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Sobre dos conceptos y una oposición simplificada
Hay muchas maneras posibles de aproximarse al tema de las literaturas nacionales. Uno que no tiene sentido es asumir como postura la idea de que no existe nada que podamos o debamos llamar literatura nacional.
La posición de quienes reducen el debate a una oposición simple (literatura mundial versus literatura nacional) no es útil porque niega una larga cantidad de realidades evidentes: que la literatura es una construcción cultural; que la historia de la literatura es una construcción cultural; que la edificación de los cánones literarios es una construcción cultural; que la literatura, la historia literaria y los cánones literarios tal como los conocemos han sido todos construidos dentro de paradigmas románticos y post-románticos de tradiciones nacionales, concebidos dentro de un conjunto de visiones del mundo (los diversos marxismos, socialismos, liberalismos) en los que la literatura es ante todo una reconstrucción y un diagnóstico de nuestras sociedades y nuestras sociedades son entendidas, queramos aceptarlo o no, como estados nacionales.
Entiendo que cuando se presenta el asunto de la literatura mundial y las literaturas nacionales como una oposición, lo que se quiere oponer son estas dos concepciones: una que ve la literatura como un solo océano ecuménico al que derivan miles de corrientes diversas, que lo alimentan y unifican. Otra que la comprende como una serie de hilos independientes, que sólo ocasionalmente se cruzan y convierten en un tejido compacto, para seguir luego su camino en direcciones distintas.
La oposición no tiene sentido en esos términos. No existe una tradición literaria que sea inmune a la influencia de otras (de otras lenguas, por ejemplo); pero tampoco existe una que no sea autorreflexiva, que no se establezca como una constante inspección de sí misma, o que ignore su propia historia, su propio origen, su propio camino previo. La discusión, planteada de esa manera, y específicamente para los casos latinoamericanos, dejó de tener sentido por lo menos cinco décadas atrás, cuando Borges escribió "El escritor argentino y la tradición".
La tesis de Borges, sin embargo (la noción de que las tradiciones literarias periféricas se construyen en el vaivén entre la conservación o la invención de lo propio y la apropiación y rerracionalización de lo ajeno), comete un pequeño exceso cosmopolita. En efecto, un escritor peruano, como querría mi amigo Iván Thays, puede apropiarse de Cees Nooteboom o de Leo Perutz, digamos, pero jamás, lamentablemente, podrá hacerlo como lo hace un holandés que encuentra en Nooteboom los miles de curvas y desvíos y dobleces que a nosotros se nos escapan, o como un judío praguense lo logrará con Perutz: nuestra lectura puede ser igualmente apasionada y no menos interesante, no menos cómplice, no menos ilustrada, pero no será similar, y esa disimilitud tiene que ver con la historia, la lengua y el sentido de comunidad que nosotros no compartimos con esos autores, no importa cuánto nos cueste aceptarlo: esa diferencia es lo más cercano que podemos descubrir a un rastro de la existencia tangible de eso que llamamos literatura nacional.
Sin embargo, dije al principio, no se trata de nada más que una construcción cultural: los griegos no concebían su literatura como literatura griega, y ciertamente aunque el mismo Cervantes pudiera entender la importancia de su teatro como instrumento de cohesión comunitaria hispana, y aun cuando él mismo se decidiera a historiar la dramaturgia española, aun así no concebía su propia tradición como definida por las diferencias con otras.
Quienes hablan de la literatura mundial como una suerte de estadio superior de lo literario, superior al estrato menor de lo nacional, parecen suponer que en verdad podemos volver a esa época, como si los siglos mediantes nunca hubieran sucedido: no es así. Cualquier cosa que queramos llamar hoy "literatura mundial", no podrá ser otra cosa que algo constituido por la diversidad de las muchas literaturas nacionales. Porque ya es simplemente inevitable: todo lo que llamamos literatura contemporánea ha sido escrito dentro del marco intelectual de las literaturas nacionales: Vargas Llosa escribió con Flaubert en la cabeza pero el gran interlocutor de toda su obra literaria ha sido José María Arguedas, y eso no es una simple casualidad.
Borges no regresó sobre Sarmiento y Hernández y Lugones una y otra vez por un capricho del azar. Paul Auster no reescribe infinitamente los cuentos de Hawthorne por una extraña coincidencia. Y sospecho que la llamada literatura postmoderna no es menos nacional, sino nacional a la enésima potencia: Piglia es la eterna revisión de Macedonio Fernández, Bolaño está obsesionado por resolver el trauma de la censura fascista en las letras chilenas, a Rushdie lo persiguen los fantasmas de los miles de divinidades convulsas y contrapuestas de su infancia y de la literatura de su tierra.
Son doscientos años durante los cuales la literatura ha sido comprendida como un instrumento en la construcción de las nacionalidades, un recipiente para la fragua de las identidades, un microcosmos para estudiar, proponer y observar los procesos de formación nacional. Y no son sólo los críticos y los intelectuales quienes han hecho eso: también los escritores. Todo ese marco de concepciones es lo que llamamos literaturas nacionales: no desaparecerán con sólo desear que nunca hubieran existido.
