5.9.09

Baker y Friends

¿Entre la novela y el sitcom?

Como quien le pega una cachetada a los pájaros de mal agüero que cíclicamente prevén la sequía de las literaturas anglosajonas, las principales editoriales de Estados Unidos anuncian para los próximos noventa días el lanzamiento de libros nuevos de Kazuo Ishiguro, Nick Hornby, Jonathan Lethem, John Irving, Philip Roth, Michael Chabon, Margaret Atwood y Jonathan Safran Foer, entre otros.

Algunos de esos libros los espero particularmente, pero hay uno que me causa tanta o más expectativa (intriga y un poco de temor) que las obras inminentes de los autores que acabo de mencionar. No, no me refiero a
The Lost Symbol, de Dan Brown. Me refiero a la novela The Anthologist, del siempre minucioso y habitualmente introspectivo narrador neoyorquino Nicholson Baker.

A juzgar por las ya muchas reseñas de las cuales, por anticipado, la novela ha sido objeto, se trata de un libro hecho de referencias, reconocimientos y especulaciones sobre la naturaleza de la poesía.

El corazón del argumento es una premisa elemental, al menos para un
insider del mundo literario: un poeta menor, que se debate entre su gusto habitual por el arte de élite y su inclinación natural hacia la cultura popular, debe escribir el ensayo introductorio para una antología que él mismo ha diseñado, sobre poesía rimada en lengua inglesa, y debe hacerlo mientras lidia con el reciente abandono de la mujer con quien convivió los últimos ocho años.

La reseña de
The Anthologist que ha publicado hace pocos días M.A. Orthofer en The Complete Review cita un pasaje curioso de la novela, una idea puesta por Baker en boca del protagonista, el antologador, quien narra toda la historia:
"At some point you have to set aside snobbery and what you think is culture and recognize that any random episode of Friends is probably better, more uplifting for the human spirit, than ninety-nine percent of the poetry or drama or fiction or history ever published. Think of that. Of course yes, Tolstoy and of course yes Keats and blah blah and yes indeed of course yes. But we're living in an age that has a tremendous richness of invention. And some of the most inventive people get no recognition at all. They get tons of money but no recognition as artists. Which is probably much healthier for them and better for their art".

Es decir:

"En algún momento uno tiene que dejar de lado el esnobismo y lo que piensa que es cultura y reconocer que cualquier episodio de Friends elegido al azar probablemente sea mejor, más benéfico para el espíritu humano, que el noventa y nueve por ciento de la poesía, o el drama o la ficción o la historia que se hayan publicado jamás. Piensa en eso. Por supuesto, sí, Tolstoi y por supuesto, sí, Keats y bla bla bla y sí, por supuesto, de hecho que sí. Pero vivimos en una época que tiene una gran riqueza de invención. Y algunas de las personas más inventivas no son reconocidas. Ganan toneladas de dinero pero ningún reconocimiento como artistas. Lo que probablemente sea mucho más saludable para ellos y mejor para su arte".
El narrador de Baker --sigo lo que los reseñadores han escrito sobre el libro-- no hace esta alusión a Friends al pasar, a la ligera, inopinada y superficialmente: más bien, se detiene a argumentar que la forma más genuina y original del arte americano en nuestro tiempo es el sitcom, la comedia de situaciones, el programita de humor semanal de media hora.

Lo que, creo yo, nos regresa al tema de un post anterior: aquel comentario de Javier Marías sobre el empobrecimiento de la comedia y la inmediatez facilista del humor en la cultura pop, particularmente la americana.

Marías argumentaba de dos maneras que a primera vista podían parecer contradictorias: por un lado, se quejaba de que el esnobismo de la alta cultura se negara a valorar lo cómico con tanto entusiasmo como el que pone en elogiar lo dramático o lo afanadamente intelectual; por otra parte, sostenía que la comedia contemporánea, sobre todo en el cine, era un género agónico, si es que no muerto y enterrado, en lo que a calidad se refiere.

Y aquí aparece Nicholson Baker (o su personaje, pero es el tipo de idea que Baker propone en voz alta con frecuencia) para decirnos que la comedia, en efecto, debe ser reconocida como arte de importancia. Pero encabeza su nómina con un género como el
sitcom (cuya sola mención ha de ponerle los pelos de punta a Marías), y --cereza sobre el pastel-- lo ejemplifica todo con uno de los programas más populacheros, superficiales y edulcorados en la historia de la televisión americana: Friends.

