19.10.10

Dos columnas, 2

Mario Vargas Llosa y la izquierda latinoamericana

En el post anterior, enlacé las recientes columnas de Juan Gabriel Vásquez y Javier Cercas sobre el otorgamiento del Nobel a Vargas Llosa. Ambas se refieren al tema de la posición política de Vargas Llosa y, sobre todo, a su relación con las izquierdas hispanoamericanas.

La etiqueta que con más frecuencia se le adscribe a Vargas Llosa en América Latina es "neoliberal". Nadie me ha podido explicar qué quiere decir eso exactamente, pero cuando han tratado, me han descrito a un Vargas Llosa que parecería más bien cercano al movimiento neo-conservador norteamericano.

Vargas Llosa no es así. Está bastante más cerca de ser un liberal clásico en cuanto a sus razonamientos sobre el modelo económico y un progresista en casi cualquier tema central en aquello que en el mundo occidental contemporáneo llaman "las guerras culturales".

Es decir, Vargas Llosa, como hacen notar Vásquez y Cercas, es un defensor de la igualdad de homosexuales y heterosexuales en todos los aspectos de la vida civil; es un promotor de los derechos individuales; es acaso el más radical defensor de la institucionalidad de las democracias por sobre los militarismos, los totalitarismos y los autoritarismos; es un enemigo de los nacionalismos; es un crítico acérrimo de la influencia conservadora y retardataria de la Iglesia Católica en cada caso en que ésta se manifiesta (así como es, también, un defensor de la Iglesia en aquellos casos en que ella sirve como motor de la igualdad, el desarrollo y la atención a los marginados).

¿Cuál de esos rasgos podría servir para que alguien lo califique de conservador, o para que alguien lo agrupe acríticamente junto a lo que los latinoamericanos llaman "feroces neoliberales" (que son en verdad los capitalistas conservadores de la región)? Yo creo que ninguno. Cada vez que Vargas Llosa ha defendido alguna de esas causas, la izquierda ha guardado silencio y se ha hecho la sorda, a pesar de que esas causas deberían ser las suyas por naturaleza.

En todas esas ocasiones, la derecha más conservadora y reaccionaria es la que ha latigueado de amargura por la liberalidad progresista de Vargas Llosa. La razón es obvia: en casi cualquier tema cultural, las causas de Vargas Llosa son diametralmente opuestas a las causas del conservadurismo.

El rechazo habitual de la izquierda a Vargas Llosa tiene su origen, históricamente, en la ruptura de Vargas Llosa con la Revolución Cubana a fines de los años sesenta y principios de los setenta. Es crucial recordar que, en aquel tiempo, lo que Vargas Llosa objetó a la Revolución Cubana no fueron sus esfuerzos culturales, su interés socialista en la educación ni su difusión de los proyectos igualitarios en el campo de la salud.

Vargas Llosa objetó y denunció el autoritarismo, la verticalidad del régimen, la opresión de las minorías, la persecución de los homosexuales, la construcción de un Estado policial, las cárceles del castrismo. Es decir, objetó lo que cualquier izquierda moderna, amiga de la libertad y de la igualdad plena debería objetar siempre. Y cuando transitó hacia la derecha, no dejó jamás de denunciar escenarios de ese tipo, sin importar que se produjeran bajo un gobierno de izquierda o de derecha.

Por supuesto, Vargas Llosa no es un socialista desde hace mucho, y revisando sus novelas es posible alegar que tampoco lo fue cuando sentía que lo era: su espanto ante cualquier mundo en que los ideales colectivos se antepongan a la libertad individual es patente. Pero creo que en este momento, pasadas las décadas, ese espanto también se ha convertido en un sentimiento dentro de las izquierdas más progresistas.

¿Hay alguna razón para detestar a Vargas Llosa desde la izquierda? Es cierto que se pueden buscar argumentos ocasionales, hurgar en momentos y coyunturas en que Vargas Llosa se ha aproximado un tanto a regímenes moralemente dudosos, como el actual de Alan García en el Perú. También es fácil descubrir en qué instantes, con qué razones, siguiendo qué ideales, ha roto con esos regímenes en defensa de su noción de libertad.