En días recientes se ha venido hablando de ese tema en relación con otro: el de la representatividad de ciertos escritores con respecto a la literatura nacional peruana. Que el asunto persista es curioso: quiere decir que, en pleno proceso de formulación del concepto de literatura mundial, hay quienes ven como crucial el paso más elemental de la noción romántica de las literaturas nacionales: la importancia de la literatura como invención identitaria.
Porque algo que ya debería estar claro a estas alturas es que las literatuas que se reclaman como "genuinamente nacionales" no son las que mejor retratan a una nación sino las que más se empeñan en inventarle una identidad a esa nación. Y que la forma más común y frecuente de inventar una identidad es levantando fronteras que la limiten. "Nosotros somos más genuinamente peruanos que ellos" no es una proposición que describa el resultado de una observación: es un programa construido para desplazar a los otros, para segregarlos y colocarlos fuera del terreno que se propone como propio.
El poder de las ideologías es inmenso, claro. La concepción romántica de lo nacional es una de las construcciones ideológicas más dominantes de nuestro mundo. Su poder en la esfera literaria es casi infinito. Eso es lo que hace que libros que nadie lee sean considerados fundamentales en una tradición o en un canon. La Nueva crónica y buen gobierno de Guamán Poma quizá no haya sido leída de cabo a rabo por más de cien personas en este planeta (lo digo en serio), pero cualquier crítico literario dirá que es uno de nuestros libros claves: lo es porque la crítica lo ha convertido retrospectivamente en un eslabón importantísimo de eso que muchos quieren llamar la forja de la identidad peruana, nuestra tradición.
Eso no va a desaparecer en el aire sólo porque un día decidamos suponer que las literaturas nacionales no existen: existen tanto como la literatura mundial: son conceptos, y son válidos en la medida en que un sistema de pensamiento los sostenga. Dejarán de ser cruciales cuando no sirvan a ningún propósito. Sospecho que ninguna de las dos ideas desaparecerá pronto: son primas hermanas; ambas suponen a la literatura como reflejo o emanación de una sociedad, sólo que una piensa a los estados-nación como cifra de esa sociedad y la otra supone un mundo "globalizado" en lugar de estados-nación. Sin embargo, paradójicamente, también la noción de "literatura mundial" o "globalizada" está, como la otra, hecha de límites, fronteras y segregaciones. Y no me refiero solo al hecho evidente de que casi cualquiera que habla de literatura mundial se refiere solamente a la literatura occidental comerciada en circuitos transnacionales, como si en efecto el mundo fuera un local de Barnes and Noble.
Me refiero también a otras cosas, más cercanas: si los "genuinos peruanos" desacreditan la "peruanidad" de los otros, los otros a veces parecen pensar en la "gran literatura mundial" como un estamento superior, supremo, al que los meramente locales no son capaces de acceder. Como si las literaturas nacionales fueran la Copa Perú y la literatura global fuera la Copa del Mundo, y solo algunos magníficos talentosos fueran capaces de calificar a ella. Arrogancia absurda, sin duda; el talento de los escritores es un factor entre miles para el éxito comercial de un libro en el mercado.
¿Cómo se supera eso? Quizá la idea de pluralidad, a la que aludió Iván Thays días atrás, sea más crucial y necesaria de lo que algunos parecen pensar. O quizá nada de eso termine hasta que no termine la época de las naciones (o la época del mundo).
Las pruebas de una blogósfera constructiva
La nueva etapa del Proyecto Quipu va tomando forma: quienes quieran participar (las bases son las mismas de siempre y las publico al final de este post) sólo tienen que enviar sus poemas o cuentos a mi dirección de correo electrónico ( gfaveron@gmail.com ).
Cada catorce días, el texto que haya sido seleccionado como el mejor o el más interesante de los recibidos esa quincena será publicado en diversos medios.
Esos medios incluyen hasta ahora veintiséis blogs, un diario de circulación nacional y un programa de radio bilingüe emitido desde Alemania. (Nota: luego de escrito este post, se incorporó además la Editora Mesa Redonda, con el proyecto de publicar Quipu también en libro).
Los blogs que ya han aceptado o se han ofrecido a colaborar en la publicación (y cuyo número seguirá creciendo) son los siguientes:
Kolumna Okupa, de Rocío Silva Santisteban
Moleskine Literario, de Iván Thays
Libros, de Javier Ágreda
La Soledad de la Página en Blanco, de Camilo Fernández Cozman
Lado B, de Juan Carlos Bondy
Editora Mesa Redonda, de Juan Miguel Marthans
Haltestelle Iberoamerika, de Ute Petsch, Maja Schweiger et al.
Literatambo, de José Carlos Contreras
Gran Combo Club, de Silvio Rendón, Daniel Salas et al.
El Lápiz y el Martillo, de Javier Garvich
Letra Capital, de Carlos Sotomayor
La Peña Lingüística, de Miguel Rodríguez Mondoñedo
José Antonio Galloso, de José Antonio Galloso
Notas Canarias, de Fernando Velásquez
Amores Bizarros, de Max Palacios
La Fortaleza de la Soledad, de Gabriel Ruiz Ortega
Tanque de Casma, de Ernesto Carlín
Letras Lesivas, de Luis Ángel Pardo
Borrones y Otros, de Vanessa Soldevilla
Club de Artes y Letras, de Laura García
Mundo de Teatro, de Carlos Vargas Salgado
Enfrentados, de Jorge Malpartida Tabuchi
Casa de estrafalario, de Katya Adaui
Peruanista, de Carlos Quiroz
Puente Aéreo, de Gustavo Faverón
Quipu, de Gustavo Faverón
El diario de circulación nacional es El Peruano, a través de su suplemento Variedades. El programa de radio es Haltestelle Iberoamerika (Paradero Iberoamérica), que, según nos cuenta uno de sus productores, "se transmite por Querfunk a tavés de UKW, FM, Cable en los estados de Baden Wurtemberg y Renania Palatinado y para todo el mundo por internet en www.querfunk.de En el programa, el texto seleccionado sería leído en español y en traducción al alemán.
