15.11.07

El nuevo (viejo) egotismo

Los estudiantes de periodismo y sus lecturas

Si uno habla de literatura con un estudiante de periodismo, la conversación suele tener dos destinos casi inmediatos. O uno se encuentra con el silencio, muy rápido, o uno acaba escuchando los mismos nombres y la misma admiración por una corriente de escritura: el new journalism, sus derivaciones, sus ancestros cercanos. Es decir, Tom Wolfe, Truman Capote, Hunter S. Thompson y Norman Mailer.

A veces se añaden nombres como los de Robert Christgau y Alan Cabal, pero eso no es tan frecuente, y, en todo caso, tampoco con ello se va mucho más allá de la misma frontera: el nuevo periodismo, la novela no ficcional, el periodismo gonzo. Los límites parecen bastante definidos.

(El de Kapuscinski es el nombre más ajeno que suelen mentar, justo antes del de Carlos Monsiváis. Funciona como un reloj. Es como preguntarle a un estudiante de Comunicaciones de la U. de Lima por un ensayista de temas latinoamericanos: García Canclini es siempre el primero que les viene a la mente; algunas veces es también el último).

El punto es que el new journalism y sus satélites gobierna el gusto de aquellos de nuestros futuros periodistas que tienen un cierto corazoncito literario. Son los menos, claro, pero seguro serán los más destacados tarde o temprano.

Lo curioso es que esa lista de nombres (me refiero a Wolfe, Capote, Thompson, Mailer, Christgau, Cabal y algunos otros) también podría ser la nómina de los escritores americanos más ególatras y ensimismados del último siglo, y en algunos casos --no todos, gracias a Dios-- también los más fascistoides. Estaremos de acuerdo en que esta observación no desconoce su talento de narradores; solo apunta a un hecho más o menos demostrable.

Repasen los datos biográficos, recuerden los textos, y verán que no exagero. Al menos, no demasiado. Por ejemplo, Norman Mailer (no hay que olvidarlo ahora que todo el mundo le rinde homenajes póstumos) no se ganó la fama de outsider por sus ideas de avanzada, sino por el rechazo que provocaban su célebre homofobia, su machismo inapelable, la frecuencia con que lo acusaron de pegarle a sus muchas parejas y su campaña de fines de los años setentas en favor de la liberación del escritor y homicida convicto Jack Abbott, quien en efecto fue dejado en libertad sólo para asesinar a un hombre al mes y medio de su excarcelación.

Alan Cabal es casi más famoso como defensor del neonazi canadiende Ernst Zündel (uno de los más iracundos negacionistas del Holocausto) que por sus crónicas. Acusado más de una vez de antisemtismo, Cabal jamás ha dicho (o hecho) nada que contradiga o niegue la acusación.

A Hunter S. Thompson hay quienes lo quieren recordar como un defensor de la bohemia liberal, una suerte de progresista divertido, sonriente como la marihuana pero rotundo como el whisky. Olvidan que Thompson tenía una idea extraña sobre la legalización de la marihuana: creía que debía permitirse al mismo tiempo que el derecho a portar armas de fuego. Inteligente combinación, sin duda. Thompson era miembro de la Asociación Nacional del Rifle (sí, la de Charlton Heston), y un conocido coleccionista de fusiles, pistolas y bombas caseras. Quienes sólo recuerdan la inclinación de Thompson por el anarquismo y el socialismo, pero olvidan que lo que él proponía era anarquía con armas de fuego para todo el mundo y bombas en las alacenas, tienen una versión, por decir lo menos, parcial del personaje.

El simpático Tom Wolfe es el escritor de cabecera de George W. Bush (es el único autor cuyos libros Bush ha leído en su totalidad; acaso sea el único autor a quien lee). Por supuesto, no lo podemos descalificar por eso. Pero quizá no debamos ser igualmente perdonavidas con sus declaraciones sobre Bush, por quien ha votado dos veces, a quien considera el mejor presidente americano del último par de décadas y de quien ha dicho que es admirable por "su capacidad de tomar decisiones y su gran disposición hacia la lucha". Habitualmente, Wolfe es considerado un conservador o un reaccionario: él se defiende diciendo que le gustan los libros de Emile Zola, "un escritor de izquierda".

