1.9.08

Dígame licenciado

¿Un champancito, bloggercito?

En la Católica, cuando era yo estudiante, la gente tenía la costumbre de llamar doctor a los profesores. Sobre todo los empleados de los diversos departamentos: le decían doctor a cualquier maestro (e incluso a algunos jefes de práctica). Y los profesores aceptaban ese trato, a pesar de que el noventa por ciento de ellos no tenía ni habría de tener nunca un doctorado en nada.

En México la costumbre es llamar licenciado a cualquiera con un cierto cargo que implique cualquier tipo de autoridad o responsabilidad: licenciados por todas partes, licenciados en las mesas de parte, en las aulas, en los pasillos de cualquier juzgado, en las escaleras de todos los ministerios. Dígame licenciado, decía el personaje de Chespirito.


Transnacionalmente, flotando por sobre todas las fronteras, hay un trato que me resulta incluso más risible e irritante: poeta por aquí, poeta por allá. Todos los mortales que escriben en verso, desde el más olvidable versificador hasta el más brillante iluminado de las musas, se llaman
poetas unos a otros:

"Nos metimos una tranca con el
poeta Pepito y el poeta Juanito; el poeta Luchito está enfermo y sus amigos el poeta Pedrito y el poeta Pablito le van a rendir un homenaje en la plaza frente a la casa del poeta Ricardito; al poeta Ramirito lo han metido a la cana porque lo encontraron borracho tirado en la pista saliendo del departamento del poeta Rafaelito: es un atentado de la represión contra la poesía, que vive en el pecho del poeta Rodolfito".

Y después uno lee sus obras y se pregunta qué significa la palabra
poeta para estas personas que tan a flor de labios la tienen día tras día: ser llamado poeta en el Perú es más fácil que ser llamado doctor en la rotonda de Letras o en el patio de San Marcos, o licenciado en una alcaldía mexicana. En el submundo de los que se autodenominan poetas, escribir cualquier verso, incluso si es a todas luces anodino, lo pone a uno en contacto con los dioses y por encima de la comprensión de los demás mortales, y muchas veces más allá del bien y del mal.

Me pregunto si eso no es parecido a la que está ocurriendo con la palabra blogger. Claro, me podrán decir que blogger es una categoría discreta y tangible: si tienes un blog, eres un blogger. Pero eso me suena un poco simplista; me suena a cuando Susy Díaz se pone una tanga de lentejuelas y mueve trabajosamente los muslos en giros espasmódicos de ritmo más bien antojadizo y pide que la llamen artista. O como cuando Magaly Medina latosamente dice ejercer como periodista de investigación por dedicarse a corretear futbolsitas con una cámara a "altas horas de la madrugada".

(Magaly Medina, la única vez en que conversamos, en una cena de Teve+, hace una década, me repitió una y mil veces que ella era una persona muy leída, muy culta, que deglutía libros a una velocidad abismal y seguía mis reseñas de libros semana a semana: tiene un afán de reconocimiento intelectual que de ninguna manera se condice con su oficio, que es la bataclanización del periodismo).

¿Qué hay detrás de la consagración del término blogger como distintivo de una comunidad? En todas partes, pero de modo claro en el Perú, la categoría parece acarrear una ética un tanto enclenque: el blogger es dueño de un espacio virtual en el que hace lo que quiere, gobierna según su capricho y decide pragmáticamente, ya montado en el caballo, lo que es permisible y lo que no.

El asunto de los comentarios anónimos es un ejemplo concreto: no hay blogger que no se enfrente a él tarde o temprano, y cada quien se piensa libre de decidir sobre él como mejor le parezca. La única vez en que un grupo de bloggers (Silvio Rendón, Daniel Salas, yo mismo y algunos otros) propusimos que se llegara a un acuerdo compartido acerca de qué tipo de comentarios eran permisibles y cuáles no, se nos acusó inmediatamente de pretender establecer una censura. Como si cualquier pacto social fuera indiscriminada represión.