Tengo la impresión de que la discrepancia entre Marías y Baker se debe a dos formas distintas y parciales de abordar la idea de arte: Marías apunta a la trivialidad formal de la comedia formulaica de Hollywood y la desestima por previsible, anunciada, banal en tanto búsqueda estética; Baker, por su lado, señala un cierto valor moral en el
sitcom ("uplifting for the human spirit") y no se hace problemas con la repetitividad y la previsibilidad del género: finalmente, parece pensar, no sería la primera vez que un género aparece como menor, por formulaico y moralista, y con el tiempo pasa a obtener reconocimiento como arte.

Lo curioso es que Baker suele ser un creador un tanto más atrevido que Marías, más osado, más dispuesto a romper barreras genéricas, más interesado en empujar las fronteras de la novela hacia terrenos nuevos y a hacer el intento de que esa transgresión formal apure nuevos sentidos e inaugure nuevas habitaciones para la ficción. Si de alguien se esperaría que consintiera la exigencia de Marías de un arte que escape de los casilleros, ese alguien es Baker.

¿Por qué, entonces, se desliza Baker hacia esa idea aparentemente populista que equipara la rutinaria creación de episodios humorísticos de intención y efecto inmediato a la escritura novelística, ensayística, poética y que, incluso más, coloca a lo primero por encima de lo segundo?

¿Será que a veces el esnobismo no consiste en marcar la superioridad de lo que se percibe como culto por sobre lo que se concibe como popular, sino, más bien, en hacer precisamente lo contrario? ¿Será que, así como hay un esnobismo elitista, hay también un esnobismo populista?

Mi intención es decir que sí, pero con una coda: a la larga todos los esnobismos son elitistas, tanto el que se presenta de ese modo como el que finge populismo. Baker parece pensar:
mientras yo escriba una novela experimental que trasponga los límites de la crítica literaria, la autobiografía y la ficción, me sentiré libre de decir que los anónimos escritores de Friends son artistas superiores a mí. ¿Total? Todo el mundo se dará cuenta de que eso es imposible.


16 comentarios:

Asterión dijo...

Esta conclusión ya la habías dado, pero respecto de tus propias posiciones, hace ya un buen rato. No recuerdo en cuál post. Pero en fin, se trata de que mientras uno lea a Dostoievski y a Witggestein, o escriba ocmo ellos, realmente se puede dar el lujo de ver "Friends" y reír un rato sin sentirse culpable. Se trata, como podemos ver, de que "tengo derecho mientras sea conciente"... y podríamos seguir.

Luego, el snob inseguro no se permite, públicamente claro está, decir que disfruta con un sitcom. Eso es para el snob seguro, que se pavonea diciendo: disfruto más con "Seinfeld" que con "El hombre sin atributos".

Saludos.s

Anónimo dijo...

"cualquier episodio de Friends elegido al azar probablemente sea mejor, más benéfico para el espíritu humano, que el noventa y nueve por ciento de la poesía, o el drama o la ficción o la historia que se hayan publicado jamás"
tampoco, tampoco si al menos hubiera dicho Seinfeld...

Rafael Fernando dijo...

Algo básico: las ideas que el autor pone en boca de su personaje no son necesariamente las suyas. La relación de los autores con los personajes de su creación, sobre todo con aquellos que se le parecen, no es necesariamente el de una caja de resonancia.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

O fraiser...

daniel.nakasone dijo...

A corto plazo, la comedia tonta de un sitcom puede causar más bienestar que cualquier otro libro serio o culto..

Pero a corto plazo un libro bien entendido te permite un grado de bienestar que se deriva de una mayor comprensión o confusión del mundo que sienta bien...

Pero si el fin de la vida es la felicidad para qué buscar cosas díficiles, cosas que nos cansen que nos hagan pensar demasiado, por qué ver a Ingmar Bergman y ser un pesimista que no disfruta de nada si puedo ver Jackass y tener una sonrisa estúpida en la cara todo el día?

¿Por qué?

Juan Murillo dijo...

