11.10.07

El escritor caníbal

Escritor amateur mexicano era asesino en serie y antropófago

En Guerrero, en el Distrito Federal, la policía allanó el día 8 la casa de un hombre llamado José Luis Calva Zepeda, y encontró, desperdigados en platos, almacenados en cajas sobre un mostrador, dispuestos en bolsas en el refrigerador, cociéndose en olllas sobre la cocina, los restos mutilados de una mujer.

Los investigadores han hallado también, en ese lugar, en los días siguientes, copias de vídeos snuff en los que participa el dueño de casa, y guiones, poemas, cuentos y novelas escritos por él, más de uno con el canibalismo como asunto central. Aparentemente, cuando cayó, el hombre trabajaba en una novela titulada
Instintos caníbales o 12 días.

En los interrogatorios posteriores a su captura,
Calva Zepeda parece no haber dicho mucho sobre los textos que escribe, pero sí sobre sus ídolos culturales; sobre todo dos, que parece percibir como uno solo: el actor Anthony Hopkins y el personaje Hannibal Lecter, Hannibal the Cannibal, que Hopkins interpretó en dos películas basadas en novelas de Thomas Harris.

La policía cree que
Calva Zepeda podría ser responsable de otros tres casos de descuartizamiento ocurridos en México en las semanas y los meses precedentes, y supone que en los mismos podrían haberse dado, también, cuadros de antropofagia.

Hace meses escribí sobre el caso de Natascha
Kampusch, la joven austriaca que pasó una década secuestrada (desde que tenía apenas nueve años) por un hombre que, aparentemente, había inspirado su delito en una novela, The Collector, de John Fowles, donde se cuenta una historia similar.

Meses atrás nos encontramos también con otro caso de proximidad entre literatura y crimen: el de Cho Seung-hui, el asesino en masa de Virginia Tech, las perturbadoras obras teatrales que había escrito en los meses anteriores a su crimen y las posibles fuentes ficcionales de su delirio.

Del mismo modo, por último, hablé aquí tiempo atrás sobre Al pie de la letra, ese texto de
Julio Ramón Ribeyro, extrañamente liminar entre la ficción, el ensayo y la crónica, donde el autor convierte un caso criminal (el de un antropófago japonés en París) en ocasión para reflexionar sobre la frontera entre lo literal y lo metafórico y, tangencial e irónicamente, sobre los riesgos de una lectura desavisada.

El personaje de Al pie de la letra, a quien
Ribeyro llama Akito Kamura, pero que en la vida real se llama Issei Sagawa, es, en cierta forma, la cifra de un lector desnaturalizado, incapaz de entender un texto (una metáfora: la que compara "amor y manducación") en su sentido preciso, que es, dice Ribeyro, la sublimación y la ritualización de un deseo carnal domesticado mediante el lenguaje: decimos que queremos comernos a alguien y ya no necesitamos hacerlo: el lenguaje como conjuro.

Issei Sagawa era un estudiante de Literatura Inglesa, especializada en las vanguardias; Akito Kamura, su versión ribeyriana, era un estudiante de Literatura Comparada especializado en poesía renacentista.

El cambio que Ribeyro ejecuta no es inopinado ni azaroso: al moverlo de las letras contemporáneas a las renacentistas, Ribeyro convierte al personaje en un experto en literatura tópica, antes de confrontarlo con la metáfora del amor como consumisión y antropofagia: Kamura es, así, un lector profesional, un crítico en ciernes, enfrentado a la materia que mejor debería manejar: es un especialista inútil, un fracaso.

Nadie ha escrito literatura sobre
José Luis Calva Zepeda, así que no tengo un texto que contraponer al de Ribeyro. Y, sin embargo, creo que es posible la comparación: Calva parece el ejemplo extremo del escritor que cree a su propia obra incapaz de servir como marco final de sus instintos más feroces y, por tanto, aún necesita actualizarlos en la realidad, acto con el cual convierte a su obra en superflua, en insignificante.

Es que hay un punto, cuando la literatura se convierte en filtro, depósito, espacio ritual o lugar de proyección de lo peor, lo más visceral, lo más violento de un autor, en el que, desde cualquier punto de vista ético, es mejor vivir con la idea de que el autor y los personajes de su ficción no comparten los mismos placeres: esperamos que
Horacio Quiroga no sea un degollador, que Thomas Harris no sea un caníbal, que Quentin Tarantino no sea un sicario sicopático, que David Lynch no se regocije en el terror de todas las criaturas de la realidad.

Hay una razón para eso: las obras de estos artistas contienen --en contra de lo que muchos parecen pensar-- un enjuiciamiento de la violencia, y el primer gesto de ese enjuiciamiento está, precisamente, en el desborde de crueldad que caracteriza sus historias, y en su afán de hacerlas enteramente distintas del mundo real, para que puedan funcionar, en la distancia, como espejos torcidos de ese mundo, como sus imágenes desoladas, aterradas o deformes.

