13.9.08

40 años de contracultura

Pero, ¿qué significa contracultura?

Hace exactamente cuatro décadas, en 1968, Theodore Roszak, un norteamericano de origen polaco, acuñó el término "contracultura" como la categoría central para su estudio de ciertos movimientos estéticos y de oposición política surgidos en Estados Unidos y algunos países de Europa occidental durante la década del sesenta. El libro se llamaba
The Making of a Counter Culture.

Aunque quienes hoy reclaman para sí la etiqueta de "contraculturales" no quisieran enterarse de este dato, lo cierto es que Roszak era, y es, un
scholar, es decir, un académico, que hasta el día de hoy recibe su sueldo puntualmente de una universidad estatal norteamericana: California State University, at East Bay.

Cierto es que el término y el estudio tuvieron que venir necesariamente después del fenómeno: la asimilación del lenguaje del jazz a la poesía en la obra de la generación beat, el nacimiento de la escena underground que encontró su capital en San Francisco, el salto del rock and roll al rock y a la música pop, la formación de la juventud hippie y su asunción de las consignas del movimiento de los derechos civiles (la lucha contra el racismo, contra la marginación de la mujer), la prédica de la liberación sexual, la asimilación europea del existencialismo tardío y de Marcuse como cimientos ideológicos para la revolución generacional, la difusión de la psicodelia, etc.

E incluso antes, esa historia tiene su propia prehistoria: quienes estudian lo contracultural lo encuentran con frecuencia en cierto romanticismo europeo de los siglos dieciocho y diecinueve, en la bohemia francesa, en el dandismo, en algunas de las vanguardias, etc. La primera constatación curiosa cuando uno se remonta a esos orígenes es que lo contracultural no es --contra la intuición extendida contemporáneamente-- ni necesariamente popular ni inevitablemente progresista en lo político: muchos de los fenómenos citados eran de hecho aristocratizantes y en gran medida elitistas.

Dos precisiones son importantes antes de llamar a algo contracultural. La primera es que lo contracultural es a su vez una cultura, o la emergencia de una forma cultural: un individuo puede tener un conjunto de ideas radicales contra el mainstream cultural de su sociedad, pero si sus ideas son, por ejemplo, demasiado sui generis o demasiado idiosincrásicas para ser adoptadas por otros individuos hasta formar un colectivo con cierto grado de coherencia en su oposición al establishment, es incorrecto decir que ese individuo es contracultural. Es un marginal, sí, pero no contracultural.

Lo segundo es que lo contracultural, en su sentido actual, puede ser una ideología predicada en un discurso articulado o una praxis demostrada en ciertos ejercicios culturales (obras de arte, manifestaciones colectivas, protestas, escritos, circuitos virtuales, etc), y como tal aspira a ensancharse hasta inspirar a nuevos partícipes, de modo que el movimiento crezca y se transforme en una forma de vida para un colectivo cada vez mayor. Si no fuera así, sería una contracultura elitista y segregadora, como las del siglo diecinueve.

En el intento de expansión, claro está, lo contracultural corre el riesgo de ser asimilado, hasta convertirse incluso en parte del mainstream que originalmente percibió como el objetivo a derrotar. El poder del mercado en el mundo capitalista es normalmente el motor de esa asimilación; es también, curiosamente, o lo ha sido hasta ahora, el motor crucial para la difusión de las ideas de cada grupo contracultural. Esa es la historia de los beatniks, la historia de los hippies, la historia de los punks. En gran medida, el relato de la asimilación es el relato de la desvirtuación del contenido ideológico de la contracultura.

Si lo vemos de este modo, entenderemos la paradoja de lo contracultural: nacido de un grupo pequeño, su crecimiento marca el inicio de su declive, o al menos el declive o el vaciamiento de sus ideales centrales. Pero si no aspirara al crecimiento, dejaría de ser contracultural para convertirse en una especie de cisma de la cultura, en un movimiento de outsiders sin mayor alcance fuera de un grupo reducido y nuclear (lo que suele pasar hoy, cuando se combina en un mismo discurso la postura contracultural con el individualismo extremo de buena parte de la nueva sociedad).