Curiosamente, quienes nos acusaron de esa violencia censora procedieron a llamar a la discrepancia "Guerra de los Blogs", quizá excesivamente entusiasmados por algún juego de roles que los marcara en la --aparentemente inacabada-- infancia. ¿Cuál fue la consecuencia visible de esa "guerra" que ciertos bloggers libraron en defensa de su libertad de hacer lo que a ellos se les diera la reverenda gana?

La consecuencia está a la vista: la blogósfera prospera en violencia, se acostumbra a los blogs basura, miles de calumnias, injurias y difamaciones contra decenas de personas públicas y no públicas están en internet y pueden ser leídas por cualquiera. Y cuando alguien, como ha sido recientemente el caso del poeta, crítico y novelista Mirko Lauer, observa la falta de ética que todo ello supone, la respuesta es pasmosa por su incapacidad de autocrítica: se dice que Lauer no entiende nada porque hay una "brecha generacional" entre él y los bloggers, que Lauer no sabe cómo funciona el nuevo mundo, que es una tontería molestarse por los insultos. (O se entra en discusiones marginales acerca de que el Twitter no es un blog ni un website sino una red virtual de mensajería). O se dice, demostrando una aun mayor falta de criterio, que por qué se queja tanto Lauer si a él no se le ha insultado mucho. Como si sólo pudieran proponer un comportamiento ético las víctimas mayúsculas de los atropellos.

Lauer --hay que recordarlo-- fue el primer columnista de la prensa escrita en notar que ciertos blogs peruanos habían superado largamente a sus contrapartes impresas: escribió en La República, por ejemplo, que los llamados "blogs literarios" eran en conjunto muy superiores a las secciones culturales de los diarios limeños. No es ésa la afirmación de alguien que es incapaz de comprender la importancia (actual y, sobre todo, futura) de los blogs en la vida social y cultural del país. A Lauer no le molestan los blogs: le molesta el uso poco ético de ciertos blogs.

La lógica que se esconde detrás de la noción de que los blogs tienen derecho, por ejemplo, a publicar comentarios anónimos injuriosos, sin siquiera responsabilizarse por ellos, no es en lo más mínimo una lógica novedosa, propia de una generación joven que ha crecido pensando al mundo con ojos que los mayores no pueden comprender. Es, más bien, la lógica del diario chicha, la lógica de la sección de vilipendios sin confirmar de Correo, la lógica de la zona liberada para la anarquía, el duty free de la amoralidad: el difamador anónimo es el juez sin rostro de Fujimori, el que tira la piedra y esconde la mano, el que escribe silenciosamente en la pared de un baño y sale corriendo. No hace falta pertenecer a una u otra generación para comprender eso.

El anonimato en los blogs no es una novedad: es la nueva forma de la capucha que se pone el ladrón antes de entrar en la casa ajena, con la única diferencia de que, en este caso, si un blog le abre la puerta, el ladrón puede entrar en casi todas las casas del planeta.

31.8.08

¿Pérez Huarancca en París?

Habría vivido en Francia después de Lucanamarca

Uno de los grandes misterios de la literatura peruana contemporánea y de la historia de la violencia política de los años ochentas es cuál fue el destino de Hildebrando Pérez Huarancca, escritor que formara parte del grupo Narración en los años setentas y que en abril de 1983, según numerosos testimonios recogidos por la CVR, comandó la atroz masacre de Lucanamarca, donde sesenta y nueve campesinos fueron asesinados a manos de Sendero Luminoso.

En junio del año 2006 escribí en este blog un texto en el que recogía diversas versiones acerca de su posible muerte, en especial una narrada por el escritor chalaco Dante Castro, según el cual Pérez Huarancca habría fallecido como producto de "una emboscada" del Ejército, no mucho después de los hechos de Lucanamarca.