Bases para la participación
Podrán enviar sus textos (cuentos o poemas) a Quipu todos aquellos escritores peruanos que cumplan con al menos UNO de los siguientes requisitos (no necesariamente con los tres; basta con cumplir uno):
1. Ser menor de 30 años.
2. No haber publicado más de dos libros (se preferirá a los autores inéditos).
3. No haber publicado nunca en una editorial limeña.
Repito: basta con cumplir con UNA de las tres condiciones anteriores. Y pueden enviar sus cuentos al siguiente correo electrónico: gfaveron@gmail.com
Las bases no especifican que el autor deba ser del interior del país. Es sabido, sin embargo, que una de las intenciones centrales de Quipu es la difusión de la literatura escrita en provincias. Por ello se anima especialmente a los jóvenes escritores no limeños a participar, pero no se discriminará a los de la capital.
La decisión de cuáles de los cuentos recibidos serán publicados en Quipu será tomada por un grupo de evaluadores, de preferencia elegidos entre los administradores de los blogs participantes.
No desaparece: los nudos se multiplican
Ya está. La gente empieza a manifestarse: en vez de cerrar Quipu, el proyecto seguirá adelante y será modificado de la siguiente manera: se volverá a hacer una convocatoria amplia para que los escritores peruanos, de preferencia (pero no exclusivamente) jóvenes, inéditos y del interior del país, envíen sus textos literarios; inicialmente, se preferirán poemas y cuentos.
Una vez cada dos semanas se seleccionará un texto, el mejor de los recibidos durante esa quincena, y ese texto será publicado en los blogs Kolumna Okupa, Moleskine, Gran Combo Club, La Fortaleza de la Soledad, Tanque de Casma, Notas Canarias, José Antonio Galloso, Letra Capital, Amores Bizarros, Puente Aéreo y, por supuesto, Quipu.
Además, gracias a una gestión del periodista Ernesto Carlín, el texto podrá aparecer también, ocupando hasta una página completa, en el suplemento Variedades, del diario El Peruano.
Debo decir que los administradores de los blogs mencionados --Iván Thays, Rocío Silva Santisteban, Silvio Rendón, Daniel Salas, Carlos Sotomayor, Gabriel Ruiz Ortega, Ernesto Carlín, Fernando Velásquez, José Antonio Galloso, Max Palacios-- son sólo los primeros en responder a una convocatoria mía, hecha ayer domingo, que incluyó a algunos otros bloggers. Espero que la red de blogs que coopere con esta nueva etapa del proyecto se amplíe en los días próximos.
Por cierto, no estoy limitando el proyecto a los blogs que yo quiera convocar: todas las bitácoras de la blogósfera peruana que quieran participar están efectivamente invitadas a hacerlo. Sólo escríbanme al siguiente correo electrónico: gfaveron@gmail.com
Joven periodista vincula a Hildebrandt con narcotráfico
Un estudiante de periodismo llamado Christian Manrique, que administra un blog poco visitado pero, según parece, de frecuente renovación, afirma, colocando como fuente a "muchos futuros colegas", lo siguiente:
"El vínculo entre César Hildebrandt y el narcotráfico: Para muchos noveles periodistas, César Hildebrandt es casi un dios y lo ponen a la par de Gorriti. Obviamente yo me río, porque sé que con más de 10 mil dólares, el Chato te canta como tenor lo que tú le pongas en el teleprompter".
Lo dice en referencia a la sospechosa posición asumida por Hildebrandt en el caso de la fiscal Luz Loayza, en el que (igual que el narcotraficante Fernando Zevallos y la fiscal de la Nación Adelaida Bolívar), Hildebrandt parece empeñado en que Loayza sea enviada de vuelta a una zona del país en la que los narcotraficantes investigados y denunciados por ella podrían atentar contra su vida rápidamente.
Christian Manrique acusa a Hildebrandt sin pruebas. Eso demuestra una cosa: Manrique es un excelente discípulo de nuestro más oscuro periodista. Lo curioso es que, a raíz de este caso, varios otros "jóvenes" periodistas empiezan a descubrir la paja en el ojo ajeno del pequeño escribidor.
Apenas unos meses atrás, cuando el siempre miserable Hildebrandt me inventó un falso lugar de origen, una falsa profesión, una falsa tendencia sexual y dijo sin esgrimir la menor prueba (porque no existe) que yo era un crítico venal, oh sorpresa, esos "jóvenes" periodistas apoyaron a su maestro, lo felicitaron, reprodujeron sus palabras, se basaron en ellas para insultarme, etc.
