17.11.05

Dormir con la ballena

Por deformación profesional, seguramente, había llegado a convencerme de que el lugar común según el cual la literatura debe ser entretenida, rápida, ágil, porque su objetivo mayor es hacernos disfrutar, era una creencia sólo verosímil para aquellos que no tienen con la literatura más compromiso que el de un lector eventual. Me ha sorprendido encontrar aquí y en otros blogs a estudiantes y profesores de literatura, e incluso a escritores, que creen a pie juntillas ese lugar común. Quiero hacer una observación al respecto, valiéndome de una de mis novelas favoritas, Moby Dick.

Pocos libros son tan paradigmáticos con relación a un género como lo es Moby Dick en relación con la novela de aventuras. Y pocos géneros se asocian tanto como éste con la idea de diversión.

En el libro de Melville están todos los materiales de la aventura: el horror, el honor, la venganza, la amenaza, la amistad, el odio, la traición, la incertidumbre, y todo tiene una misma forma: la forma del viaje, y el viaje posee un solo sentido: la persecusión, pero esa persecusión tiene mil metas (el horror, el honor, la venganza, etc, etc).

La aventura de Moby Dick es múltiple, y no pocas de sus líneas maestras tienen que ver más con una concepción metafórica de la aventura que con una idea literal de la aventura en tanto cadena de sucesos fascinantes. Es metafórica la idea de perseguir a una bestia que es una encarnación del horror sublime, del mal incomprensible y soberano. Es metafórica también la cacería en que un hombre busca matar a su némesis para con ello completar su propia individualidad mutilada. Es metafórico ese Ahab que persigue a Ahab. Es una metáfora del crecimiento el viaje de Ismael. Y es una metáfora del vacío desesperado esa ballena blanca (como blanco es el color de la angustia en las páginas finales del Frankenstein de Mary Shelley).

Moby Dick es, por supuesto, un libro en que congenian diversión y profundidad, pero, ciertamente, no es uno que deje demasiada sensación de gozo, no siempre es disfrutable. A veces es un libro que hace sufrir, y, a veces, un libro que nos muestra cierta forma de horror de modo tan crudo que es difícil leerlo.

Curiosamente, además, algunos de los capítulos más tediosos de la literatura americana están en esta paradigmática novela de aventuras. Secciones enteras de Moby Dick, decenas de páginas, se dedican a explicar la fisiología de la ballena, su lugar en el reino animal, su hábitat y su comportamiento, etc. Esos capítulos son tratados de biología marina, manuales de anatomía, lecciones sobre el lugar de los mamíferos acuáticos como fuente de insumos en la cadena productiva capitalista, etc. Y en muchísimas ocasiones están escritos sin concesiones, áridamente.

Con una genialidad que seguramente avalarían los defensores de la "literatura entretenida", cientos de libreros alrededor del mundo han mutilado esos capítulos, y han vendido millones de copias de un Moby Dick de cien o doscientas páginas, a veces menos, tirando las otras trescientas o cuatrocientas al tacho de basura. La lectura se hace así más rápida, claro (y sin embargo pierde el ritmo maravilloso del contraste entre la velocidad y la lentitud que sólo se puede percibir en el texto íntegro). El lector fácil, el lector despreocupado que busca una diversión pasajera, agradecerá esa mutilación.

Y jamás sabrá que esos capítulos son cruciales en un libro que intenta construir un paralelo entre la historia moral y la historia natural, que intenta decirnos que la ética tal vez tiene un orden, que la ciencia quizá sirva para comprender también la emoción y la pasión, que el espíritu humano, quizá, tiene un sistema. En esos capítulos aburridos, tediosos, lentos, secos, se concentra gran parte del sentido genial de Moby Dick: la creencia, muy de su tiempo, en que el mundo podía ser estudiado y descubierto y explicado racionalmente, y que esa inclinación debía tenerla uno en mente incluso cuando se enfrentaba con el horror blanco de una existencia tan trágica como en apariencia incomprensible.

Pero claro, mejor no leer esos capítulos y pasar un rato agradable (y no enterarse nunca de qué trataba el libro).

Imagen: ¿Dormida leyendo a Melville? (Fotomontaje: gfp).

44 comentarios:

Luis Hernán Castañeda dijo...

Bueno, Gustavo, si pasar un rato entretenido fuese el objetivo central (o por lo menos una condición necesaria) de la lectura, ni siquiera deberíamos leer el Quijote antes de rebajarle algunos cientos de páginas. En el caso del Perú, todos los ejemplares de La Casa de Cartón deberían ser incinerados (ya que en este libro no hay "aventura", es mejor que no exista). Y para generalizar, todo libro extenso, que no pueda ser leído de un tirón (condición al parecer necesaria para el lector eventual, que no está dispuesto a hacer un esfuerzo) estaría condenado a la hoguera.
En realidad, no creo que nadie esté en desacuerdo conmigo al rechazar estas estupideces. El problema es que a veces es difícil o penoso reconocer la estupidez en uno mismo; por otra parte, esta suele camuflarse muy bien, disfrazarse de argumentos falaces. Es posible y además frecuente que la estupidez permanezca oculta incluso para quien la defiende a ciegas, sin sospechar que está ahí.

