31.1.09

No me gusta la ópera

¿Por ignorancia o por exceso de ciencia?

Hace poco una amiga me confesaba su gusto por la ópera con la misma culpa con que podría haberme revelado su fascinación por las antiguas novelas de Corín Tellado.

A mí, en cambio, la ópera no me atrae; en principio, de seguro, porque nunca he vivido en un lugar donde pueda disfrutarla sin mutilaciones ni pobrezar sensibles.

En Lima la ópera se conoce unas pocas semanas al año, si acaso, y librándose a la loteria de cruzar los dedos para que el par de montajes de la temporada no resulten demasiado pobres --y algunas veces han sido en verdad buenos.


Si los limeños tuviéramos que confiarnos únicamente a lo que vemos desde la platea para ir formando nuestra cultura operística, no pasaríamos de las veinte piezas en una vida.

(Quizá no estaría tan mal: unos cuantos siglos atrás un intelectual que hubiera leído más de cien o ciento cincuenta libros era un verdadero ilustrado).

La ópera en un equipo de audio, la ópera en dvd: todas son amputaciones, astillas, cuerpos incompletos, como ver un cuadro en la reproducción verdosa de un libro, o una película en ese lecho de Procusto inmisericorde que es la televisión.


Así que nunca he vivido en condiciones de conocer mucho sobre ópera. Y aun así lo digo: lo que conozco nunca me ha fascinado.


Por algún motivo, la ópera entró en declive como género musical antes de descubrir que también era un género dramático. En el reino de la música, la ópera ha dado centenares de joyas; en el reino del teatro, como dramaturgia, ha generado muy pocas.


Hasta hace un tiempo solía repetirme una definición de cursilería, o huachafería, en la que ya perdí confianza, pero que puede venir bien aquí: algo es cursi, huachafo, cuando su forma es tan excesiva que eclipsa o ridiculiza a su propio contenido.


La cortina de arpas y violines al inicio de una pieza romántica en un film musical; el retuntún de los tambores cuando la vieja actriz mexicana le dice al joven actor mexicano que en verdad ella es su madre; las dos decenas de adjetivos sobrantes en cada poema de Gustavo Adolfo Bécquer.

Los siete metros de cola en el vestido nupcial de Diana de Gales; cualquier orquesta sinfónica en cualquier disco de Luis Miguel; las columnas griegas en el estrado de Obama el día de la Convención Demócrata.

La ópera suele darme la impresión de ser ese mismo tipo de exceso: una huachafaería, las más sofisticadas melodías con las letras más lamentables, la música más inesperada con los diálogos más previsibles.


Gracias a Dios, existen el italiano y el alemán y poca gente en el mundo los habla: si todos comprendieran de inmediato lo que las óperas dicen, el contraste escandaloso entre la belleza de sus mejores melodías y la trivialidad de sus peores letras podría resultar en un choque anafiláctico mortal.

La ópera, entonces, tiene un universo de seguidores en vías de extinción, cercado por los que no gustan de ella porque creen que es demasiado compleja, elevada o intelectual, y los que no gustan de ella porque piensan que es muy desbalanceada, previsible y trivial.

(Problemas que han perseguido durante toda su historia a un género que siempre ha sido híbrido, siempre ha tenido un pie en las artes populares y uno en la alta cultura, sobre todo póstumamente, en siglos recientes).


Y también están los que, como mi amiga, saben todo esto pero están dispuestos a tomar lo que la ópera les quiera dar, excesos y
shortcomings incluidos.

La ópera, cuando apareció, en el paso del siglo XVI al XVII, fue un intento de resucitar el drama griego, hecho por una camarilla de intelectuales que, entre otras cosas, suponía que los coros de la tragedia eran musicales. Fue una intentona estrictamente académica y en extremo elitista.

Pero en sólo cuatro décadas se convirtió en espectáculo no sólo público sino además popular: las óperas venían de la esfera de la música academicista, pero eran pensadas para la atención de todo el mundo. Cuando el elemento popular, durante los siguientes dos siglos, fue decayendo hasta casi desaparecer, lo que quedó fue lo que había en el origen: un arte cultista y reservado de facto a unos pocos, aunque nada en él, en su estructura, hiciera necesaria la segregación.

No es un fenómeno extraño: pasó con el jazz y está pasando con el blues e incluso con ciertas formas alternativas de rock, sobre todo el nórdico (Sigur Ros, Bjork, Paavoharju, por ejemplo).

Una pregunta: en este último puñado de años, la cumbia se ha vuelto la música para todos en el Perú. Obviamente, no siempre fue así. De hecho, hasta que no impuso el nombre cumbia, no ocurrió. Y sospecho que muchos cumbiamberos limeños no aceptarían que los llamaran chicheros. La pregunta es: cuando pase la moda de la cumbia, ¿quiénes seguirán gustando de ella?

¿Los que la defienden diciendo que es original, compleja, múltiple, idiosincrásicamente local y global al mismo tiempo, etc.? ¿O serán nuevamente los que no le tuvieron miedo a decir que les gustaba incluso cuando se llamaba chicha y sus rostros más vendedores eran los de Chacalón y Chapulín el Dulce y no los de los chicos de clase media de Bareto?