Porque, como les gustaba decir, si "el Chato" lo decía debía de ser verdad. Ahora Manrique dice que para sostener lo que sostiene no necesita pruebas, que le bastan los rumores porque Hildebrandt mismo nunca ha necesitado otra cosa que rumores para mancillar honras ajenas... ¿Díganme si no son discípulos perfectos?
Amparados en seudónimos, se elogian a sí mismos
En un post más bien huachafoso --escrito al estilo de esos textos apócrifos que se atribuye de tiempo en tiempo a Borges o a García Márquez pero que resultan compuestos por algún columnista de Cosmopolitan o el Reader's Digest--, el escritor Carlos Gallardo acaba de confesar que él es uno de los reseñadores enmascarados tras el seudónimo de La Vaca Profana.
Yo digo "confesar", aunque, en honor de la verdad, él más bien parece festejarlo. Dice Gallardo: "Celebro haber publicado un libro, haber terminado una carrera, haberme reunido durante tres años consecutivos cada fin de semana con mis mejores amigos guardándoles una fidelidad fraternal [...], haber reseñado en La Vaca Profana, haber hecho política estudiantil y aprendido latín, inglés, francés y algunas palabras en quechua".
Como saben todos los interesados (por ejemplo, los muchos escritores e intelectuales cuyo trabajo ha sido despreciado, maltratado y calumniado por los vergonzosos comentaristas reunidos tras el cencerro común en una página de Telefónica del Perú), desde hace muchos meses se decía que La Vaca Profana eran Carlos Gallardo y su inseparable amigo Alexis Iparraguirre, profesor de la Universidad Católica. La confesión de Gallardo, así, en contra de lo que podría parecer, no revela, sino que apenas confirma en gran parte algo ya conocido.
La idea de un reseñador que no da la cara, un escritor que apedrea a sus colegas escondiendo la mano, que menosprecia el trabajo ajeno y se empeña en destruirlo pero, además, tiene miedo de mostrar su propia identidad, es por decir lo menos lamentable.
Pero La Vaca Profana no sólo ha hecho eso: también ha publicado evaluaciones anuales, ha dicho quién vale la pena y quién no en la literatura peruana, ha acusado a intelectuales de prácticas desleales sin la menor prueba y, además, ha escrito cosas como las que paso a recordar.
La columna anónima de La Vaca Profana en la página de Terra, de Telefónica del Perú, ha sido usada, por ejemplo, para maltratar repetidamente la imagen del escritor Iván Thays, a quien se reclama que conduce su programa de televisión de manera parcializada y con afán de segregación. ¿A qué escritores defendía La Vaca Profana? Leámoslo aquí: "Thays ha admitido una lista de media docena de escritores vetados por enemistad personal; en esta lista se incluye al imprescindible Miguel Gutiérrez y a los noveles Carlos Gallardo y Alexis Iparraguirre".
También se ha atacado a Thays por no incluir a ciertos autores en una antología de cuentos que publicó el año pasado. ¿Qué autores fueron los defendidos por La Vaca Profana? He aquí la respuesta: "A esta inclinación con seguridad se debe la ausencia de algún relato del censurado novel Carlos Gallardo, cuyo cuento del mismo nombre es un complejo juego de intercambios sobre el nombre, la consistencia del yo como objeto público y su valor en el tiempo y el espacio".
Comentando otra antología de cuentos, La Vaca Profana, sin que le temblara el pulso en ninguna de las cuatro patas, anotaba la superioridad de unos textos seleccionados sobre otros. ¿Cuáles eran los que La Vaca consideraba mejores? Veamos:
"Marco García Falcón revisa las posibilidades de reconciliación, a través de la memoria, de un arquitecto con su hermana, una poeta suicida en París, en “La tierra más lejana”, relato galardonado por el Premio Adobe de Cuento 2000, y Alexis Iparraguirre despliega las posibilidades de un serial killer omnímodo que se inspira en la Ilíada y las presurosas deducciones de los policías que luchan por atraparlo en “El inventario de las naves”, cuento del libro del mismo nombre, que mereció el Premio Nacional PUCP de Narrativa 2004. Ambos cuentos, junto con los de Castañeda y Alarcón, constituyen de modo palmario el grupo de realizaciones más sólido de la muestra”.
La Vaca Profana también ha sido reiterativa en afirmar la existencia de un pequeño grupo de narradores jóvenes que considera notablemente superiores a los demás de la última generación. Comentando una antología en la que no aparecía Gallardo, La Vaca se daba el trabajo de mencionar a los otros genios reinantes de esa promoción:
"Una distinguida trouppe, la integrada por Luis Hernán Castañeda, Edwin Chávez, Johann Page, Carlos Yushimito, Leonardo Aguirre, Alexis Iparraguirre, Augusto Effio y Marco García Falcón".
Algunas reseñas de La Vaca Profana son especialmente divertidas porque dicen poco sobre los libros reseñados pero aprovechan para elogiar a otros libros. Por ejemplo, en una reseña sobre un libro de Effio y otro de Yushimito, La Vaca Profana se da un tiempecito para anotar lo siguiente: "En su lucha parricida, el sueño de la ciudad propia se vuelve reiterativo, y por momentos significativo, en noveles narradores: el barrio multiperspectivista de Iparraguirre (El inventario de las naves) es un universo mínimo y cruel que no evade la invención de sus propias drogas".
