Hablando de raros: si no fue el más idiosincrásico, es argumentable al menos que el uruguayo Horacio Quiroga fuera el más trágico y el más desventurado entre ellos. Las muertes violentas lo rondaron siempre, durante su vida y, no menos terriblemente, después de ella. Su padre murió en frente suyo, de un balazo accidental, cuando él era todavía un bebé.
Cuando el accidente ocurrió, la madre de Horacio llevaba al niño en brazos: el estrépito de la detonación la hizo soltar a la criatura, que cayó al suelo y se rompió el cráneo. Sobrevivió, pero la caída marcó su salud para siempre. O quizá no fue la caída, sino la pérdida.
Durante las décadas siguientes, su padrastro y su propia esposa habrían de suicidarse. Y Quiroga mataría azarosamente a un amigo muy querido, también de un disparo casual.
Él mismo se mató, finalmente, tomando cianuro, en 1937, luego de que le fuera diagnosticado un cáncer a la próstata. Un día antes de que se cumpliera un año exacto de su muerte, su mejor amigo, el escritor Leopoldo Lugones, le siguió los pasos con idéntico método. Muy pronto lo hizo una amiga de ambos, la poeta Alfonsina Storni, sumergiéndose en el mar como recuerda la canción de Ramírez y Luna. En los años siguientes, la hija mayor de Quiroga y su único hijo varón se suicidaron también.
No poco tuvo que ver en esa muerte subsiguiente de sus dos hijos la huella involuntaria del escritor: Quiroga había sido un excéntrico, muchas veces tildado de loco, y había llevado una vida tan tachonada de desgracias, que sus hijos se sentían herederos de un destino irremediablemente sombrío, y, para escapar de él, lo apuraron suicidándose.
Es mucho más que una simple ironía, por ello, que Quiroga fuera el autor del cuento "La gallina degollada", pues no hay relato en la tradición hispanoamericana que más terriblemente cifre la idea de la herencia de padres a hijos como tragedia inescapable, como necesidad de destrucción y de autodestrucción: la paternidad y la filiación como motores de una desgracia irrevocable.
(Quiroga es sui generis: su literatura parece un naturalismo torcido que intentara explicar ciertas formas de horror que en el fondo preferiríamos creer sobrenaturales; su lucidez está en saber que el horror es siempre parte de la naturaleza).
Y ya que la filiación es tema crucial de "La gallina degollada", les dejo aquí el cuento en su forma original y, de inmediato, dos ilustres vástagos suyos: la conocida versión cómic de Carlos Trillo y Alberto Breccia (que Ricardo Piglia antologara en su volumen de adaptaciones gráficas La Argentina en pedazos, hecho a partir de una serie publicada en la revista Fierro), y esta otra versión cómic del artista gráfico catalán Corominas... Disfrútenlos en familia.
Imagen: óleo sobre papel de Corominas.










