10.8.08

Muere Darwish

El poeta nacional palestino

En gran parte como un hecho ajeno a la prensa hispana, sobrevino hace dos días la muerte de un poeta extraordinario, el palestino Mahmoud Darwish, largamente considerado por muchos uno de los más importantes escritores contemporáneos del mundo árabe.

Darwish, nacido en 1942 en un pueblo de Galilea (que desapareció seis años más tarde, al ser arrasado por el ejército israelí) fue desde su juventud un activista de izquierda, miembro del Partido Comunista de Israel, primero, y luego líder secundario de la Organización para la Liberación de Palestina. En 1971 había perdido su ciudadanía israelí, debido a lo radical de sus posturas y a un largo viaje de carácter político a la Unión Soviética.

Exiliado en París por muchos años, regresó a vivir en la Franja de Gaza a mediados de los noventas, época en la que gozaba ya de una extensísima popularidad entre el pueblo palestino, no sólo debido a su poesía, mayoritariamente política, sino también al éxito masivo de un manifiesto suyo conocido comúnmente como la "declaración de independencia" de su pueblo.

Darwish fue uno de esos intelectuales limítrofes y difíciles de encasillar en el mundo del conflicto árabe-israelí: fue un duro crítico de los sucesivos gobiernos de Israel, pero también de los líderes políticos palestinos. Pese a que siempre sostuvo que confiaba en la posibilidad de la paz entre los dos enemigos, fue especialmente crítico de los gobernantes palestinos cada vez que estuvieron dispuestos a ceder en aras de la conciliación: Darwish esperaba la paz, pero pensaba que ésta dependía más de un "cambio de mentalidad" en los gobiernos israelíes.

Al menos dos veces poemas suyos fueron leídos públicamente en el Congreso de Israel: una vez para demostrar que los intelectuales palestinos estaban dispuestos a pactar con miras a una paz sostenida, y otra vez para probar precisamente lo contrario. Lo cierto es que Darwish también es muy leído en la patria de sus rivales históricos, y no poco admirado, además de haber recibido innumerables reconocimientos por el idealismo pacificador de su poesía y su interés en rescatar la dignidad del pueblo palestino. Hace no mucho, una ministra de Educación de Israel propuso que la poesía de Darwish fuera estudiada en las escuelas de ese país: el escándalo no demoró, pero la sola propuesta fue síntoma de una apertura saludable.

Ideólogo nacional, poeta político y político nacionalista, Darwish solía repetir una frase: "hace años que mi nación es solo lenguaje". Curiosamente, es un concepto que fácilmente podría aplicarse a los dos mil años previos de historia del pueblo hebreo. Paradójico, y no por ello menos triste.

En este enlace pueden ver la página web más completa con información sobre Darwish, en árabe y en inglés. Y en este otro un interesante artículo sobre él.

7.8.08

Las afinidades electivas

El canon de Oviedo y el grupo Narración

Esta semana leí, por recomendación de una amiga argentina, la
nouvelle La casa de papel, de su compatriota Carlos María Domínguez. Libro libresco si los hay, y si la redundancia se me disculpa: libro hecho de libros y de bibliofilia desenfrenada, poblado de lectores y lecturas, al centro de los cuales se yergue un enigmático protagonista cuya morada está construida, literalmente, con libros en lugar de ladrillos.

La novela tiene dos ejes temáticos: el primero es la noción de que la literatura es terreno peligroso y que la influencia de los libros en la vida es palpable y tangible además de decisiva e inmediata (vital a veces, o mortal). El segundo es la idea de que no hay lector que no diseñe, a lo largo de su vida, un canon personal, y que cada uno de esos cánones se elabora a partir de criterios únicos, diferentes, no necesariamente comprensibles ni justificables para otros lectores.

También elabora un canon, pero en un plano público y de gran influencia (y, por lo tanto, con criterios que sí merecen explicarse), quien, como hizo hace varios años el crítico peruano José Miguel Oviedo, confecciona una historia literaria. Me refiero, claro, a los cuatro tomos de su
Historia de la literatura hispanoamericana, que en estos días ha sido objeto de discusión en diversas columnas de prensa (comenzando por dos del crítico Abelardo Oquendo).

