3.7.07

El diablo y el canon americano

The Devil and Daniel Webster: pasado de moda

Ya que estoy pasando el verano en Vermont (me han invitado a dar un curso en la maestría de la Escuela de Verano de Middlebury College), pensé que no sería mala idea leer alguna literatura de la región: esta es la tierra adoptiva del poeta Robert Frost, y Middlebury es todos los años, en este tiempo, escenario de la Bread Loaf School of English y la Bread Loaf Writers' Conference, que Frost iniciara en 1921.

Sin embargo, como quien empieza por los bordes, he preferido comenzar por un relato que desde hace mucho tenía ganas de leer: "The Devil and
Daniel Webster", de Stephen Vincent Benét, cuya historia comienza "where Massachusetts joins Vermont and New Hampshire", es decir, en la última frontera estatal que cruzamos hace unos días, camino a Middlebury.

"The Devil and Daniel Webster" es un cuento sin el menor desperdicio, gran literatura, pero también es una curiosidad americana: su planteamiento no es otra cosa que una variante del mito de Fausto, es decir, una versión de la historia del hombre que suscribe un pacto con el diablo a cambio de cierta forma de bienestar.

Pero la especificidad de su variación es lo que hace a este relato una pieza o
riginal: ni el hombre (Jabez Stone), ni el diablo ("the stranger") son los verdaderos protagonistas del cuento; lo es Daniel Webster, el abogado de Stone, el defensor que asume la causa del humano ante el ser infraterreno.

En otras palabras, en esta versión estadounidense, lo crucial no es el conflicto, sino la búsqueda de la solución, el seguimiento de la norma y la forma de administración de la justicia: que el conflicto mismo sea una infracción a la norma moral, no implica que deba producirse, en su solución, una nueva infracción al hábito y al conducto legal.

Algo interesante:
Daniel Webster (retrato de arriba) es un personaje histórico, un celebérrimo litigante que llegó a ser en la primera mitad del siglo diecinueve, como afirma incluso la narración, el hombre más poderoso de los Estados Unidos luego del presidente, o quizá por encima de él, de modo que el eje medular de la construcción del cuento incluye la mitificación de un ser histórico (Webster), tanto como la historización de uno mítico: el diablo, a quien el relato identifica, o al menos relaciona, con una docena de famosos traidores y criminales de la historia americana.

Eso es notable: "The Devil and Daniel Webster", en efecto, incluye un largo pasaje --el de la apoteosis, antes y durante el juicio--, en el que traidores, cobardes, asesinos, criminales, déspotas y otros desalmados de la historia de los Estados Unidos son representados simultáneamente como aliados del demonio pero también, singularmente, como encarnaciones de lo americano.


El cuento es muy conocido, pero antes lo era mucho más. Hasta hace unos años, era lectura requerida en muchos currículos escolares norteamericanos. Se han hecho dos versiones cinematográficas de él: una de 1941 (arriba) en la que el demonio fue Walter Huston; otra, que debería ser lanzada este año, en la que la diablilla es Jennifer Love Hewitt (izquierda) y el abogado todopoderoso es Anthony Hopkins.

Así como hace unas décadas el relato era de lectura obligatoria, así también la cinta del 41 fue un éxito arrasador. Pero ahora pocos leen el cuento, y la película tiene seis años esperando un distribuidor que quiera lanzarla.

Me pregunto si todo esto es simple casualidad: que el canon americano esté expulsando lentamente de sus entrañas el cuento de Stephen Vincent Benét, que esté eliminando de sí ese relato en el que el espíritu constructivo del idealismo demócrata norteamericano se revela como una fuerza capaz de reconocer sus deformaciones y lidiar con sus pecados, en vez de concebir siempre las maldades de este mundo como un rasgo ajeno, como cosa de otros. El retorno de "The Devil and Daniel Webster" al canon americano es imprescindible.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

no has dicho nada sobre la censura a piero quijano, cómo se nota que vives fuera de nuestra realidad.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Lo que se nota es que no sabes leer:

http://puenteareo1.blogspot.com/2007/06/censuras.html

Hace casi diez días que escribí sobre el tema.

Anónimo dijo...

cómo se nota que tienes el hígado como paté, tu posición es tibia.

baudelaire3 dijo...

Gustavo: simplemente, esta entrada me pareción pieza notable de crítica literaria. Primero, bien escrito (por favor, que nadie me pida definir eso de "bien escrito", pero sólo con la clarida y limpieza del estilo podríamos comenzar), segundo, de la literatura se pasa al contexto e, incluso, a la contingencia, logrando que no se enajene la obra en medio de la nada. Felicitaciones,

CGO

p.d: y, más encima, no he leído el cuento en cuestión, pero ahora tengo ganas de leerlo.

Anónimo dijo...

Me gustaria leer el libro en mencion,pero todo quedara en un gusto.

Anónimo dijo...

AUNQUE NO VENGA PARA NADA AL CASO PREGUNTO: ¿ES QUE QUIPU HA MUERTO?

SI ES ASÍ SERÍA UNA PENA, PUES MUCHOS LO EXTRAÑAMOS.

Alfonso dijo...

Me ha gustado tu texto sobre The Devil and Daniel Webster; no hace mucho escribí una semblanza sobre el músico Bernard Herrmann, el cual fue nominado muchas veces al Óscar pero sólo gano una. La única vez que ganó la estatuilla fue por el score del filme The Devil and Daniel Webster.

leonardo dijo...

¿Tenés El diablo y Daniel Webster en castellano? Hace meses que lo estoy buscando. Si lo tenés, me podés escribir a www.leonardomoledo.blogspot.com o a lmoledo@yahoo.com?