Vía Lapicero Digital, el nuevo blog de Silvio Rendón, me encuentro con un hallazgo hecho por Silvio: en 1995, la revista americana
Executive Intelligence Review, de Lyndon Larouche, publicó un informe en el cual se consignaba el dato de que diez años antes, en 1985 (es decir, dos años después de la masacre de Lucanamarca), Hildebrando Pérez Huarancca había formado parte de la comisión que Sendero Luminoso envió a París para negociar el ingreso del grupo maoísta en el Movimiento Revolucionario Internacionalista (fundado en Europa en 1984).

En otro artículo publicado en el mismo número de
Executive Intelligence Review, se menciona a Pérez Huarancca como el coordinador en París de las campañas de "agitación y propaganda" de la cúpula de Sendero Luminoso en el exilio, a través de la organización de grupos de música folclórica y representaciones teatrales, y bajo las órdenes directas de Maximiliano Durand Araujo.

Hay que anotar, eso sí, que Lyndon Larouche es una de las figuras más discutidas de la política norteamericana, acusado más de una vez de antisemitismo, fascismo encubierto y tendencia a las teorías conspirativas. Al mismo tiempo, sin embargo, la
Executive Intelligence Review es vista como la rama más seria de su organización y ha sido descrita alguna vez, por un miembro del Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, como "una de las mejores agencias privadas de inteligencia en el mundo".

Quien lea completos los artículos notará el macartismo de algunas acusaciones (se habla del IEP, de Amnistía Internacional y hasta de Pablo Macera como mentores o defensores de Sendero Luminoso), pero también verá que los datos fácticos sobre la organización y su accionar a nivel internacional están bastante ajustados a lo que se ha podido comprobar posteriormente.

Siendo esto así, cabe preguntarse: si es verdad que Hildebrando Pérez Huarancca emigró a París en 1985, y permaneció allí como agitador en los cuadros internacionales de Sendero Luminoso,¿estará todavía en Francia o en algún lugar de Europa?


Trabalenguas 11

Las frases más despatarradas de la semana

"Ellos actuaron y actúan como el brazo legal de los terroristas".

(Francisco Diez Canseco Távara, del fantasmal Consejo por la Paz, refiriéndose a los ex miembros de la Comisión de la Verdad. Diez Canseco es la prueba de que en el Perú la desvergüenza sigue de moda).


"
No, compadre, eso es de todos los peruanos y no de unas cuantas tribus errantes que andan calatas dando vueltas por allí cazando animales y recolectando frutos".

(El siempre risible Aldo Mariátegui, demostrando la profundidad y la lucidez con que comprende la peruanidad).

"Y ya los lauers y los oquendos y los oviedos y los ortegas, deben estar preparando los atuendos para un festival de trans o de travestis: porque ésos son los padrinos de esa morralla que ahora te ha atacado a ti".


(Winston Orrillo, el peor poeta del Perú, haciendo gala de profundos resentimientos (y de una inexplicable retórica homofóbica), le dirige un mensaje a su heredero Rodolfo Ybarra).

"Mi rechazo a la infamia de la lucidez estúpida".

(Bernardo Rafael Álvarez, quienquiera que sea: cuando la lucidez parece estúpida, la bruma se confunde con inteligencia. También aparece en el blog de Ybarra).

30.8.08

10 que faltan

Libros hispanos que deberíamos leer todos

No digo que los libros que enumero a continuación sean desconocidos: digo que se les conoce mucho menos de lo que se debería. Son libros subvalorados o que han merecido reconocimiento local pero no han trascendido las fronteras de sus países. Tampoco es ésta una lista de grandes descubrimientos: cada una de estas obras es de un autor más o menos consagrado, aunque estos libros en particular no hayan logrado el relieve que, creo yo, merecen. (Van en orden alfabético).

1.
Feliz nuevo siglo Doktor Freud, de Sabina Berman. Es una estupenda obra teatral, que he podido leer y ver en dvd, aunque nunca haya asistido a una representación (se estrenó en México, con el primer actor peruano Ricardo Blume en el rol protagónico). La pieza lidia con el asunto del psicoanálisis y, sobre todo, con la marca misógina del pensamiento freudiano y su influencia ideológica sobre occidente hasta nuestros días.