En contra de lo que algún desinformado parece suponer, proponer un canon latinoamericano no implica hacer una sumatoria de dos decenas de selecciones nacionales: un autor puede ser relevante en una tradición nacional y no ser crucial en una que se construya de modo internacional o transnacional. Escribir una historia es articular las líneas maestras de una serie de procesos intelectuales y estéticos, sus interrelaciones, sus comunicaciones y sus influencias; no se hace una historia literaria con la lógica de una repartición de premios.

No es cuestión, entonces, de preguntarse por qué no aparecen en el registro de Oviedo un infumable Salaverry o un cuasi ilegible Lora y Lora. Sí es válido, en cambio, interrogarse, como lo ha hecho Juan Morrillo, sobre la ausencia en la
Historia de Oviedo de los miembros más conspicuos del influyente grupo Narración: ¿no son Miguel Gutiérrez y Oswaldo Reynoso dos autores con una obra determinante en el curso de las letras peruanas recientes y con una impronta clara en cierta narrativa posterior? Pero más aun: ¿no es el grupo Narración, en sí mismo, una línea poderosa en la historia del realismo social peruano, atendible a nivel regional, y parte, a su vez, de un fenómeno que tiene ecos y orígenes en diversos lugares de América Latina?

Foto de J.M. Oviedo tomada de Caretas.

4.8.08

Emma Zunz

El narrador amnésico

¿Cómo describir al narrador de "Emma Zunz", el célebre cuento de Jorge Luis Borges? Si uno le da una mirada rápida al relato, la primera impresión es que se trata de un clásico narrador omnisciente, capaz de ingresar incluso en la conciencia de la protagonista y transformar sus sensaciones, deseos y desvaríos en un discurso finamente articulado.

Leyendo con más cuidado, se descubre que son no pocos los pasajes en que el narrador apenas acierta a conjeturar acerca de los hechos del relato, y a proponer hipótesis sobre las ideas y pensamientos de Emma. En algún momento se declara casi incapaz de penetrar el tejido mental del personaje, impotente ante la tarea de narrar la historia.

Aquí una propuesta para explicar la calidad indecisa y cambiante de ese narrador: su omnisciencia tiene un límite; no puede trasponer la barrera del trauma de Emma y sus memorias aún no elaboradas: la muerte del padre, la clandestina desfloración con el marinero desconocido, la razón más íntima de su venganza. Un narrador omnisciente con amnesia parcial, valga la paradoja: una mirada capaz de verlo todo excepto las zonas opacas de represión en la mente de Emma.

3.8.08

Adiós a Solzhenitsyn

Murió el más famoso disidente de las letras rusas

Demasiado conservador para mi gusto y lejos de ser uno de mis autores preferidos, Alexandr Solzhenitsyn, sin embargo, se ganó con su vida el respeto de todos los que creemos en las libertades del individuo, en la democracia y el derecho a disentir. Apenas hace dos años el Estado ruso inició, con la publicación de su obra completa en treinta tomos, la reivindicación oficial de este autor que hace unas horas ha fallecido y que estuvo en actividad hasta hace muy poco.

Quizá una mirada a esta breve y parcial autobiografía suya
sea un buen homenaje. Pero si quieren pasar un rato placentero evocando la figura de este disidente ejemplar, denle una mirada a este divertido artículo en el que Stig Fredrikson cuenta cómo hizo para sacar del cerco fronterizo de la URSS el discurso de aceptación del Premio Nobel de Solzhenitsyn en 1970 (las autoridades soviéticas le prohibieron viajar para recogerlo). Y para completar el círculo, pueden leer aquí el controversial discurso.

Imagen: Solzhenitsyn a la salida del gulag en 1953, tras el más largo de sus varios encarcelamientos.

30.7.08

Ornitorrincos, 1

Ponte, Aira y Rivera, quebrando fronteras

El azar me llevó a leer la semana pasada tres libros de esos que los críticos, desde hace decenas de años, llaman
inclasificables cruces de ensayo y novela. Los llaman así con tanta recurrencia que a estas alturas tan solo bastaría con acuñar un término para ellos y todos sabríamos a ciencia cierta de qué estamos hablando: así de clasificable puede ser a veces lo inclasificable.