Luis Hernán Castañeda dijo...

Tu post me parece acertado al explicar el pedido de diversión como una exigencia surgida de "medir con la misma vara" muchas novelas distintas: no todo relato tiene que ser un relato de aventuras. Y los relatos que no cumplen con los requisitos del relato de aventuras no son malos relatos de aventuras.

Mister X dijo...

Vargas LLosa ha dicho que el futuro de la literatura es entretener o desaparecer.

Y Thays, teniéndolo al frente, no le criticó, impugnó o mínimamente cuestionó esa majadería...

¿Será por eso que Blanca Varela le dijo que en esa entrevista se portó como un "adulón"?

ernesto dijo...

Bueno, vayamos por partes.
Creo que los que valoran los libros dependiendo de cuanto les divierte parten de un error. Está claro que se debe sustentar al menos un poquito para decir qué es, desde un particular punto de vista, lo bueno o lo malo de un libro, y no pontificar a partir de los bostezos que uno da. Pero al igual que les doy la razón a Gustavo y a Luis Hernán en esto, ustedes no me van a negar que si un libro no te divierte es una tontería leerlo. No me malinterpreten, no me crucifiquen aún. Me refiero a que si te vas a aburrir con el Quijote, Moby Dick, o lo que fuere, es una tontera que lo intentes. Claro que si tienes vocación por la literatura y te aburres con los clásicos pues... algo debe estar fallando.
Hace unos meses cayó en mis manos un libro que me deparó gran placer estético, a pesar de que no era literatura. Era "Teoría de la clase ociosa" de Veblen. Me pregunto ¿alguien que sólo le gusta la literatura light y los manuales de autoayuda hubiera descalificado esta lectura por lo densa? Bueno, eso no significa que el libro sea malo, sino que ese alguien aún no está preparado para su lectura.
Ernesto

Daniel Salas dijo...

Dice Ernesto:

"ustedes no me van a negar que si un libro no te divierte es una tontería leerlo"

No, pues, porque puede ocurrir que el libro no me divierta pero que, a la vez, me atraiga por otra razón.

ernesto dijo...

¿Estás seguro, Daniel, que si te atrae un libro "por otra razón" no te estás divirtiendo de otra forma? ¿Me puedes dar un ejemplo de lo que afirmas? Vamos, tal vez yo me equivoco.
Pero, más allá de una obligación laboral o profesional, me parece que es un desperdicio leer si no lo vas a disfrutar. Como decía en el anterior post, si te quieres cultivar y lees algo que, a pesar de ser un clásico, no logra emocionarte, posiblemente aún no estás preparado para ese libro. Mejor, te preparas bien para leer, por poner un ejemplo, el Quijote (por allí leí que era aburrido, supongo que será en una edición que no he leído), y tienes una experiencia mucho más placentera.
Esa es mi opinión. Corrígeme si me he enredado.
Ernesto

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Mientras Daniel descubre que hay aquí una pregunta para él, yo me adelanto a darte una respuesta. Tengo días leyendo y releyendo pasajes del Informe Final de la CVR. No me divierte, obviamente, no me atrae en ningún sentido que no sea mi creencia de que tengo la responsabilidad de leerlo. No responsabilidad profesional, porque mi investigación actual se refiere más bien al siglo diecinueve, sino responsabilidad como ciudadano peruano. Está claro que si siguiera únicamente mi deseo, y buscara únicamente mi placer, preferiría no leerlo.

Daniel Salas dijo...

Hay un librazo que es imposible de leer si buscas diversión: "Los Sertones" de Euclides Dacunha, una de las mejores lecturas que he hecho en los últimos años, y hay una película que te pone a dormir si no te interesa comprender radicalmente el papel arte: "El sol del membrillo" de Víctor Erice.

Se trata de una aventura intelectual que puede atraer por lo fascinante o por lo comprometedora, por su capacidad de decir y de iluminar la comprensión de las cosas. Para leer de esta manera, se requiere de cierto ascetismo. De hecho, creo que esa es una de las ideas centrales del filme de Erice: el goce del arte es una forma de ascesis, de limpieza y recuperación del sentido. Pero no es diversión, sino, por el contrario, una entrega completa hacia el objeto. En un ensayo sobre esta película yo hablaba de un proceso de alienación del artista hacia el objeto. La introducción completa en la experiencia artística termina implicando una disolución del sujeto en el objeto o, si se quiere, del lector en el libro. Hay obras que me han producido esta sensación: los cuentos de Borges, los poemas de Eliot, las novelas de Conrad, las películas de los hermanos Coen o de Lynch y, por supuesto, el Quijote.