Pero creo sinceramente que la izquierda pierde mucho más de lo que gana describiendo a Vargas Llosa como el corazón de la tiniebla derechista: pierde la voz más notoria y audible, mundialmente, en la defensa de la igualdad en libertad de los latinoamericanos. Pierde a un promotor constante de la transformación cultural que tarde o temprano llegará a la región, en la lucha contra la homofobia, en favor del aborto, y, con ello, de los derechos de la mujer, en contra de los nacionalismos, en contra del racismo, en favor de la democracia sin interrupciones autoritarias, etc.

¿O es que la izquierda desea anteponer las rencillas de hace casi medio siglo a la defensa de causas con las que su discurso debería identificarlas? Esa es la opción que ha elegido mayoritariamente desde hace mucho. La salida de Vargas Llosa de la política activa, tras su derrota en las elecciones de 1990, y el autogolpe de Fujimori poco después, debieron ser el momento de la reconciliación con Vargas Llosa, la oportunidad de reconocer los puntos comunes con alguien que ha luchado toda su vida en contra de las tendencias cerriles y cacicales que Fujimori representa.

Este es otro momento: la entrega del Nobel a Vargas Llosa, de parte de una Academia Sueca que finalmente da su mano a torcer y renuncia al prejuicio de negarle el premio debido a sus choques con la vieja izquierda. Porque hay que tener en cuenta que el otorgamiento del premio es ya un reconocimiento que Vargas Llosa recibe de la izquierda europea.

Hace unos días un amigo me decía (y lo dice también Cercas en su artículo) que le parecía tonta la frase, tantas veces repetida en estos días: "Me alegra que premien a Vargas Llosa aunque no comparto sus ideas". Yo no creo que sea una tontería, aunque reconozco que ha sido dicha por gente bastante tonta (no todos).

Está bien, creo, considerar a Vargas Llosa un maestro de nuestro mundo intelectual y artístico y hacerlo a pesar de diferencias ideológicas. Eso hubiera querido el "francotirador" que escribió y leyó en Caracas, hace tantos años, el discurso "La literatura es fuego", tras recibir el Premio Rómulo Gallegos. Vargas Llosa ha seguido nadando contracorriente, ha seguido peleándose con aparatos políticos y gobiernos, ha seguido porfiando por causas que muchos de sus admiradores y gran parte de la gente que le es próxima estima en muy poco.

Decir que su premio es bienvenido a pesar de las diferencias intelectuales, cuando se dice razonándolo de verdad, es reconocer la validez de Vargas Llosa como intelectual y reconocer que su trabajo y sus ideas son legítimos y dignos de ser tomados en cuenta. ¿Cómo tomarlos en cuenta? Revisándolos, releyendolos, descubriendo ya no sólo las discrepancias, sino también las coincidencias; y aprendiendo en la lectura, porque alguien que inventa los mundos que Vargas Llosa ha imaginado, es alguien que tiene mucho que decirnos sobre el nuestro.

¿Puede la izquierda hacer eso? ¿Puede dejar de demonizar y satanizar a Vargas Llosa? Sí puede. Y tiene que. Si ustedes revisan algún día una colección de ejemplares de Casa de las Américas, la famosa revista cubana, podrán detectar con toda exactitud el día, el mes y el año en que la crítica izquierdista comenzó a decir sobre las novelas de Vargas Llosa exactamente lo contrario de lo que decía el día anterior.

Encontrarán el momento preciso en que los críticos dejaron de tomar La ciudad y los perros o La casa verde como extraordinarios alegatos socialistas y empezaron a proclamar que eran horrorosos y despreciables discursos dictados por el capitalismo americano. (El papel de Fernández Retamar en ese giro fue irritantemente deshonesto).

Si la izquierda pudo hacer ese malabar, con esa baja intención sofista, siguiendo su rabia y su odio en lugar de ser fiel a cualquier forma de ética intelectual, seguramente podrá hacer también un giro honesto y revisar la obra de Vargas Llosa, y descubrir que, acaso, Vargas Llosa ha estado escribiendo más para ella que para la derecha.