En el orden en que fueron escritos, esos tres libros son
La revolución es un sueño eterno (1987), del argentino Andrés Rivera; Diario de la hepatitis (1993), de su compatriota César Aira, y La fiesta vigilada (2007), del cubano Antonio José Ponte.

La revolución es un sueño eterno se propone inicialmente como una novela histórica. Su referente real es la biografía de Juan José Castelli, cabeza visible del ala dura en la Revolución de Mayo, al cabo de la cual integró la primera junta de gobierno de Argentina, a inicios de la segunda década del siglo diecinueve. Castelli, conocido como "el orador de la Revolución", murió caído en desgracia muy pronto, víctima, irónicamente, de un cáncer a la lengua que lo privó de su mejor instrumento: la palabra.

La novela de Rivera está compuesta a la manera fragmentaria y repetitiva de cierto
nouveau roman y de algunas novelas de Juan José Saer: avanza y retrocede, revisa y reforma, dejando que el discurso se construya como un eco demorado y lento. El hilo argumental es apenas visible en la trama de reflejos y reflexiones: la novela no vale por su historia sino por la ambigüedad de su escritura, por la morosa minuciosidad de cada frase, en la que el tiempo parece congelarse y hacerse eterno. Como en El mundo alucinante, de Reynaldo Arenas, la verdad histórica es levemente exhumada sólo para ocultarse de inmediato bajo una avalancha de reescrituras.

En
Diario de la hepatitis, de Aira, la trama está incluso más disuelta, si no es invisible: el hilo conductor no es el argumento, sino la voluntad autorreflexiva de los textos, enumerados y consecutivos bajo la forma de un diario personal. Las fechas al inicio de cada carnet serían el único rasgo que permite referirse al texto como una unidad o, al menos, una secuencia, si no fuera porque, además, la mayor parte de las entradas giran en torno a un mismo asunto: la posibilidad y la imposibilidad de escribir un discurso coherente. El personaje protagónico no es precisamente un personaje, ni la conciencia de un personaje, ni siquiera la voz de un personaje: es una idea recurrente: la noción de que el poder representacional del lenguaje tiene unos límites demasiado angostos, demasiado angustiantes, y que el escritor es un preso en esa estrecha cárcel.

La fiesta vigilada, de Ponte, es toda ella una larga sucesión de digresiones: cada vez que el lector cree, ingenuamente, haber descubierto el asunto central y la lógica episódica de la narración, la secuencia se corta y la historia deriva en otra historia, frágilmente encaramada sobre los hombros de la anterior. Ciertamente, sí hay una jamesiana figura en el tapiz: la imagen que se va componiendo en este libro notable es la evocación entre cínica y melancólica de una Habana que el tiempo, la soledad y el atropello han convertido en un vestigio anacrónico de sí misma, y los personajes que atraviesan el escenario parecen ir dejando partes de su cuerpo y de su alma en el camino: la ruina habanera corrompe a sus habitantes, los arruina a ellos también, convierte la fiesta caribeña en simulación y simulacro.

28.7.08

Las cámaras de gas

Tadeusz Borowski y la muerte como forma de vida

En la larga bibliografía de ficciones referidas a los campos de exterminio del nazismo, hay un libro imprescindible por su carácter único: en inglés, que es como yo lo he conocido, su título es
This Way for the Gas, Ladies and Gentlemen. Algo así como Por aquí, a las cámaras de gas, damas y caballeros.

Su autor, el polaco (de origen ucraniano) Tadeusz Borowski, fue hijo de un librero apresado y enviado a un gulag por las autoridades soviéticas, y de una mujer que también terminó sus días condenada a trabajos forzados, en Siberia. Tadeusz mismo, cuando apenas superaba los veinte años, fue capturado por los nazis debido a su afiliación comunista, y enviado sucesivamente a Auschwitz y a Dachau.