El cuento Silvio en el Rosedal se cierra con una ejecución de violín que solamente Silvio puede escuchar. Llega a ser sublime porque no es un acto divertido, sino de contemplación de lo absoluto.

ernesto dijo...

Gustavo, voy a ser contreras. El informe de la CVR lo estás leyendo por una responsabilidad como ciudadano. O sea, por una obligación moral o del tipo que quieras.
Claro que lo que afirmo -leer lo que a uno lo divierte- es un poco exagerado. Hay libros que quizás uno debe leer aunque no le diviertan. Por cultura general, o qué sé yo. Pero permíteme dudar de que un texto pueda deparara placer estético y no divertir.

ernesto dijo...

Daniel
¿y todas esas aventuras intelectuales no te produjeron no te produjeron placer? ¿Te aburriste teniéndolas? Por lo apasionado que eres al describirlas me parece que no.
Ernesto

Gustavo Faverón Patriau dijo...

He puesto miles de veces los mismos ejemplos: los libros de Primo Levi, los libros de Imre Kertesz. Pero hay muchísimos más. Me da la impresión de que no hubieras leído el post que estamos comentando: digo claramente que varios capítulos de Moby Dick (una de mis novelas favoritas) son áridos, lentos, laboriosos y ciertamente de lo más aburrido que he leído en mi vida.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Aca la gente quiere creer una falsa dicotomia.Para mi la literatura no tiene necesariamente que entretener,pero tampoco me interesa la literatura que en aras de la autonomia del arte y la experimentación matan el placer de leer estilo las novelas de la Nouveau Roman.
La casa de Carton a mi me parecio una obra que me proporciono mucho placer leerla.Soy fanatico de Adan.Aqui nadie esta diciendo que se debe abdicar la calidad de la obra literaria en aras de la fluidez y el entretenimiento.Pero hay que reconocer que determinadas obras son un bostezo a pesar de las interesantes planteamientos o tecnicas que obstentan,estilo la novela Cambio de Piel de Carlos Fuentes.
Por eso la definición de Kant sobre la poesía que la puedo aplicar a la literatura que es:
"Imagen,ritmo y concreción",me fascina.

ernesto dijo...

Gustavo
Sí he leído tu post. Que te lleve la contra no significa que no lo haya hecho. Pero, corrígeme si te entiendo mal, si se le quita a Moby Dick los capítulos áridos, se pierden en el camino bastantes significados que hacen más rica una lectura de Moby Dick. Por ende, es menor el placer intelectual que te pueda reportar la novela de Melville. Reconozco, eso sí, que hay casos en que se debe leer un libro por otros motivos.
Pero cambiando de tema, es verdad que algunos libreros son bien abusivos al editar libros. La primera versión de Moby Dick que leí había suprimido el pasaje que sucede en Lima.
Ernesto

Magda dijo...

Yo creo que según como se tome "divertir", en lo personal la literatura me divierte, y mucho. Claro está que no como divierte un payaso en una fiesta, sino divierte en el sentido de que recrea. Pero estoy de acuerdo contigo de que si el "divertir" es visto como "lugar comun", es una tontería mayor.
El arte, en mi opinión, y dentro de él la literatura, hace visible, desvela, y todo ello muchas veces no divierte, sino plantea, cuestiona, muestra...

Lo que si me es divertidísimo es la teoría literaria, maravillosa diversión.

Muchos saludos

Miguel Rodríguez Mondoñedo dijo...

Con toda franqueza, no comprendo qué es lo que la gente está discutiendo aquí. Si entiendo bien, la idea del post no es establecer un criterio para saber qué libros debe uno leer o no. Creo que Gustavo quiere establecer que el "entretenimiento" (en cualquiera de sus interpretaciones) no es ni remotamente un aspecto constitutivo de la literatura, es decir, que uno se puede aburrir con excelente literatura.

Por supuesto que uno puede elegir no leer los libros que le aburren (o que tienen muchas páginas, o que tratan de ballenas o que están escritos por pelirrojos...), pero no puede decir que eso decide qué textos son buena literatura y qué textos no lo son. Es esta última pretensión la que está siendo rechazada y con toda razón.

Y me parece también que el origen de esa pretensión es que la gente quiere ser un lector light, pero al mismo tiempo seguir llamándose un lector de buena literatura. Eso es como correr cien metros y pretender que eso sea una maratón.

Y debo protestar por la manipulación de la frase de Vargas Llosa. Esto es lo que el maestro dijo:

"Mi impresión es que si la literatura se empeña en competir de igual a igual con los productos audiovisuales que efectivamente están destinados a entretener, halagar, a no dejar huella, está condenada a desaparecer"

Es decir, la literatura, para sobrevivir como literatura, NO PUEDE proponerse entretener. Eso es exactamente lo que Gustavo está diciendo, si entiendo correctamente.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Por supuesto, lo que estoy diciendo (pienso que con claridad, pese a que los sentidos de la discusión parezcan desmentirme) es lo que mismo que dices tú, Miguel. Era obvio, también, que la cita de Vargas Llosa tenía que haber sido radicalmente torcida. Lo curioso es que la hayan torcido tanto que la hicieran decir lo opuesto a su significado original. Uno se pregunta si es mala voluntad o incapacidad de comprensión.