Christgau y Capote resultan ser los inesperados niños buenos de la lista, aunque ellos, exceptuados de las tendencias al autoritarismo y la militancia violentista (de hecho, Christgau es un feroz atacante de la misoginia de rappers y hiphoppers), son dos de los egos más grandes del conjunto. Christgau, como se sabe, se autodenomina "decano de los críticos de rock" y Capote... En fin.

En verdad, lo del ego no es un rasgo inesperado ni mucho menos azaroso: el elemento clave en la evolución de las formas de periodismo que vienen de Capote, Mailer, Wolfe, Christgau y Thompson, es decir, el nuevo periodismo y el periodismo gonzo, es el asunto de la centralidad del cronista convertido en personaje crucial de la narración, rasgo introducido por el nuevo periodismo y llevado al paroxismo en los textos de Thompson.

Espero no ser confuso al decir esto: ese protagonismo del narrador, eje de los mejores valores narrativos en las crónicas de muchos de estos autores, y válvula de escape de su potencial tendencia a la ficción, es lo mismo que sigue haciendo, por decir lo menos, discutible el valor de sus textos en tanto textos periodísticos, por lo menos en la medida en que sigamos considerando al periodismo como la disciplina de la información.

No es que yo pierda de vista la importancia estética e intelectual del nuevo periodismo como forma narrativa (¿quién ha escrito crónicas más bellas que Capote o más agudas que Wolfe?). Tampoco es que deje de percibir la virtud potencial del narrador gonzo como elemento catalizador de un mundo narrado. Es algo bastante más simple: es que tengo la impresión de que las ansias de escándalo y la egomanía se han vuelto elementos centrales del ejercicio perodístico a costa del simple y básico impulso de decir algo no sobre uno mismo sino sobre el mundo allá afuera.

Y también me pregunto en cuántos de los cursos de periodismo donde los estudiantes se familiarizan con los textos de Thompson, Mailer o Wolfe se estudia algo más que las virtudes formales de los textos. Por ejemplo: el trasfondo ideológico de los mismos, su tendencia violentista, su eventual impulso reaccionario, la moral del "vigilantismo" que sostuvo parte de la obra de esos escritores, etc.

Porque las formas literarias no nacen en el aire: surgen ya impregnadas de unas ciertas inclinaciones, su estructura misma es ya un vehículo difícil de desligar de las tendencias políticas o ideológicas que le dieron origen, y en el caso del nuevo periodismo y del periodismo gonzo, da la impresión de que el aire de familia que vincula a muchos de sus cultores tiene demasiado que ver con la imposición del ego propio sobre el mundo.

O quizás estoy exagerando.

38 comentarios:

Anónimo dijo...

El heho de que hayas redondeado la verdadera imagen del sobrevalorado Hunter S. Thompson me ha hecho recordar que a su muerte Oscar Malca publicó en la revista que edita, la "Somos", y donde casi nunca escribe nada, una semblanza de este periodista norteamericano que más parecía un discurso de homilía, todo elogios y sahumerio y nada de la otra cara de Thompson que tú tan bien has mostrado.




Y por supuesto es de resaltar la simpleza de Wolfe, a menos que sea una ironía, cuando resalta a Zolá como un escritor de izquierda; sabe dios qué posición tuviera si estuviera vivo hoy ese escritor.

Anónimo dijo...

¿Podrías mencionar ejemplos locales?

Anónimo dijo...

exageras.

o quizás no, después de todo...

"la impresión de que las ansias de escándalo y la egomanía se han vuelto elementos centrales del ejercicio perodístico a costa del simple y básico impulso de decir algo no sobre uno mismo sino sobre el mundo allá afuera."

...podría aplicarse perfectamente a este post, a este blog y a ti.

Anónimo dijo...

En desacuerdo: puede aplicarse a algunos posts, pero no a todo el blog.

Anónimo dijo...

El hecho es que Zola no está vivo, como no lo estaremos tú y yo. Sin embargo el "Yo acuso", de Zola basta para que no sea simplista el calificarlo de izquierda (en su tiempo)En todo caso esa obrita no tiene nada de derechas (de su tiempo y de otros).

Espléndida dijo...

Hola, Gustavo:
¿Es verdad que el periodismo se aprende en "la cancha" y no en una facultad?

Luis Alberto dijo...

Y tan malo que es García Canclini, jamás he entendido porque tanta fama.