Lo que vuelve únicos los relatos de Borowski es la crudeza con que describe, no la vida de los judíos en los campos de concentración, sino la de los polacos que, como él, para salvar la vida, colaboraron con los nazis en el orden y el funcionamiento de los campos. En algunos de sus relatos más chocantes y expresivos, de hecho, el protagonista y narrador, un kapo encargado de conducir a los nuevos reclusos a sus barracas, y ocultar a los viejos el momento en que los llevarán a las cámaras de gas, lleva su propio nombre: Tadeusz.

Si Primo Levi ha descrito la "zona gris" de los judíos colaboracionistas, Borowski recrea, con una sequedad mortal y una crudeza inmisericorde, la zona negra de esos asesinos anestesiados, renuentes pero fieros, animalizados en la búsqueda de la supervivencia, que era la región nebulosa en que vivían los que aceptaban ser parte de la maquinaria destructiva como único escape de la muerte. Es difícil imaginar ficciones más estremecedoras y que con tanta frialdad representen la manera en que el genocidio nazi deshumanizó la vida de víctimas, testigos y ayudantes, y burocratizó la administración de la muerte en las horas de mayor tristeza moral que ha producido Occidente.

Borowski vivió en Polonia tras la guerra. Se inscribió en el Partido Obrero, apoyado por las autoridades comunistas, y tras publicar sus relatos de los campos de exterminio (apenas tenía veinticinco años cuando escribió la mayoría de ellos y se volvió la figura más prominente de las letras polacas de postguerra), se fue inclinando cada vez más hacia una literatura panfletaria, demasiado pedagógica e incendiaria, sin medias tintas, muy diferente de la difícil y conmovedora ficción que había acuñado en sus primeras obras.

Cuando el régimen torturó y asesinó a su mejor amigo, Borowski se desencantó también del comunismo. Tenía 29 años cuando se suicidó, en 1951: el rastro más evidente de que la memoria de los campos de concentración nunca lo había abandonado está en el método que eligió para darse muerte: metiendo la cabeza en un horno de gas.

23.7.08

Libertad de blasfemar

La bandera de Leysi Suárez

Es curiosa la reacción del ministro de Defensa, Ántero Flores Aráoz, ante el pequeño escándalo de la bailarina Leysi Suárez y las fotografías en que aparece desnuda sobre un caballo y usando la bandera peruana como silla de montar.

Es curiosa la reacción, digo, (curiosa y estúpida) no solo por pacata, chauvinista y amarillosa, sino además porque parece delatar un viejo síntoma de nuestra clase política, y de muchos peruanos: su terror ante la posibilidad de que se mancille un símbolo patrio parece mayor que su espanto ante la perpetua mácula de incuria, incultura y degradación que ensucia a tantos compatriotas debido la estupidez moral e intelectual de esa misma clase política.

La señorita Suárez, ciertamente, no ha hecho con ese metro cuadrado de tela blanquirroja ningún mal que le pise los talones a la corrupción del Ejecutivo y a la vacancia ética del Legislativo, de los que Flores Aráoz ha formado parte no pequeña durante décadas.

También es llamativa la reacción porque es un síntoma hipertrofiado del hipócrita culto a la nacionalidad y al patriotismo que los peruanos criamos tradicionalmente: un culto vacío, hecho de símbolos que nada representan, de signos sin referente y emblemas sin trascendencia.

El Perú no es un dios y la peruanidad no es una religión, pero la veneración a la bandera parece, sin embargo, el trasunto de un fanatismo debilucho, de dientes afuera, que cuida las formas aunque los contenidos se hundan en picada día tras día. A Leisy Suárez se le quiere acusar exactamente de la misma manera en que la Inquisición acusaba a quienes blasfemaran contra los símbolos de la fe católica.

(¿Dónde estaba Ántero Flores Aráoz cuando Jaime Bayly y Pedro Pablo Kuczynski dijeron que los peruanos de la sierra son brutos porque no les llega oxígeno al cerebro? ¿O es que ofender a los peruanos en términos racistas no es infinitamente más criticable que sentarse sobre una banderita?).