¿Cuàl será el grupo duro, de cumbiamberos a muerte, que siga escuchando a Los Destellos cuando la ola haya pasado y no queden muchos de pie en la resaca?


42 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que yo quiero saber es qué está haciendo Natucha ahora.

Anónimo dijo...

ese lecho de Procusto inmisericorde que es la televisión.
LMAO

luis dijo...

Mi respuesta definitiva a este tema de nunca acabar es la siguiente, como me decia un amigo, sea por pose o por lo que quieras, la cumbia le ha abierto los oidos a mucha gente. y es cierto, el boom pasara y solo quedara lo mejorcito, como ha quedado los destellos y juaneco, manzanita y los orientales. La cumbia no aparecio en escena con bareto, esto ya tenia hace años, yo recuerdo que ya desde el 2000 la gente empezaba a escuchar cumbia con otra optica, y tiene q ver con una serie de prejuicios que se empiezan a romper y eso es saludable aunque es cierto que es una cosa compleja, no se puede reducir a si es bueno o malo, es simplemente compleja. Bareto ocupa su espacio en todo esto, el lio de familias de juaneco tambien, chicha libre tambien, el chanti y el chapa tambien (de alguna manera con su Sabroso empezo esta "culturizacion" de la cumbia), mira esto, es del 2004, http://elautobus.blogspot.com/2008/12/shjjjjjj.html, y hacen cumbia de la dura y experimental (la penultima parte) y son chicos clasemedieros, lo hacian cuando esto no estaba en los medios, a lo que voy es que esto ya se veia venir.
Pero bueno, opino que es asi con las modas, creo que hay que valorar la cumbia de los 70s, pucha faveron, hay cintas volteadas, efectos raros, o sea, la cumbia de los 70s es otro lote. la chicha es distinto, eso tiene un componente social, es otra historia, pero la cumbia de los 70s es musica muy singular y el exito que tiene en el exterior (aqui a lima llegaron los animal collective, los black dice, alan courtis, etc, y se llevaron vinilos de cumbia)no tiene nada que ver con rollos sociologicos, alla es simplemente apreciada por ser buena musica.

zeta dijo...

Pero hace siglos la informaciòn no era muy amplia y los estudiosos no tenìan màs para descubrir que para leer, en fin... La televisiòn algunas veces no es tan mala cuando pasa pelìculas, por ejemplo en la madrugada, pasan cada pelìcula màs interesante, que posiblemente nunca transmiten en un mejor horario; de migas perviven lo pobres... Ahora, no sè si sea verdad mi impresiòn, la òpera va màs al teatro que a las cuerdas vocales, y no es que haya pobreza en las obras, sino que màs bien se ajustan a un asunto màs estilista... ¿El exceso es cursi? Puede ser. ¿Decenas de adjetivos sobrantes? ¿Podrìa dar un ejemplo? A veces leo a Bécquer y no me da la impresiòn de que sobren sus palabras... Me gustarìa que comentara algo de eso... En el caso de las columnas, es màs una crìtica al acto y a la arquitectura en particular, sonarà tonto, pero es la primera pregunta que salta de mi mente... Tal vez no todo exceso produzca un efecto negativo en una obra... Posiblemente, los que no tengan este pensamiento y crean que cumbia es inmortal. Muy buenas palabras de todo esto, aunque tal vez no son todas las òperas diàlogos triviales, no lo sè, no me animo a decir màs de eso. Otra cosa es que no estoy seguro de la segregaciòn de la òpera, tal vez al no reinventarse perdiò vigencia para muchos, pero los que se quedaron lo hicieron por distintos motivos; màs allà de todo esto, no olvidemos que por simple gusto uno escucha, que el anàlisis muchas veces està exento de la cabeza del que no piensa mucho para dejarse llevar por una tocada... Otra cosa, empezò del tal forma, pero no terminò como lo mismo, no debe estar igual la òpera de hoy con la de sus inicios... Supongo que las cosas cambian y en el cambio se pierde la esencia de un determinado gènero... ¿Cree que la apreciaciòn de la cumbia se debe màs a un cargamontòn hacia ella porque ahora tiene un valor màs importante que antes como movimiento? No me queda màs que agregar que le da al clavo al explicar el asunto desde el movimiento històrico; habrìa que echarle la culpa de todo esto a la nostalgia de la gente y a su persistencia a no dejar el pasado. Muy bueno, suerte.

Tanque de Casma dijo...

Gustavo

¿Cuál es el punto? ¿Que el gusto de muchos por la cumbia es moda, impostura, pose? Si fuera así, ¿qué? ¿Dejarían de ser buenas las canciones que son buenas? No entiendo por qué se debería justificar que te guste un género u otro. ¿Cambiaría en algo la música de Juaneco el que yo lo haya escuchado desde mi niñez que lo haya descubierto hace dos semanas? O, desde otro ángulo, ¿puedo o no puedo decir que me gusta Juaneco porque lo descubrí hace un par de semanas y no me crié bailando Mujer hilandera?