2.
Cuentos, de Andrés Caicedo. Cualquier buena selección de relatos del colombiano Caicedo debería ser lectura indispensable a estas alturas en cursos sobre narrativa contemporánea de América Latina. Caicedo tiene cuentos patológicos y desequilibrados, hondos como heridas y siempre inquietantes. Sus fantasmas están a flor de piel: la esquizofrenia pendiente de la sociedad moderna, el escape cinéfilo, la voracidad del mundo urbano, la locura del amor.

3.
Los mundos reales, de Abelardo Castillo. En una promoción en la que los reflectores iluminaron siempre a Ricardo Piglia y Juan José Saer, la obra de Abelardo Castillo ha quedado relegada a un segundo plano. Castillo es, sin embargo, el más sólido cuentista de los tres, un maestro del texto breve, un heredero de Borges que no teme recolocar la estética borgeana en el contexto de las últimas décadas, y decantarla hasta hacerla eminentemente contemporánea.

4.
Rosa cuchillo, de Óscar Colchado Lucio. Si un autor peruano tendría derecho a quejarse de que los circuitos comerciales centralistas y la lógica del capital han empujado su obra a una posición marginal, privándola de ser recibida por un público mayor e internacional, ése autor es sin duda Óscar Colchado, un narrador sutil y valiente, que escribe con la tensión de quien quiere liberar el discurso ideológico de las amarras que amenacen con estropear su estética. Rosa cuchillo es una de las mejores novelas peruanas de décadas recientes.

5.
Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Prada. Si De Prada no coqueteara descaradamente con discursos que de tan reaccionarios a veces suenan incluso fascistoides, buena parte de su obra sería considerada ya canónica en España, incluso pese a la juventud de su autor. Las máscaras del héroe es su mejor novela, absolutamente indispensable para cualquiera que quiera ver cómo se puede estar perfectamente dentro de la tradición de la narrativa cómica española y ser a la vez totalmente contemporáneo e innovador.

6.
Zama, de Antonio Di Benedetto. Si la moda y la simplicidad no se hubieran impuesto al mérito literario, Zama sería la novela existencialista por excelencia en América Latina, en lugar de El túnel de Ernesto Sabato. Zama es un libro fascinante y excéntrico en más de un sentido: por su tema, relacionado con el descolocamiento de un criollo en el circuito colonial español (la historia transcurre en el Paraguay del siglo XVIII), y porque su tendencia introspectiva, al contrario de lo que ocurre con los grandes clásicos existencialistas, no se dedica a auscultar el alma de un ser enfermo, excepcional o enloquecido, sino el espíritu de un hombrecomún y corriente.

7.
París, de Mario Levrero. No tengo que decirlo una vez más pero aquí voy: París, de Levrero debería ser pieza ineludible del canon latinoamericano. Así de original y diferente, así de interesante y bien resuelta, así de compleja y sugerente es esta novela del uruguayo.

8.
El coloquio, de Alan Pauls. Mucho antes de los libros que le dieron la fama, Alan Pauls escribió esta breve novela hecha con aliento expresionista, lujo lingüístico y exuberancia de voces y perspectivas. Una suerte de policial que se olvida del misterio para centrarse en lo absurdo del intento de descubrir una verdad.

9.
La fiesta vigilada, de Antonio José Ponte. La antinovela de Ponte es uno de los mejores libros en español publicados en el último par de años, si no el mejor. Su historia se va disolviendo paulatinamente, o acaso asomando entre los pliegues de una larga reflexión sobre la soledad y la nostalgia en una Habana ruinosa, enferma de melancolía y, por supuesto, vigilada.

10.
El caos, de Rodolfo Wilcock. El hecho de haber escrito parte de su obra en español y parte en italiano ha ocasionado que Wilcock, lejos de ser canonizado en ambas tradiciones, sea parcialmente relegado en las dos: en Argentina el error se ha empezado a reparar en la última década, con reediciones frecuentes y la traducción de su obra italiana. Wilcock tiene novelas notables, pero lo mejor de su rtabajo son los cuentos, simultáneamente bárbaros y sofisticados, sangrientos y cultistas, reunidos en libros como su paradigmático El caos.