(La foto es de Steve Pyke, 1996)

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17 comentarios:

Anónimo dijo...

De acuerdo en que el discurso de Vargas Llosa en muchos aspectos está mucho más cerca de la izquierda que del pensamiento conservador que identifica a buena parte de la derecha.

Sin embargo, un tema actual que lo distancia del discurso de izquierda es su defensa del modelo económico y la creencia casi absoluta en el mercado como fuente de asignación de recursos y generacion de riqueza (vale mencionar que con la crisis internacional de hace un par de años MVLL relativizó un poco su opinión sobre el rol del Estado).

Por más que la izquierda haya evolucionado, su opinión sobre el rol del Estado, como promotor de igualdad más allá de las fuerzas del mercado se contrapone a los liberales, inclusive a aquellos que comparten sus ideas progresistas en lo social y cultural.

Si Fujimori hubiera respetado los derechos humanos, Vargas Llosa estaría orgulloso de él.

Pepe

Anónimo dijo...

Otro asunto son las contradicciones evidentes en el discurso de MVLL:

- Condena a Cuba, pero no a China.
- Defiende la democracia, pero apoya la invasión a Irak.
- Cree en los derechos humanos, pero se olvida de lo que hizo Alan García en los 80s y se pone a su servicio como si nada.
- Critica (con razón) a Chávez, pero aplaude a Uribe, que atropella tanto la institucionalidad y los DDHH como el venezolano.

Pepe

Anónimo dijo...

Aunque yo simpatizo más con otros escritores, como Arguedas y Ribeyro, y pienso que Vargas está equivocado en varias de sus ideas, es innegable que Vargas Llosa es un gran escritor y que sin contar el resto de sus obras, solo con novelas como Conversacion en la Catedral o Guerra del Fin del Mundo ya le bastan para entrar entre lo mejor de la literatura mundial. Lo que a mí más me llama la atención es la mediocridad de algunos que han llegado incluso a decir que Vargas Llosa renunció al Museo de la Memoria para que le dieran el Nobel y que la Academia Sueca prácticamente se coludió con el gobierno peruano y el club Rockefeller para darle el premio. Por supuesto, ninguno de ellos alzó siquiera un pelo cuando le dieron el Nobel a Darío Fo o a José Saramago, por citar dos escritores recientes de izquierda (radical, además) que recibieron el Nobel, y ninguno ha acusado a Sartre y Neruda, premios nobel defensores del comprobado asesino V. Stalin. La mayoría de los críticos de Vargas Llosa (y esto no es decir que no tengan puntos atendibles en varias de sus críticas) lo critican por su ideología, cuando ellos están mucho más ideologizados, a tal punto que es imposible sostener una discusión con estas personas, que por lo demás siempre creen que tienen toda la razón. En fin, el premio Nobel es un premio importante, pero como todo premio, realmente puede no decir mucho de la calidad de un autor. Al final, el único juez es la historia y el único premio es la 'inmortalidad' al estilo griego o borgiano.

Anónimo dijo...

Entonces "izquierdas" y "derechas" son palabras obsoletas, porque en verdad habría que considerar dos ejes: el social (libertad de expresión, igualdad de derechos para todos, etc) y el económico (mayor o menor participación del Estado en la economía) La mayor participación del Estado en la economía supuestamente quiere garantizar la igualdad económica, pero ¿qué tan cierto es eso si quienes conforman la cúpula de gobierno son extremadamente ricos y la sociedad vive en la pobreza?... Eso sí, todos, en este caso, son "igualmente" pobres...
Alguien que defiende la libertad económica (por considerarla la opción menos mala) y, a la vez, defiende las causas sociales de libertad de expresión, derechos de las "minorías", etc ¿es de izquierdas o de derechas?

v dijo...