Anónimo dijo...

No creo que haya algo que no se aprenda en la cancha.

antoniotamariz dijo...

Estimado Gustavo:

Dices "si uno habla de literatura con un estudiante de periodismo".

Me parece que es una reducción que no hace justicia a miles de estudiantes de periodismo que han leído y leen sin marcar fronteras como lo hacen en nuestro país miles de personas.

Evidemente, hemos leído los autores que mencionas porque se relacionan con la profesión y el oficio de escribir periodísticamente.

Recuerdo que en San Marcos y la Católica (y seguramente también en otras universidades como Villareal (que tenía el valioso bazar-suelo de Colmena) las novelas apuntaban más a la literatura latinoamericana, a la inglesa y a la francesa, sin dejar lado otros territorios. Los libros de Nuevo Periodismo -al ser muy requeridos por disposición de los profesores- eran demasiado caros para comprarlos.

Creo que eres un intelectual muy acucioso para dejarte caer en ese tipo de generalizaciones. Algo así como si un periodista dijera que los críticos literarios se dedican a pelear todo el tiempo descuidando su verdadera labor, cuando sabemos que el alboroto; mayúsculo, es cierto; solo lo hacen algunas personas que fungen de críticos.

Escribo esto, Gustavo, porque lo que más recuerdo de San Marcos (es decir de muchas universidades del país) es el aspecto desnutrido (y ahora recuerdo que la tuberculosis es una enfermedad común en mi universidad) de estudiantes que dejaban de almorzar para ahorrar y poder comprar los libros de Joyce, Vargas Llosa, Cortázar, Hemingway, Sábato, Benedetti, Rimbaud o Loayza (y un largo etcétera) que llevaban bajo el brazo.

Quizás sí estás exagerando.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Ah, pues, quizás, quizás. Pero recuerda que así como hay un "quizás" en mi último párrafo, hay dos "suele", un "puede" y un "parece" en los primeros tres. Eso, precisamente, es evitar las generalizaciones. Además, mi post es acerca de las conversaciones que YO he tenido con estudiantes de periodismo; de hecho, decenas de ellas cuando me tocó ser su jefe en El Comercio. Quizás ellos creyeran que esos eran los nombres que debían mencionar para quedar como periodistas "cultos".

Pero ojo: comprendo las razones de tu respuesta, aplaudo tu interés y agradezco que comentes en el blog.

Anónimo dijo...

podria haber un contrapeso latinoamericano para el nuevo periodismo ?

Anónimo dijo...

creo que Tamariz exagera cuando habla de generalizaciones. El uso de los adverbios que haces te salva de eso. Eres duro con los periodistas jóvenes pero tal vez haya que serlo de vez en cuando, sobre todo con los que escriben en Culturales. Lo que sí hay que agradecerte es la escueleada sobre Hunter Thompson. Con eso demuestras que la calle no es suficiente para hacer un periodismo bueno, que no solo explote el aspecto más oscuro, comercial o vendedor de la noticia, en este caso de Hunter. Saludos.

Anónimo dijo...

Qué interesante post¡ ojalá lo lean los estudiantes de periodismo, en especial aquellos que gozan cuando emulando a Hunter S. Thompson se autodenominan como "inclasificables" en los postones de las revistas cool. Pura soberbia.

Gonzalo B dijo...

Gustavo:

Interesante tu comentario, pero creo que asociar a autores tan dispares y de trayectorias ideológicas tan heterogéneas a un término tan vago como “fascistoide” es un tanto forzado. En el caso de Thompson, defender la segunda enmienda no te hace fascista por mucho que para el resto del mundo la relación de los estadounidenses con las armas de fuego resulte difícil de comprender. De hecho, y como siempre dicen los tipos de la NRA para defenderse, Hitler trató de confiscar todas las armas, no de permitir que más gente tuviera una en su casa. Muchos de los miembros de la NRA no votan Republicano y el hecho que Heston sea su presidente no hace que la asociación con Thompson sea más que tenue. Wolfe, por su parte, es conservador o si se quiere libertario (en el sentido ultra libremercadista que le dan en EEUU al término) y eso no lo hace ni remotamente fascista. Tal como dices, el que Bush lo lea tampoco cambia las cosas. Clinton leía a Walter Mosley y John F. Kennedy a Ian Fleming, pero no creo que eso diga mucho respecto de las obras de los respectivos autores. Al hablar de la necesidad de estudiar el trasfondo ideológico de autores tan disímiles, me da la sensación que sugieres que sí tienen ciertas ideas básicas en común (por ejemplo, la supuesta moral del “vigilantismo”), lo que me parece errado.