Es obvio, creo, que el grueso de la gente dejará de escuchar cumbia cuando deje de sonar en la radio. ¿Y? Igual pasó con la música criolla, y no por eso las canciones de Pinglo son mejores o peores de lo que eran hace treinta años. Otra cosa es creer que el discurso que busca explicar un fenómeno actual como la popularidad de la cumbia funcione en el futuro.

Tú sabes que el gusto personal se construye por mil y un variantes. Allí explicas tu rechazo hacia la ópera. Igual nos pasa al resto. Nuestra experiencia nos va formando, escogiendo y desechando lo que se nos ofrece. Pero en tu post parece que sugieres que quienes pueden hablar sobre cumbia son los que la escuchan desde mucho antes de estar de moda. ¿Qué culpa tiene uno si ha descubierto recién a los Ecos y no hace veinte años, cuando su difusión era más restringida? Me recuerdas a un pata con el que cambiaba cintas de grupos subtes en el colegio y me acusaba de posero porque también me gustaba la salsa, como si se necesitara una especie de pureza musical para declarar que te gusta algo.

Un abrazo

Pd: Primera crítica que te leo hacia Barack Obama. Curioso que le señales una huachafería.

Luis

¿De dónde sacas el dato ese de Black Dice, etc comprando discos de cumbia? Suena a leyenda urbana.

Anónimo dijo...

Menos mal que no sabía hablar inglés cuando escuché los primeros discos de The Beatles.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Hola, Ernesto.

No entiendo bien tu comentario. El tono parece discrepante, pero no veo que vayas contra las cosas que digo yo. Curioso.

Lo que sí me parece un poco fuera de foco es que parezcas defender la idea de que si se trata de gustos personales, nadie puede opinar sobre los gustos ajenos. Eso, como comprenderás, haría de la crítica de artes, la crítica literaria, la estética y la sociología del arte, cuatro disciplinas inútiles.

"Sobre gustos y colores no han escrito los autores" es una idea que está bien para la sobremesa de un chifita, pero no en una esfera en que la estética es, precisamente, el centro del debate.

Es una discusión vieja, sí, pero podemos reducirla de esta manera: si tú me dices que Isabel Allende te gusta más que Shakespeare, bien, no te voy a trepanar el cerebro para corregir la malformación. Pero si me dices que Isabel Allende es mejor que Shakespeare, entonces lo siento pero te voy a discutir la idea hasta el final de los tiempos, y no podrás recurrir al asunto de los "gustos personales" para fundamentarla.

Mira el caso del "Para Elisa" de Beethoven y la versión de Los Destellos que estuvieron discutiendo aquí. Quienes abogan por la genialidad de la versión de Los Destellos tendrían que hacer un gran esfuerzo de fundamentación para explicarme cómo un cóver que mutila partes esenciales de la pieza original y convierte las demás en un sonsonete desensibilizado y mecánico, sin añadir ningún sentido a la pieza, puede ser una buena versión.

Si la respuesta es que la versión de Los Destellos es muy bacán si te gusta la cumbia, y que se baila mostro, estás dejándolo todo en el tema de los "gustos personales". Una respuesta que no hable de eso sino de las piezas mismas tendría que argumentar sobre su estructura, su forma, su sentido, etc, y ninguna de esas cosas son accidentes meramente subjetivos o aleatorios, sino objetos verificables mediante la interpretación.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Anónimo:

Difícilmente las letras de los Beatles sean un problema: son letras sencillas para melodías de aparente sencillez. Eso no quiebra ninguna armonía, no genera esa sensación de desbalance que ocurre con frecuencia (sólo con frecuencia) en la ópera.

Al contrario: es difícil pensar en ejemplos de balance tan perfecto de letra y música como en canciones como Yesterday, Let it Be, Yellow Submarine o Straberry Fields Forever: en cada caso el nivel de sencilles o modestia, o de oscuridad o juego, de las letras, está perfectamente reflejado en las melodías y los arreglos.

Anónimo dijo...

Gustavo, seamos francos: todas estas son justificaciones para tu idiosincracia.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Anónimo: se dice idiosincraSia.

R. Euribe dijo...

La cumbia es ahora lo que antes fue el mambo, la salsa, la musica a go-go: un genero para el baile. Traido, esta vez, por el "desborde" popular del inmigrante andino.

Los musicos de esas bandas, solo aspiran a entretener a su publico, animar las fiestas y los bailes colectivos. No hacen chicha-cumbia como que hicieran "una revolucion" o para graduarse en el conservatorio, o para que los escuchen en el Segura.

Esperar que la cumbia se convierta en musica culta, que pase de ser ritmica a ser melodica, no tiene ninguna relevancia. No es esa su aspiracion ni debe seguir esa ruta para hacerse valer.

luis dijo...

Tanque de casma:

Lo de Black dice, alan courtis y animal collective, y muchos otros,efectivamente estuvieron de paseo por quilca (las tiendas esta que esta antes de cruzar wilson, alli cerquita al peruano)y se llevaron vinilos de cumbia, me consta, lo se, porque estuve allí.
:)

zeta dijo...