Ivan Thays dijo...

En LA VERDAD DE LAS MENTIRAS Vargas Llosa se preguntó, en el prólogo dedicado a un libro de Steinbeck: "¿por qué algunas novelas malas son tan divertidas, y algunas novelas buenas aburridas?" Si no me equivoco, puso de ejemplo de autores novelas buenas pero aburridas a Broch y a Lezama Lima. Y de divertidas pero malas "Al este del paraíso" de Steinbeck.

Supongo que un admirador de MADAME BOVARY como VLL estará más que de acuerdo en este tema con Gustavo.

Con eso espero complementar lo que aclara Miguel Rodríguez. Un nuevo ejemplo de cómo en estos comentarios algunos manipulan frases a falta de argumentos. ¿Es esa la fatalidad de todas las discusiones literarias, artisticas, culturales, políticas y sociales en el Perú?

En cuanto al insulto gratuito, no me sorprende: cada vez que hablo bien de un escritor joven (en este caso, mi post a Luis Hernán) empieza una ola de insultos. Es increíble pero cierto, casi un estímulo/ respuesta.

Lástima por aquellos que piensan que cuando se alaba a alguien, en realidad se está insultando a otro (y ese "otro" siempre es un paranoico en el que nadie, más que el propio sujeto, ha pensado)

IVAN

Daniel Salas dijo...

Es verdad. En el Perú, si hablas bien de alguien eres sospechoso. Y si hablas mal de alguien también eres sospechoso. En mi caso, me han considerado sospechoso por no haber publicado un libro de poemas. Supongo que si lo hubiera publicado, también sería sospechoso. Ahora que publico un blog, también soy sospechoso. Si no lo publicara, supongo que también sería sospechoso. No hay salida.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

A decir verdad, yo siempre he sospechado de ustedes dos, sobre todo ahora que están sospechosamente de acuerdo.

Daniel Flores Bueno dijo...

Creo que es más fácil atacar el entretenimiento que defenderlo.

Voy a intentar explicar mi punto de vista y evitar ser aburrido.

No creo que la literatura se defina como buena o mala por criterios que pasan por calificarla de entretenida o aburrida. O lo digo al revés. No creo que una novela sea valiosa por lo aburrida que puede ser.

Para mi el entretenimiento depende del lector. Hay lectores que pueden llegar casi al éxtasis con una novela como la de Euclides De Cunha o el Ulises de Joyce. No lo dudo. Lo que sostengo es que un buen editor puede ayudar a mejorar un texto, a redondearlo o como dice Leo Zelada citando a Kant: “darle imagen, ritmo y concreción”. Como lector siempre agradezco esto.

Hay autores más difíciles que otros. Sin lugar a dudas. Su valor para los lectores depende de muchos factores, que es imposible explicar en tan pocas líneas. Pero
todos ellos tiene algo en común. Sus textos tienen vida, respiran y finalmente seducen a través de múltiples mañas. En el caso de Moby Dick sin duda alguna lo que nos atrae es la alegoría que hay detrás de la historia y la aventura por su puesto.

Para mi el entretenimiento es eso (imagen, ritmo y concreción). A lo que agregaría sinceridad del autor para contar una historia y capacidad para dotar al relato de múltiples niveles de lectura, ¿Será por eso que Moby Dick ha sobrevivido al tiempo? ¿Será por eso que ha sido llevada al cine tantas veces?

Nadie en su sano juicio defiende al entretenimiento (entendido como chismografía o banalidad pura) como quitaescencia de la literatura. Como nadie en su sano juicio debería defender el aburrimiento por lo mismo.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Pero estás abalanzándote contra molinos de viento, pues, Daniel Flores: no he escuchado en toda mi vida a nadie que se haya atrevido a "defender el aburrimiento" como rasgo positivo, mucho menos como rasgo definitorio de la buena literatura.

Sí hay gente que defiende lo contrario, y eso, lo contrario (aunque esté claro que con divertido no quieras decir "light"), es tan absurdo como esto.

(El libro de Euclides Da Cunha no es una novela).

Daniel Flores Bueno dijo...

Te cito:"En esos capítulos aburridos, tediosos, lentos, secos, se concentra gran parte del sentido genial de Moby Dick".

Gracias por la aclaración de Los Sertones.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¿Pero acaso es tan difícil entender esa frase, Daniel? Sí, esos capítulos tienen una gran carga semántica y una gran importancia estructural en la novela. ¿Acaso eso quiere decir que una novela tenga que ser aburrida para ser buena? Ni siquiera puedo imaginarme cómo estás llegando a esa conclusión.