Y luego añade esto: "Con una natural fluidez han revisado el absurdo (Ezio Neyra en Habrá que hacer algo mientras tanto) y desenfundado el arsenal de narradores múltiples, juegos de perspectivas, cajas chinas y complejidad léxica, no exento de animación en la anécdota (Luis Hernán Castañeda en Casa de Islandia y Carlos Gallardo en Parque de Las Leyendas)".
Pero no sólo eso, sino que además, La Vaca Profana llama "brillantes" a Iparraguirre y a Gallardo, también en la reseña supuestamente dedicada a las obras de Yushimito y Effio: "Aunque los libros de ambos escritores –conviene decirlo- no alcanzan la limpieza y brillo de las óperas primas de los antes mencionados Castañeda, Gallardo, Neyra y Iparraguirre -cuando consiguen sus mejores logros expresivos- Effio y Yushimito exponen, sin duda, unas habilidades y miradas dignas de la mayor atención".
¿Cómo debemos juzgar a un grupo de escritores que deciden esconder sus identidades, buscarse un seudónimo y, escudados tras él, reseñar libros de sus contemporáneos para compararlos siempre desfavorablemente con sus propios libros? ¿Cuál es el estándar ético detrás de esa práctica? ¿Qué calidad moral sostiene a profesionales que alcanzan esa bajeza en sus trabajos?
Que quede clara una cosa: no se trata simplemente de un autor A echándole flores a un autor B por pura amistad. No. Se trata de dos autores, A y B (o quizás más), que inventan la existencia de un tercero, lo hacen pasar por crítico literario, le consiguen un espacio en un medio masivo, le inventan un prestigio, y luego utilizan todo eso para decir que A o B o ambos son grandes escritores, escritores "brillantes", lo mejor de su generación. Y lo hacen en una página comercial, utilizando ilegítimamente las obras ajenas y burlándose del esfuerzo de escritores, editoriales y distribuidores con el único fin de favorecer sus pequeños intereses personales.
Es decir, no es una argolla más, sino toda una operación fraudulenta, descarada y triste, muy triste. Parece que ha llegado el momento de admitir que sí existe una mafia literaria en el Perú; es sólo que sus miembros no eran aquellos a quienes se quería acusar.
POSTDATA / 15 DE FEBRERO
Carlos Gallardo confesó en un post del 11 de febrero que su post del 4 de febrero afirmaba algo falso acerca de su participación en "La Vaca Profana". Desconozco si en un post del 18 de febrero confesará que el del 11 también era falso. Pero no me interesa.
Quienes cometimos el error de suponer que sus palabras (unas u otras) podían ser fiables, nos encontramos ahora con una paradoja: Alexis Iparraguirre me acusa de calumnia, difamación, e injuria por haber tomando las palabras de su amigo como verdades.
Por mi parte, diré que nunca más tomaré nada dicho por Gallardo como cierto. Eso incluye todas las cosas que ha dicho respecto a este asunto, el día 4 y el día 11. No las considero ni verdaderas ni falsas; simplemente, no las considero.
Aclaro que mi post del 10 de febrero decía que Gallardo había confesado ser parte de "La Vaca Profana", que viejos rumores señalaban a Gallardo e Iparraguirre como coautores y que por ello la confesión de Gallardo probaba "en gran parte" los rumores. Obviamente, esa "gran parte" era la que correspondía a Gallardo.
Si ahora Gallardo dice que lo que dijo era una mentira y una trampa hecha para que yo cayera en ella, pues no tiene sentido para mí seguir argumentando nada al respecto. Curiosamente, Gallardo escribió aquella vez: "Alexis podría acusarlo con tranquilidad por difamación, pero dudo que practique el amedrentamiento legal siquiera para replicar a sus contendores".
Se equivocó: Iparraguirre sí practica lo que él llama "amedrentamiento legal". Me pide que rectifique mis palabras. No sé exactamente a cuáles se refiere, pues mi post nunca dijo que Iparraguirre fuera miembro de "La Vaca Profana". Lo dije sobre Gallardo, porque Gallardo lo dijo sobre Gallardo (¿será eso un delito?).
Pero estoy dispuesto a retractarme de todo lo que escribí, desde la primera hasta la última letra e incluso puedo ir mucho más allá y decir esto: en tanto no se someta al señor Gallardo a un detector de mentiras en relación con su post del 4 de febrero, no existe ni la menor prueba en mi conocimiento de que Gallardo o/e Iparraguirre son "La Vaca Profana". Obviamente, no estoy diciendo que una vez usado el detector las pruebas vayan a existir. No tengo bola de cristal.
Dicho sea de paso: Gallardo me llama paranoico, neurótico, delirante y demente. Quizá debería leer los artículos 130 y 132 del Código Penal que Iparraguirre le facilita en su misma página. Pero que los lea sólo para ilustrarse, porque yo no practico el "amedrentamiento legal".
Pequeñas copias... ¿sin importancia?
Hay una persona de nombre Daniel Samanez que se hizo localmente célebre en Puente Aéreo porque fue nuestro primer troll, el primero que entró al blog a tirarlo abajo todo a patadas, sin argumentos, con insultos a granel, etc.