Sabe, la cosa debe ponerse màs ordenada: Ok, tus gustos son problema tuyo, ahora: ¿lo que te gusta es de calidad? No, por tal y tal motivo; si quieres seguir con lo mismo a pesar de eso, tù, problema, no impongas tu opiniòn como verdad. Listo.

Ahora que lo pienso, en determinadas piezas de mùsica clàsica se mantiene un flujo de sonidos que son màs empàticos que complejos, de ahì tal vez que al producirse el cover baja la calidad, aunque no la cantidad de personas atraìdas por esa tocada; ¿eso podrìa explicar algo?

"Una respuesta que no hable de eso sino de las piezas mismas tendría que argumentar sobre su estructura, su forma, su sentido, etc, y ninguna de esas cosas son accidentes meramente subjetivos o aleatorios, sino objetos verificables mediante la interpretación", què buena sìntesis...

Hmm, interesante apreciaciòn y ejemplo de equilibrio.

Un error que suelo cometer, suerte.

Biyu dijo...

Björk...? La comparación nunca la había escuchado y me parece muy buena. Hace unos ocho, diez años, todo el mundo estaba con la onda... Y ahora ha vuelto a ser una vaina reservada para unos cuantos, gente que quizás decida guardarse a la artista y no compartirla.


Olas son, don Faverón. Lo interesante sería jugar al vidente ciego y ver cual será la siguiente moda musical. Ha sido una graciosa coincidencia que se reinvindique la cumbia como peruana. Creo que hace un puñado de años ocurrió lo mismo con la canción criolla. Me imagino que en unos veinte años tendremos un género musical moribundo más, pero con gente que irá a cumbiódromos en jueves a ver a las mismas momias de siempre. [Como con la canción criolla, como con la nueva ola... todas modas musicales tomadas como algo propio del Perú.]

M. Isabel Guerra dijo...

La ópera es un género bastante amplio, aunque no lo parezca. Pero aún así la cosa es bastante simple: un melodrama cantado.

Tampoco soy erudita en la materia, pero me gusta algo de ópera. Concretamente, Mozart y algo de ópera belcantista.

En cambio no me gusta la ópera verista (cuélguenme, fanáticos)... ni tampoco Wagner.

Huy, y ya me voy porque allí vienen las walkyrias a echarme los caballos por encima :-)

Carlos Raul Molina dijo...

A mí no me gustan un montón de cosas, pero no creo que por eso tenga que proponer algún tipo de discurso donde se haga "explícito" el por qué de mis gustos o disgustos.

De hecho, en cuestiones de arte me parece que el único discurso válido es aquel que trata de "explicar" por qué algo sí me gusta. Y pongo 'explicar' entre comillas porque es un tipo de discurso en le que no se explica nada, pues se está dándole a un hecho una razón que es imposible de determinar empíricamente contra alguna otra razón (es decir, asumiendo las premisas de la ciencia.

Prefiero un discurso donde alguien explique qué es lo que sí le gusta porque, al menos, uno tiene algún tipo de acceso a lo que hay en su mente (introspección) y eso garantiza (si el crítico es sincero) algún tipo de veracidad (o al menos verosimilitud) en lo que él o ella diga sobre lo qué le da gusto. ¿Cómo puede un crítico hablar de algo que no le gusta cuando eso implica que tiene algún tipo de acceso al espacio mental de otros individuos a los que no conoce y sobre los que únicamente hace alguna hipótesis antropológicas o sociológicas con poco o nulo fundamento (antropología y sociología "pop", podemos llamarlas)?

Por eso, como ejercicios de ensayo, me gustan los textos de Gustavo Faverón cuando expresa por qué algo no le gusta. Obviamente, asumiendo que estoy en lo correcto, y que Gustavo no tiene acceso a lo que hay en las mentes de otros a los que les apasiona la cumbia / chicha o la ópera, entonces creo que podemos decir con bastante seguridad que este tipo de opiniones no tiene ninguna base, aunque puedan arrojar algunas luces en ese campo tan útil para conversar como es la antropología y sociología popular (es deicr, la que practicamos a diario cuando pensamos en qué pasa en la cabeza de otros grupos que no son como nosotros).

Andrea Naranjo dijo...

¿quedarán los que escuchaban a Los destellos, el Grupo Celeste, y la princesita mili (pintura roja) desde antes de la "ola"?
Lo que hay que decir es que Un tema interesante a investigar es por ejemplo cómo Fujimori y toda un comportamiento social - Tudela bailando el baile de chino) ayudó mucho a popularizar un tipo de cumbia de muy dudosa calidad ( la peor es ruth karina, rossy war , y en el límite,ada y los apasionados) pero hay otros que realmente que son top hit fiesteros con el coro a flor de boca como armonía 10, néctar, agua marina y las agrupaciones de chicas de cumbia norteña, aunque no sean de buena calidad musical. :)
saludos¡

Andrea Naranjo dijo...