Mira:

Yo digo que X, un futbolista pelirrojo, es sumamente rápido, y que el hecho de que sea pelirrojo no le impide jugar bien.

¿Según tú yo estaría afirmando que todos los futbolistas pelirrojos son rápidos y que hay que ser pelirrojo para ser bueno?

Obviamente no. ¿Entonces de dónde sacas que decir que hay una novela morosa y lenta que es genial equivale a decir que para ser genial una novela tiene que ser morosa y lenta?

Daniel Flores Bueno dijo...

Tu post lo entiendo como una crítica al lugar común de pedir entretenimiento a la literatura.

Sólo participé en los comentarios a tu artículo para aclarar que el entretenimiento en la literatura, no sólo era un lugar común de lectores perezosos. Sino que era el resultado del trabajo del autor con el editor por dotar de imagen, ritmo y concreción a un relato. A lo que agregue sinceridad del autor para contar una historia y capacidad para dotar al relato de múltiples niveles de lectura. Si eso significa quitarle páginas a Moby Dick no lo sé. Suena a sacrilegio. Depende también de los editores. Me pregunto si Mellville editado por dos buenos editores que trabajen por separado daría como resultado final el libro que hoy conocemos.

Anónimo dijo...

"Imagen, ritmo y concreción". En la música se entiende de manera más evidente: ¿se imaginan pedir que todos los discos tengan buen ritmo o siquiera un ritmo definido?

Nos perderíamos de tanta música y de tantas canciones "mal hechas" o poco bailables.

Pregunta al viento: ¿puede Moby Dick -siguiendo el ejemplo del post- haber sido una novela entretenida en su tiempo? No la he leído. Pero imagino que el concepto de diversión solía ser distinto. Y, sobre todo, solía ser menos urgente.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Moby Dick ES una novela muy entretenida ahora también. No me malentiendas: en la alternancia de los narrativos y los capítulos informativos, se crea, precisamente, un ritmo narrativo, hecho de tensiones y distensiones, que es en sí mismo un estímulo. Si un lector no puede mantenerse en la lectura durante los capítulo lentos, pues simplemente sale rechazado del libro y se lo pierde.

Pero, por otro lado, es interesante tu pregunra en otro aspecto: hay géneros que entrenan a sus lectores; después de 100 películas de terror, de asimilar las convenciones y saber los tics, uno no se asusta tan fácil, y los cineastan tienen que buscar nuevas formas; lo mismo con los policiales (una intriga de Conan Doyle es siempre disfrutable, ingeniosa, bien narrada, pero difícilmente tan sorprendente para un lector ducho como pueda serlo, por ejemplo, "Los sospechosos comunes"). Lo mismo debe pasar con el género de aventuras, que exigirá, como dicen, "más adrenalina".

Nada de eso es una restricción: finalmente sabemos que los artistas más geniales son los que superan las barreras genéricas e inauguran nuevas tradiciones.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Mister Gustavo este parrafo suyo puede entenderse como una apologia del aburrmiento y por ende como un stardar de calidad literaria:

"En esos capítulos aburridos, tediosos, lentos, secos, se concentra gran parte del sentido genial de Moby Dick: la creencia, muy de su tiempo, en que el mundo podía ser estudiado y descubierto y explicado racionalmente, y que esa inclinación debía tenerla uno en mente incluso cuando se enfrentaba con el horror blanco de una existencia tan trágica como en apariencia incomprensible.

Pero claro, mejor no leer esos capítulos y pasar un rato agradable (y no enterarse nunca de qué trataba el libro)"

Luego mas adelante acepta que esta novela tiene muchos pasajes "aburridos y lentos",entonces es normal que uno se confunda en el bosque conceptual de sus palabras.

En cuanto a las novelas de Broch y a Lezama Lima es obvio que son aburridas,mas tienen indudable calidad literaria.

A mi El Quijote me parece la novela mas divertida y profunda de la literatura universal.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Mr. Zelada: usted es la única persona en este ancho universo a la que ese parrafillo le puede parecer un "bosque conceptual". Déjese de tonterías, y aporte algo, y recuerde que para ser irónico hay que tener ingenio. Y de paso aprovecho para pedirle que corrija un poco su sintaxis y su ortografía antes de enviar sus mensajes, no por esnobismo, sino porque a veces son francamente ilegibles y suelen ridiculizar involuntariamente su tan cacareada (pero secreta) inteligencia.

Anónimo dijo...

Por fin alguien se le dice a Zelada que mejore su ortografia y la sintaxis de sus oraciones porque realmente son asquerosas.. no encuentro otra palabra. A quien se le ocurre escribir "pretencion" asi? Solamente al señor Selada.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Escribo rapido mis mensajes en este blog,no puedo desperdiciar mi tiempo como otros aqui.

Gustavo apartir de ahora sin agregar ningun adjetivo voy a señalar los errores y contradicciones que hay en sus mensajes.