En la clave del realismo, en la clave del naturalismo, pero también en la clave del malditismo decimonónico, o en esa versión suya debil y poco interesante que es la literatura a lo Bukowski, para escribir muy bien sobre algo, hay que estar dentro del mundo retratado, ser parte de él, integrarse con él. En la literatura del mal, la del mal desbordado, la del mal asesino, el gesto autorial más propicio es el alejamiento, que es una muestra de fe en la ficción.
_______

Sobre
José Luis Calva Zepeda, pueden leer más en estos lugares:

La noticia en Perú 21.
La noticia en La Crónica de México.
La noticia en El Universal.
La noticia en El Porvenir.
La noticia en La Jornada.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

"Calva parece el ejemplo extremo del escritor que cree a su propia obra incapaz de servir como marco final de sus instintos más feroces y, por tanto, aún necesita actualizarlos en la realidad, acto con el cual convierte a su obra en superflua, en insignificante."

Tengo entendido (s.e.u.o.) que Hemingway intentaba también ser en el mundo real el héroe de sus ficciones. Claro, él no hacía "literatura del mal", pero de todas maneras necesitaba "actualikzar sus deseos en la relidad"

Anónimo dijo...

Creo que si existia un escritor mas alejado de la psicopatia ese era Hemingway, que proyectaba su propio tanatos en la caza de los animales y en las corridas de toros y en su propia actividad artistica a traves de sus novelas y cuentos. Sus casas estaban plagadas de animales vivos. Creo que tenia una relacion ambivalente con los animales: eran muerte y vida al mismo tiempo.

Habria que preguntarle a Fernando Vallejo si piensa algo de la relacion que Hemingway tenia con los animales. Y seria interesante especular que diria F.Vallejo de Hemingway....

El arte "per se" es un objeto de vida y no de muerte. Sucede que en algunos seres humanos se convierte en una actividad perversa para desplegar los mas oscuros instintos destructivos... entonces el arte se prostituye y se convierte en pretexto

Anónimo dijo...

"para escribir muy bien sobre algo, hay que estar dentro del mundo retratado"

Totalmente de acuerdo y que gran similitud con el arte de la actuacion; un buen actor, una buena actriz es el (la) que se desvincula del mundo "real" y se mimetiza con su personaje, al punto de darle vida propia.
Pero pensaba en otros tipos de expresion artistica -la danza, le escultura, la composicion musical- ¿donde aparece en estas, el mundo retratado?

Anónimo dijo...

Quien se ha basado en el cuento de Ribeyro es la escritora Leyla Bartet, en su último libro A puerta cerrada.

Gustavo Faverón Patriau dijo...

Muchas gracias por ese dato, qué interesante. Voy a pedir ese libro.

Anónimo dijo...

Tal vez no la danza, pero sí la pintura o la música. Si Munch no hubiera tenido un padre fanático y una hermana demente, tal vez no sus pinturas no hubieran sido lo extraordinarias que son. Si en la vida de Chopin no hubiera existido George Sand (aunque digan que su amor no fue mas que una leyenda), tal vez sus polonesas no hubieran pasado del montón...

JMP dijo...

Muy interesante el post. Tal vez no tenga mucha relación, pero me hizo recordar a "El tigre" de Neruda, que aparece en "Los versos del capitán".
http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/
esp/neruda/capitan/tigre.htm

Saludos

Anónimo dijo...

Me parece un poco grueso decir que Bartet se ha basado en Ribeyro para escribir su cuento Teriyaki. Los dos relatos, sin embargo, tienen algo en común: tienen su origen en dos noticias policiales aparecidas cada cual en su momento (entre ambas hay al menos 30 años de diferencia).

manuel dijo...

y eso que tambien pasò con el novelista bala??? fue condenado no???

Beam 9000 dijo...

No se cual fue su peor atrocidad, si sus asesinatos o la basura que escribía.

La literatura no va a extrañarlo mucho.

Raúl Ríos dijo...

Lo que más duele es que la estupidez de los medios de comunicación llaman literatura y poesía a la basura que ese malnacido escribía, espero no leer dentro de algunos años al imbecil este escribiendo desde la cárcel, es más ojalá y no esas mamarachadas que logró escribir se vendan ahora en samborns.

Igual no sé que crimen sea más terrible..

Marco Tulio Gentile dijo...

Muy interesante tu blog. Soy un escritor Venezolano y también tengo un blog donde publico mis obras, dale un vistazo.

Marco Tulio Gentile

www.marcotuliogentile.blogspot.com