Gorki liberado

Los miles de reclamos a nivel mundial funcionaron

La escritora cubano-americana Achy Obejas (autora de la excelente novela Days of Awe), me hizo llegar, a través del Facebook, la invitación para formar parte de un grupo de personas que querían unirse al reclamo contra el arresto de Gorki Águila.

A través de ese grupo me entero de la noticia de que, en efecto, Gorki, cantante de la banda Porno para Ricardo, ha quedado en libertad.

Debo decir que la liberación de Luis "Gorki" Águila se ha debido, antes que nada, a la presión de esos millares de firmas recolectadas en todo el mundo a través del Facebook y de una enorme cadena de blogs (cadena de la que, claro está, se mantuvieron minuciosamente ajenos los blogs de la izquierda cavernaria de la blogósfera peruana, que tanto se atemoriza de criticar a los jurásicos hermanos Castro).


La primera entrevista al cantante liberado aparece en el blog Black Sheep of Exile, y es de Charlie Bravo.

29.8.08

¿Vos estás de acuerdo?

La lingüística de Gonzalo Portocarrero

En su blog, Gonzalo Portocarrero publicó hace pocos días un artículo sobre "la lengua de los argentinos", en el que trataba de vincular el voseo y el acento porteño con una suerte de afán protagónico producto de la arrogancia o el exceso de autoconfianza, lo que Portocarrero llama "un reclamo de protagonismo".

Al leerlo se notan dos cosas: que Portocarrero es un ensayista divertido y que no sabe nada de lingüística. Obvia el hecho de que el voseo exista no sólo en Argentina sino también en Uruguay, Paraguay, Colombia, Bolivia, ciertas zonas de los Andes peruanos y ecuatorianos, y varios países de América Central. Si considerara ese dato, todas sus especulaciones sobre el habla de los argentinos se vendrían abajo.

Daniel Salas le envió un comentario que el blogger no tuvo tiempo de responder. Lo copio aquí porque resulta interesante:

"Creo que en este post y en los comentarios hay muchos prejuicios lingüísticos insostenibles. Un ejemplo: el voseo no es exclusivo de los porteños: cruza los Andes y llega hasta Centroamérica; por eso lo leemos en los personajes de Asturias y Alegría. El uso de la forma “tenés” es una derivación de “tenéis” y no tiene nada que ver con alargar la última sílaba para extender la participación del hablante. Por otra parte, no hay ninguna evidencia científica de que la lengua sea evidencia de la cultura de los hablantes (por cierto, la performance lingüística sí lo es pero esto es totalmente distinto; ya Saussurre distinguió entre Lengua y Habla y Chomsky entre Competencia y Actuación. No se puede pasar por alto estas categorías fundamentales si se quiere analizar las performances de los hablantes). También es cuestionable, por no decir científicamente injustificable, la idea de que el hablante “trasgrede” la lengua o la norma oficial. Es al contrario: más bien la normativa es un conjunto artificial de reglas que impone arbitrariamente definiciones de correcto vs. incorrecto sin que medie para ello ninguna justificación científica; de esta manera, la normativa transgrede el modo natural de formación de las gramáticas particulares.

"Por cierto, las ideologías lingüísticas existen y han sido extensamente estudiadas. Los peruanos calificamos ciertas maneras de hablar como superiores y otras como inferiores, de la misma manera que tenemos el prejuicio de que el acento argentino es pedante e impositivo. Lo curioso es que este mismo ensayo (y los comentaristas, especialmente “eva”) no se haya podido librar de los prejuicios que nos impulsan a juzgar y calificar el lenguaje de los otros. Para una explicación de cómo el lenguaje no tiene nada que ver con la cultura, léase el excelente y explicativo libro de Steven Pinker “The Language Instinct: How Mind Creates Language”".