El patriotismo desbocado engendra tabúes de caricatura. Ya es bastante caricaturesco que los peruanos que viven en chozas malparadas, entre esteras y pestilencia, sin ningún cuidado del Estado ni ninguna atención del gobierno, estén obligados a izar sobre sus casitas, este 28, una bandera en la que reina como símbolo cruelmente irónico la imagen de un cuerno de la abundancia, signo de una riqueza que jamás será suya.

La bandera del Perú no representa absolutamente nada más que los sueños irrealizados de una clase social egocéntrica y cegatona. Mal se puede ofender un símbolo tan cínico y vacío.

20.7.08

En la prensa

La cobertura de Bolaño salvaje

Hace meses que no molesto a los lectores de
Puente Aéreo con comentarios sobre Bolaño salvaje, el libro de ensayos que editamos Edmundo Paz Soldán y yo en un volumen publicado en Barcelona por Candaya.

El libro se está distribuyendo y vendiendo al menos en España, Venezuela, México, Argentina y Chile, y espero que tarde o temprano llegue al Perú.


Quiero dejarles aquí un avance del documental
Bolaño cercano, dirigido por el holandés Eric Haasnoot, que acompaña al libro en un dvd anexo. Y también esta página en la que Candaya ha reunido enlaces a casi cuarenta notas publicadas en diarios, revistas, blogs, radios y canales de televisión acerca de Bolaño salvaje, incluyendo las aparecidas en medios como El País, La Vanguardia, Clarín, ABC, Diario Sur, La Tercera, El Mercurio, El Mundo, ADN, El Periódico, La Razón, etc.

Este es el trailer del documental:



19.7.08

Vacas y críticos

Sobre propaganda, ventas y reseñistas

David Lynch y la publicidad: cuando el director norteamericano se convenció de que la actuación de Laura Dern en su cinta
Inland Empire merecía una nominación al Oscar, decidió averiguar cuánto dinero tendría que invertir para hacer campaña en favor de su postulación. La cifra fue tan elevada y descorazonadora, que Lynch decidió evitar el gasto y llevar la campaña de otra manera: consiguió una vaca lechera, un gran cartel con la foto de Dern, y se paró en una esquina de Hollywood, cartel y vaca a las espaldas, consiguiendo llamar con ello la atención de todos los diarios y revistas de espectáculos. Dern, sin embargo, no fue nominada.

Años antes, Lynch había dado ya señales de su genio
sui generis para la publicidad: cuando los críticos Siskel y Ebert, en un programa televisivo, le dieron "two thumbs down" a su (notable) película Lost Highway, Lynch decidió incluir e incluso resaltar el comentario en los afiches que anunciaban la cinta: un comentario negativo de Ebert (su reseña se ha hecho célebre entre las grandes desbarradas en la historia de la crítica cinematográfica) era buena propaganda.

Hablando con una amiga holandesa hace unos días, le contaba que, en mis años de crítico semanal en la revista Somos, descubrí, gracias a las estadísticas llevadas en ciertas librerías, que los volúmenes que yo criticaba positivamente podían triplicar o cuadruplicar sus ventas inmediatamente después de mis reseñas. Y que estaba yo a punto de envanacerme con el dato hasta que las mismas estadísticas me informaron que, cuando mi reseña era negativa, el resultado comercial era exactamente el mismo: las ventas se podían triplicar o cuadruplicar. En otras palabras: el
contenido de la crítica era irrelevante.

Y después hablan del poder que tiene la opinión de un crítico.

17.7.08

Quechua celular

Y el segundo número de Letra de Cambio

Excelente el post de Miguel Rodríguez Mondoñedo sobre el comercial en quechua de los celulares Movistar. Pueden leerlo (y ver el comercial) aquí, junto con la inteligente respuesta que ofrece Miguel a cierto comentario acalorado y mal enfilado que apareció en el blog Peruanista.

Por otro lado, ya que estamos en temas nacionales, quiero recomendar el número 2 de Letra de Cambio, la revista digital que dirige Daniel Salas. Este número es incluso más interesante que el primero, y trae logrados ensayos de cultura, política y sociedad (liberalismo, marxismo, secularización), reseñas y comentarios literarios (entre ellos un artículo imperdible sobre el nuevo teatro peruano) e incluso una sección de creación con poemas de Domingo de Ramos.