Otrosí
La cumbia andina -urbana- es lo que suelo llamar chicha . La cumbia que hoy se está popularizando en la "clase media" es la cumbia amazónica que claro, se puede diferenciar de la norteña como armonía 10). Aún no he tenido la oportunidad de leer los estudios ( como el del Alfaro) sobre la cumbia que me aclaren o confirmen esto.
saludos¡

Anónimo dijo...

Beto Ortiz da risa: cuando le pica el, digamos, ombligo, se pone riguroso y dictamina y condena como si fuera Kapuszynski, pero todo el resto del tiempo es vergonzamente relajado de moral, recordemos su falsa acusación a Bailando por un sueño.

Ortiz, Ortiz, no es ni de lejos lo mejor para combatir la estupidez de Vaccaro.

Anónimo dijo...

http://filmbiologico.blogspot.com/2009/01/los-cerros-bajan.html

Tanque de Casma dijo...

Gustavo

Claro que una canción, un libro, una película, lo que sea, puede ser calificada y discutida. Como te dije antes, me pareció muy bien que explicaras por qué una canción en concreto no te parecía buena en vez de limitarte a decir "es mala porque no me gusta".

Mi crítica iba por otro lado. Se entiende, por las preguntas que haces al final del post, que opones por un lado a los que les gusta la cumbia "de verdad" - grupo duro de cumbiamberos a muerte, según tus palabras -, con los que recién la han descubierto cuando se ha puesto de moda y era más aceptable socialmente. Se desprende, también, de esas mismas preguntas que existe un grupo que tienen legítimo derecho de verse reflejados en la cumbia y de hablar de ella, mientras que otro no. Te ponía el ejemplo de mi pata de secundaria, porque esa arista de tu discurso que te señalo me recordó a esas discusiones de adolescente sobre quién tiene derecho a decir que le gusta tal o cual música.

Otro reparo que te haría es que no manejas toda la información necesaria para las suposiciones que haces. Un ejemplo es ese equívoco de confundir la cumbia que se ha popularizado ahora con la chicha y ver esta última como antedecente, como te indicó Luis. Chequea además lo que dice Andrea, que también es interesante.

Tengo un par de cosas más que decirte sobre esto. Te lo escribo en un toque.

Un abrazo

ECG

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No, Ernesto, en ningún momento he hablado de derechos ni de legitimidades. Si pensara que sólo unos cuantos tienen "legítimo derecho" a disfrutar de la cumbia, en función de sentirse o no representados por ella, o ser próximos a su medio de origen, entonces también tendría que decir que no tengo yo derecho a disfrutar de Marian & Amadou, de Bjork o de Mozart, porque ciertamente no soy ni un negro malinés, ni una islandesa postmo ni un urbanita austriaco. O tendría que decir que mi gusto por esa música es esnobismo o afectación.

¿Yo he dicho que la chicha es un antecedente de la cumbia? No pues, hermano, no me atribuyas tonterías de ese calibre. (Encima me mandas a investigar, a informarme, como si yo hubiera dicho semejante burrada, no te pases, pues). Lo que dije fue que mientras se insistió en llamar "chicha" a todo esto, la gente en la clase media limeña se negó a identificarse con ello. Tú me dirás si eso es falso. (Tendrás que recordar que el término chicha se impuso y desplazó a todos los demás durante más de una década, cuando solo los conocedores insistían en otras etiquetas y mayores diferenciaciones).

Y ojo: no digo que no hubiera una tendencia a abrirse ya desde antes. Aquí están citando momentos precursores de la aceptación de toda esta música remontándose al 2002 o al 2004. Les diré que cuando era editor de Somos publiqué un número especial dedicado a esta música, con carátula y más de 20 páginas del tema, con homenajes a Chacalón y media docena de entrevistas. Fue el número más vendido de una revista que se supone apuntaba a la clase media y alta. Y debía de ser el año 98, porque yo a principios del 2000 ya había renunciado para irme afuera del país.

(De paso, que sirva ese dato para quienes vienen ahora a decirme que yo detesto la cumbia por prejuicio social o tonterías de ese tipo).

luis dijo...

Si recuerdo ese numero de la somos, estaba ya en la universidad, asi q debe haber sido fines de los 90s.
tambien recuerdo que rossy war era un fenomeno, que habia entrado en otros sectores sociales.
que los mojarras habian sido un boom, que la sarita era un boom. en realidad todo esto estaba ahi flotando.
ahora si es cierto, lo de chicha estaba asociado a lo huachafo, a lo estridente, y si, nadie queria ser señalado como chicha, lo que yo quisiera saber es como asi toda esa historia cambio, si es que realmente cambio. pero de hecho, si siento que la mirada hacia el otro fue generada por algo mas fuerte que la misma musica, al menos aqui.

Anónimo dijo...