En línea con lo que dice RF: Lo dice un personaje de la novela, no como Marías que lo expresa en un ensayo con su firma. Aún más, según lo que se apunta de la novela pareciera que este tipo de aseveración es parte del maelstrom que es el centro de la novela, es de esperar que haya aseveraciones exactamente opuestas, quizá dichas por el mismo personaje.

"Uplifting to the human spirit" usualmente quiere decir tranquilizadoramente repetitivo de los valores del status quo, que no es precisamente de lo que está hecho el gran arte, sino el entretenimiento, que es otra cosa distinta.

Pollo dijo...

Por supuesto que hay un elitismo de cultura pop, que ya francamente aburre.

La cosa es no caer en ningún tipo de elitismo. Y poder disfrutar tanto de Saramago como de los Simpsons.

Como aquí

Anónimo dijo...

El ejemplo de Friends es más que desafortunado. No solamente se trata de un sitcom donde convergen sin éxito la comedia y la telenovela, tampoco es solamente una serie sin más ambición que reflejar asépticamente el mundo de cierta clase media americana (en este mundo no hay inmigrantes, no hay conflictos sociales, no hay siquiera el atrevimiento político inocentón que se halla en series tan viejas como Happy Days), es sobre todo un producto inmoral que en base a su popularidad se ha permitido eludir las acusaciones de plagio. Sí, los escritores de Friends, lejos de encontrar inspiración en el humor de Larry David, hurtan descaradamente muchos de sus gags, y creo que su intención original fue crear una especie de Seinfeld, pero sin cinismo, sin humor negro, sin slapstick, sin espejos que sirvan como crítica social (¿Quién queda bien librado en Seinfeld? ¿Se hubieran permitido los escritores de Friends apuntar al fanatismo religioso?). Y esto sin contar las pésimas actuaciones, repetitivas, sin ningún tipo de matices, sin sorpresas (de tan solo recordar los gimoteos de Ross, se me irrita la piel, de veras). No hace falta ser snob para declarar a viva voz que uno ve unos cuantos episodios de Friends con el fin de corroborar una primera impresión. Novedad: esa primera impresión cambia para peor, cuanto más se vea esta serie o comedieta, más se aprende a odiarla. La cantera del mal gusto, de la frivolidad, del humor soso, es inagotable para quienes imaginaron este show que tan bien enmarca en la realidad clasemediera que creció al amparo de George Bush.

Anónimo dijo...

ese igualitarismo de Pollo apesta, tiene O en Literatura de verdad. No es por allí por donde debiera ir la discusión. Creo que con un ejemplo mejor, digamos "Lost", apenas hubiera discusión. Y la mejor poesía mundial la están haciendo los cantautores, como Leonard Cohen o Tom Waits, antes que Enrique Verástegui.

Anónimo dijo...

¿El personaje se refiere especialmente a uno o todos los sitcoms? La mayoría de los sitcoms suelen ser, simple y llanamente, insufribles, pero es algo previsible, ya que son producidos en masa. Por ejemplo, no entiendo cómo puede ganar Emmys esa cosa llamada "The Office", es realmente patética. Por supuesto, entre toda esa maraña audiovisual, hay productos rescatables que han sido ya mencionados.
Respecto al personaje de Baker, pregunto, ¿hubiera dicho lo mismo el personaje de Baker si el libro hubiera sido escrito en la época de "Cheers" y "Taxi"? Sí, puesto que su reflexión no se limita solamente a "Friends", sino que se refiere a un estándar lineal de humor pueril, llevado a cabo en nuestra época por cosas como "Friends", aunque haya terminado hace seis años. ¿Y por qué lo hace? A juzgar por las reseñas, lo hace para burlarse de la poesía como él la conoce, ya que al parecer, según The Guardian, el personaje es una parodia de los que debería ser un antologador. No hay que hacerse, pues, problemas por eso. (A propósito, estoy viendo que a The National no le gustó nadita el libro)

daniel.nakasone dijo...

Otra cosa hubiera sido si la comparara con Batlestar Galactica 2004, la mejor serie para Tv que yo haya visto...

Anónimo dijo...