Creo que cualquier persona y por tanto cualquier escritor -si seguimos el silogismo- tiene derecho a opinar sobre lo que se le antoje. Ahora, si esa persona se postula como candidato a presidente de la república, entonces empiezo a mirar sus opiniones con otros ojos, es inevitable. Aunque admiradora de su escritura, sobre temas culturales, sí tengo un caso en que a Vargas Llosa se lo puede tildar de conservador:


En una entrevista online, realizada por el diario El País el 9 de marzo del 2000 a Mario Vargas Llosa hace explícitas sus ansiedades ante la amenaza de desaparición del libro en una sociedad dominada por los medios digitales. Ante la pregunta “¿Qué opina sobre las predicciones sobre la extinción del libro?”, respondía: “Espero que no se confirmen, porque estoy convencido que si los libros –en especial, los literarios- desaparecen, habría un gran empobrecimiento de la civilización. El libro es, para mí, sinónimo de literatura.” Al convertir “el libro” en sinónimo de “literatura” Vargas Llosa restringe el ámbito de acción de ésta a su tradicional medio impreso, dejando fuera a otras formas de expresión literaria, como la literatura oral, los diarios de vida y viajes y la nueva literatura en formato digital. Con ello, además de vincular estrechamente la forma libro a la “alta cultura” (la “civilización” a la que hace referencia en la cita), el reconocido autor desconoce la influencia que la tecnología —y dentro de ella, la imprenta, a la que naturaliza, negando así su condición de “medio”— ha tenido históricamente sobre la literatura. Sin embargo, en la misma entrevista Vargas Llosa reconoce casi a regañadientes, que es al menos posible que los nuevos medios influencien el modo de escribir: “Creo que es posible, […] que Internet tendrá un efecto sobre la escritura, aunque no adivino de qué índole. Me cuesta trabajo imaginar que uno pueda leer y emocionarse en Internet con autores como Joyce o como Proust, que siento inseparables del libro. Pero esto puede ser un prejuicio de una persona que se ha pasado la vida leyendo libros.”

Nayus dijo...

En todo caso, la izquierda latinoamericana suele ser demasiado primitiva para identificar diferencias sutiles en sus oponentes, ejemplos sobran, y fijense, aparecen solitos

Basilio Ignacio dijo...

Alguien dijo por ahí que Vargas Llosa es bipolar.

Es imposible separar al escritor del polìtico y Vargas siempre ha sido más político que escritor desde siempre. Cuando se enteró de la noticia del Nobel, sorprendido, dijo que esperaba que el premio sea otorgado por sus mèritos literarios y no una cuestión política.

Con esa misma lucidez reaccionaria no le produjo repugnancia abrazar al repugnante cómplice de Bush y Tony Blair en la guerra contra Irak que costó más de un millón de vidas inocentes, José María Aznar. Y le produce simpatía el terrorista cubano Luis Posada Carriles, responsable del crimen de un avión donde murieron casi cien deportistas cubanos. Ninguno de los asesinos de ultraderecha le causan rechazo a Varguitas.

Se abraza y sirve al asesino del Frontón, el mismo que ordenó la matanza de indígenas amazónicos en Bagua mientras escribe sobre un homosexual irlandés que denunció en el siglo pasado sobre el genocidio en el Amazonas y en el corazón del África.

¿Bipolar Vargas?

Armando Sosa dijo...

A lo atinado que comenta Pepe, se debe de agregar el apoyo a la guerra de Irak.

V-LL, no es para un nobel, ni por su obra (solo de primero fue bueno), ni por su calidad moral. En fin...

Anónimo dijo...

¿Y cuál es la diferencia, Gustavo, entre un Neo-conservador norteamericano y un liberal puro? Cuando estalló la guerra de Irak, parece que la distinción se borró por completo. Michael Ignatieff, "liberal puro" y discípulo-biógrafo de Berlin además, le dijo a Charlie Rose: "Bueno, considerando la situación mundial, es posible que sea necesario el sacrificio de los derechos civiles, si lo que se quiere es seguridad". No estaba muy lejos de esta posición Enrique Krauze, otro liberal puro que presionó al gobierno de México para que se uniera a la cruzada de Bush y los suyos. Leon Wieseltier, exégeta de Berlin en el New Republic, también se sumó a los que apoyaban la invasión de Irak, aunque ahora, cuando ya es tarde, intente matizar su posición de entonces. No fue tan liberal ni tan puro Vargas Llosa cuando solapadamente se sumó a la campaña por la "democratización" del medio oriente: por momentos llamaba héroe al general Petraeus y por momentos manifestaba dolor por las bombas que destruían tantas vidas; por momentos llamaba a Bush incapaz y por momentos decía que el precio de la democracia se tenía que pagar aunque fuera alto. Así fue el padre de todos, Isaiah Berlin, que se resistía a dar el último paso hacia el laissez faire porque había visto en la televisión a unos niños trabajando en las maquiladoras.