Samanez fue obviamente vetado aquí. Repitió la historia en el Gran Combo Club, donde fue vetado ya no una sino dos veces. Obsesionado conmigo y mis amigos del Gran Combo, Samanez ha convertido su blog en una página monotemática de ataques y críticas gratuitas.
Hace unos días, sin embargo, cambió de tema y decidió escribir sobre otra cosa: una injusta acusación de plagio interpuesta en contra suya por la profesora de inglés Violeta Rotonda en el Edison College, a raíz de dos mini-ensayos de Samanez que la profesora consideraba un plagio.
Samanez por supuesto negaba la veracidad de la acusación. Y debía de tener la certeza absoluta de que nadie lo descubriría, porque llegó a publicar los dos mini-ensayos en su blog.
Uno de esos mini-ensayos de Samanez contiene este párrafo (uno de cuatro en total que forman el texto):
"At least four major types of truth theory have been proposed: correspondence theories, coherence theories (coherentism, idealism), pragmatic theories, and deflationary theories. The latter group encompasses a wide variety of views, including the redundancy theory, the disquotation theory, and the prosentential theory".
Pues bien, la Britannica Concise Encyclopedia contiene este "otro" párrafo:
"At least four major types of truth theory have been proposed: correspondence theories (realism), coherence theories (coherentism, idealism), pragmatic theories (pragmatism), and deflationary theories. The latter group encompasses a wide variety of views, including the redundancy theory, the disquotation theory, and the prosentential theory".
¿Es cosa mía, o, salvo por un par de palabras en paréntesis, el primero es un plagio literal, una fotocopia, del segundo? (Por cierto, no he buscado más; sólo copié el único párrafo que estaba escrito con corrección y lo busqué en Google).
Cuando sucedió el caso de los plagios de Alfredo Bryce, Samanez, uno de los más entusiastas comentaristas en aquel entonces, comentó lo siguiente (entre otras decenas de cosas):
"Si un bufón hace un plagio será juzgado con las reglas de los bufones. Si un supuesto patricio moral plagia será juzgado con las reglas de los supuestos patricios".
¿Con qué reglas quiere ser juzgado Samanez? ¿Hay algún tribunal especial para trolls?
Escritores alternos, intereses subalternos
Durante un año y medio, con momentos de mayor trabajo y momentos menos fecundos, administré un blog llamado Quipu, donde se publicaron cuentos y poemas y de varias decenas de autores peruanos, en su mayoría jóvenes provincianos sin acceso previo a ningún tipo de publicación.
Quipu tuvo 40 mil lectores, centenares de comentarios, y fue el lugar de lanzamiento de más de un autor que ahora ya cuenta con libros publicados. Nunca he ocultado mi orgullo por haber creado y dirigido ese blog, ni por haber reclutado la ayuda inicial de los escritores Zeín Zorrilla y Luis Nieto Degregori y el crítico Marcel Velázquez.
Tampoco voy a ocultar la vergüenza ajena que me producen las decenas de escritores peruanos que --tras pasarse una vida entera repitiendo la letanía de que los escritores de provincias en el Perú están marginados, menospreciados, injustamente elididos de nuestro canon y de nuestros circuitos culturales, académicos y editoriales--, no fueron capaces de mover un solo dedo para promover esa iniciativa, no escribieron una sola letra para propalarla, no dedicaron una sola línea de sus blogs literarios o de sus blogs noticiosos, ni una sola sílaba de sus columnas en diarios y revistas, para apoyarla.
(Sí lo hicieron, en cambio, Alonso Cueto en Perú 21, Iván Thays en Moleskine y algunos otros; notoriamente, la ayuda espontánea vino de quienes suelen ser terca y estúpidamente acusados de contribuir a la exclusión de los escritores del interior, e incluso de complotar para ello).
Ya hace unos días anuncié que Quipu cerraría porque no tengo tiempo para dedicarle el trabajo que requiere seguir manteniéndolo, o reabrirlo con la dinámica que tuvo durante el primer año y medio: más de setenta obras de un número parecido de autores en los primeros dieciocho meses. Dije también que, para que el esfuerzo no se perdiera (ahora mismo hay cuentos y poemas a la espera de ser evaluados y editados para el blog), estaba dispuesto a entregar la administración del blog, ciento por ciento, a quien se ofreciera a ejercerla, siempre que tenga nombre propio y experiencia con la literatura, claro está.
Nada, ninguna respuesta.
¿Qué pasó con los malheridos que no dejan de quejarse de la oscuridad de los circuitos del poder cultural en el Perú? ¿Qué pasó con los bloggers alternativos? ¿Qué pasó con la legión de anónimos que reclama para que la blogósfera promueva a los marginados y sea tribuna para los que no cuentan con ninguna otra? ¿Qué pasó con los académicos que viven de escribir sobre los desposeídos y los subalternos? ¿Qué pasó con los promotores culturales? ¿Qué pasó con los estudiantes de literatura que repiten diariamente la letanía del centralismo limeño? ¿Qué pasó con quienes diariamente reclaman un espacio para la literatura de provincias y la anuncian como un inminente estallido?
¿Qué pasó con Paolo de Lima, que de tanto tiempo dispone para escribir día tras día sobre sus amistades? (¿Qué tal si en vez de publicar diez posts sobre Montserrat Álvarez, publica solamente nueve y le dedica el décimo a algún narrador huachano o madredeíno?).