¿Qué significa exactamente “Uplifting to the Human Spirit?” ¿Cuál es el efecto de “Friends” sobre Keats? El personaje parece sugerir que una lectura de Tolstoi o Keats—de “literatura de verdad”—provee lo mismo al lector que un sitcom. Me parece que el esnobismo populista incluye el argumento que la cultura popular puede—con su alcance, rapidez, e inacabable arsenal de episodios—producir el efecto deseado de la literatura a una escala mayor que la de ella. Es decir, es arte no consumida exclusivamente por elites. ¿Pero pueden los sitcoms reemplazar a las novelas en su relación con sus audiencias? Por ejemplo, recién he leído “Los Ríos Profundos” y para darme cuenta de la estructura social que el autor expone tengo que examinar las numerosas interacciones entre personajes de diversas razas y clases sociales detenidamente. ¿Las audiencias realizarán la misma tarea con el sitcom? Estamos yendo algo lejos. Programas Americanos que denuncien el racismo , el sexismo, y otros males no faltan—¿Pero quién no sabe que el racismo, el sexismo, y otros males son deplorables?

Esto me lleva a otro asunto: La reivindicación de la cultura popular es al parecer una reivindicación de la Cultura—por lo menos de su valor moral. No reivindica el puro entretenimiento, sino trata de empaquetar ese valor moral en medios de comunicación masiva. ¿Posible? En mi opinión sí. Albert Bandura pudo—mediante telenovelas y programas que proyectaban mensajes pro-sociales— catalizar cambios positivos en comunidades. Ahora, la idea del protagonista de Baker me gusta en que al elevar el status de guionistas a “artistas” quizás se crearía una nueva dicotomía entre “guionistas artistas” y “guionistas que desean dinero,” pero la televisión se enriquecerían estética y moralmente. Sin embargo, para que esta esperanza cobre realidad se necesita a una audiencia que consumirá productos masivos “marginales” o “experimentales”—productos que desafiarán sus expectativas e intelectos. ¿Querrán las televisoras ofrecer una oportunidad a tales productos?

Otro punto con el que no estoy de acuerdo: Parece sugerir que hoy en día uno lee Tolstoi simplemente para decir que es culto. Es decir, tenemos que sobrepasar todas esas dolorosas, tenues, horribles páginas de Gran Literatura para poder, legítimamente, modificar nuestro concepto de nosotros mismos. Y nada más. Y por qué hacerlo, después de todo, si el mismo contenido en paquete más digerible está disponible.

¿Y si eleváramos a los guionistas a “artistas” qué nos ofrecerán a cambio? “Well… they would…uplift your spirit, right?”

Pollo dijo...

Tranquilo Anónimo, no hagas hígado por gusto, diviértete!!

ya sabemos que tú eras de los que siempre sacabas 20 en el cole

Rorro Ybarra dijo...

Manifiesto

A los termocéfalos turiferarios excrementicios agarrapatados a la gran ubre masturbatoria del aparato pseudo intelectual que pretende solventar ideológicamente al establo literario de esta patria blanquirroja de blanco renegrido por la sangre vomitada y arrancada en las extirpaciones seculares por parte de interinos y permanentes cerdos alcahuetes de la muerte, a ellos:

Que el peruano de a pie no los halle bofes encima en pleno acto vergonzante que es para vuesas mercedes ya el solo ser sobre estas calles miccipateadas por el hambre y la miseria y la desvergüenza de politequeros y congresistas democidas y mononeuronales cuyos currículums lucen con gran derparpajo esperpenticio y misterhaydil el haber acuñado cobres entre las tumbas de los hermanos nonsocorridos y acallados insultadamente, pues de ser así...

Farrael In-nocente dijo...

Bien dicho, Rorro, este país corral de chanchos, gestado en el vientre de la madre pútrea por una bestia tricéfala excluyente y racista, necesita despertar del letargo de la chusma que aprende inglés y se cree cosmopolita. El Dominical, que llevo al baño bajo recomendación de mi proctólogo, es una burda trascripción de malentendidos neocoloniales que juzgan, desechan y clasifican el who's who de la literatura nacional desde el Haití de Miraflores. Estas observaciones caen como anillo al dedo del que reza mirándose el dedo sin tapar el sol con un dedo. La calidad no se perdona si ésta es rebelde...

Anónimo dijo...

¡Regresa, Rorschach!