe, plagado de pasadizos, de puertas y habitaciones, cuyos vericuetos solo conoce el mudito. Una casa enorme, monstruosa, que parece que se va metamorfoseando a través de la novela al igual que los cuerpos de los protagonistas. Y en esa misma novela, la casa hacienda La Rinconada en que vive el monstruoso Boy y el ejército de monstruos a su servicio, cuyos jardines están salpicados por estatuas deformes. Y como reza el título mismo de otra novela de Donoso que muestra su predilección por esos espacios, Casa de campo, donde, debido a la ausencia de los adultos y el orden que ellos representan, los niños instauran el luminoso y sombrío reino de su libertad.

Una pregunta, ?recuerda estimado Faverón el título del cuento de Chejov al que hace mención en su artículo?

Gustavo Faverón Patriau dijo...

La casa de Sherlock Holmes, claro. De hecho, hace unos años estuve en la famosa casa, en Baker Street, donde ahora funciona el Museo Sherlock Holmes. Es un pequeño edificio, no recuerdo si de dos o tres pisos, muy estrechos, de escaleritas y pasillos curvos, atestado de muebles de la época y pipas, sombreros, paraguas, intstrumentos médicos y lupas. Me tomé un par de fotos algo ridículas que voy a buscar a ver si las pongo aquí.

Anónimo dijo...

Tambien hay casas famosas que pertenecen mas al mundo de la realidad q de la ficcion, como esta en Key West, de Ernest Hemingway, famosa entre otras cosas por los gatos que alberga...

http://www.hemingwayhome.com/HTML/main_menu.html

Y no olvidar la casa Finca Vigia de Hemingway en las afueras de La Habana, Cuba, hoy esta siendo restaurada por un equipo de arquitectos e ingenieros

http://www.brunercott.com/extras/cuba04.htm

y del mismo escritor su tristemente celebre casa del suicidio en la lejana Idaho, aqui:

http://www.usplanb.com/hemingway.cfm

Jen dijo...

je, camino a Lausana, específicamente en Lucens, hay un museíto de Sherlock Holmes. Uso el diminutivo, aunque en realidad todavía no he ido, porque el pueblo es chiquito, y el letrero de la autopista apenas si llama la atención. pero en una de estas me caigo por ahí y mando fotos.

Anónimo dijo...

Hola gustavo. A mí me gustaron una casa y su espejo: La de "La Caída de la casa de Usher", de Poe, y el homenaje que le hace Bradbury ("Usher II") en Crónicas Marcianas. Diría que esas dos, y en particular la segunda, son en parte la semilla de mi "CASA". En cuanto a la Maison de Verre, de Pierre Chareau que menciona Vila-Matas en su artículo, yo también me quedé embelesado con ese programa y esa arquitectura.

Saludos, E

Anónimo dijo...

En mis visitas literarias, la casa más entrañable es la de Odiseo, cuando regresa de la Guerra de Troya, en busca de Penélope y Telémaco, en su reino en Ïtaca.

Me encantó la Casa Tomada, de Julio Cortázar. La Casa de Cartón, de Martín Adán. La casa de El Ciego, el primer amo del El Lazarillo de Tormes.

La casa de Fausto, de Goethe. El Moridero, de Salón de Belleza, de Bellatín. La casa de Por las Azoteas, un cuento, y Silvio en el Rosedal, de Julio Ramón Ribeyro. La casa del Coronel no Tiene Quién le Escriba, de Gabriel García Marquez. La casa de Gabo, en Vivir para Contarla.

La casa de Julius, de Un Mundo para Julius, de Alfredo Bryce. La casa del Hombre Inmóvil, de Perros Heroes, de Mario Bellatín. La casa de Cesarea Tinarejo, las hermanas Font, y otro puñado de Real Visceralistas, en los Detectives Salvajes, de Roberto Bolaño. El apartamento de una sola habitación junto a la estación de ferrocarril de Mowbray en Londres, en Juventud, el segundo libro de las memorias de John Maxwell Coetzee.

La habitación de Raskólnikov, en Crimen y Castigo, de Dostoievski, cuando elucubra asesinar a la vieja prestamista para tener dinero para estudiar y seguir su camino de super hombre. La casa de Isla Negra, de Pablo Neruda. El depa Miraflorino de Gabriel Barrios, en La Noche es Virgen, de Jaime Bayly. Los poemas de Habitación en Roma de Jorge Eduardo Eieslon.

La casa donde aparecen Leopold Bloom y Stephen Dedalus, en Ulises, de James Joyce. La casa del joven novelista, en Carta a un joven novelista, de Vargas Llosa. La casa de la calle Porta de Varguitas, y Pichulita Cuellar, en La tía Julia y El Escribidor y Los Cachorros, de Vargas Llosa. Todas mis casas de Lima y California donde he leido esas novelas.

P.D. La Casa de Dios, en la Biblia.

Hay mucho más casas pero ya es de noche y tengo que cerrar la puerta. Me voy a dormir.

Rodrigo Valera

Anónimo dijo...

En todo caso hay tambien casas inspiradas en comentarios inspirados en casas de obras literarias, asi como casas que se escogen como escenarios de peliculas inspiradas en obras literarias....
pero si tuviera que escoger una Casa "real" (ahora que vivo en choza) me quedo con la casa esa que aparece en la pelicula "La mujer de mi hermano" de Bayly.
¿Alquien sabe quien la diseño? me parecio espectacular.

Anónimo dijo...

Tal vez algun dia tendremos nuestra Casa como la Maison de Verre de Pierre Chareau que menciona el escritor Vila-Matas.
Cuando?
No lo se,
pero por lo pronto solo debemos habitar en "La casa del cerro El Pino", por aqui en Lima-Peru.

Mariagelatina d'Eblom dijo...

Ya las mencionaron todas... Me quedo con el Palacio original de Un mundo para Julius. Esa casa fantasmal de El obsceno pájaro de la noche. La miseriosa Casa Tomada de Cortázar... Antes que el departamento de Gabriel Barrios en La noche es virgen, prefiero el cuarto que ocupa el Barrios de Fue ayer y no me acuerdo en el hostal El Olivar... Y agrego una más, que no es casa, pero que es una habitación, testigo de estupendas historias: la habitación 306 de la Clínica Fabre, donde se encontraba internado Max Gutiérrez, en Reo de nocturnidad, una excelente obra...
Buen trabajo, Gustavo... El blog es muy bueno... Saludos...

Anónimo dijo...

En lugar de hablar de "Casas" debería comentarse la novela "Casa" de Prochazka. Pero como Vila Matas ha elogiado a Prochazka, ahí va una casa. "Una casa para siempre" de Enrique Vila-Matas.