16.2.07

La reparación a Reich-Ranicki

Se sabe que, en Alemania, la primera imagen que viene a la mente de un escritor cuando escucha la palabra "Mefistófeles" no es el rostro de un demonio surgido de las páginas de Goethe; es, más bien, la cara del diabólico y arbitrario Marcel Reich-Ranicki, el crítico literario alemán más temido de las últimas cinco décadas.

Pues bien,
Reich-Renicki quiso, hace sesenta y nueve años, ingresar como estudiante a la Universidad Humboldt de Berlín, y fue rechazado por su origen judío. Era 1938 y ya para ese entonces el rechazo de los judíos en el sistema educativo era acaso uno de los puntos menos notorios de una segregación que se hacía cada vez más violenta, de modo que descalificar a Reich-Ranicki por su origen no fera un hecho sorprendente.

Ayer, el actual rector de la Universidad Humboldt de Berlín (institución que cuenta en su historia la vergüenza de una sujeción desmedida a los caprichos del nazismo y una total inacción ante los atropellos del comunismo) ha otorgado a
Reich-Ranicki un doctorado honoris causa, con el que intenta, si no reparar, al menos reconocer simbólicamente la culpa pasada.

Se dice, pero jamás se ha podido confirmar, que el antisemitismo también jugó un papel en otro caso célebre, y mucho más escandaloso, diez años antes: en 1928, en otra universidad alemana,
Walter Benjamin, uno de los filósofos y críticos literarios cruciales del siglo veinte, presentó el texto de su estudio sobre el teatro barroco alemán como tesis en su proceso de "habilitación" --un grado postdoctoral que otorga a un investigador la prerrogativa de enseñar en una universidad-- y fue rechazado por un comité que consideró su trabajo "ilegible". Es decir, les fue más sencillo tirarlo al tacho que tratar de entenderlo.

Tras ser rechazado de la Universidad Humboldt de Berlín,
Reich-Ranicki rehizo su vida y se conviritó en el crítico literario más influyente en la Alemania de la postguerra. El libro de Benjamin, rechazado por un jurado de desconocidos, es hoy una pieza clave para la comprensión de la literatura de dos épocas, el periodo barroco y la vanguardia del siglo veinte, y, más que ello, es fundador de una nueva manera de mirar la literatura.

Pero esa, lamentablemente, no es la historia completa:
Reich-Ranicki sobrevivió y Benjamin no: el filósofo se tuvo que suicidar ante la imposibilidad de escapar de los nazis en la frontera hispano-francesa en setiembre de 1940. Supervivió su obra, sí, es cierto, pero contra el hombre más brillante de su tiempo pudo más el fanatismo criminal de los buitres nazis. Ninguna reparación simbólica corregirá eso. Cabe preguntarse qué habría sido de Alemania con Benjamin en una cátedra y no en una tumba en un pueblo desconocido.

1 comentario:

Félix Reátegui dijo...

Muy interesante, Gustavo. Las memorias de Reich-Ranicki, sin ser amargas, o tal vez, precisamente, por no serlo, son muy elocuentes sobre el camino cuesta arriba de un intelectual judío en la Alemania prenazi y nazi.

Ahora bien, sobre el caso Benjamin, se me ocurre lo siguiente. Tal vez, sin negar el efecto decisivo del antisemitismo, el rechazo que sufrió haya tenido que ver, también, con la "insolencia" de su método. En esta línea, su caso tiene parentesco con del "El origen de la tragedia" de Nietzsche, tan bien relatado en la introducción de la ya vieja edición de Alianza Editorial. En cambio, a Martín Adán sí le fue bien con su tesis De lo Barroco en el Perú, aunque eso puede haber sido --poniéndonos pesimistas-- porque aquí no se toma o no se tomaba la literatura tan en serio como para hacerse problemas con una tesis "ilegible" en el medio y en el momento. (Nota de cautela para los suspicaces: no estoy equiparando intrínsecamente, sino sólo circunstancialmente, la magnífica arbitrariedad de Martín Adán con el trabajo de Benjamin).