Algunas cositas:
la palabra melodrama, significa drama cantado, de donde "melodrama cantado" es un pleonasmo.
En tiempos recientes se desplazó el sentido de melodrama a ciertas formas populares de historias románticas y de común con escenas y finales tristes.
Faverón, usás ejemplos de ópera que se austan mejor a la fase belcantista italiana de fines del XIX.
Otro sí: hay mucha ópera escrita en francés, Gounod, Berlioz, Bizet, no lo olvides.
En tiempos recientes la ópera se ha renovado enormemente con artistas múltiples como Bob Wilson, o grandes directores de escena como Zefirelli, Romeo Castellucci o Peter Sellars. Se sigue escribiendo ópera, cada vez más experimental y arriesgada, menos purista y tradicional, pero ópera al fin. Por ejmplo lo hacen John Adams (Nixon in China) o Phillip Glass (Einstein on the Beach), dirigida precisamente por Wilson, de quien deberías haber oído hablar. La mayor parte de esto sucede precisamente en el país en el que vives. Solo es cuestión de salir de los prejuicios.

Tanque de Casma dijo...

Gustavo

Creo que sí leí ese informe del que hablas, pero no estoy seguro. Cholito, tal vez te entendí mal cuando hablaste de la chicha, pero no fui el único, eh. Igual, habría que matizar. ¿A todos los que hacían cumbia en los 70 les llamaban chicheros en los 80? Yo tenía entre cinco y quince años en esa época, y los datos que recuerdo de esa época son muy circunstanciales. Mi viejo, que es del Callao pero no muy melómano, escuchaba cumbia no le llamaba chicha ni escuchaba su vertiente andina. Similar experiencia tuvo mi esposa. Su familia materna, chiclayanos emigrados a Lima hacía una generación, escuchaban cumbia... de la selva. Y le llamaban, por lo que recuerda, cumbia, no chicha. (dicho sea de paso, es por ella que me empezó a gustar Juaneco y demás). Pero bueno, estas experiencias pueden ser muy particulares. Habría que chequear. Y lo digo tanto por ti, que por mí.

Sobre lo otro, te contesto mañana tempranito, que mi hija me está reclamando. Sólo una cosita un pocotón off-topic. No es una acusación, ni mucho menos, pero me parece muy curioso, que con el discurso que tú tienes, uses el término huachafería y huachafo tan recurrentemente. Sucede que el término, por lo que he chequeado, se popularizó más para criticar a los de clase baja o media baja que querían imitar los usos de las clases altas sin lograrlo. O sea, respondía a un rollo más clasista (si naciste en tal condición, no intentes cambiar, sería la idea) que estético. Ahora que lo usas para la ópera, teniendo la ópera la connotación que tiene, me parece muy interesante cómo ha dado vuelta el significado del término.

Un abrazo
Ernesto

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Anónimo: prejuicio es dar por hecho que ni siquiera he oído hablar de Robert Wilson. ¿Cómo se te ocurre decirle eso a un fanático de Tom Waits? Mis discos favoritos de Waits son "Alice" y "The Black Rider", y creo haberlo dicho en este blog alguna vez. Sabrás que esa música la hizo Waits para dos montajes de Wilson. (A diferencia de ti, yo no voy a suponerte ignorante).

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Ernesto: en todos los países y en todas las lenguas hay alguna palabra que designa alguna forma de mal gusto (lo huachafo es lo hortera, lo siútico, etc). En cualquier sociedad, las clases altas asocian el mal gusto con el gusto de las clases bajas. Por ello, todos esos términos acaban por asumir en algún momento y alguna circunstancia una conotación de clase. Curiosamente, a quienes no les damos ninguna connotación clasista cuando los usamos, se nos mira raro. Qué voy a hacer, pues: no me sale el clasismo, no me lo exijan.

Anónimo dijo...

Pues si seria interesante saber la opinion de musicologos o criticos de musica sobre la cumbia. Haber si nos puedes proveer algunos enlaces.
Chapulin el Dulce reclama el termino de Chicha para toda la cumbia peruana pues a su criterio es una innovacion merecedora de un nuevo nombre. Escuchando esta seleccion de Los DEstellos
http://heduardo.blogspot.com/2009/01/los-destellos.html
se puede oir que efectivamente la influencia de los ritmos y generos andinos se dieron desde muy temprano en la cumbia peruana. Talvez no se acepta el termino por un prurito racista o discriminatorio.

Anónimo dijo...

no te suponía ignorante, sino más bien arbitrario. Quería decir que en tu visión de las cosas ganaba el apasionamiento y el cierre de entendederas, por ejemplo, cuando asocias la ópera a solo una versión de ella. Olvidando otras posibles indagaciones. De cualquir forma, la colaboración de Waits con Wilson y Bourroughs no era técnicamente una ópera, y la de Glass sí la es. Por supuesto tener el disco no es igual a verla puesta en escena, no? Pero ahora hay subscripciones al Metropolitan, para ver desde casa...

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Ya, pero no entiendo adónde quieres llegar. ¿Tú sabes?

Anónimo dijo...