¿Y qué pasó con los preocupados redactores de Intermezzo Tropical, y con su editora, Victoria Guerrero, que hace más de un año se calló en siete lenguas cuando la invité a cooperar con la edición de Quipu? No lo sé. Habrá estado ocupada publicando a decenas de narradores y poetas provincianos en Intermezzo Tropical... Supongo yo.
Pues bien, no tienen por qué ser Paolo de Lima (algún gracioso lo propuso en un comentario) ni Victoria Guerrero, obviamente. Hay decenas de escritores y críticos peruanos que asumen el tema de la marginación y la subalternidad, o el tema de la cerrazón de los curcuitos literarios, como asunto medular de sus trabajos. Bienvenidos. De todo corazón: si quieren hacer algo que los críticos y los escritores no siempre tienen la oportunidad de hacer, es decir, marcar una diferencia real, tangible, inmediata, aunque sea pequeña, aquí tienen la oportunidad.
Si no, lamentablemente, Quipu habrá cumplido su ciclo y habrá sido útil solo por muy poco tiempo.
Una cosa más: como dije, más de sesenta autores publicaron en Quipu. Ninguno de ellos se ha ofrecido a rescatar el blog en su próxima etapa (podrían hacerlo trabajando en grupo, lo que les significaría menos inversión de tiempo). No diré que me sorprende, pero sí me entristece un poco.
Ya vuelvo... y les dejo una recomendación
Este blogger no ha estado publicando mucho en Puente Aéreo. Este post es para avisarles que voy a publicar todavía menos hoy y mañana: nos vamos un par de días a Boston, a un concierto de Cat Power, y si el tiempo nos lo permite, quizá algún otro (¿Es verdad que Neutral Milk Hotel está en el barrio estos días?).
(Aquí un video de Cat Power --nombre real: Chan Marshall).
En todo caso, para quienes no lean el blog Gran Combo Club, de mi amigo Silvio Rendón, aprovecho para decirles que Silvio, seguramente inspirado en las imágenes del reciente Super Bowl, salió con la pata en alto contra Iván Thays y contra mí a propósito de nuestros comentarios sobre Abelardo Oquendo días atrás, y ahora hay en su blog (el de Silvio) una conversación que quizá le interese al amabílisimo lector y también, acaso, al lector no tan amable, que no por menos simpático deja de abundar.
Cosas que no hay que decir cuando se habla libremente
En "Revisitando una bronca", columna aparecida esta mañana en el diario La República, el crítico Abelardo Oquendo hace la siguiente observación en referencia a un artículo de Iván Thays que fue publicado dos semanas atrás en el diario español El País:
"A Thays la idea de literatura nacional le parece discutible, y vaya si lo es. ¿Cómo admitirla, sobre todo en un país como el nuestro, multicultural, multinacional, multilingüe?"
De inmediato, Oquendo cita estos pasajes del artículo de Thays:
"La ambición por apoderarse de la totalidad de la representación literaria del país (…) es anacrónica [...] Querer representar al país y convertirse en la única voz autorizada es de un absolutismo insufrible y manifiesta un deseo dictatorial solo justificable por las nociones políticas maoístas con que se educaron algunos de esos escritores."
Oquendo cita las frases de Thays para criticarlas duramente, con estas palabras:
"Es una lástima que Thays lance una acusación tan grave sobre esos escritores. (¿O maoísta no significa ya nada?) Y es una lástima que, al personalizarla, desperdicie una cuestión tan merecedora de serio debate como la de literatura nacional y literatura mundial. Peor aun cuando se invoca –como él lo hace– el concepto de pluralidad por encima del de simple tolerancia".
Queda en evidencia que el crítico le objeta a Thays una cosa: segun Oquendo, Thays no debería llamar "maoístas" a los escritores a quienes se refiere con ese término, porque hacerlo atenta contra la "pluralidad" que el mismo Thays postula en su artículo.
Por supuesto, sería desconcertante suponer que para Oquendo el simple hecho de llamar "maoísta" a alguien constituya una acusación. Seguramente a Oquendo no le preocupará que alguien llame "maoísta" a Ricardo Piglia, por poner sólo un ejemplo muy a la manos. Pero en este caso así ocurre: Oquendo dice que al usar el término "maoísta", Thays está haciendo una "acusación grave". "¿O maoísta no significa ya nada?", se pregunta el crítico.
Por supuesto que "maoísta" significa mucho, y claro está que en el Perú puede tener implicaciones particularmente delicadas. Aunque Thays no mencione a nadie con nombre propio, uno puede suponer que se está refiriendo, sobre todo, a Miguel Gutiérrez y Oswaldo Reynoso. Lo que Oquendo lamenta, entonces, es lo que él percibe como una acusación de presente o pasado prosenderista, o filosenderista, o como quiera llamárselo. Cabe subrayar que Thays no hace esa acusación, que es de índole objetiva y acaso material: lo que hace es una señalación específicamente ideológica.
Ahora bien, hay una serie de preguntas que deberían responderse antes de señalar la validez de la objeción de Oquendo.