El error de ortografia es por falta de tiempo,pero la contradiccion en las ideas si es un grave problema de fondo.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

¿Cuántos años tienes que pensar para poner una tilde?

Anónimo dijo...

Pero si usted anda tan ocupado, don Selada, mejor no escriba y use su tiempo en cosas que le parezcan más importantes. Así, nos ahorra el disgusto de toparnos con sus mensajes en tan buen blog como el de Gustavo. Tomelo en cuenta, Selada.

Javier Munguía dijo...

... A veces, algunos grandes creadores que sucumbieron a esta tentación de escribir un "libro sobre nada", que fuera sólo estilo, forma pura, han producido esas obras maestras casi ilegibles -como Finnegan's Wake o Paradiso-, en las que, en efecto, la materia verbal ha sido artísticamente depurada hasta el extremo de que las palabras existen en ellos para no decir nada fuera de ellas, sólo para exhibirse a sí mismas en su originalidad, en su música, en su elegancia y en su color, desasidas de "un tema" -unos personajes, unas tramas, unas anécdotas, un discurrir- que ha quedado enterrado bajo la abrumadora belleza de la expresión. Esos libros que son lenguaje puro hecho arte han revolucionado a veces el arte de contar, pero, paradójicamente, NO SON ELLOS MISMOS BUENOS EJEMPLOS DEL ARTE DE CONTAR, PORQUE EN LAS HISTORIAS LOGRADAS LA FORMA ES MÁS EFICAZ Y MEJOR MIENTRAS MÁS INVISIBLE ES Y, GRACIAS A ELLO, RESULTAN MÁS ATRACTIVAS Y PERSUASIVAS LAS OCURRENCIAS EN UNA HISTORIA. Hasta ahora, en su milenaria tradición, el lenguaje no ha sido todavía un personaje interesante, ni el orden narrativo un protagonista cuyas andanzas emocionen al lector.

Mario Vargas Llosa, "Contar historias".

(las mayúsculas son mías)

Javier Munguía dijo...

...Al este del Edén. Leyéndola, el entretenido lector siente que, con todos sus defectos, esta historia está amasada con el barro magnífico de las más antiguas, las más indestructibles historias.

Mario Vargas Llosa, "Elogio de la mala novela" en La verdad de las mentiras.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Estimado Javier, no entiendo cuál es la relación entre esas dos citas de MVLL y el tema en discusión.

En la primera cita, VLL se refiere a cómo el afán metalingüístico y autorreferencial de cierta literatura puede convertirla en una lectura frustrante para quien espera, sobre todo, historias. Eso es cierto. Y todo el mundo sabe, por si acaso, que lo que se dice de Finnegan´s Wake no tiene ningún sentido decirlo acerca de Ulysses, un proyecto esencialmente distinto (esa diferencia, por cierto, la explica muy bien Wilson en el ensayo que citaste erradamente hace unos días).

En la segunda cita, VLL habla de cómo una novela estilísticamente mala, y monótonamente argumentada puede ser entretenida y cumplir las expectativas básicas de un lector, hasta hacerse paradójicamente buena. Eso es indudable, pero no tendrías que haber ido hasta el libro de VLL para encontrar una cita en apoyo de esa idea (ni de la otra): podrías haber buscado en este blog cosas que yo mismo he escrito, por ejemplo:

"No es cuestión de tener buen ritmo, ni cuestión de escribir bien, la literatura no es cosa de tener buen oficio con las palabras, es cuestión de las ideas detrás de las palabras. O, para ser más preciso, es construcción de sentidos mediante el lenguaje, no es un puro derroche de lenguaje. Cualquiera puede escribir bien, pero no por eso es un escritor de valor".

Otra cita, también mía y de este blog:

"Es larga la lista de esos escritores que escriben mal, incorrecta y descuidadamente, y son, sin embargo, sumamente interesantes cuando no simplemente estupendos. Roberto Arlt, Mario Levrero, Juan Emar, Felisberto Hernández, en el Cono Sur; José María Arguedas o Miguel Gutiérrez, entre nosotros; etc.

Un maestro reconocido, a quien lectores de su idioma natal suelen considerar imperfecto y falto de pericia lingüística es ni más ni menos que Dostoievski. Eso para no recordar que a Cervantes se le tachó de lo mismo por mucho tiempo, y no sin razón, si uno piensa en las cumbres estilísticas de sus contemporáneos.

Un caso distinto pero cercano: a raíz de su último disco, Chaos and Creation in the Backyard, Paul McCartney cuenta en una entrevista que por mucho tiempo se dedicó a detectar y seguir la pista de las guitarras que más rápidamente se desafinaban; normalmente, eran guitarras de gran precisión, construidas para ejecutar con ellas exclusivamente pequeñas piezas clásicas cuyos movimientos no excedieran los dos minutos. McCartney usa esas guitarras en canciones que duran cuatro o cinco minutos, con la intención explícita de que los instrumentos se desafinen durante la canción, y le otorguen al sonido cierta suciedad, cieto aire de cansancio, cierta sensación de falibilidad que no es posible obtener con instrumentos demasiado bien afinados... En efecto, tocar bien, como escribir bien, no siempre es lo que quiere un artista".