En efecto, es difícil construir una especulación desde la mirada de las ciencias sociales basándose en un conocimiento defectuoso del tema que da origen a la especulación, en este caso un tema lingüístico. ¿Será ese el mismo vacío de conocimiento que lleva a Portocarrero a considerar al blog basura Puerto el Hueco como un sitio de "crítica literaria" y a enlazarlo como tal desde su blog?

28.8.08

Las cárceles de Fidel

Rockero underground arrestado por su música

El poeta cubano Néstor Díaz de Villegas me hizo llegar hace poco un enlace al famoso blog Penúltimos Días, a través del cual supe del arresto, en La Habana, del rockero Gorki Águila, compositor, guitarrista y primera voz de la banda Porno para Ricardo.

¿De qué se le acusa? Literalmente, de "peligrosidad". ¿Qué delito es ese? Uno inventado por Fidel Castro hace varias décadas: es el delito que cometen todos aquellos de quienes se sospecha que pueden ser problemáticos para el régimen en pequeña o gran escala. En este caso, Gorki Águila, un músico que no hace sino cantar sobre su descontento por el infierno que es vivir en la Cuba de Fidel Castro.

La acusación de peligrosidad, por la que a lo largo de los años ha ido a dar con sus huesos en la cárcel todo tipo de ciudadano común y corriente (pelucones y punks, hippies y religiosos, sospechosos de liberalismo o de alienación procapitalista, etc.), es suficiente para condenar a un individuo a una pena de uno a cuatro años de prisión. Es un delito que no existe en ninguna sociedad libre del planeta. Pero existe en Cuba. La misma Cuba que algunos indolentes autoproclamados revolucionarios consideran un paraíso socialista.

¿Dónde están los reclamos de Eduardo Galeano, de Mario Benedetti, de Gabriel García Márquez, de Ernesto Cardenal? No se han producido. No se les mueve un pelo por la carcelería de un colega artista que nunca ha hecho nada más que componer canciones y cantarlas. Siguen tratando a Castro como el penúltimo arcángel de la revolución.

(De hecho, en Nicaragua, ayer, un juez ha encontrado a Cardenal culpable de difamacion y, ahí sí, Galeano y Skármeta, entre otros, han protestado, porque dicen que se trata de una revancha de Daniel Ortega; pero no protestan por el arresto arbitrario y prepotente de Gorki Águila en las cárceles de sus amigos los hermanos Castro).

Si quieren informarse sobre este atropello, pueden leer el post (y las 32 postdatas) del blog Penúltimos Días acerca de este asunto. Allí hallarán enlaces a la cobertura que del caso se viene ofreciendo en medios de todo el mundo, como The Guardian, ABC, Libération, AP, El País, y un largo etcétera.

También pueden leer la carta abierta a Pablo Milanés y otros músicos cubanos, firmada por centenares de artistas e intelectuales cubanos y de otros países, con la esperanza de que gente como Milanés, que ha hecho una carrera de cantar a la revolución castrista, tengan el coraje, ahora, de salir en defensa de un miembro de su gremio de quien no existe ni siquiera la lejana sospecha de que haya participado en ningún tipo de actividad ilegal.

Otros dos blogs de mucho prestigio han tocado el tema: el blog de Jean-Francois Fogel, en El Boomeran(g) y el celebérrimo Generación Y, de Yoani Sánchez, en cuyo post hay ya más de 2300 comentarios al respecto.

Y si quieren escuchar a Gorki Águila y Porno para Ricardo, aquí tienen algunos videos:





Lectoescritura

Intelectuales "identificados con el pueblo"

Hace unos días escribí esto sobre un blogger llamado Rodolfo Ybarra:

"Rodolfo Ybarra es un escritor peruano adicto a la verborrea y afecto a conjugar la retórica senderista con el balbuceo underground (se llama a sí mismo el "brazo armado de la poesía"; habla de "tomar por la fuerza" el establishment, dice que "es el momento de pasar a la clandestinidad").

