11.12.06

Meta crítica

Hace unos meses, un grupo de amigos (Iván Thays, Luis Hernán Castañeda, Daniel Salas) y yo montamos un pequeño blog, llamado Bata Japonesa, cuyo fin iba a ser (lo fue por unas semanas) criticar a los críticos y reseñar a los reseñadores. ¿Funcionó? Creo que sí, aunque vivió poco tiempo y fue terriblemente mal entendido: algunos lo vieron como un espacio arbitrario, hecho para derribar enemigos, o algo así.

Curiosamente, los críticos criticados se ofendieron. Su psicología podría explicarse a punta de refranes: el de la paja en el ojo ajeno, el de la sopa del propio chocolate, el del cuchillo de palo, el de la vara con que mides, etc, etc.


Terco, ya muerta la Bata, yo he seguido comentando de vez en cuando cosas que veo como metidas de pata hasta la cintura (metidas de pata con cuello Jorge Chávez, por decirlo de algún modo).

Previsiblemente, cada vez que he osado criticar a un crítico, he obtenido poco menos que cartas notariales como respuestas. Parece que cuando uno comenta negativamente a un comentarista, uno es un "intolerante".


Da la impresión de que muchos de quienes escriben reseñas en el Perú creen que, sin importar qué digan, o cómo sustenten sus ideas, lo que ellos afirmen en una columna en cualquier medio de prensa debe ser siempre el final de la conversación, y cualquier signo de oposición es repudiable.

En Estados Unidos, una revista bastante popular, aunque no especialmente interesante, Time Out (una suerte de guía de espectáculos y arte de New York), tuvo la idea días atrás de hacer una encuesta entre gente del mundo artístico y cultural de la ciudad acerca de los críticos más importantes de diversos medios: artes plásticas, literatura, teatro, música, etc.

Los resultados aparecieron precedidos de una breve nota introductoria (Critiquing the Critics) y un articulillo explicativo (Judgement Day).

En el rubro de reseñadores de libros, los seis neoyorquinos finalistas fueron, en este orden, John Leonard, de Harper´s; John Updike, de The New Yorker y The New York Review of Books; Laura Miller de The New York Times Book Review; Michiko Kakutani, del New York Times; Adam Kirsh, del New York Sun, y Janet Maslin, también del New York Times.

La encuesta se subdivide en rubros: cada crítico es juzgado por sus conocimientos, su estilo, su gusto, cuán influyente es, cuán accesible, etc. Lo primero que resulta evidente, es que en New York nadie influye tanto como el New York Times, que tiene a tres de sus reseñadores en la nómina.

El crítico literario considerado más influyente por los votantes es uno de esos tres, Michiko Kakutani, una mujer con veinticinco años escribiendo en el NYT, quien en el promedio general, sin embargo, sólo alcanza el cuarto lugar. Lo realmente curioso es que, si uno elimina el rubro "cuán influyente es", Kakutani desciende hasta el final de la tabla: ocupa el tercer lugar en "conocimientos", el último lugar en "estilo", el penúltimo lugar en "gusto", etc.

Pero tiene un perfil muy alto en "cuán accesible es" y, además, tiene una columna entera para ella sola en el periódico más leído del mundo occidental desde hace un cuarto de siglo: esas son dos cosas que vuelven influyente a cualquiera (a cualquiera que sepa qué hacer con esa tribuna). Y no está de más mencionar otra cosa: en sus gustos literarios, Mrs. Kakutani es de lejos la más conservadora de todos los críticos mencionados.

¿Un ejemplo de cuán influyente es (y de cuán conservadora)? Revisen mis posts de las semanas pasadas sobre la recepción de la última novela de Thomas Pynchon. Han sido relativamente pocos, en verdad poquísimos, los críticos que le han dado al libro una reseña radicalmente negativa. Y sin embargo se ha creado la impresión de que el libro ha sido mal recibido por la crítica norteamericana. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque Kakutani fue la primera en comentarlo, y su veredicto fue un rechazo total. (Exactamente el mismo veredicto que le endilga a todo libro con algo de experimento, algo de osadía formal).

¿Será que el conservadurismo de Kakutani la hace la preferida de unos lectores aburguesados y endurecidos, o será que Kakutani está aburguesando y endureciendo a sus lectores con su conservadurismo de ya larguísima trayectoria?

(Kakutani es todo un personaje, una persona profundamente detestada por muchos escritores, como Don DeLillo, el mismo John Updike, Norman Mailer y Salman Rushdie. Si quieren saber algo más sobre ella pueden revisar esta página).

2 comentarios:

La Cebolla dijo...

Confirmado: metacrítico abandona blogósfera

* "Me harté de excesiva libertad en la web, aquí decido lo que la gente consume", señaló.

* Trascendió que comensales temen pedir una orden.

Anónimo dijo...

"que los reseñadores creen que tiene la última palabra"... No, Faverón,todos nosotros sabemos bien que la última palabra siempre la tiene tú.... así que tranquilo, Gus, que en EEUU no le ganaste a nadie pero aquí la gente todavía no lo sabe...