Colega anónimo, la cumbia igual que la saya en Bolivia, nació como un ritmo mezclado de influencias africanas e indñigenas. es indígena en parte, entonces, desde el siglo XVI al menos. Cualquiera que haya visto bailar la cumbia colombiana recnocerá movimientos semejantes al huayno andino, y los instrumentos también fueron incorporados desde antaño. Cuando la chicha "indigeniza" la cumbia, solo está retomando un elemento constitutivo del ritmo original para desarrollarlo.
pero tienes razón, que opine un musicólogo, pero no uno pituco, por favor.

Andrea Naranjo dijo...

Ahora, coincido plenamente respecto a la sensación que me da la ópera y sus géneros aunque del periodo barroco me divierte mucho las puestas en escena de la opera buffa y del periodo clásico creo que mi hijita se divertiría viendo y oyendo a Papageno y papagena.
Gluck con Orfeo y Euridice es , en lo personal, una excepción.
En países como Austria la ópera áun es un fenómeno relativamente popular ( por ejemplo son amadores de ella la primera generación de universitarios después de la segunda guerra mundial, como un signo de distinción), donde aún existen ( al menos hasta el 2002) los puestos de pié a un euro, donde la gente acude masivamente.
Luis: el cambio comenzó en los noventa y coincide con el cambio la llegada de una clase política, el fujimorismo, el surgimiento esperpentos como Asia. Ese detalle me interesa ( lo verdaderamente interesante lo veo desde el punto de vista socio musicológico, como el cambio estrutural de las composiciones, los tiempos, los ritmos - ver respecto a ese tipo de estudios "La binarización de los ritmos ternarios africanos en América Latina" de Pérez Fernández)
De hecho la chicha o cumbia andina fue fenómeno al que el "Perú oficial" daba la espalda, hasta los noventas.
Chapulín ganaba discos de oro por record de ventas , llenaba locales en los antes llamados conos de Lima.
Esa misma cumbia andina que los inmigrantes peruanos llevaron hasta Argentina (las bailantas urbanas) y Chile y que gracias a esos inmigrantes ha hecho surgir un nuevo tipo de cumbia por esos lares ( como Selena lo hizo con el tex mex en EE UU).
Ahora, creo que sí ha surgido, musicalmente un tipo de cumbia que se podría decir "peruana" con ingredientes andinos y costeños, como la música del legendario grupo celeste, el cual es muy conocido en colombia.
La cumbia costeña peruana no se distingue mucho de la cumbia ecuatoriana costeña, país donde no hay un solo grupo de cumbia tipo grupo 5 o nectar o agua marina, hay decenas de decenas.
Lo mismo en Colombia respecto a la cumbia amazónica. tal vez, entonces sí haya una innovación en el género musical respecto a la cumbia andina (chicha) la que se ha extendido hacia el sur del continente ( la consolidación de la cumbia villera)
En fin...

Andrea Naranjo dijo...

Respecto a la popularización de la cumbia de pésima calidad en sectores intekectuales o de clase media, recuerden que en "Pantaleon y las visitadoras Francisco Lombardi le otorga unos buenos minutos a Ruth Karina. iak¡¡¡

Tanque de Casma dijo...

Gustavo
No seas loco. No te digo clasista, al contrario. Me llama la atención cómo un término que nació con esa connotación termine siendo usado en discursos con otro cariz, cambiando de significado como ahora. Eso era lo curioso, que calificas de huachafa a la ópera, un género asociado ahora con la clase alta. Por cierto, huachafo no es hortera. Lo común es asociar huachafo con el que quiere aparentar algo que no es, aparentar que es de mejor situación social. Hortera es vulgar a secas, al menos como me lo han explicado en España. Más cercano sería cursi. Sería interesante esbozar alguna teoría para explicar por qué el término más popular que usamos en el Perú para mal gusto tenga esta carga clasista qu0e, en su origen, abogaba por cierta inamovilidad social. Tal vez ya existe y estoy desviándome mucho.

Volviendo al tema principal. Lo que me confunde de tu post es que, a pesar de que en los comments dices que no hablas de legitimidad de sentirse identificados con un género, en el texto cuestionas en exclusiva a los que recién han adquirido el gusto de la cumbia. Aseguras que muchos cumbiamberos limeños – asumo que cumbiamberos recientes – no aceptarían que se les llame chicheros. Obvio, si la mayoría de ese grupo escucha chicha, no se harán llamar chicheros. Ahora, si escucharan chicha y no lo quisieran reconocer, eso es otra cosa. Es como confundir un metalero con uno que escucha punk. Suena un poco a Santiago Segura en El día de la Bestia puntualizando que era satánico "de Carabanchel", pero tiene lógica.

En tu penúltimo párrafo contrapones a quienes gustaron de la cumbia durante la época en que Chacalón y Chapulín eran los divos en oposición con los que han creado hace poco un discurso intelectual para defender el género y/o llegan a él a través de un grupo reciente de clase media. Llevas de la mano a que te respondan en una dirección. Todo tu argumento lleva a decir que el grupo duro de la cumbia es el que escuchaba de siempre la cumbia y que lo seguirá escuchando cuando pase de moda. Pero no estoy seguro de varias partes de tu discurso. Por ejemplo, que los de Bareto son los rostros más vendedores de la cumbia (¿y Grupo 5, Néctar, etc?). O relacionar a Bareto con la popularidad de la cumbia en donde antes no se escuchaba. Lo has apuntado tú: ya desde fines de la década del noventa empezaban a abrirse los oídos. Entonces, no habría que verlo como una moda pasajera ni asociar su popularidad a bandas de clase media.