Y eso no sería un movimiento contracultural, porque estaría abandonando la esperanza crucial de la contracultura, que es la transformación de la sociedad a su imagen y semejanza.

Pero: ¿el declive o la muerte de un movimiento contracultural implica su derrota total? ¿Acaso no somos, muchos de nosotros, un poco más libres después de los beatniks, un poco más igualitarios después de los hippies, un poco menos segregacionistas después del movimiento de los derechos civiles, un poco menos cínicos después de los punks?

Si la respuesta es afirmativa, entonces quizás haya que aceptar que lo más lamentable no ha sido la introducción de esos movimientos contraculturales en el mainstream. Quizá lo más lamentable sea, más bien, que esa asimilación haya convertido a los nuevos y potenciales movimientos de la contracultura en grupos mucho más radicales en su suspicacia frente al establishment, hasta el punto de no querer tener contacto alguno con él, lo que termina convirtiéndolos en microscópicos y carentes de toda influencia real. Acaso por eso es que, luego del punk, ha habido muy pocos movimientos contraculturales de influencia global (teniendo en cuenta que, por ejemplo, el hiphop prácticamente nació ya asimilado al mercado).

Y tal vez la lápida sobre la potencial tumba de lo contracultural (y de sus posibilidades de éxito) sea la asunción de la etiqueta de "contracultural" por ciertos grupos inorgánicos y atomizados. No me refiero a la existencia misma de esos grupos, sino al hecho de que se autodenominen así, "contraculturales", sin más implicaciones ni mayor precisión: sin diferenciarse unos de otros, sin construir discursos afirmativos en vez de críticas del tipo "vivimos en un callejón sin salida" o "el mundo es una mierda y siempre lo será".

Como si ser contracultural fuera en sí mismo una postura, y no una categoría general que puede ser llenada con discursos de todo tipo: convertir lo contracultural en una etiqueta sin definición es un suicidio para cualquiera que quiera transformar el mundo, o al menos una esquina del mundo.

Llamarse "contracultural" sin sustentar un discurso es como llamarse "revolucionario" sin apoyarse en una ideología. Washington, Jefferson y Adams hicieron una revolución, Lenin hizo una revolución, Allende también, Castro también, Hitler también, y es claro y transparente que ninguna fue igual a las otras. Los neonazis y los skinheads son contraculturales, y ésa es una familiaridad que de seguro los que se llaman contraculturales preferirían no tener. Para evitarla, tienen que definirse claramente, intelectualmente, artísticamente, estéticamente, es decir, culturalmente: construyendo su tradición, vislumbrando sus orígenes, entendiendo su destino, proclamando sus ideas, construyendo en base a ellas, diferenciándose unos de otros, concibiendo el mundo de alguna manera y presentando esa concepción a los demás.

10 comentarios:

Bruno Ysla Heredia dijo...

¿Esa es Grace Slick, no? Sterling Morrison debe estarse revolcando en su tumba (¡Cómo que ella es contracultural!) JA JA. A él que le gustaba hablar pestes de ella.

Hablando de eso, ¿entonces cuando Lou Reed dijo algo así como "después del primero beso todo se viene cuesta abajo", tal vez, quizás, hablaba de la contracultura?
Interesante.

Three Little Indians dijo...

Ìnteresante post. Así debería ser siempre la blogosfera.

Anónimo dijo...

Este post parece un resumen del libro de Savater y Villena, heterodoxias y contracultura. Avisas cuando escribas algo nuevo.

Anónimo dijo...