Deben existir diferencias, no lo dudo. Pero en un momento crucial de la historia, nuestros liberales puros no fueron muy diferentes de aquellos que asesoraban a Cheney en la Casa Blanca.

Otro dato que puede serle de utilidad a Cercas. Muchos de estos liberales puros se consideran de izquierda. De Soto abre su famoso libro con un saludo fraterno a sus amigos izquierdistas. Krauze dice que lleva en la sangre la herencia anarquista. Hace poco vi el documental de la PBS sobre De Soto: dibujaba el Perú como un paraíso construido por los pobres que accedieron al comercio informal con el apoyo heroico del ILD. Igual Krauze, piensa que México ha alcanzado la estabilidad de Dinamarca (!!!!!!!)

Jorge A. Gómez Arismendi dijo...

Me parece bueno el artículo para aclarar conceptos, porque -más allá de las acciones individuales de Vargas Llosa- en la izquierda y la derecha hay autoritarios, conservadores y reaccionarios.

Más aún, son en extremo incoherentes, pues critican unas dictaduras y defienden otras según el color, aunque son dictaduras al fin y al cabo.

Como decía Rudolf Rocker: “También una sociedad sin propiedad privada puede esclavizar a un pueblo”.

R. Euribe dijo...

Vargas Llosa no tiene un conocimiento profundo de la democracia "realmente existente". nunca ha dicho nada sobre los lobbys, los cuales promueven intereses que no sobrevivirian una contienda electoral.

Por que tantos inversionsistas van a conversar directamente con Alan garcia y no con organizaciones civiles? La concentracion del poder es contrario a las ideas liberales y en esto Varguitas esta mas perdido que Adan en el dia de la madre.

Varguitas se asemeja a los lideres izquierdistas que ingenuamente defienden teorias bonitas, pero no les gusta lidiar con la aplicacion practica de esas utopias.

Pepe dijo...

Gustavo, qué opinión tienes sobre lo que se ha dicho de MVLL en los comentarios?

Es absurdo criticarlo or su actitud ambivalente en casos como China, Colombia o Irak? Es liberal la postura que tiene sobre la supuesta prevalencia de la cultura occidental (de lo cual escribiste hace algunos meses)?

Gustavo Faverón Patriau dijo...

La idea esa de la prevalencia de la cultura occidental y cómo cuadra en el liberalismo de VLL es curiosa. Porque no es una idea escencialista, como alguien podría suponer: más bien, se basa en la idea práctica de que la cultura occidental es la que ha desarrollado nociones como las de democracia, derechos humanos, libertades individuales, etc. VLL no está interesado en que todos usen jeans y bailen rock and roll; está interesado en que todos adquieran ese lado liberal de lo occidental.

Pepito dijo...

No respondiste la primera parte de lo que acaba de decir Pepe.

Anónimo dijo...

Con tu pluma sagaz y objetiva podrias hacer un post sobre que piensa realmente Vargas sobre los indigenas, por que siempre lo acusan de racista?

Anónimo dijo...

"Si Fujimori hubiera respetado los derechos humanos, Vargas Llosa estaría orgulloso de él."
Pero Alan no respeto los DDHH y MVLL esta orgulloso de él.
No entiendo a MVLL es realmente un liberal o solo un neoliberal económico?
Ahora veremos por quien hara el lobby en las elecciones presidenciales.

Anónimo dijo...

VLL justifica esta barbarie bajo la pantalla de la Democracia!!!

Fotos del NY Times sobre civiles muertos en IRak

http://www.nytimes.com/interactive/2010/10/22/world/middleeast/22casualties.html