Lo que sí me llama la atención es eso que mencionas sobre los estudiantes de periodismo y sus preferencias literarias. Como periodista, mi experiencia es que la mayoría de mis colegas conocen algunos de esos nombres (Mailer, Wolfe, pero difícilmente Cabal o Christgau) pero pocos los han leído. En general, los gustos literarios del periodista inclinado a los libros suelen ser más convencionales.

Una cosa más, sin querer caer en una defensa corporativa, pero mi experiencia en la universidad siempre fue que los estudiantes de periodismo solían ser bastante más “letrados” que los de literatura. Quizás ese no sea el caso en Perú, pero a mí siempre me dio esa sensación. Como que muchos de los estudiantes de literatura dejaban de leer una vez que se titulaban, mientras que los periodistas metidos en el tema solían mantenerse al día. Obviamente, esto es una generalización y quién sabe si es tanto o más inexacta que todo lo que hemos estado discutiendo. Saludos.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Gonzalo, con respecto a lo último, creo que en el Perú es lo contrario. Las facultades de literatura tienen en efecto gente bastante más "leída" que las facultades de periodismo. Ahora, lo otro que ocurre, claro, es que la mitad de los estudiantes de literatura terminan convertidos en periodistas. (Durante los años en que trabajé en El Comercio me resultó bastante transparente que los estudiantes de periodismo en general eran periodistas mucho menos interesantes que los que habiendo estudiado alguna otra disciplina de las humanidades llegaban al periodismo como oficio.

Sobre lo otro: quizá debí aclarar que cuando dije fascistoide no quería decir "de ultraderecha", sino que simplemente aludía a una combinación de rasgos como el autoritarismo, el violentismo, el culto a la virilidad, el espíritu corporatista, el chauvinismo patriótico, etc. Un poco en el sentido en que los politólogos usan los términos fascismo de izquierda y fascismo de derecha para dos actitudes diferenciadas en cuanto a programa político pero no en los modales, por decirlo de alguna manera.

Anónimo dijo...

Hay facultades, y facultades de periodismo no?
La de la UPC era tremenda facultad cuando alli enseñaban, todos juntos, Julio Villanueva, Ronaldo Menendez o Alonso Cueto, por citar algunos.
Y en esa facultad, la de ese tiempo, el que menos era leido, Gustavo. No por nada, son ellos, periodistas, los que ahora dirigen, Planeta, Alfaguara, Etiqueta Negra, entre otros. O sino se llevan los premios literarios, como el del concurso gastronómico de cuento organizado por Matalamanga, curiosamente también Juan Manuel es de la UPC, y de esa facultad.
No es gente que estudió literatura, ojo con eso...

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¿Alguien acá está tratando de iniciar una competencia entre estudiantes de literatura y estudiantes de periodismo? Yo no, por cierto.

Anónimo dijo...

Veamos solo el primer párrafo de este post:

"Si uno habla de literatura con un estudiante de periodismo, la conversación suele tener dos destinos casi inmediatos. O uno se encuentra con el silencio, muy rápido, o uno acaba escuchando los mismos nombres y la misma admiración por una corriente de escritura: el new journalism, sus derivaciones, sus ancestros cercanos. Es decir, Tom Wolfe, Truman Capote, Hunter S. Thompson y Norman Mailer".

Hasta ese momento lo único que hay es una grosera generalización. Recién dos párrafos después se habla de "aquellos de nuestros futuros periodistas que tienen corazoncito literario", con evidente tono de perdonavidas y ahí sí, sin generalizar tanto como al inicio.
Me parece un post cargado de prejuicios y muy sesgado. Faverón ya ha sentenciado a la mayoría de estudiantes de periodismo a un repertorio de cinco o seis autores, punto. No es de extrañar que en un próximo post el doctor Faverón, amo del mundo, la verdad y la razón, fustigue a las amas de casa que leen a Isabel Allende, tildándolas por eso de subnormales.
Nadie hay más facho y autoritario que aquel que quiere dirigir al resto, decirle qué hacer y qué leer. ¿Se imaginan a este académico con un poquito de poder? Yo paso de ese ejercicio, sencillamente me espanta.

sobresaliente dijo...

