Desde hace un tiempo (lo dije en alguno de los primeros posts de Puente Aéreo, hace tres años), tengo la impresión de que, entre muchos lectores jóvenes, la afición por los libros de Bolaño es tan excluyente que pocas veces se arriesgan a ir más allá de su bibliografía, o de la bibliografía de sus filiaciones más evidentes.A esos lectores les he recomendado más de una vez que pongan un pie en los antecedentes más remotos de Bolaño: otros escritores para escritores, otros libros poblados de novelistas, artistas y críticos; novelas escritas en clave y con un guiño afable, especialmente, para escritores en ciernes interesados en esa suerte de autorreferencialidad libresca que habita las ficciones del chileno.
Suelo comenzar la lista con Perec, Auster, Mulisch, Roth, pero también con latinoamericanos como el argentino José Bianco. Me refiero a su novela La pérdida del reino, escrita tres décadas después de las nouvelles a las que debe su fama, Las ratas y Sombras suele vestir.
Se me ocurre que una forma de conciliar esas recomendaciones con el proyecto en marcha del Club de Lecturas de Puente Aéreo, que se puso en camino semanas atrás con un cuento de Alan Pauls, es proponer como segunda estación una novela breve de Henry James --nadie es más moderno que Henry James--: me refiero a The Aspern Papers, o Los papeles de Aspern.
Los elementos claves de Los papeles de Aspern podrían perfectamente ser una de las fuentes básicas de las dos novelas mayores de Bolaño (Los detectives salvajes y 2666). Hay un escritor muerto; sus papeles íntimos están abandonados en una mansión europea, al cuidado de una mujer que fue crucial en su pasado remoto; un crítico literario se coloca en la posición de investigador secreto para recobrar los documentos y reconstruir los vacíos de la vida del autor.
Se dice que James imaginó la historia a partir de una anécdota que le fue referida por un amigo. La historia original aludía a un estudioso de la obra de Percy Shelley y a sus intentos por apoderarse de los originales de su correspondencia. En la novela, publicada inicialmente en 1888), el poeta muerto se llama Jeffrey Aspern, y la anciana que tres cuartos de siglo atrás fue su amante es Juliana Bordereau.
Siguiendo con las claves bolañescas, el relato es también un agudo estudio de carácter sobre un puñado de personas aisladas de sus raíces, migradas a otro continente, aisladas en la soledad y el exilio, y que han ido deponiendo o modificando los rasgos de su idiosincrasia debido a las décadas de alienación con respecto a su sitio de origen.
Quienes quieran y puedan leer el libro en inglés, lo encontrarán en este enlace a Project Gutenberg. A quienes prefieran leerlo en español la divina provindencia les ha dejado este otro enlace, donde podrán imprimir o leer en pantalla una traducción completa de la novela (son poco más de cien páginas).
Agradecería que los interesados en discutir el libro dejen en este post sus comentarios señalando su intención, para hacernos una idea mejor de nuestro futuro éxito, o de nuestro fracaso, claro está.







