18.6.06

Sandra Bullock, la borgiana

Hace años que a Borges, en Hollywood, lo diluyen, lo pasan por agua tibia y le sacan las espinas como a un vulgar lenguado platense, si tal cosa existe.

Lo han hecho en películas que no se resignan a perder la dignidad y un cierto barniz culturoso, como The Matrix y sus retoños, y también en otras que, quizá porque sí renuncian al aire intelectual, caen menos espesas, como Total Recall, la aventura interplanetaria que el holandés Paul Verhoeven filmó con Arnold Schwartzenegger y una, entonces, jovencísima Sharon Stone.

Desde la ciencia ficción hasta la intriga política y el Holocausto, diversos temas han merecido del cine tratamientos borgianos y seudoborgianos (están también las plausibles pero casi ininteligibles adaptaciones de Alex Cox y Bertolucci). Faltaba un género, al menos, según mis cuentas: la comedia romántica.

Difícil, pero no imposible: Alejandro Agresti, un argentino a quien conocíamos por una dulcísima y oficiosa, pero no interesante, historia de amor infantil (Valentín) y por la adaptación de Una noche con Sabrina Love, se ha internado en el mercado hollywoodense con una comedia romántica protagonizada por dos megaestrellas de la taquilla, Sandra Bullock y Keanu Reeves (el segundo es tan malo, que la primera parece una actriz extraordinaria en esta cinta).

La película se llama The Lake House (La casa del lago), y no hace falta nada más que los primeros cinco minutos, o, para tal caso, el trailer de la cinta, para darse cuenta de que tras la historia de amor entre un hombre y una mujer que habitan tiempos distintos se esconde la idea básica de El otro, el célebre cuento borgiano del anciano que se encuentra consigo mismo en su juventud. Incluso hay una escena con ambos protagonsitas sentados en una banca que está en dos tiempos diferentes.

La película es digna de ser olvidada de inmediato, pero no así el fenómeno de Hollywood invirtiendo en películas americanas dirigidas por cineastas latinoamericanos: al brasileño Fernando Meirelles, de Ciudad de Dios, se le dio la dirección de The Constant Gardener, con resultados más que apreciables; al ecuatoriano Sebastián Cordero, el autor de la cinta más exitosa en la historia cinematográfica de su país (Ratas, ratones, rateros) se le financió Crónicas, una muy dura y muy interesante mirada a la violencia social y la justicia pueblerina ante la incapacidad de las leyes en América Latina, con el brillante John Leguizamo como el periodista corrupto que acaba lapidado por una turba; ya antes, el mexicano González Iñárritu y su gionista Guillermo Arriaga, los cerebros de Amores perros, crearon 21 Grams en la máquina hollywoodense. Y parece que se vienen varios más (de los que, quizá, algún comentarista informado nos pueda dar razón).

Lo interesante es que, créase o no, ese movimiento viene perfilando un hecho casi insólito en Hollywood, incluso más significativo que lo sucedido en los años treintas y cuarentas con la convocatoria de cineastas germánicos a trabajar en California: los nuevos directores están llegando a Hollywood sin abandonar sus estéticas, ni sus temas, ni sus personalidades autoriales: 21 Grams era de hecho un ladrillo más en una trilogía, y no desentonó; Crónicas regresa al asunto de la violencia y la delincuencia y su vínculo general con la pobreza tercemundista; e incluso The Constant Gardener alcanza sus mejores momentos cuando el cienasta, cámara al hombro, se interna en el laberinto infernal y olvidado de los barrios más pobres de Kenya, con el mismo espíritu de denuncia y reivindicación con que lo había hecho en las calles de la Ciudad de Dios.

Lo de Agresti, es cierto, es un retroceso en esa nueva forma de vinculación, pero, viendo sus películas anteriores, se entiende: el argentino era ya un director hollywoodense aun antes de salir de Buenos Aires.

4 comentarios:

Miguel Rodríguez Mondoñedo dijo...

No estoy del todo seguro de que todas las películas que mencionas sean fruto de una influencia borgiana, al menos no directamente (por supuesto, varios temas y recursos borgianos están allí). Varias de esas que mencionas tienen esos rasgos porque está imitando, cuando no directamente adaptando, novelas y cuentos de Philip K. Dick, el autor de Do androids dream of electric sheep?, la novela que inspira Blade Runner (una muy buena película, no negarás). También, Total Recall, que es un poco mejor que meramente “menos espesa” (aunque, por supuesto, bastante inferior a Blade Runner), es la adaptación de su We can remember it for you, wholesale; asimismo Minority Report y Paycheck son adaptaciones de obras suyas. Algunos personajes de The Matrix están inspirados en personajes suyos también---y dicho sea de paso, están por estrenar A Scanner Darkly, que marca la reaparición en la pantalla grande de Winona Ryder (aunque también tiene al insufrible Keanu Reeves como protagonista).

Por supuesto, Philip K. Dick, que escribe entre los 50 y los 70, es posterior a Borges. Pero, en todo caso, la impronta “borgiana” en Hollywood se produce, me parece, menos a través de Borges mismo que a través de los trabajos de Dick.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Por supuesto que no es mi intención decir que en Hollywood hay una cantidad de lectores de Borges leyendo al argentino para convertirlo en películas misias. Me refiero más bien a una influencia de "lo borgiano", que, por supuesto, se da a través de filtros como el de uno de los grandes borgianos anglosajones, como es Dick.

En torno a uno de esos temas borgianos retrabajados en Dick y en otros, hay un texto interesante de Piglia del que cito un párrafo:

"La metáfora borgeana de la memoria ajena, con su insistencia en la claridad de los recuerdos artificiales, está en el centro de la narrativa contemporánea. En la obra de Burroughs, de Pynchon, de Gibson, de Philip Dick, asistimos a la destrucción del recuerdo personal. O mejor, a la sustitución de la memoria propia por una cadena de secuencias y de recuerdos extraños. Narrativamente podríamos hablar de la muerte de Proust, en el sentido de la muerte de la memoria como condición de la temporalidad personal y la identidad verdadera. Los narradores contemporáneos se pasean por el mundo de Proust como Fabrizio en Waterloo: un paisaje en ruinas, el campo después de una batalla. No hay memoria propia ni recuerdo verdadero, todo pasado es incierto y es impersonal".

Piglia se refiere a la metáfora central de "La memoria de Shakespeare" (espero no errar en el título), pero está claro que es una idea presente en todo Borges.

Alexander Cárdenas dijo...

Uno de los escritores de los que me gustaría saber más, sería: Clorinda Matto de Turner.

Jorge Gómez Jiménez dijo...

Gustavo, es una idea que manejo desde siempre y que a mis amigos siempre les ha parecido traída por los pelos. Pero en fin, ya se sabe que mis amigos son unos atorrantes, pero son mis amigos.

Dos películas más para tu registro cinemaborgiano.

Una es la injustamente vilipendiada Last Action Hero, donde Schwarzenegger representa a un personaje ficticio que se encuentra de pronto en la traumática realidad y se encuentra consigo mismo.

La otra es Sommersby, donde Richard Gere, apoyándose en el olvido propiciado por el tiempo, y en la voluntad de los suyos de reconocerlo, usurpa la identidad de un soldado que regresa de la guerra.