"un mar de conocimientos en 1cm de profundida" = terrible...

Gonzalo B dijo...

ewtmxGracias por tu respuesta, Gustavo. A mí por lo menos me aclaró las cosas. Respecto de la supuesta disputa estudiantes de periodismo vs. literatura, la verdad es que todo lo que podamos aportar es anecdótico. Sería interesante si alguien hiciera un estudio sobre el nivel de formación de los estudiantes de distintas carreras (y no sólo de estas dos) y luego compararlos.

Tan sólo ayer, el National Endowment for the Arts de EEUU publicó un informe en que entre otras cosas muestra el dramático declive de los hábitos lectores que se suscita entre las edades de los 9 y los 17 años. Es decir, justo antes de entrar a la universidad. Dicha situación no debe ser muy distinta de la de nuestros países.

A.L. dijo...

Respecto al egoismo y vanidades de estos periodistas - escritores, no creo que los desmerezca o sea motivo de especial señalamiento.

antoniotamariz dijo...

Mil gracias, Gustavo. Al amigo anónimo de las 10:27:00 AM le agradezco el comentario. Estoy de acuerdo sobre todo con su última reflexión aunque con salvedades si pensamos que Gabo dejo la universidad y comenzó a escribir periodismo y !cómo no! literatura.

Solo una frase más. Muchos estudiantes (de periodismo, de literatura, etc) no tienen dinero para comprar los libros que quisieran. Cuando yo encontré este tesoro (http://www.esnips.com/)
pensé que debía compartirlo inmediatamente con los amigos. Y creo que este es un foro de amigos.
Prueben con aquellos escritores que siempre quisieron leer.

Un abrazo

Anónimo dijo...

el sitio que señala Tamariz es ilegal. Una pésima acción la de recomendarlo.

antoniotamariz dijo...

¿Ilegal? No lo sabía.

Aranda dijo...

Discutir la legalidad o ilegalidad de ese sitio, es empezar una polémica ajena al origen del post, y es de esperar que tanto en un bando como en el otro, los argumentos tengan adeptos convencidos de su posición. La lógica de esa página, hasta donde yo sé, es compartir archivos libremente. No se trata, entonces de un espacio administrado por mercaderes adictos al dinero. Yo por ejemplo, encontré la antología “Poesía Vertical” de Roberto Juarroz allí; un libro cuya publicación hace mucho quedó descontinuada (ni siquiera se le encuentra en Argentina o España, donde fue publicado) Por supuesto, lo que haga uno con lo que baja de aquella página es bastante incierto pero tratándose este blog de una bitácora de gente que disfruta de la lectura, dudo mucho que alguien piense en montar una editorial pirata a partir de la recomendación del amigo Tamariz. No me parece desatinada su sugerencia. Por cierto, soy periodista y me gusta la literatura.
Un saludo para todos.

j c dijo...

¿Ilegal? Talvez. ¿Ilegítimo? No, en una sociedad donde la cultura cuesta un ojo de la cara. Por lo demás, la cultura fue tradicionalmente transmitida sin restricciones económicas durante CENTENARES de años; es sólo durante los últimos 200 años que tales restricciones se han vuelto una plaga. al diablo con el copyright.

LuchinG dijo...

Cueto, Alarcón, Roncagliolo: les debo cinco lucas a cada uno por Hora Azul, Radio Ciudad Perdida y La Cuarta Espada, vilmente pirateadas por el suscrito que habla. Ustedes dirán. En caso de no manifestarse, depositaré el dinero en la cuenta de la Clínica San Juan de Dios.

Anónimo dijo...

Ya se hacía extrañar el estimado Luching.

Adriana Degetau dijo...

EGOCENTRISMO, EGOlatría, ensimismaniento en grandes dosis debe existir para generar ese tipo de libros.

Anónimo dijo...

Adriana: Uno puede ensimismarse y ser un ermitaño o ensimismarse y ser un insoportable ególatra. ¿Crees necesariamente que este tipo de periodismo requiere este tipo de personalidad? Porque mirarse el ombligo es algo que hacen casi todos los escritores.