Aquí es donde debería intervenir Rodolfo Ibarra, adalid de la contracultura en Lima que tiene un libro sobre este tema.
Saludos

Irma O'Brien Gómez
Arequipamanta

Anónimo dijo...

muy buen comentario, aunque, sin querer, parece haber sido escrito específicamente contra un blogger abandonado por los lectores y perdido en el paste de noticias de los diarios. En efecto, es realmente bizarro (o sea, valiente) señalar lo que tú has señalado: que la contracultura dice más y menos de lo que la gente que alegremente se impone esa etiqueta, cree.
Un ejemplo son los llamados blogs basura con nombre propio, donde se exhiben posiciones ideológicas y estéticas retrógradas con un lenguaje supuestamente
"subversivo" y "contracultural". Excelente.

Orlando

Jorge Frisancho dijo...

Pues yo creo que de la historia de la contracultura, ya desde los movimientos decimonónicos que citas y pasando por los demás, hay que aprender una lección: lo que aparece como un gérmen contracultural puede ser asimilado al mainstream y perder su filo en un dos por tres. Y creo también que esta no es una característica de la contracultura, sino una característica del mainstream: su capacidad de asimilar discursos y prácticas contestatarias al transformarlas en mercancías (o piezas de museo, que es lo mismo). Por eso, estratégica y tácticamente, un movimiento contracultural tendría que apuntar siempre al espacio (utópico) que se extiende más allá de la mercantilización.

Y sí, somos "mejores" porque hubo hippies y beatniks y punks (ejemplos todos, by the way, de la metrópoli). Pero dado el estado de nuestro mainstream cultural, me parece que no hay demasiados motivos para autocongratularse.

Anónimo dijo...

En el Domincal de hoy, domingo 14:

Entrevista a César Gutierrez

- ¿Te Molestan los blogs?
- Los blogs son una maravilla. Desayuno y me acuesto con ellos, especialmente con los comments anónimos. No sé quiénes serán sus autores, pero sospecho que Faverón está detrás de todo esto (risas).

Lucio Suárez dijo...

Buen post.
Ahora bien, habría que tratar de definir o identificar que es lo realmente mainstream en los tiempos de la globalización. Qué es lo realmente establecido como oficial, para luego, tratar de deducir qué cosa podría ser contracultural o, como yo prefiero denominarlo, disidente.
En realidad, tengo la impresión de que, dada las circunstancias en perspectiva global, la tesis de Gustavo, en realidad, se pelea con peqeños perfiles snovistas de nuestro barrio. Tengo la impresión de que su puntería está orientada a los chicos de Quilca, los de izquierda tradicional, y algún que otro grupo inquieto.
Pero, Gustavo parece, por lo dicho en otros momentos, en el fondo, no ocuparse tanto de ciertos núcleos duros del sistema como el cinismo en política, me refiero a la idea de que tratar de cambiar o mejorar las cosas con política, es como tratar de curar la adicción con alucinógenos. O, la primacía del éxito que pasa como contrabando en la idea de realización personal. O, ahora con más certeza que antes, el entusiasmo bobo en el futuro, cuando ese entusiasmo se traduce en un productivismo destructor de toda posibilidad de futuro.

Pienso que el debate sobre la necesidad de definir lo realmente contracultural o disidente, es una deuda pendiente y creo, cada vez más urgente.

mirko lauer dijo...

Amigo Faveron, llamo su atención sobre las posibles diferencias de tempratura entre el prefijo counter y el prefijo contra. No es que quieren decir cosas 100% distintas, pero si tienen matices propios que pueden llevar lejos en el análisis.

Anónimo dijo...

"...la asimilación del lenguaje del jazz a la poesía en la obra de la generación beat."

No lo sabia, yo leo a Keaurac, a Ginsberg, a bowles, entre otros angelitos y no los asociaba con eso que llamas "lenguaje del jazz".

Tal vez si podrias explicar como se da esa asimilacion, lo mas breve posible...