Por ejemplo: ¿debemos borrar para siempre de nuestras memorias el hecho de que Gutiérrez se haya referido a Abimael Guzmán como el "paradigma intelectual" de la generación del cincuenta? ¿Debemos fingir que no nos damos cuenta de que Reynoso, hasta ahora, sigue siendo insoportablemente ambiguo en cada una de sus declaraciones sobre Sendero Luminoso y los años de la violencia? ¿Debemos olvidarnos de que Reynoso se refiere hasta el día de hoy a ese periodo con la misma frase que Abimael Guzmán tomó de Mao Tse Tung: "la guerra popular"? ¿Debemos fingir que el grupo Narración nada tuvo que ver con el maoísmo y que Reynoso y Gutiérrez no pertenecieron a él?
Oquendo plantea su columna como una crítica a Thays en torno a un punto clave: si Thays quería en verdad debatir sobre el tema de la oposición entre "literaturas nacionales" y "literatura mundial", piensa Oquendo, debió hacerle caso a su popia prédica de pluralismo y no llamar "maoístas" a escritores como Gutiérrez y Reynoso. Mi pregunta es: ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Es que acaso para ser pluralistas tenemos que transtornar nuestra percepción de la realidad o volvernos víctimas de una suerte de amnesia autoprovocada?
No tiene mucho sentido plantear un debate intelectual proponiendo como punto de partida la idea de que ciertos conceptos, aunque sean verdaderos, deben quedar vetados, ciertos términos deben ser vedados y ciertos datos de la realidad deben eliminarse. Si un escritor se refiere a otro como "maoísta" la única respuesta válida es la que afirme o niegue o matice, a partir de una discusión, el valor de esa proposición.
¿Es Reynoso un maoísta o no lo es? ¿Lo es sólo como intelectual en sus intervenciones públicas o se puede rastrear ese elemento en su obra creativa? ¿Son en verdad el maoísmo o la vocación totalitaria elementos que hayan servido para enrarecer y hacer poco productiva la polémica de hace un par de años? ¿Qué papel cabe esperar de los intelectuales maoístas en el debate de literaturas nacionales vs. literatura mundial que parece preocupar a Oquendo?
Acepto que a otros estas preguntas no les resulten tan interesantes como a mí, o que no les resulten interesantes en lo más mínimo, pero de ninguna manera aceptaré que alguien me diga que no tengo derecho a plantearlas simplemente porque yo debería evitar toda asociación entre Reynoso, Gutiérrez y el maoísmo. (Nadie ha hecho nunca más esfuerzo por cimentar tal asociación que ellos mismos, después de todo).
Se puede decir mucho acerca de qué es ser tolerante y qué es ser pluralista. Yo diré solo una cosa: ninguno de los dos objetivos se logra a través de la autocensura y el maquillaje: tolerancia y pluralidad son maneras de racionalizar el mundo; nadie puede racionalizar lo que se niega a ver; nadie puede ver claramente lo que se niega a nombrar.
Respuesta de Iván Thays en Notas Moleskine.
PD: Hoy aparece en Zona de Noticias el prólogo escrito por Oswaldo Reynoso para Camino de Ayrabamba, libro de cuentos escritos por "condenados por delitos de terrorismo del Penal Castro Castro". Reynoso inicia su prólogo así: "Agradezco a los amigos que me han conferido el honor para presentar este hermoso libro de cuentos". Luego dice: "Estos relatos demuestran que durante los años de guerra interna que vivió el Perú no solo hubo violencia feroz e inhumana por parte de Estado sino que en la otra orilla hubo ternura y amor". Ya saben: fue la guerra entre la inhumanidad estatal y el tierno amor senderista. No suena como alguien para quien "maoísta" resulte una grave acusación.
En su Kolumna Okupa, Rocío Silva Santisteban escribe lo siguiente acerca de las supuestas declaraciones suyas aparecidas en Caretas y que yo cité en mi post anterior:
"Cuando Carlos Cabanillas de Caretas me llamó por teléfono a comienzos de semana para preguntarme sobre el affaire María Emilia Cornejo, yo en principio le dije que no podía opinar porque no había leído el texto de José Rosas Ribeyro. El me lo explicó, me contó digamos el meollo del asunto, sin decirme específicamente quién era el autor (yo pensé que era en co-autoría con Elqui). De arranque me sorprendió mucho que, tras tantos años de la muerte de María Emilia Cornejo, se dé una noticia de esta índole. Pero mis palabras casi exactas, sobre una entrevista que yo suponía off the record fueron: "Puede ser… todo es posible en la literatura, pero me sorprende mucho de Elqui Burgos –a quien conozco y respeto– aunque no me sorprende de José Rosas", a quien no conozco, y de quien he sabido sólo por su poesía, y eventualmente, por las cartas que se entrecruzaba con su hermano en La República. Le dí algunos nombres a Cabanillas de posibles entrevistados, números de teléfono y datos, y posteriormente le insistí que no podía decir nada hasta leer el texto. Y resulta que ahora salgo diciendo "algo" en Caretas, totalmente fuera de contexto. En fin, ya había olvidado, que a los coleguitas, sobre todo a los que comienzan, nunca hay que tenerles confianza".
Si quieren leer el texto original del redactor Cabanillas, de Caretas, donde se incluyen las supuestas declaraciones de Rocío, pueden buscarlo en el blog Zona de Noticias, de Paolo de Lima: Cabanillas es un asiduo colaborador de ese blog.