En fin, hay muchas más, pero no puedo buscarlas ahora. Repito que no comprendo en qué se relacionan esas cosas con la discusión. VLL, sabes bien, es un gran admirador de Joyce y de Proust, este último el epítome del narrador "aburrido".

Pero, sobre todo, sabes que la palabra de VLL no es palabra divina, de modo que siempre es más interesante que elabores tu idea en lugar de poner una cita de él sin mayor explicación y fuera de contexto.

Javier Munguía dijo...

Dice Iván:

"En LA VERDAD DE LAS MENTIRAS Vargas Llosa se preguntó, en el prólogo dedicado a un libro de Steinbeck: "¿por qué algunas novelas malas son tan divertidas, y algunas novelas buenas aburridas?" Si no me equivoco, puso de ejemplo de autores novelas buenas pero aburridas a Broch y a Lezama Lima. Y de divertidas pero malas "Al este del paraíso" de Steinbeck."

Las dos citas de Vargas Llosa, traídas a cuento a raíz de este comentario -quizá debí especificar-, pretendían poner de manifiesto que Vargas Llosa -o, para mí, "Mario"- no dice simplemente que Al este del Edén es una mala novela entretenida y Paradiso es una buena novela aburrida. Le reconoce a la novela de Steinbeck, a pesar de su hechura, que él considera defectuosa, que está hecha "con el barro magnífico (...) de las más indestructibles historias". En cuanto a Paradiso, no dice que es una buena novela, sino que, a pesar de haber revolucionado la narrativa, al igual que el Ulises, no es ella misma un buen ejemplo del arte de narrar -ni tampoco el Ulises. Siento que ambas frases -sobre todo la primera, la cual da luz sobre la segunda- cuentan con el contexto suficiente para ser entendidas.
Creí pertinente la aclaración.
La admiración de Mario por novelistas como Proust, Joyce, y, del lado latinoamericano, Cortázar y Lezama Lima, creo que tiene sus reservas. El texto de donde extraje la primera cita es el prólogo al primer tomo de sus obras completas en Círculo de lectores. Permíteme citar un fragmento más para revisar cómo ha cambiado la perspectiva de Mario con el paso del tiempo respecto de los experimentos literarios del siglo XX: "Nunca antes y nunca después de La casa verde he estado tan cerca de sucumbir a la tentación formalista, en la que frustraron su talento algunos escritores de mi generación, que pasaron de despreciar olímpicamente las preocupaciones formales -creyendo que una buena historia dependía sobre todo de unos buenos personajesy unas buenas anécdotas- a idolatrarlas al extrema de olvidar que la primera e ineludible obligación de un contador es contar historias y no exhibir los secretos del arte de contar."
Por supuesto: la palabra de Mario no es divina. Sin embargo, creo que su criterio es distinto del que le habían atribuido.
En cuanto a que cité erradamente el ensayo de Wilson, te pido me des la oportunidad de revisar tanto el prólogo de Valverde a su traducción de Ulises -donde tengo la seguridad de que el autor atribuye las palabras que he consignado a Wilson- como el libro de Wilson, en el cual quiero cotejar si efectivamente el norteamericano dijo, con puntos y comas, lo atribuido por Valverde. Si fui presa de la confusión no dudaré en retractarme.
Un saludo.
Javier Munguía

Gustavo Faverón Patriau dijo...

De nuevo te confundes, Javier: la afirmación de VLL es sobre el Finnegan´s Wake, no sobre el Ulysses. Esos dos libros apenas si comparten un mismo autor; sus poéticas son diametralmente opuestas.

Javier Munguía dijo...

Sé que en el texto que cito se refiere Mario al Finnegan`s Wake -por cierto,para que no pienses que hablo de lo que no he leído: he leído el Ulises y he intentado leer, sin éxito,el Finnegan`s-. Sin embargo, si le reprocha a Paradiso que en ella las palabras se exhiben a sí mismas "en su originalidad, en su música, en su elegancia y en su color", ¿no es un reproche justo también para el Ulises?
No me parece que las dos novelas de Joyce tengan poéticas "diametralmente opuestas", sino que en Finnegan`s Wake Joyce lleva al paroxismo sus excesos formales.
Excesos que, tú mismo has mencionado, ha señalado Wilson.
Javier Munguía

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Lo que Wilson ha señalado, precisamente son las diferencias entre un libro y otro, aún a pesar de que temáticamente el segundo haya sido postulado por Joyce, en un principio, como complemento del promero.

Ulysses es un libro hiperrealista, que desmenuza el objeto representado hasta sus partes mínimas, lo que lo hace lucir, paradójicamente, abstracto; Finnegan´s Wake es una narración metalingüística, centrada en el lenguaje. Esos son dos proyecos muy distintos.