Anónimo dijo...

Gustavo, te quedaste en la década del 60. La visión que tienes sobre el periodismo es obsoleta. Yo soy estudiante de periodismo y en las aulas sabemos que la época de Wolfe, Thompson, etc. es un periodismo ya superado.

Tibor dijo...

Yo creo que la revista Etiqueta Negra ha contribuido a esta sacralización del new journalism.

Los periodistas jóvenes solo quieren leer a Juan Villorro, John Lee Anderson o a Julio Villanueva.

Para decirlo en tres palabras: de ahí no pasan.

marco dijo...

Querido Gustavo:
En 2004 el editor Robert S. Boyton publicó en Estados Unidos el libro THE NEW NEW JOURNALISM (nótese la reiteración de la palabra new), donde reunía el trabajo de los periodistas de la generación posterior a la de Wolfe. Entre ellos, Susan Orlean, Jon Krakauer,William Langewiesche.
Estos nuevos nuevos periodistas frisan los cuarenta y cincuenta años de edad y, a diferencias de sus antecesores, son periodistas de formación y oficio. Aquellos, los del grupo de Wolfe, por el contrario, eran escritores de ficción que se zambulleron en el periodismo por razones económicas y por azar.
Los nuevos nuevos periodistas se caracterizan por 1) un uso racional de la primera persona, 2) un trabajo muy disciplinado en la reportería (inmersión) y 3) el dominio de las técnicas de investigación y narración que ya sus predecesores habían anticipado.
Que algunas facultades de comunicación sigan leyendo a la generación de Wolfe como si se tratase de un fenómeno de vanguardia es un hecho anacrónico y triste. Pero ya en algunas universidades como la UPC y San Marcos se lee y estudia los libros y artículos de los nuevos nuevos periodistas, una generación que también empieza a ceder el paso.
Son los mismos autores estadounidenses los que han aceptado el envejecimiento natural del nuevo periodismo de Wolfe. Y es por eso que sorprende que un crítico tan informado como tú, Gustavo, no contraste este hecho en su artículo.
Sirva este comentario para que los estudiantes de comunicaciones y lectores de este blog sepan algo más de un tema que, a todas luces, no dominas: el periodismo narrativo.

Saludos,

Marco

Gustavo Faverón Patriau dijo...

El libro de Boynton, que sí he leído, no "reúne el trabajo" de esos periodistas, como dices sin saber de qué estás hablando. Es un libro de entrevistas a escritores como Krakauer, Orlean, LeBlanc, etc. Y no entiendo para qué debería yo mencionar ese libro en un post acerca de qué leen los estudiantes de periodismo con los que yo he conversado, si no he conversado con ninguno que haya leído ese libro.

Juan Manuel Robles dijo...

Siempre he creído que la no ficción es solo una forma más de hacer literatura con reglas. Igual que los chicos del Oulipo, que ponían límites juguetones a sus escritos. Nuestro límite es la verdad y la regla madre es no inventar. Cumpliendo esa regla, podemos divertirnos como chanchos usando el yo (que no debe ser gramatical para estar allí, como bien dijo Martín Caparrós) o sin usarlo. Pero el hecho literario es el mismo: reinventar el mundo con palabras. En ese sentido, mi fuente de inspiración siempre han sido literatura de ficción y no ficción. Más la ficción, por cierto. Respecto a la formación, a estas alturas de mi aun corta vida puedo decir que hay gente ignorante que escribe maravillosamente bien, y gente culta que desperdicia como agua residual las toneladas de libros ingiere al mes, al día, al año.

Saludos a los lectores de este buen blog.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Pues, ya ves: para mí es un total misterio cómo se puede encontrar interesante el texto de un escritor o un periodista ignorante. Salvo que fuera por motivos antropológicos.

LuchinG dijo...

Supongo que te refieres no al que no sabe sino al que desprecia el conocimiento o es tan obtuso para creer que lo sabe todo.

Anónimo dijo...

“... me resultó bastante transparente que los estudiantes de periodismo en general eran periodistas mucho menos interesantes que los que habiendo estudiado alguna otra disciplina de las humanidades llegaban al periodismo como oficio”.

Yo también he tenido esa impresión, no poco infrecuente entre periodistas que hemos estudiado Ciencias de la Comunicación. Concuerdo plenamente contigo.