Aqui Ginsberg:

AMERICA
by Allen Ginsberg
America I've given you all and now I'm nothing.
America two dollars and twentyseven cents January 17, 1956.
I can't stand my own mind.
America when will we end the human war?
Go fuck yourself with your atom bomb.
I don't feel good don't bother me.
I won't write my poem till I'm in my right mind.
America when will you be angelic?
When will you take off your clothes?
When will you look at yourself through the grave?
When will you be worthy of your million Trotskyites?
America why are your libraries full of tears?
America when will you send your eggs to India?
I'm sick of your insane demands.
When can I go into the supermarket and buy what I need with my good
looks?
America after all it is you and I who are perfect not the next world.
Your machinery is too much for me.
You made me want to be a saint.
There must be some other way to settle this argument.
Burroughs is in Tangiers I don't think he'll come back it's sinister.
Are you being sinister or is this some form of practical joke?
I'm trying to come to the point.
I refuse to give up my obsession.
America stop pushing I know what I'm doing.
America the plum blossoms are falling.
I haven't read the newspapers for months, everyday somebody goes on trial
for murder.
America I feel sentimental about the Wobblies.
America I used to be a communist when I was a kid I'm not sorry.
I smoke marijuana every chance I get.
I sit in my house for days on end and stare at the roses in the closet.
When I go to Chinatown I get drunk and never get laid.
My mind is made up there's going to be trouble.
You should have seen me reading Marx.
My psychoanalyst thinks I'm perfectly right.
I won't say the Lord's Prayer.
I have mystical visions and cosmic vibrations.
America I still haven't told you what you did to Uncle Max after he came
over from Russia.
I'm addressing you.
Are you going to let your emotional life be run by Time Magazine?
I'm obsessed by Time Magazine.
I read it every week.
Its cover stares at me every time I slink past the corner candystore.
I read it in the basement of the Berkeley Public Library.
It's always telling me about responsibility. Businessmen are serious.
Movie producers are serious. Everybody's serious but me.
It occurs to me that I am America.
I am talking to myself again.
Asia is rising against me.
I haven't got a chinaman's chance.
I'd better consider my national resources.
My national resources consist of two joints of marijuana millions of genitals
an unpublishable private literature that jetplanes 1400 miles an hour
and twentyfive-thousand mental institutions.
I say nothing about my prisons nor the millions of underprivileged who live
in my flowerpots under the light of five hundred suns.
I have abolished the whorehouses of France, Tangiers is the next to go.
My ambition is to be President despite the fact that I'm a Catholic.
America how can I write a holy litany in your silly mood?
I will continue like Henry Ford my strophes are as individual as his automobiles
more so they're all different sexes.
America I will sell you strophes $2500 apiece $500 down on your old strophe
America free Tom Mooney
America save the Spanish Loyalists
America Sacco & Vanzetti must not die
America I am the Scottsboro boys.
America when I was seven momma took me to Communist Cell meetings
they sold us garbanzos a handful per ticket a ticket costs a nickel and
the speeches were free everybody was angelic and sentimental about
the workers it was all so sincere you have no idea what a good thing
the party was in 1835 Scott Nearing was a grand old man a real
mensch Mother Bloor the Silk-strikers' Ewig-Weibliche made me cry
I once saw the Yiddish orator Israel Amter plain. Everybody must
have been a spy.
America you don't really want to go to war.
America it's them bad Russians.
Them Russians them Russians and them Chinamen. And them Russians.
The Russia wants to eat us alive. The Russia's power mad. She wants to take
our cars from out our garages.
Her wants to grab Chicago. Her needs a Red Reader's Digest. Her wants our
auto plants in Siberia. Him big bureaucracy running our fillingstations.
That no good. Ugh. Him make Indians learn read. Him need big black
niggers. Hah. Her make us all work sixteen hours a day. Help.
America this is quite serious.
America this is the impression I get from looking in the television set.
America is this correct?
I'd better get right down to the job.
It's true I don't want to join the Army or turn lathes in precision parts
factories, I'm nearsighted and psychopathic anyway.
America I'm putting my queer shoulder to the wheel.
Berkeley, January 17, 1956
(From The Portable Beat Reader. Ann Charters, Ed. New York: Penguin Press. 1992. pp 74-77).