Por otra parte, creo que la observación de VLL sobre Paradiso, si implica alguna descalificación, es profundamente arbitraria. Exactamente lo mismo se podría decir de todo el barroco culterano, con lo cual desaparecerías a Góngora. Una vez más, es un juicio ciego: implica lo que Luis Hernán dijo desde un principio que es un error: descalificar a un libro de un género (la novela barroca de Lezama) según los parámetros de otro (la novela a lo Victor Hugo que VLL viene defendiendo desde hace unos quince años).

Yo no tengo ninguna duda de que VLL sea un narardor genial, pero debes tener siempre en mente que por algo lo llaman "el último gran novelista del siglo diecinueve".

Javier Munguía dijo...

Mario toma postura específicamente respecto de la narrativa, en la cual cree que las anécdotas, las tramas, los personajes, deben tener importancia central, y no la pura exhibición de bellas palabras. ¿Que la declaración es arbitraria? Tanto como lo podría ser la de cualquier lector o crítico: siempre tenemos una idea sobre lo que lo debe o no debe ser la narrativa, lo poesía, el teatro, etc.,unos requerimientos implícitos en nuestras opiniones. Es parte de nuestro criterio, y dejarlo bien sentado, para entendernos mejor, me parece un mérito.
PD. Estoy leyendo Moby Dick, azuzado por tu nota.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

No me entiendes: lo arbitraro no es el "gusto" de VLL, lo arbitrario es pedirle a un libro de un género que cumpla las expectativas de otro género (y, por favor, date cuenta de que los "géneros" no son simplemente los que sigues mencionando: "narrativa", "poesía", "teatro").

Con el mismo criterio, que no tiene sentido, yo podría volverme un rousseauniano, o un voltairófilo, leer "Pantaleón y las visitadoras" y declarar que esa novela es pésima porque no cumple con las expectativas de lo que debe ser un relato efectivo (sólo que, en mi mente, un relato efectivo sería el que cumpla con las expectativas de la novela filosófica).

Eso es una arbitrariedad metodológica, un despropósito crítico, que nadie puede justificar, y menos aún con el argumento de que los gustos son arbitrarios, pues ese argumento lo único que hace es desconocer radicalmente toda la larga tradición y el saber acumulado de la teoría y la crítica literaria, y hacer relativos TODOS los juicios estéticos.

Por otra parte, a mí observación sobre Góngora y los culteranos (y puedo añadir a los manieristas y al neobarroco latinoamericano, y a lo que llaman juguetonamente el "neobarroso"), respondes que lo de VLL se refiere a la narrativa y no a otros géneros. Déjeame preguntarte: ¿qué género literario puede ser "pura exhibición de bellas palabras? Hay una gran diferencia entre decir que "Finnegan´s Wake", o "Paradiso", o "Las soledades", o "De donde son los cantantes", son altamente metalingüísticas, y decir que son "pura exhibición de bellas palabras". Eso último sólo implicaría no haber comprendido esos libros.

Javier Munguía dijo...

No se trata de gustos arbitrarios, sino del criterio de cada lector, de cada crítico, para juzgar una novela, por ejemplo. Tú mismo debes tener el tuyo. De lo contrario, yo podría transcribir, por ejemplo, una lista de nombres en una novela sin pretender que el dato sea significativo; ante tu reparo, podría responderte: estás juzgando mi novela con reglas que no son las suyas. Lo cual, por supuesto, sería absurdo.
Los juicios literarios, aun los más autorizados, SÍ SON RELATIVOS. De otro modo, no se entiende cómo una novela emblemática de la literatura hispanoamericana, Cien años de soledad, a Cabrera Infante, novelista apreciado de estos lares, le parezca pésima, declare que llegó hasta la página 20 "porque le recordó a una telenovela". Se podrá aducir que en su juicio inciden otras razones, no precisamente literarias, cierto; sin embargo, creo que es un ejemplo que sirve.
Recuerdo la declaración de un crítico cuyo nombre no recuerdo respecto de Paradiso y del juicio de uno de sus colegas: "El ve y ama lo mismo que yo veo y odio".
No se puede llegar a concensos totales; lo que sí se puede es explicar bien el o los criterios con que juzgamos la literatura, con lo cual, creo yo, nos podremos entender mejor.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Discúlpame, Javier, pero lo que llamas "criterio" en poco se distingue de lo que otros llaman "gusto". Habitualmente, la gente llama "criterio" a una formalización arbitraria de su gusto, y ambas cosas son dejadas en el limbo, como si fueran, en el fondo, tan subjetivas que nadie tuviera derecho a criticarlas.

Javier Munguía dijo...

Te invito a revisar una nota donde se citan fragmentos del discurso que Mario Vargas Llosa dio recientemente, al recibir el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Antónoma de San Luis Potosí:

http://www.universia.edu.pe/portada/actualidad/noticia_actualidad.jsp?noticia=48981