Bueno, un abrazo

ECG

zeta dijo...

Hmmm, entonces no podemos decir que las clases altas tengan buen gusto si se basan en un prejuicio para mantener la diferencia con las otras clases, por lo menos los que se manejan de ese modo... Màs que mirar raro, creo que es no saber distinguir entre uno y el otro, o sea, meten a todos en el mismo saco. Suerte.

Fedor dijo...

pues los que seguirán escuchándola serán los que la escuchaban antes de que se pusiera de moda.
particularmente no me atrae;
y hablando de la ópera, me gusta mucho y no es en realidad tan trivial siempre; acércate a Wagner, tal vez te atrape.

Julio dijo...

Será una cuestión de sensibilidad?, la sensibilidad se educa?, cuando era niño mi viejo escuchaba mucho Jazz(él era músico) y la música tropical recién la descubrí como a los 9 años junto con la música andina, y no me gustó nada, por esos años escuché el Álbum Blanco de The Beatles y me volví un fanático hasta hoy, la música andina y la música tropical me comenzaron gustar cuando comencé a viajar a dedo por el Perú, recien ahí, obligado por los hechos encontré paciencia para escuchar y oir estas melodías aparentemente desafinadas y estridentes que me herían y atormentaban, cosa rara, poco a poco las fuí entendiendo y aceptando, así conocí desde la princesita que menciona Andrea( además del Jilguero, el Diamante, Amanda etc.) hasta el surgimiento de la technocumbia, que es una variedad más de estos ritmos, esta nueva cumbia que está de moda incorpora mejores arreglos de los vientos y con mejores cantantes de voz aguda, casi infantil, son por ahora populares, repito, la sensibilidad se educa? Metállica no me suena mal, Korn tampoco, etc.,etc.,ahora no me sentaría frente a un equipo de sonido y me pondría a escuchar estos ejemplos, tal vez como mi viejo, Jazz, a The Beatles, o algo de tango pre y post Piazzolla, en fin, saludos

El Que Se Oculta dijo...

¿Sólo te mueve lo que te fascina?

Anónimo dijo...

Por favor, no pasen por alto que la cumbia peruana tiene por lo menos cincuenta anos de existencia y eso habla de algo mas que una moda. Si en un tiempo se escucho menos y hoy se escuha mas, es otro problema distinto. Cuando hablamos de un genero capaz de producir diversidad de estilos (quiero decir que no hay una sola cumbia peruana monolitica, sino en realidad varios estilos de practicarla) estamos hablando de algo que sobrepasa la moda. Los conjuntos de cumbia de la selva, la sierra y la costa, obviamente no comparten una misma influencia y su modo de ejecutar esta musica es, a veces, radicalmente distinto. Eso como punto de partida. Los gustos, lamentablemente, encienden siempre polemicas, como no. A mi, particularmente, me gusta mas la cumbia selvatica que la de otros estilos. Eso no significa borrar de un plumazo a los demas, es simplemente ejercer el derecho de expresar una opinion. Incluso podria no gustarme, podria decirlo y no habria ningun problema. el gusto, creo, se construye y en esa construccion actuan diversas circunstancias: familiares, sociales, vivenciales, culturales y un larguisimo etcetera.

R. Euribe dijo...

Por un lado hablas de la linguistica, para explicar que la lengua solo existe en sus particularidades, pues esta atada a grupos sociales que la practican, sena estos locales o supra-regionales.

Por que recurrir a esa dimension de la linguistica, si la literatura es el oficio de crear ficciones? que importancia tiene en ultima instancia cuan local o universal es una novela? Es ficcion, no periodismo, no historia, no sociologia.

Anónimo dijo...

LO QUE ME PARECE UNA HUACHAFERIA TOTAL ES COMPARAR LA OPERA CON LA CUMBIA ,,, POR FAVOR QUE TIENEN EN LA CABEZA JAMAS CABERIA COMPARAR CONDORITO CON CIEN AÑOS DE SOLEDAD DE GARCIA MARQUEZ O COMPARAR LA ESTATUA DE CERA DE PARIS HILTON CON EL DAVID DE MIGUEL ANGEL ,,, LA OPERA ES CULTURA INTELECTUAL NO CULTURA BANAL
FERNANDOVILLA2@HOTMAIL.COM

Anónimo dijo...

COMPARAR A TONY ROZADO CON PLACIDO DOMINGO O A TOMY PORTUGAL CON BJORLING O EL COLMO A MARCO ANTONIO O COMO SE LLAME CON FRANCO CORELLI ES UN INSULTO A LA TRAYECTORIA UNIVERSAL QUE ESTOS GRANDES HEREDARON A LA MUSICA EN SUS INTERPRETACIONES Y EN SU TECNICA .