Es decir, repitiendo: dije que la verborrea de Ybarra mezclaba referentes underground con retórica senderista. Y puse tres ejemplos concretos y literales: se llama a sí mismo el "brazo armado de la poesía", habla de "tomar por la fuerza" el establishment, dice que "es el momento de pasar a la clandestinidad".

Creo que cualquera con dos dedos de frente se da cuenta de que esas frases corresponden, literalmente, a la retórica senderista y que Ybarra juega con esa retórica de manera irresponsable. Por cierto, si Ybarra tiene derecho a juguetear con la retórica de Sendero Luminoso, yo y todos los demás tenemos derecho de señalarlo y decir en voz alta qué es lo que está haciendo.

Y tenemos derecho a ser entendidos con precisión: no he dicho que Ybarra sea adherente a posiciones senderistas o terroristas; he dicho que usa una retórica senderista y he dado ejemplos evidentes.

Sin embargo, una insittución llamada Gremio de Escritores del Perú (no tengo ni la más remota idea de quiénes la forman, aunque lo sospecho), ha publicado un comunicado que dice lo siguente:

"El Consejo Directivo Nacional del Gremio de Escritores del Perú rechaza con firmeza las acusaciones vertidas por los señores Gustavo Faverón e Iván Thays contra el poeta Rodolfo Ybarra, pretendiendo identificarlo como adherente a posiciones "terroristas" y "senderistas", y expresa su respaldo y solidaridad al compañero Ybarra".

Así pues, los miembros del Gremio de Escritores del Perú deberían contactar urgentemente a los miembros del Gremio de Lectores del Perú para que les den unas cuantas clases de lectoescritura que les permitan entender un párrafo transparente sin desbarrar en el ridículo de una interpretación sin pies ni cabeza.

Ah, pero la cosa no acaba allí. El mismo comunicado dice algo más sintomático: dice "el ataque contra Rodolfo Ybarra no es el primero ni será el último contra los intelectuales identificados con el pueblo", y de inmediato cita como ejemplo el hecho de que "hace solo unas semanas los internos ganadores del Concurso de Cuento "Arte y Esperanza" organizado por Solidaridad Humana y Dignidad, fieron impedidos de presentarse en la Feria Internacional del Libro".

Sería interesante que el Gremio de Escritores del Perú nos informara desde cuándo los presidiarios que purgan condenas por terrorismo son ejemplos de "intelectuales identificados con el pueblo". Una cosa es que la actitud del Jockey Plaza en el caso mencionado haya sido decepcionante, y otra muy diversa que empecemos a tratar a los terroristas como próceres de la causa popular, cuando sus agrupaciones no hicieron otra cosa que aniquilar, hundir y enterrar inocentes.

27.8.08

El sabático

Puente Aéreo todos los días

Se acabaron los viajes, al menos por un tiempo. Luego de pasar varios meses fuera de casa, en Palo Alto, en San Francisco, en Lima, en Middlebury y en Ithaca (y después de celebrar el doctorado de mi esposa, Carolyn Wolfenzon), estoy de vuelta en Maine.

Lo que me espera por delante es un año sabático en el que espero corregir el manuscrito de un libro de estudios literarios sobre narrativa latinoamericana del siglo diecinueve y, si es posible, escribir mi segunda novela.

Pero eso además significa otra cosa: que tengo en las manos el tiempo suficiente para volver a preocuparme con mayor frecuencia de este descuidado Puente Aéreo. De aquí en adelante espero renovar el blog con posts diarios, y regresar al ritmo de años atrás. Ojalá eso de pie a nuevas discusiones productivas y a renovados intercambios.

25.8.08

Reencuentros


Andamos de visita en Ithaca, New York, hasta mitad de semana, reencontrando amigos y recorriendo los viejos lugares. Lastimosamente, el mejor sitio para comprar libros de segunda mano ha cerrado, y mi coffee shop favorito ya no existe. Pero otras cosas quedan y, por supuesto, sigue la biblioteca de Cornell, desde donde coloco este post. Nos vemos pronto.